LOGINMi hija todavía no nace y ya posee más propiedades que yo.
Empujé la puerta de la tercera habitación; hace un mes esta servía de almacén para cajas vacías y objetos sin propósito. Ahora, el espacio ha sucumbido ante la marea de regalos de nuestros seres queridos. El principal culpable: mi marido.
Alejandro padece una adicción selectiva. Puede odiar las compras e ignorar un escaparate de relojes de lujo, pero es incapaz de pasar
Dicen que la maternidad te cambia. Yo digo que la maternidad es una emboscada militar.Si hace cinco años me hubieran advertido que hoy estaría frente a un espejo, vestida de blanco por segunda vez, pero con una mancha de puré de manzana en el dobladillo del vestido y una niña de seis años dándome un reporte detallado sobre por qué su hermano menor no debería tener acceso a los Legos, probablemente me habría reído en la cara de quien fuera. O me habría desmayado.De hecho, me desmayé. Pero eso ocurrió cuatro años atrás, en la consulta del doctor Méndez.—Son dos, Isabela —anunció él, mostrando una sonrisa que en ese momento me pareció sádica.—¿Dos qué? ¿Dos brazos? ¿Dos piernas? —cuestioné yo, confundida.—Dos corazones. Tendrán dos bebés.Alejandro, el gran comisario de la policía, el hombre que ha enfrentado a los criminales más peligrosos del país, se puso pálido como el papel. Yo, por mi parte, simplemente decidí que la camilla de la clínica era un excelente lugar para tomar una s
Durante todo este tiempo… mostré únicamente un cinco por ciento de lo que viví y sentí en mi antiguo matrimonio.Una fracción conveniente.Una versión digerible.El resto… lo guardé al fondo. Tan profundo que ni yo debía alcanzarlo. Sin embargo mi esposo que olfatea mentiras, sí que lo descubrió.Alejandro comenzó a divagar por el despacho.—¿Cómo fui tan estúpido de no verlo?—murmuró para sí mismo—. Isabela, tengo la mala manía de subestimarte.No me sentía acorralada; más bien, completamente vista.—He sido real contigo, Alejandro —le aclaré—. Tú
A través de la ventana vi el auto de Esteban estacionarse. Alcancé a distinguir primero a Lucía bajándose del asiento trasero, luego a Esteban rodeando el vehículo para abrirle la puerta a Isa. Los tres venían hablando.Salí al recibidor secándome las manos con un paño.—Ya era hora —solté apenas entraron.Lucía dejó el bolso sobre una silla quitándose los zapatos.—La audiencia se alargó más de la cuenta —bufó—. Qué novedad.Mi atención se desvió a mi esposa. Una pequeña venda blanca rodeaba su cuello.—¿Y eso, bonita? —pregunté, acercándome a inspeccionarla.Ella me dedicó una sonrisa cansada. —Nada, un pequeño ac
Ok. No podía ser tan difícil.Llevaba días mentalizándome. Ensayando frente al espejo esa expresión de mujer serena que no se deja aplastar por nada. Hablé sola más de una vez, cosa bastante humillante, aunque útil.Jamás pensé que Nicolás y yo acabáramos en un juzgado, sentados frente a frente y un juez decidiendo sobre la clase de monstruo que fue capaz de ser. Las acciones de mi exmarido nos trajeron exactamente a este punto.Lucía y Esteban me acompañaron. Permanecíamos sentados atrás, en la zona del público.La audiencia llevaba rato en marcha. No me interesaba perderme en la maraña de palabras legales.Lo relevante: Beatriz y Nicolás enfrentaban juicio por la muerte del señor Héctor.
—Explícame qué putas significa esto.—Primero cálmate —logró decir él entre dientes—. Suéltame y te lo explico.Eso no hizo más que pudrirme la sangre.En mi mente desfilaron esos detalles que pasé por alto. Operativos que terminaban yéndose al trasto en el último segundo. Su insistencia constante en que descansara, en que me apartara un poco, en que me quedara con mi hija y dejara a otros encargarse. La grabación de Laura diciendo que no confiaba en la policía. Los muertos. Mi esposa salpicada de sangre. Él aquí. A oscuras. Hurgando en mi despacho.Lo volví a estrellar contra el escritorio.— No me digas que me calme.
—¿Qué ocurre, osito? —le pregunté, rompiendo su trance.Alejandro ladeó la cabeza, regresando a mí; la arruga en su entrecejo no desapareció.—Debo averiguar quién estuvo ahí.—¿No fue un policía del operativo?—No.Si soy honesta, no sé cómo Alejandro le hace para analizar ese tipo de cosas, en mi cabeza lo único que tengo es ruido… las revelaciones, Laura, los disparos, los cadáveres, la redada… Y si él no me dice esto último no habría pensado de nuevo en el tirador que no me mató.—Creo que tomaré una pastilla, a ver si así logro descansar después de lo de hoy— le comenté.Alejandro sujetó mi







