Mag-log in—Somos adultos. —Mientras tú no le des importancia y yo tampoco, podemos actuar como si no hubiera pasado nada. —Podemos seguir siendo buenos compañeros y amigos, ¿no te parece?Hugo la miró, viendo cómo fingía estar tranquila a pesar de la vergüenza evidente, y sintió un inexplicable alivio.Resultaba que había soltado todas esas declaraciones impactantes porque le preocupaba que él se sintiera culpable, que por su pérdida de control se distanciara de ella.Victoria era una mujer que aparentaba ser dura, pero en realidad era delicada y considerada.—De acuerdo.Hugo se humedeció los labios y su ánimo se aligeró.En sus ojos se escondía una profunda sonrisa:—No le di importancia, ni le di muchas vueltas. —Después de todo, como tú dices, fue una situación extrema sin otra opción.Hizo una pausa, la miró fijamente con intensidad y añadió con un tono de broma:—Pero eso de que solo crees en el deseo y no en los sentimientos, no lo comparto.—Hay demasiados hombres malos por ahí, y si
Victoria hizo una pausa antes de continuar:—Alguien que realmente merezca mi amor debe protegerme sin dudarlo cuando esté en peligro, no elegir a otra persona.Los dedos de Hugo, que sostenían el vaso de agua, se tensaron ligeramente. Sentía aún más pena por ella.Los ojos de Victoria volvieron a brillar con lágrimas. Era una comprensión dolorosa:—El verdadero compromiso no es cuánto pueda darme material o emocionalmente, sino si puede ser un verdadero apoyo para mi hija y para mí.—Es si, en el momento crucial, puede ponerme a mí en primer lugar.—Es si es capaz de renunciar a sus cálculos e intereses por mí.Victoria giró la cabeza y miró a Hugo:—Al principio lo amaba y lo admiraba porque creía que era la persona que me protegería de todas las tormentas.—Pero hasta que tuve a mi hija, entendí que todas las tormentas que he sufrido fueron causadas por él.—No sufro por perderlo a él o esta relación.—Es que todas mis creencias sobre el amor han sido destruidas por Daniel.Victor
En el momento en que se dio cuenta de que su cuerpo no estaba bien, prefirió quedarse con Hugo antes que tener cualquier tipo de vínculo con Daniel.Esa fue la decisión que tomó con el último hilo de lucidez que le quedaba.No culpaba a Hugo.La situación era un caos, todo había ocurrido de repente, y no tuvo otra opción.Antes que dejarse llevar por Daniel, su instinto la empujó directamente a los brazos de Hugo.Aunque ya no recordaba bien lo que había pasado después dentro del auto.Podía imaginarse lo que podía haber ocurrido en esas circunstancias.Hugo había actuado obligado por las circunstancias.Aunque realmente hubiera ocurrido algo entre ellos, no se lo reprocharía.Y Daniel, menos que nadie, tenía derecho a reprocharle nada a Hugo.¿Qué clase de esposo era él?Un hombre que en todos los momentos de peligro siempre elegía a Lara, y se hacía llamar su esposo. Era absurdo.—¿Sabes lo que hizo contigo en el auto mientras estabas inconsciente?Daniel gritó con la respiración ag
Hugo respiró hondo, contuvo la irritación que le bullía por dentro y sostuvo la mirada de Daniel con frialdad:—¿Ya viste suficiente?Daniel no respondió.Se acercó a Hugo hasta quedar frente a frente, tan cerca que casi podían sentir el aliento del otro.—¿Qué le hiciste?La voz de Daniel era ronca.Claramente acababa de despertar y todavía se encontraba débil.Hugo soltó una risa sarcástica, con los ojos llenos de desprecio:—Daniel, esa pregunta deberías hacérsela a tu prima.—Que secuestraron y drogaron a Victoria, ¿tú no tienes ni idea de quién fue?—¡Te estoy preguntando qué le hiciste!Daniel elevó la voz de repente y agarró a Hugo por el cuello de la camisa:—¿Qué pasó en el auto? ¿Hasta dónde llegaron? ¡Habla!Al mencionar lo que había visto en el auto, los ojos de Daniel se enrojecieron aún más.Esa imagen no se iba de su cabeza, por más que intentara apartarla.Hugo miró a aquel hombre fuera de sí y solo sintió impotencia.Empujó con frialdad la mano de Daniel y se explicó c
Las venas de su frente sobresalían, y el sudor mezclado con polvo caía por su rostro, dándole un aspecto desaliñado y enloquecido.Pero los dos dentro del auto no le prestaban la más mínima atención.Victoria había perdido toda la razón, solo sentía calor. Se tiraba del cuello de la camisa sin parar, intentando refrescarse.Con tanta fuerza, terminó rasgando la camisa directamente.Los botones saltaron por los aires, dejando al descubierto una piel blanca y unas clavículas delicadas.—Así no, Victoria, vuelve en ti.La voz de Hugo era ronca, casi suplicante.Nunca había experimentado un ataque tan frenético y ardiente por parte de una mujer.Le costaba resistirse.Apartaba los labios de ella, pero sus manos volvían a enredarse en él.Lograba sujetarle las manos, y entonces ella enganchaba las piernas con fuerza alrededor de su cintura.Hugo estaba empapado en sudor, jadeando sin aliento.Una capa de vaho comenzó a formarse lentamente en los cristales.Daniel seguía golpeando. Su cuer
Hugo no dudó ni un segundo. Alzó a Victoria en brazos sin pensarlo.Corrió hacia su auto, la metió dentro y cerró las puertas con seguro.Justo cuando iba a arrancar, Daniel se lanzó como un loco contra el auto, golpeando el cristal con furia para que Hugo abriera.Para entonces, los efectos de la droga ya dominaban por completo el cuerpo de Victoria.Sentía que cada centímetro de su piel ardía, volviéndose anormalmente sensible.Hasta la fricción de la tela le provocaba espasmos de incomodidad, haciéndola retorcerse sin control.—Tengo calor...Victoria estaba al borde del sufrimiento, tenía la voz quebrada, casi en llanto.Sus manos, sin control, se enredaron en el cuello de Hugo. Acto seguido, cruzó la consola central y se sentó directamente sobre sus piernas.Lo abrazó con fuerza. El espacio reducido del auto impedía que Hugo pudiera apartarla.Ella restregaba su mejilla contra el fresco cuello de la camisa de Hugo, buscando con sus labios desesperadamente un poco de ese frescor







