INICIAR SESIÓNLos tres días pasaron más rápido de lo que Isabelle había imaginado. Aquella mañana, la casa de Addison estaba llena de gente. Maquilladores, peluqueros, organizadores de bodas, fotógrafos e incluso guardaespaldas iban de una habitación a otra, asegurándose de que cada detalle de la boda saliera según lo previsto.
Sin embargo, en medio de todo ese ajetreo, Isabelle permanecía sentada en silencio frente al espejo. El vestido blanco envolvía su cuerpo con elegancia. Llevaba un peinado sencillo con un velo fino que le caía sobre los hombros. En su dedo anular aún lucía el anillo que Nicholas le había regalado tres días antes.
Hoy se va a casar. No con Ethan, sino con Nicholas Wilson. Un hombre al que ni siquiera conoce desde hace un mes. La puerta de la habitación se abrió lentamente. Richard entró y se detuvo un instante al ver a su hija.
“Estás preciosa.”
Isabelle esbozó una leve sonrisa. “Gracias, papá.”
Richard se acercó. “¿Todavía quieres cancelarlo?”
Isabelle se miró en el espejo. “¿Y si digo que sí?”
“Papá te sacaría de aquí ahora mismo.”
Isabelle soltó una risita. “Pero papá sabe que no lo haría.”
Richard asintió. “Solo quiero asegurarme de que haces esto por decisión propia.”
Isabelle respiró hondo. “Es verdad que tengo miedo.” Bajó la mirada hacia el anillo que llevaba en el dedo.
“Pero no quiero seguir siendo alguien que solo reacciona a las decisiones de los demás.”
Isabelle esbozó una leve sonrisa. “Ethan ya ha tomado su decisión. Ahora yo voy a tomar la mía.”
Richard asintió con la cabeza. “Pues bien, hagámoslo juntos.”
***
La boda se celebró a puerta cerrada. Solo asistieron la familia, algunos amigos íntimos, los abogados y varias personalidades importantes de ambas empresas. Sin embargo, la boda no fue realmente un secreto. Los medios de comunicación ya esperaban fuera del edificio.
Cuando Isabelle bajó del coche junto a Richard, las cámaras empezaron a disparar sus flashes. Isabelle respiró hondo.
“No tengas miedo, Isabelle, solo es una boda. Solo un contrato matrimonial,” se dijo para sus adentros.
Pero cuando se abrieron las puertas del salón, todos sus pensamientos se detuvieron. Nicholas estaba allí, al otro extremo. Llevaba un sencillo traje negro y su expresión era tranquila, como de costumbre. Sin embargo, cuando sus miradas se cruzaron, la de Nicholas se suavizó ligeramente, aunque solo fuera por un instante. Pero Isabelle pudo verlo con bastante claridad.
Richard le entregó la mano de Isabelle a Nicholas. “Cuida de ella.”
Nicholas miró a Richard. “La cuidaré.”
Richard se marchó entonces. Isabelle se quedó de pie junto a Nicholas. A su alrededor se oían vagamente los susurros de los invitados. Nicholas se inclinó ligeramente hacia ella.
“Respira.”
Isabelle se volvió. “Estoy respirando.”
“No como de costumbre.”
Isabelle estuvo a punto de reírse. “¿Tú también te has dado cuenta de eso?”
“Te estoy observando.”
Aquella sencilla frase hizo que Isabelle se pusiera aún más nerviosa. Inmediatamente volvió la mirada hacia delante.
“No digas cosas así,” susurró Isabelle.
“¿Qué tiene de malo lo que digo?”
“Porque estoy intentando recordar que esto no es más que un contrato.”
Nicholas se quedó en silencio un instante. “Olvídate del contrato solo por unos minutos.”
Isabelle se giró. “¿Qué?”
“Porque todo el mundo nos está mirando.” Nicholas volvió la mirada hacia delante. “Durante unos minutos, sé mi esposa.”
El corazón de Isabelle latía un poco más rápido. Pero antes de que pudiera pensar en el significado de aquellas palabras, comenzó la ceremonia. No hubo ningún discurso largo ni dramático. Solo dos personas de pie, una frente a la otra, con un pacto secreto entre ellas. Cuando llegó el momento de pronunciar los votos matrimoniales, Isabelle miró a Nicholas.
“Yo, Isabelle Addison, acepto a Nicholas Wilson como mi marido.” Su voz temblaba ligeramente.
Luego le tocó el turno a Nicholas. “Yo, Nicholas Wilson, acepto a Isabelle Addison como mi esposa.” Su voz era tranquila y firme.
Isabelle no sabía por qué aquella sencilla frase le oprimía el pecho. Sabían que este matrimonio tenía una fecha límite. Doce meses. Sin embargo, cuando Nicholas pronunció las palabras “mi esposa,” por un instante Isabelle olvidó que todo no era más que un contrato.
“Pueden besar a los novios.”
Isabelle se quedó paralizada. La mirada de Nicholas se cruzó con la suya. Por primera vez en todo el día, la expresión de aquel hombre mostraba un ligero atisbo de duda. Nicholas se acercó lentamente, como si le diera la oportunidad de echarse atrás. Isabelle no se movió. Los labios de Nicholas finalmente tocaron su frente. Brevemente y con suavidad. Pero lo suficiente para que los invitados prorrumpieran en un pequeño vítor. Cuando Nicholas se apartó, Isabelle lo miró fijamente.
“Lo has hecho a propósito.”
Nicholas arqueó las cejas. “¿Qué?”
“Besarme en la frente.”
“Es más seguro.”
Isabelle contuvo una sonrisa. “Es verdad.”
“¿Prefieres que te bese en los labios?” susurró Nicholas con una leve sonrisa.
“¿Qué?” susurró Isabelle, abriendo un poco los ojos.
Nicholas soltó una risita y luego extendió la mano. Poco a poco, Isabelle posó su mano allí. Y, por primera vez, se alejaron del altar como marido y mujer.
***
Tras la ceremonia, tuvieron que enfrentarse a la sesión de fotos. “Un poco más cerca, señorita Wilson.”
Isabelle se acercó a Nicholas. “Más cerca aún.”
Nicholas se adelantó y rodeó con el brazo la cintura de Isabelle. La cámara empezó a disparar una y otra vez. Isabelle mantuvo la sonrisa. Nicholas se inclinó ligeramente.
“Tu sonrisa parece como si estuvieras enfrentándote a un enemigo.”
Isabelle siguió sonriendo. “Porque la situación da miedo.”
“Así está mejor.”
El fotógrafo les pidió entonces que se miraran a los ojos. “Por favor, mirad el uno al otro.”
Isabelle giró la cabeza. La mirada de Nicholas se cruzó inmediatamente con la de ella. Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada.
“No me mires así,” susurró Isabelle.
“¿Cómo?”
Isabelle negó con la cabeza. “Olvídalo.”
Una leve sonrisa se dibujó en el rostro de Nicholas. La cámara volvió a hacer clic. Y, por alguna razón, esta vez la sonrisa de Isabelle parecía más natural.
Esa noche se celebró una pequeña recepción. Isabelle se sentó junto a Nicholas en la mesa principal, recibiendo las felicitaciones de los invitados y de algunos inversores. Algunos de ellos parecían más tranquilos tras verlos juntos. Ese era el objetivo principal de esta boda: convencer al público de que su relación no era solo un acuerdo frío entre dos empresas. Un inversor veterano se acercó a ellos.
“Enhorabuena por vuestra boda. Hacéis muy buena pareja.”
“Gracias,” respondió Isabelle.
Nicholas esbozó una leve sonrisa. “Estamos aprendiendo.”
El inversor se rió antes de marcharse. Isabelle se volvió hacia Nicholas.
“No hacía falta que dijeras que estamos aprendiendo.”
“¿Por qué?”
“Porque suena demasiado real.”
Nicholas la miró fijamente. “¿No es eso lo que necesitamos?”
Isabelle se quedó en silencio. Era cierto. Eso era lo que necesitaban. Sin embargo, por alguna razón, la forma en que Nicholas lo había dicho hacía que la frase sonara demasiado real.
Unas horas más tarde, por fin se marcharon de la recepción. El coche se dirigió hacia la residencia de Nicholas. A partir de hoy, esa casa también sería el hogar de Isabelle. Isabelle miró por la ventana.
“Nunca he vivido en tu casa,” dijo Isabelle.
“A partir de ahora, vas a vivir allí.” Isabelle asintió.
Nicholas la miró de reojo. “Si hay algo que te haga sentir incómoda, puedes decírmelo directamente.”
Isabelle se volvió hacia él. “¿No te importa que siga siendo una molestia para ti?”
“Mi casa será también la tuya, Isabelle. ¿Por qué iba a ser una molestia?”
Esa respuesta dejó a Isabelle sin palabras. Cuando el coche se detuvo, Nicholas se bajó primero y le abrió la puerta. Se quedaron de pie frente a aquella gran mansión. Nicholas le tendió la mano. Isabelle lo miró fijamente durante unos segundos.
“Tenemos que parecer una pareja de verdad, ¿no?”
“Sí.”
Isabelle acabó posando su mano sobre la de Nicholas. “Pues… Esbozó una leve sonrisa. No la sueltes.”
Nicholas la miró. “No lo haré.”
Entraron juntos. No había cámaras de periodistas ni inversores. Solo estaban ellos dos. Pero, en cuanto la puerta de la casa se cerró tras ellos, Isabelle se dio cuenta de algo al instante. Su matrimonio de conveniencia había comenzado oficialmente.
Durante los próximos doce meses, Nicholas Wilson ya no sería solo el hombre que había salvado a su familia y a su empresa. Ese hombre era ahora su marido.
Nicholas Wilson nunca había creído que ganar una batalla significara que la guerra hubiera terminado. No hasta aquella mañana. Estaba sentado en una sala de reuniones privada en Londres, con Isabelle a su lado, Víctor al otro lado de la mesa y el representante legal de Theodore Ashford de pie junto a la ventana.Sobre la mesa yacían los documentos definitivos relativos al Proyecto W: el acuerdo de propiedad original, los registros de transferencia fraudulentos, la declaración del fideicomiso W-05 y, lo más importante, la renuncia firmada por Theodore a su reclamación sobre la investigación completada.Nicholas leyó la última página una vez más. —¿Es este el acuerdo definitivo?—El abogado asintió. —Theodore Ashford ha retirado formalmente la reclamación de propiedad del fideicomiso. También ha accedido a facilitar los registros restantes y a cooperar con la investigación independiente sobre las transacciones relacionadas con el Proyecto W.——¿Y la investigación original?——Los materia
Nicholas Wilson había pasado diez años viviendo, sin saberlo, dentro del juego de otra persona. Ahora, por fin, conocía el nombre del hombre que lo había diseñado. Theodore Ashford.—Londres ha confirmado la dirección —anunció Víctor a la mañana siguiente.— Ashford Strategic Investments solía operar desde una oficina privada en Mayfair. El edificio sigue siendo propiedad de una de sus sociedades de cartera.Nicholas se ajustó los gemelos. —¿Ha estado alguien allí recientemente?——Alguien pagó los gastos de mantenimiento el mes pasado. El pago se realizó a través de Aurelion Group.—Isabelle estaba de pie junto a la ventana, leyendo los documentos que Víctor había impreso. —Así que Theodore está vivo.——O alguien está manteniendo su oficina disponible—, respondió Nicholas.Ella se volvió hacia él. —¿Crees que quizá no vaya a aparecer él mismo?——Creo que deberíamos prepararnos para todas las posibilidades.—Nicholas se acercó a ella y le enderezó el cuello de la blusa. —No tienes por q
Nicholas no abrió la memoria USB hasta que regresaron a la residencia de los Wilson. Incluso entonces, se negó a conectarla a la red principal.—Un portátil aislado —le indicó a Víctor.— Sin conexión externa. Quiero que se revisen todos los archivos antes de abrir nada.Víctor asintió. —Ya está todo preparado.Isabelle se sentó junto a Nicholas en el estudio privado, con los dedos alrededor de una taza de té que apenas había tocado. Llevaba callada desde que Marcus desapareció.Nicholas se dio cuenta. —¿Qué te pasa por la cabeza?.—Ella lo miró. —Mi padre.—Nicholas se echó ligeramente hacia atrás. —¿Crees que está ocultando algo?——No lo sé.— Isabelle suspiró. —Le creo cuando dice que no sabía que el proyecto se había vendido. Pero Marcus dijo que deberíamos preguntarle por la noche tras la reunión final.——Pues se lo preguntaremos.——¿Y si recuerda algo que lo cambie todo?—Nicholas le tomó la mano. —Entonces lo afrontaremos juntos.—Ella le estudió el rostro. —Haces que todo parezc
Nicholas se quedó mirando el mensaje. —Y AHORA TE MOSTRARÉ QUIÉN ME DIÓ LA ORDEN.— Por primera vez aquella noche, sintió algo más frío que la ira. Expectación. Marcus Vale quería que supieran su nombre. Eso significaba que ya tenían preparada la siguiente jugada.—Víctor.——¿Sí?——Rastrea el mensaje.—Víctor ya se había puesto manos a la obra. —Está rebotando a través de varias redes encriptadas.——¿Puedes aislar el original?——Dame un minuto.—Isabelle estaba de pie junto a Nicholas, sin apartar la mirada de la ventana a oscuras. —Estaba ahí fuera.—Nicholas la miró. —Sí.——Observándonos.——Sí.—Ella tragó saliva. —¿Por qué se revelaría ahora?——Porque quiere que lo persigamos.—¿Y si lo hacemos?Nicholas volvió la vista hacia la pantalla. —Encontraremos a la persona que está detrás de él.Víctor intervino de repente. —Tengo algo. —Nicholas se giró.— El mensaje no se envió desde el dispositivo personal de Marcus.—¿Desde dónde?—Desde un viejo servidor corporativo.—¿De quién?Víctor
El coche negro desapareció al doblar la esquina. Nicholas lo observó a través de la ventana hasta que se perdió por completo de vista. Alguien los había estado vigilando. Otra vez. Pero esta vez, Nicholas no sentía miedo. Estaba seguro. Querían que él los encontrara. Y Nicholas iba a hacer precisamente eso.—Víctor.——¿Sí?——Encuentra ese coche.—Víctor llamó inmediatamente a su equipo. —Ya estamos en ello.—Nicholas se volvió hacia Richard.—Papá —dijo Isabelle en voz baja—, ¿recuerdas algo más sobre el W-05?Richard negó con la cabeza. —Recuerdo el código. Eso es todo.——Dijiste que era un puesto.——Sí.——¿Quién lo sabía?—Richard dudó. —Enzo.——¿Alexander?——No lo sé.——¿Daniel?—La expresión de Richard cambió. —Posiblemente.—Nicholas se percató de la vacilación. —Richard.—El hombre mayor suspiró. —Había una persona más.—Isabelle lo miró. —¿Quién?.—Richard fijó la mirada en el suelo. —Un consultor externo.—Nicholas entrecerró los ojos. —¿El nombre?.——No recuerdo su nombre com
Nicholas no perdió ni un segundo más. —Víctor, trae el coche.——Ya está esperando.—Isabelle cogió su abrigo y siguió a Nicholas hacia fuera. En cuanto salieron, Nicholas echó un vistazo a su alrededor. El equipo de seguridad ya había rodeado la propiedad. No había extraños. Ni vehículos sospechosos. Nada. Y, de alguna manera, eso hacía que la situación resultara aún más inquietante.—¿Dónde está Richard?—, preguntó Nicholas.Víctor miró su móvil. —Su equipo de seguridad perdió el contacto con él hace ocho minutos.—Isabelle se detuvo en seco. —¿Qué?.——Siguen intentando localizarlo.—La expresión de Nicholas se endureció. —Llévanos allí.—El trayecto hasta la residencia de Richard transcurrió en silencio. Isabelle se sentó junto a Nicholas, con la mirada fija en su móvil. Había llamado a su padre seis veces. Sin respuesta.Nicholas se dio cuenta. —No te culpes.——No dejo de pensar que quizá él sabía algo y nunca me lo dijo.——No te lo dijo porque probablemente no sabía lo suficiente







