LOGINCAPÍTULO 195 — ALTA MÉDICAUN MES DESPUÉS - HOSPITAL.Julián estaba insoportable. Y eso, aunque Chloe intentara no sonreír al respecto, solo significaba una cosa: se estaba sintiendo mucho mejor.Esa mañana cuando Chloe abrió la puerta de la habitación, se detuvo en seco. Julián estaba sentado en el borde de la cama, vestido con los pantalones de chándal y peleándose torpemente con su camiseta.—¿Qué estás haciendo? —preguntó ella, cruzándose de brazos.Julián ni siquiera levantó la vista, concentrado en ganarle a la manga.—Vistiéndome.—Ya veo eso —respondió Chloe, dando dos pasos hacia él—. La pregunta es por qué.—Me voy.Chloe miró alrededor de la habitación, buscando alguna enfermera o una explicación lógica.—¿En una fuga?Julián finalmente levantó los ojos y le dedicó una sonrisa de lado.—Me dieron el alta, Chloe.A ella se le abrieron los ojos de par en par. La sorpresa le llenó el pecho de un alivio repentino.—¿Qué?—Lo que oíste. Me voy a casa.Chloe cruzó la habitación a
CAPÍTULO 194 — EL ANILLODÍA SIGUIENTE.Cuando Chloe abrió los ojos, lo primero que vio fue a Julián. Él estaba despierto, recostado sobre las almohadas elevadas y mirándola fijamente.Tenía una tranquilidad sospechosa y estaba demasiado tranquilo para ser un hombre al que le molestaba cada minuto que pasaba encerrado en un hospital.Chloe se incorporó en el sofá, acomodándose el cabello desordenado con una mano mientras lo observaba con desconfianza.—¿Qué hiciste? —preguntó de entrada.—Nada —contestó él, sin pestañear—. ¿Por qué debería hacer algo?Chloe se puso de pie y caminó despacio hacia la cama.—Esa cara.—¿Cuál cara?—La misma de anoche, la que pones cuando estás tramando algo y crees que no me voy a dar cuenta.Julián ladeó levemente la cabeza, manteniendo la vista fija en ella.—Estás paranoica, mi amor.—Y tú eres un pésimo mentiroso conmigo, Kingston.Una pequeña sonrisa, lenta y llena de gracia, se le dibujó a él en los labios. Estaba a punto de responder cuando la pue
CAPÍTULO 193 — DILO OTRA VEZChloe tardó un segundo de más en responder. El calor le subió por el cuello, pero intentó mantener una postura firme mientras se acomodaba la manga del suéter.—Te dije muchas cosas —contestó, procurando que su voz sonara despreocupada—. Estabas en terapia intensiva y lleno de anestesia.Julián no apartó sus ojos azules de ella ni un solo milímetro.—Lo sé.—Además, yo estaba emocionalmente inestable —añadió ella, evadiendo su mirada—. Cualquier declaración realizada durante ese período de vulnerabilidad no debería tener ninguna validez legal.Una pequeña sonrisa, lenta y condenadamente atractiva, apareció en los labios de Julián.—Interesante.—¿Qué?—Ya estás buscando una salida de emergencia.Chloe entrecerró los ojos, mirándolo con fingida severidad.—Tengo un novio recién baleado y casi pierdo la cabeza en esa sala de espera. Puedo alegar estrés postraumático ante cualquier juez.—Exmarido —corrigió él en un susurro grave.Chloe se quedó completamente
CAPÍTULO 192- ¿QUÉ ME DIJISTE, CHLOE?A Julián Kingston, el hombre de hierro, se le desarmó la fachada entera en una fracción de segundo y la dureza de su rostro se disolvió en una marea de amor.—Hola... mi princesa —alcanzó a raspar con la voz quebrada.Julieta observó la habitación grande, los aparatos alrededor y en lugar de correr como solía hacerlo en casa, la niña dio un par de pasos cautelosos, abrumada por el entorno clínico.Esa reserva infantil le dolió a Julián en el alma, sintiendo una punzada más aguda que el propio disparo.Así que extendió su mano sana hacia ella, abriendo la palma con temblor.—¿Vienes, mi amor? ¿Me das un abrazo?Julieta miró a Chloe buscando aprobación y Chloe le sonrió con los ojos empañados en lágrimas, luego le dio un empujoncito suave en la espalda.La pequeña avanzó despacio hasta quedar pegada al borde de la cama. Julián se inclinó con esfuerzo y, con delicadeza, rozó con las yemas de los dedos la mejilla sonrosada de su hija.Julieta examinó
CAPÍTULO 191 — PAPÁ TIENE UNA PUPA—Quiero ir a casa, Chloe.A Chloe se le formó un nudo en la garganta ante el impacto de esas tres palabras.—Todavía no puedes, amor.—Lo sé. Pero...—Entonces deja de poner esa cara porque no vas a convencerme.Julián arqueó una ceja, exhausto pero con ese matiz inconfundible de arrogancia que la enamoraba desde el primer día.—¿Qué cara?—La que utilizas cuando crees que vas a conseguir lo que quieres solo porque eres exasperantemente guapo.Julián, débil, maltrecho pero absolutamente él mismo, esbozó una sombra de sonrisa coqueta.—¿Y funciona?Chloe intentó mantener la expresión severa, pero la devoción y la alegría de tenerlo vivo pudieron más. Fracasó rotundamente, dejando escapar una sonrisa brillante que iluminó toda la habitación.Una hora más tarde, la puerta se abrió y el médico especialista entró revisando el expediente en su tableta.—Tengo excelentes noticias, señor Kingston —anunció el doctor con una sonrisa profesional—. Sus análisis
CAPÍTULO 190 — LA CAÍDA DE EDMUND ASHFORDLONDRES...Edmund estaba en el gran salón de su residencia cuando volvieron a llamar a la puerta con golpes secos y oficiales.No corrió.No sería él.Se colocó el saco de etiqueta, acomodó los puños de la camisa y bajó las escaleras majestuosas como si todavía fuera el dueño de la ciudad.Su abogado lo esperaba al pie de la gran escalera y Edmund lo miró de arriba abajo y preguntó con soberbia.—¿Ya resolviste este circo?El letrado ni siquiera sostuvo la mirada.—No, Edmund. Esta vez no.Las puertas principales se abrieron de par en par. Inspectores de Scotland Yard y agentes armados entraron en formación.Edmund permaneció inmóvil en el último escalón.El inspector a cargo avanzó hasta él y le comunicó formalmente su detención por el asesinato de Vanessa Ashford y los delitos de conspiración internacional vinculados al caso.Por primera vez, una sombra de miedo real cruzó por el rostro del empresario. Sin embargo, su orgullo lo impulsó a at







