Compartir

CAPITULO 5

last update Fecha de publicación: 2022-01-17 22:31:14

5 años después...

—¿De verdad, doctor? ¿En verdad estoy embarazada? —No lo podía creer. Después de cinco años de matrimonio y una búsqueda incesante, al fin lo conseguí.

—Sí, señora Sullivan. Mis felicitaciones. Usted tiene cuatro semanas de gestación y por lo que pude apreciar en la ecografía, está todo bien. Le recetaré las indicaciones a seguir, unos suplementos y otros estudios a realizarse. —El doctor Roberts era mi ginecólogo y estaba tan feliz como yo de que al fin el tratamiento hubiera funcionado.

—Gracias, Doctor —musité ilusionada, pensando en la mejor manera de decírselo a Diego.

Hoy celebrábamos cinco años de matrimonio y este sería mi regalo para el amor de mi vida, para el hombre que amaba. Una sonrisa de completa dicha se asomó en mis labios, porque al fin, después de haber encontrado al hombre que perseguía en mis fantasías desde la adolescencia, buscando a lo largo de muchos años en cada persona que había pasado por mi vida, al que fuera mi amigo, mi hermano, mi amante y compañero, por fin podría tener la plenitud de ser madre y forjar una familia junto con mi alma gemela.

¿Quién diría que después de lo ocurrido en nuestra luna de miel, hoy estaríamos celebrando nuestro quinto aniversario y con bebé a bordo?

Atrás quedaron mis dudas, mis miedos y mi desconfianza hacia mi esposo; estaba tan ansiosa por decirle que iba a ser padre. Ambos lo deseábamos y al fin ese sueño se haría realidad después de miles de intentos vanos.

—¿El señor Sullivan no la acompaña? —Diego acompañó a cada consulta y seguido conmigo cada tratamiento, que al médico le parecía extraño que no estuviera presente precisamente este día.

—Mi esposo no pudo venir, doctor. —Sonreí con picardía—. Y lo agradezco porque hoy es nuestro aniversario y la noticia será mi regalo. —Sonrío y se puso de acuerdo conmigo en que sería un excelente regalo.

—Tenga. —Extendió varios recetarios hacia mí—. Son mis indicaciones. Por favor, sígalas al pie de la letra para evitar inconvenientes. —Afirmé con una enorme sonrisa en los labios—. Y… señora Sullivan, por favor, evite disgustos, estrés y cualquier tipo de emoción que pudiera hacerla sentir mal. Es imprescindible para su embarazo por sus condiciones, lo sabe —advirtió. Me costó tanto quedar embarazada que sería estúpido de mi parte no cuidarme o dejarme llevar y tener consecuencias malas por ello.

—Gracias, doctor —musité y me puse de pie para marcharme. El médico me acompañó hasta la puerta y salí de allí, me sentí la mujer más dichosa y afortunada del universo.

Caminé a paso seguro por los pasillos de la clínica, mientras tecleaba en mi móvil el número de Diego. No respondió.

Pensé que tal vez tendría demasiado trabajo o alguna junta. Estos días habían sido de locos porque estábamos planeando lanzar una nueva colección al mercado. Los Sullivan tenían inversiones en diferentes sectores; en la industria automotriz y en bienes raíces, pero la fama que ostentaba Sullivan Enterprise, y por lo que había ganado mucha popularidad, se debía única y exclusivamente a la Casa de Modas Ágata Sullivan, la más prestigiosa y exitosa de todo el país.

Desde que nos casamos, Diego y yo nos pusimos al frente de la empresa. Él se encargaba de las finanzas y yo del área de diseño, con la supervisión de su madre y el asesoramiento jurídico de Mónica, mi mejor amiga. Me costó un pequeño complot con su abuelo para que aceptara de una vez por todas, asumir el mando de su patrimonio. Además, habíamos dado vida en sociedad a la Constructora A&D, que se dedicaba a la construcción y promoción de lujosos hoteles. 

Volví a marcar y de nuevo me dio el buzón. Jamás, pero jamás en estos años que llevábamos de conocernos, Diego dejó de responder una llamada mía y eso me afectó de una manera extraña.

«¿Estaría bien?», me pregunté.

Una leve punzada presionó mi pecho y tuve el impulso de volver a la oficina de inmediato. Tenía varias visitas a proveedores de telas, pero pedí a mi secretaria que las suspendiera y las agendara para la tarde. De camino a la empresa, el nudo formado en mi garganta me hizo sentir vulnerable y una sensación de congoja se instaló en mi pecho. Por Dios que debería de estar feliz este día; tuve la noticia que más había ansiado a lo largo de cinco años y me comportaba como una tonta.

A medida que me acercaba a Sullivan Enterprise, ese sentimiento crecía y un mal presentimiento me invadió por completo.

«¿Qué estaría pasando?», me susurré en silencio a medida que me acercaba a la empresa. Al llegar, apresurada ingresé al edificio y fui directo a la oficina de mi esposo. Tenía que saber qué significaba la inquietud y ese desasosiego que me perseguía. Tenía que ser él, algo debía de sucederle, mi corazón me lo decía. Cuando estuve a escasos pasos de su despacho, saludé a su secretaria con una sonrisa forzada por la tensión que me embargaba. Sin embargo, su voz me interrumpió con algo que no esperaba.

—Señora Ana, el señor ordenó que no se le molestara —me habló con voz temblorosa y deduje que se debía a que temía perder su trabajo si desobedecía una orden. Diego podía ser demasiado estricto.

—No te preocupes, asumiré la responsabilidad —respondí con una sonrisa de boca cerrada.

—No creo que sea buena idea, señora... —volvió a acotar cuando intenté continuar mi marcha. Entrecerré mis ojos, interrogante, y ella esquivó la mirada. Entonces comprendí que lo que Margaret quería era impedir que yo entrara.

—Gracias, Margaret. —Mi voz ya no era suave, sino neutra—. Por favor, ve junto a Mónica y dile que prepare los papeles para la junta de mañana y me los lleve a mi oficina. —Margaret comprendió que deseaba que se marchara y asintiendo con la cabeza, se fue.

«¿En qué estás metido, Diego Sullivan?», solté por lo bajo y cogí aire para llenar mis pulmones varias veces. Cuando estuve un poco más serena, tomé la perilla de la puerta y la giré con lentitud, mientras mi corazón bombeaba de manera incesante la sangre por mis venas. El pulso se me aceleró y sentí cómo un nudo se formaba en mi garganta y mi estómago se oprimía. «No entres», una vocecilla en mi cabeza me pedía a gritos que no lo hiciera. Dudé por una milésima de segundos, pero instantáneamente tomé el valor que me faltaba para terminar de girar la perilla y abrir la puerta de su despacho.

Juro por Dios que jamás esperé encontrarme con lo que vi en aquella oficina del demonio. Me quedé helada; observé la escena. Mi mano no se desprendió de la perilla y mis ojos no parpadearon por lo que pareció una eternidad.

Sentí cómo el invierno invadió mi cuerpo por completo y cambió el color de mi piel sonrosada a un matiz blanco como la nieve, congelando mi sangre, deteniendo mi pulso.

Una tormenta de sentimientos encontrados arrasó con todo hasta llegar a mi corazón, convirtió en trizas los miles de recuerdos y emociones que guardaba en mi pecho y en mi memoria en relación a mi vida junto a Diego.

Pude oír a mi corazón resquebrajarse y caer pieza por pieza, parte por parte en un infierno de lava que lo terminó de consumir con su azorado calor y destruirlo para siempre sin la posibilidad de recoger los pedazos y restaurarlo.

De nuevo, los momentos que pasé con mi esposo inundaron mis pensamientos. Cada detalle: sonrisas, triunfos, derrotas, caricias, besos y entregas… comprendí en ese instante que en todo ese pasaje de recuerdos faltaba algo; siempre era la misma cosa, la misma palabra, la misma confesión. Cuando la sorpresa me abandonó, de mi boca escapó un gemido de lamentación y tristeza, llamando la atención de Diego y su… acompañante.

Mi esposo, «mi Diego», el hombre de mi vida y ahora también el padre de mi hijo, estaba allí, en su oficina, besándose con otra mujer y por Dios que eso acabó conmigo por entero. Sentí cómo mis ojos picaban y se me volvía borrosa la visión por la anticipación del llanto.

Las lágrimas se acumularon de inmediato y fueron resbalando sin control por mis mejillas. Diego apartó con brusquedad a aquella mujer para avanzar hacia mí.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Torbellino de Pasiones I   FINAL

    Los días pasaron y la barriga de mi esposa crecía sin parar. Se veía adorable y preciosa, aunque tuve que soportar sus crisis por creer que no la veía con deseo por su estado. Cada momento lo disfruté al imaginar que de esa misma manera fue con Eros. Cumplí cada capricho, cada antojo tal y como lo pedía, sin importar que cambiara de opinión a lo último. Me deleitaba por horas al verla dormir. Controlaba su suave respiración y su pacífico rostro. No me despegaba de ella. Al final de todo, cuando llegó la hora del nacimiento del bebé, me sentía más nervioso que la misma Ana. El parto fue programado. Gracias al cielo, ella no tuvo que pasar por demasiado dolor en el proceso. No obstante, las cosas dentro del quirófano no fueron para nada fáciles. Tardó casi cuatro horas en salir por algunas complicaciones que sufrió ya al fin. El médico extendió hacia mí al pequeño ser que vino al mundo y resultó ser una adorable niña. Con lágrimas en los ojos, la cargué en mis brazos con torpeza y c

  • Torbellino de Pasiones I   CAPITULO 161

    La fiesta siguió sin más percances ni sorpresas. Los niños se quedarían con Mónica y Jonás. Ana y yo pasaríamos la noche en la suite que en antaño ocupábamos cada vez que veníamos aquí. Luego de tirar el ramo, que casualmente atrapó Mónica, ambos nos retiramos a nuestra habitación. Cuando ingresamos al elevador, por instinto, Ana recostó su espalda y me abalancé sobre ella como un depredador. Mis manos afianzaron las suyas sobre su cabeza, besándola con vehemencia.—Me tienes condenado, Ana —murmuré poseído por el deseo—. Me tienes atrapado y sin salida alguna, encadenado a tu cuerpo, dispuesto a caer a tus pies si es preciso, cariño. —Gimió por lo bajo mientras mis labios se deslizaban sobre la piel de su cuello—. Tu cuerpo es mi paraíso, mi infierno, el único lugar del mundo donde quiero perderme, donde no me importaría arder, quemarme si es necesario haciéndote mía siempre.—Ahhh… —se quejó.Se dejaba llevar.—Te necesito, Ana. Te necesito para siempre en mi vida —manifesté en su

  • Torbellino de Pasiones I   CAPITULO 160

    Tragué con dificultad por la provocación de sus palabras y la cargué entre mis brazos. Se acurrucó y se aferró a mi pecho. Llegamos hasta la calesa y la ayudé a subir con cuidado. Me metí tras ella, la senté en mis piernas y acaricié con suavidad su vientre. Llevaba seis meses de embarazo, pero decidimos no saber el sexo del bebé hasta el día del nacimiento. Jonás me narró el momento de terror que habían vivido en el parto de Eros, por lo que no hubo discusión acerca de cómo tendría al bebé. Al llegar al hotel, ambos bajamos de la calesa. Los invitados nos recibieron con aplausos y músicos que amenizaron nuestra entrada.En el centro del restaurante, en la pequeña pista de baile, las luces bajaron de intensidad y un reflector nos iluminó. Tomé a mi mujer de la cintura y ella apoyó su rostro en mi pecho. Los músicos comenzaron a tocar Si nos dejan. Empezamos a mover los pies al son de la dulce melodía de la música. Sentí en lo profundo cada letra y acorde de la canción.Si nos dejan,

  • Torbellino de Pasiones I   CAPITULO 159

    Unas pequeñas lágrimas salieron de sus ojos y rio. Eros, entusiasmado, se acercó hasta su madre y le tendió el anillo que debía colocar en mi dedo. Al terminar de hacerlo con sus manos temblorosas, la tomé con firmeza de la cintura y la acerqué con prisa a mi cuerpo. Antes de que el juez nos diera permiso de sellar aquella ceremonia, mi boca se abalanzó sobre la suya. Oí los vítores y aplausos eufóricos de los presentes.Posé mi frente sobre la suya. Reíamos por las palabras que escuchábamos de fondo. —Al fin eres mía de nuevo. Te aseguro que esta vez será para siempre —emití con felicidad.—Siempre he sido tuya, Diego. Aunque no estuviera contigo, siempre sería tuya.—Siempre, cariño. Lo sé. —Solo yo comprendí mis palabras.Los niños se agolparon sobre nosotros, felices, al igual que los demás. Sobre todo Marcel, quien adoraba a Ana. Entendía a la perfección todo lo que ocurría. Eros, sin embargo, aún no intuía con exactitud la dimensión de las cosas, pero era feliz, así como nosot

  • Torbellino de Pasiones I   CAPITULO 158

    DiegoDespués de tanto tiempo, de tantos años, hoy puedo decir que lo tengo todo: una hermosa familia que llena mis días de dicha y de dolores de cabeza. Justo ahora sufro un calambre cerebral. Marcel, mi hijo mayor, se ha enamorado perdidamente de Alejandra, una hermosa jovencita que conoció en un crucero del que acabamos de regresar. Con apenas quince años ni siquiera puedo concebir que esté de esa manera, pero yo mejor que nadie sé que en el corazón no se manda. Aún recuerdo cómo hace seis años atrás las cosas cobraron su curso y definieron el camino que debí transitar en la vida desde un principio.Su sonrisa siempre será lo más hermoso que mis ojos conocerán. Su mirada, esas gemas esmeraldas que me aturden aún a pesar de tantos años juntos en esta misma historia, siguen siendo mi mayor perdición. Con una sonrisa dibujada en mis labios, suelo rememorar nuestro pasado. Entretanto, ella duerme acurrucada en mi pecho.Aquellos momentos marcaron el final de mi suplicio y mi sufrim

  • Torbellino de Pasiones I   CAPITULO 157

    Cuando me entregaron los resultados en un sobre, mis dedos temblaron al tratar de abrirlo.Tomé una bocanada de aire y lo hice con el pálpito del pecho acelerado a mil revoluciones por minuto. Lo leí; el resultado de la prueba fue positivo. Estaba embarazada. Esperaba un bebé del hombre que amaba, al que perseguí en sueños por tantas noches, al que dibujé en mis pensamientos por tantos días.Me pasé tantos años, tantos meses y días soñando con algo que pensaba que se incumpliría. Perseguí por todo ese tiempo el amor de un hombre que creí que no me correspondía, cuando en su corazón se forjó un sentimiento tan fuerte como el mío, que el tiempo, la distancia, los extraños metidos en nuestra historia y las dificultades que la vida misma nos impuso, no lograron romper.Me dolió el alma, el corazón y la mente durante tantos años imaginándome ser la dueña de su amor, que su boca pronunciaba aquellas palabras que tanto había aguardado. Después añoraba y divagaba que, si en esta vida no volve

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status