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Capitulo 28

Penulis: Rilijik
last update Tanggal publikasi: 2022-01-01 19:58:00

Leslie había pasado año viejo trabajando y el día de su cumpleaños durmiendo casi durante todo el día, estaba de nuevo deprimida, un año más de vida, pero un año más de la muerte de su madre, se había venido  deprimiendo desde días antes, pero en particular era el día 29 (fecha en que murió su madre)  y el 1 de enero día de su onomástico cuando su pena y dolor crecían dentro de su alma, sintiéndose completamente sola en el mundo.

 La señora Funez se había ido a una de las casas de sus hijas a pasar el año, así que no le serviría deliciosos platos de comida al día siguiente, ni tampoco vería lo triste y melancólica que estaba, cuando se sentía de esa manera no salía de la cama y le daba por pellizcarse fuertemente en los brazos o en los muslos, provocándose moretones que nadie veía solo ella, pero era una manera de sentir alivio.

Sus compañeros de trabajo la tenían por una persona anormal y antisocial, se habían dado cuenta de que no le gustaba estar rodeada de demasiadas personas en lugares pequeños y cerrados, además de que una vez en que la fábrica se quedó a oscuras la vieron ponerse fuera de si, Leslie se hizo una bolita y comenzó a contar mientras se mecía sobre sus piernas como una verdadera loca,  una compañera se apiadó de ella y se acerco para ayudarle a ponerse de pie, pero los ojos de Leslie parecían desorbitados y no parecía prestar atención a lo que le decían, así que la llevaron al doctor de la maquiladora, el cual la reviso diciendo que tenía un ataque de pánico combinado con ansiedad.

-¿Hace cuánto que padece de éstos ataques? – le pregunto él doctor.

-Desde hace algunos años.

-¿Toma algo en estos casos?

-No.

-Me imagino que sabe que es lo que detona el ataque.

-Si, lo sé.

El doctor miro su estado de ánimo, era evidente que la muchacha padecía de depresión, era notable en su estado de ánimo, en la mirada de sus ojos verde jade, en la postura de su delgado cuerpo, era una mujer bella, pero triste.

-Le daré algo para que se relaje y también el número y la dirección de un psicólogo, le ayudaré para que supere sus ataques o que al menos aprenda a controlarse.

Leslie no dijo nada, tomo el medicamento que le dio el doctor y el papel con los datos del psicólogo, pero no dijo que aquello de pagar por alguien que te escuchara no sería posible, era pobre, solo tenía el dinero suficiente para pagar renta, gas, luz, agua, comida y no le alcanzaba para nada más, su trauma no se iría de la noche a la mañana, ya tenía muchos años viviendo y lidiando con ello, solo que nadie la había mirado ni prestado atención hasta ahora, tal vez solo tomaría el medicamento que le había recetado el doctor y eso sería todo.

Regreso al trabajo y cuando terminó su turno todos le miraban, creían y pensaban que era una loca, quizás lo estaba pero no podía hacer nada para arreglarlo, estaba rota por dentro y nadie lo sabía, solo ella, aunque por fuera se viera entera, no era más que una sombra de lo que había sido de niña, era como un animalito sin dueño que solo estaba por estar y vivía por vivir porque Dios se lo permitía, no porque de verdad ella quisiera seguir adelante.

Cuándo llegó a casa de su larga loca noche de trabajo y de comprar el medicamento que le recetará el doctor, se desnuda y se va directamente a la ducha, no tiene apetito esa mañana en la que el sol brilla con todo u esplendor, sin embargo su ánimo es demasiado espeso, solo quiere dejar de pensar y se zampa la pastilla y se tumba en su colchón, en el cual se queda dormida de inmediato. 

Duerme hasta las cuatro de la tarde, durmió de corrido y sin sueños sin sentido, la pastilla había servido de mucho, sin embargo se sentía aletargada pero bien, era como estar y no estar, saber que estabas sintiendo algo pero sin sentirlo realmente, era una especie de nube en la cuál todo era suave y nada le pesaba, era como si Leslie se hubiese olvidado de todo lo que sentía dejándolo olvidado en algún rincón de su mente. 

Día tras día iba a trabajar, su vida era rutinaria y aburrida, los días pasaban y ella se fue haciendo mayor, pero también mayor fue su tristeza y amargura, seguía sin hablar con nadie, solo hablaba de vez en cuando con la señora Funez que también se hacía más vieja, el paso del tiempo era imperdonable.

Leslie seguía tomando de vez en cuando aquella pastilla que le diera el doctor aquella vez, se la tomaba cuando sentía que la vida no tenía sentido y se llenaba de ansiedad, cuando sufría demasiadas pesadillas costándole conciliar  el sueño y debía trabajar al día siguiente.

 Las visitas a su padre seguían siendo los domingos, pero ya no se quedaba a comer porque pensaba que ya le había dado suficientes molestias la vez anterior y no quería escuchar reclamos en susurros  y hacer que su padre tuviera problemas más tarde con Rita.

Pero en uno de esos domingos en que caminaba sin prisas rumbo a su sótano, por segunda ocasión un gran espectacular de dos mujeres hermosas llamaron su atención, a la primera la reconoció, era aquella que había mirado como un ángel una vez ya hacía algunos años cuando aún era menor, pero a la otra, nunca la había visto en ningún otro lado hasta eso momento, tampoco es que supiera mucho de personalidades, ella estaba alejada de toda farándula y artistas y muy rara vez solía escuchar música en el reloj despertador que tenía, por lo demás, seguía sin tener televisión o teléfono celular, no había a quien llamar o hacer llamadas, así que no lo necesitaba.

Sin embargo aquella otra mujer que no había visto también le pareció hermosa, esas dos mujeres parecían ser la pareja perfecta, una de ojos azules y otra de ojos verdes, eran perfectas, de nuevo Leslie se permitió observarlas, pero está vez para no parecer una loca, como ya de por sí la miraban sus compañeros de trabajo, se permitió sentarse en una de las mesas de un café que estaba justo delante de dónde estaba la imagen que había robado toda su atención aquél día, nunca se había enamorado y estaba segura de que nunca lo haría por varias razones.

La primera era de que siendo como era muy difícilmente conseguiría hablarle a alguien más, mucho menos a las de su propio género, Leslie no se consideraba una mujer bonita y tampoco tenía el cuidado que se procuraba una mujer, Leslie no se depilaba las cejas o se ponía cremas en el rostro para mantenerlo suave y terso, tampoco se pintaba las uñas, ella era tan rústica y natural como un hombre que no necesita de hacerse nada.

La otra, es que tampoco tenía nada que ofrecer más que sus miedos, era demasiado insegura, así que le temía a todo, temía perder a las personas, temía amar, porque cuando amaba las personas se iban sin esperárselo dejándola a ella sufriendo con un corazón roto, uno que ya no tenía completo, uno que se había ido rompiendo de a poco y del cuál solo quedaban unas piezas , unas de las que sabía si se rompían sería en final de todo.

Leslie pidió un café, a modo de ocupar la mesa en la que había tomado asiento para mirar con todo detenimiento el espectacular y nadie la tomara por una loca, está vez estaba más crecidita como parecer una niña embobada, miro y miro, antes y después de que le llevarán su café, no tenía nada que hacer esa tarde, había lavado su ropa el día antes porque se había sentido demasiado ansiosa y se había terminado las pastillas, así que a modo de desfogue se había puesto a lavar y hacer cosas en su pequeño cuarto.

Pero esa tarde estaba libre, libre para mirar todo el tiempo que quisiera, nadie la esperaba y ella no esperaba a nadie, el tiempo y las personas no existían para ella, que se había convertido en alguien gris, con sueños rotos e ilusiones y esperanzas perdidas. Sin embargo aquella dos mujeres le estaban proporcionado una parte de que la vida era perfecta y magnífica para unos cuantos, que solo unos eran los afortunados en tener a una madre todavía, una familia, un verdadero hogar en el cuál buscar refugio y sentirse querido, ella sentía que su vida solo pendía de un hilo y ese hilo era Francisco, Leslie sabía que el día en que su padre no estuviera, para ella todo carecería de sentido y buscaría morir.

Las personas que entraban y salían de la cafetería pensaban que Leslie esperaba a alguien, porque parecía abstraída de todo con semblante triste, manteniendo siempre la vista al frente observando aquella publicidad de las dos mujeres, al cabo de casi tres horas Leslie pago y se fue a casa, debía regar las plantas de la señora Funez, hacía unos meses que se había hecho responsable de esa tarea y le resultaba algo relajante mientras escuchaba a Funez contarle sobre lo que había hecho durante la semana, cuando Leslie entró al sótano después de la tarea antes mencionada, se dio cuenta de que ese domingo había sido un buen día.

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Komen (1)
goodnovel comment avatar
Leslye
Muy interesante, subir más capítulos ...
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