MasukNochebuena llegó con luces, manteles rojos, vajilla con visos dorados, árbol de Navidad, canciones y, por supuesto, regalos y vinos. En casa de Leroy y Moss, la familia compartía, dejando atrás los acontecimientos no tan gratos.De nada sirve "vivir atado a la maleta del ayer", decía Moss, levantando la copa y brindando. La señora Madi lloraba y reía al mismo tiempo. Era su primera Navidad en familia, rodeada de gente linda, abrazos, buenos deseos y regalos. Mientras los señores se lo permitieran, ella continuaría trabajando y cuidando de ellos.Edna reía a carcajadas mientras tomaba varios tragos. No pudo ocultar el cigarro en su bolsito sin que Madelin lo notara.—Edna, prometiste no fumar más.—Es uno solo, mi deseo de Navidad...—Siempre me chantajeas.Leonard susurró que era inevitable que lo hiciera, así que las dos amigas salieron al jardín.—Madelin, si pudieras pedir un deseo, ¿cuál sería?—Uno solo... que todos tengan abundante tiempo en sus vidas...Callaron, dejando que la
La noche del veintitrés de diciembre, en casa de Leroy, era una completa algarabía, con cantos navideños de fondo. Moss iba y venía acomodando a los huéspedes. Rick y Fred, a última hora, se habían excusado: esa noche no podrían estar presentes, pero al día siguiente, después de mediodía, llegarían.Edna, su marido, Brandon y Cori estaban precisamente estacionando en la propiedad. Leonard, Madelin y Pamela acomodaban sus equipajes. Los padres de Fred habían enviado un regalo; ellos se habían ido a casa de la familia de su esposo, pasarían allí una semana y en Año Nuevo regresarían.Emer y su esposa ya estaban en camino. La señora Madi, en la cocina, preparaba el cóctel y organizaba galletas, dulces y turrones.Leroy sonreía feliz. Nunca antes, en Navidad, su casa había lucido tan colorida, festiva y con ese calor de familia.Haida y Gari cerraron la última maleta. Pasarían unos días con la familia de su esposo. Rick y Fred se unirían a ellos para Año Nuevo. Sobre el comedor dejaba un
Leroy despertó con una melodía rodando en su mente. Parecía que uno de los personajes de su nueva novela tarareaba la canción y se había quedado con él. Moss se acercó con la bandeja del desayuno en mano.— Pensé que hoy sería bueno descansar un poco, es temprano aún. Tomemos una taza de café, pan recién salido del horno, y mira, aquí traigo tus complementos. Hay que cuidar la salud, querido.— Bien, obedezco — hizo una pequeña mueca, no era bueno para las pastillas, y menos tan temprano.— Cariño, me siento como roble, no me duele nada y estoy perfectamente bien.— Aun así, a tomar tus vitaminas.Moss le entregaba un vaso de agua tibia. Se podía apreciar el aroma a jengibre y miel. Mientras Leroy tomaba sus vitaminas, Moss miraba a través de la ventana. El día pintaba hermoso. Más tarde llamaría a Madelin, quería organizar la fecha en que llegarían a casa. La Navidad invitaba a paseos, cenas y brindis en familia, a revivir y sentir el amor, la unidad y, especialmente, la compañía. Mo
Leonard daba un vistazo a las luces, el gran árbol de navidad sería el centro de miradas, varias cajas doradas, rojas y verdes adornaban el árbol justo como lo había diseñado, miró el reloj, en una hora y media llegarían todos los invitados. Una cena entre amigos, una noche de brillos y alegría. Había pasado la tarde entera preparándolo todo. Colgó las luces tibias que cruzaban el patio como luciérnagas suspendidas, acomodó una por una las copas, estiró el mantel blanco con flores rojas y doradas a tono con la decoración general, sobre la mesa larga dispuso galletitas de manteca, alfajorcitos, sándwiches pequeños, frutas cortadas, chocolates. Todo en su lugar. Todo perfecto. Y sin embargo, volvía una y otra vez al gran ramo de magnolias blancas que descansaba en el centro.Las tocó con cuidado. Eran para Madelin. Las había elegido esa mañana, una por una.Respiró hondo. La casa olía a limpio, a dulce, a flores y a noche que empezaba. Un auto ingresaba por el jardín, su madre, la tía M
La noche hizo su arribo con un cielo despejado y una suave brisa. Iris acomodaba sus almohadas. El día había sido para ella emocionalmente lleno de recuerdos, la visita de Haida le había dado nostalgia, removiendo tantos recuerdos, y sí que los recuerdos eran una cascada de fragmentos.En la gaveta de su mesita de noche guardaba aquel pañuelo. El bordado era hermoso, unas flores entre ramas de bambú. Sonreía mientras pasaba la mano por el delicado relieve.—Buenos recuerdos, días que nunca regresaron.Apretó la prenda entre sus manos, colocándola contra su pecho. El llanto llegó, no quería que nadie la escuchara, que nadie se enterara de su dolor, de su corazón rasgado, de su alma conmocionada.Sintió pasos por el corredor acercándose a la habitación, secó rápidamente su rostro, tomando un libro de su mesa de noche. Abrió al azar, no era necesario buscar algo en concreto, solo no quería que Rob la viera llorar.La puerta se abrió con lentitud.—Querida, pensé que estabas dormida, no q
El cuarto estaba en penumbras, con la luz suave de una lámpara que iluminaba el rostro de Vilma. Estaba acostada en su cama, rodeada de fotos y cintas de video. Su ama de llaves, su esposo y su madre ingresaban en la habitación. La atmósfera se sentía triste. Vilma miraba un viejo álbum de fotos. El único ruido era su respiración serena.—Hija, vine a traerte unos pastelitos. Me quedaré hoy, ¿quieres que hagamos alguna actividad? Podemos salir a ver tiendas.—Estoy bien, mamá, no se preocupen… Solo quiero unos minutos a solas. Quería ver las viejas fotografías, de cuando eran bebés. Mi pequeña era traviesa, siempre iba por aquí y por allá, corriendo por los jardines y los pasillos de casa.—Querida, haré que en la cocina te preparen un exquisito almuerzo. Sería bueno que salgas a tomar el sol a la terraza.Su esposo daba instrucciones al ama de llaves para que preparara el plato favorito de la señora.—Suegra, me tengo que ir al almacén. Gracias por venir y hacerle compañía a Vilma. R







