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Capítulo 5

Autor: Any Estrada
last update Fecha de publicación: 2026-05-22 20:21:39

CAPÍTULO 5

Asiento, tomando nota mental de todo. Ella se acerca de nuevo, esta vez deteniéndose frente al gran ventanal que muestra el horizonte de Nueva York. La luz del sol golpea su silueta, creando un aura casi celestial alrededor de su cabello negro, pero yo sé que no hay nada de ángel en ella; o por lo menos por lo que he oído.

​—Acércate —me ordena sin girarse.

​Camino hacia ella, deteniéndome a un paso de distancia. Desde el piso 49, la ciudad se ve diminuta, una maqueta de cemento y prisa.

​—Mira hacia abajo, Camila. Todo lo que ves, cada luz, cada edificio que lleva el sello de una editorial, es competencia o es mío. Y yo no tengo intención de perder ni un centímetro de lo que me pertenece. ¿Sabes lo que les pasa a los que no pueden seguir el ritmo?

​—Se quedan atrás —susurro.

​—Se hunden —me corrige, girándose ya para mirarme de nuevo—. Y tú estás en una posición muy precaria. Estás aquí por un capricho del destino y por la insistencia de Susana, pero para mí todavía eres esa chica desorientada del tren que no sabe ni en qué estación bajarse.

​Se acerca tanto que su pecho casi roza el mío. Puedo ver una pequeña cicatriz casi imperceptible cerca de su ceja y el azul de sus ojos se vuelve tan profundo que siento que puedo ahogarme fácilmente en ellos. El aire entre nosotros se vuelve denso, cargado de una tensión sexual tan obvia que es casi dolorosa. Mi cuerpo recuerda el contacto del tren y mi mente traicionera desea que vuelva a ocurrir. Es un sentimiento que me tiene un poco confundida, porque hasta no hace mucho me consideraba una chica hetero.

​—Demuéstrame que me equivoco —susurra, y esta vez su voz no es fría, sino desafiante—. O vete ahora mismo y no nos hagas perder el tiempo a las dos.

​—No me voy a ir —respondo, sosteniéndole la mirada con una intensidad que hace que sus pupilas se dilaten ligeramente.

​Amy sonríe. Es una sonrisa pequeña, peligrosa; la sonrisa de alguien que acaba de encontrar un juguete nuevo y emocionante. Estira la mano y esta vez sí me toca. Sus dedos largos y fríos rozan mi barbilla, obligándome a levantar un poco más la cabeza. El contacto es como una descarga eléctrica que recorre cada nervio de mi cuerpo. Mi respiración se vuelve errática y estoy segura de que ella puede notar cómo mis pezones se tensan bajo la fina tela de mi blusa y mi sujetador de encaje.

​—Bien —dice, retirando su mano con una lentitud que me deja anhelando más—. Tu escritorio está justo afuera. Hay tres carpetas de contratos que necesitan ser revisadas y digitalizadas para antes del mediodía. Si encuentras un solo error ortográfico o una coma fuera de lugar, los volverás a hacer desde cero.

​Se da media vuelta y regresa a su silla, ignorándome por completo, como si yo ya no fuera más que un mueble más en la oficina. Esa capacidad para pasar de la intimidad abrasadora a la indiferencia total me deja descolocada. Como un pez fuera del agua.

​Camino hacia la puerta sintiendo mis piernas todavía débiles. Al llegar al umbral, me detengo y miro por encima del hombro. Amy está sumergida en unos papeles pero, justo antes de que yo salga, levanta la vista.

​—Y, Camila... —me llama, y su mirada azul vuelve a atrapar la mía—. No vuelvas a usar ese lápiz labial. El color es demasiado... dulce. En esta oficina quiero profesionalismo, no distracciones.

​Me quedo helada. Es un comentario posesivo, una forma de marcar territorio sobre mi propia apariencia. Salgo de la oficina y cierro la puerta, apoyándome contra ella durante un segundo para tratar de calmar mi corazón desbocado.

​Susana se encuentra apoyada en un escritorio a unos metros de distancia, observándome con una sonrisa curiosa.

​—¿Sobreviviste? —pregunta en un susurro.

​—Creo que sí —respondo, aunque no estoy segura de si sobrevivir es la palabra adecuada.

​Me siento en mi escritorio frente a las tres carpetas que me esperan. Mis manos todavía tiemblan un poco mientras dejo mi bolso en uno de los cajones y lo cierro. Luego me giro hacia las carpetas y tomo la primera con mano temblorosa. Sé que esto es solo el principio. Amy Murphy no solo quiere una secretaria; quiere probarme, quiere doblegarme, quiere ver hasta dónde puedo llegar antes de romperme. Antes de irme.

​Y lo que es peor de todo, mientras siento el rastro de su perfume en mi piel, es que yo estoy deseando ver qué pasará cuando finalmente lo logre. Acabo de entrar en la guarida de la leona creyéndome la víctima, pero mientras empiezo a leer el primer contrato, me doy cuenta de que una parte de mí, una parte oscura y desconocida, está encantada de estar bajo su control y de poder demostrarle lo capaz que soy.

​Siento que el juego de poder ha comenzado, y Nueva York nunca me ha parecido un lugar tan peligroso y excitante al mismo tiempo.

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