MasukLa noche continuó entre conversaciones, copas de vino y música suave. Kail paseaba por el salón con Fiorella tomada de su brazo mientras le iba presentando a distintos empresarios y Dones de varias ciudades. Ella sonreía con educación, respondía cuando era necesario y de vez en cuando soltaba alguna ocurrencia que hacía reír incluso a los hombres más serios del lugar.Desde el otro extremo del salón, Jean no dejaba de seguirla con la mirada, Giorgio terminó por darse cuenta y sonrió de lado.—Pareciera que te tomaste muy a pecho el título de niñera.Jean ni siquiera apartó la vista de Fiorella.—¿De verdad no te importa lo que pueda pasarle? Sabemos perfectamente cómo es Borcovski.—Lo sé, pero también sé que le teme a Lia y jamás hará algo que pueda ponerla en su contra.Jean negó despacio.—Yo creo que la está viendo como un trofeo.Giorgio soltó una pequeña risa.—Cálmate. No le pasará nada. Conozco muy bien a Fiorella. Si alguien termina llorando esta noche, probablemente no será
Jean recorrió el salón con la mirada entre la multitud de invitados. Hombres y mujeres caminaban de un lado a otro sosteniendo copas de champán mientras observaban las vitrinas de cristal donde descansaban las joyas que serían subastadas durante la noche.—¿Dónde está la pulga diabólica? —murmuró entre dientes mientras seguía buscándola—. Yo no me haré cargo si algo le pasa.—Debe andar por ahí viendo qué compra con la tarjeta dorada de Borcovski —respondió Giorgio con una sonrisa divertida mientras observaba cómo su amigo fingía desinterés, aunque no dejaba de buscar a Fiorella con la mirada.—No me importa. Que haga lo que quiera.—Claro... no te importa nada.Lia sonrió divertida.—Nosotros iremos a ver las joyas.Los tres caminaron hasta el enorme salón de exhibición. Decenas de vitrinas de cristal iluminaban el lugar mostrando collares, pulseras, pendientes, brazaletes, relojes, coronas y conjuntos completos elaborados por los mejores joyeros del mundo. Habían joyas que podían se
La noche de la gala finalmente llegó. Frente al enorme espejo de su habitación, Lia contemplaba su reflejo con una pequeña sonrisa. El vestido color champán abrazaba su figura con una delicadeza exquisita; el corte en la pierna dejaba ver apenas lo suficiente para resultar elegante y provocador al mismo tiempo, mientras el escote realzaba su feminidad sin perder un ápice de clase. La espalda completamente descubierta mostraba su piel suave y perfecta, y su largo cabello negro caía en rizos sueltos que enmarcaban su rostro.Giorgio permanecía detrás de ella sin poder apartar los ojos de su mujer. La observaba como si fuera la primera vez que la veía, recorriendo cada detalle con esos profundos ojos grises llenos de amor. Caminó despacio hasta quedar a su espalda y deslizó un dedo desde la nuca hasta la parte baja de su espalda desnuda, arrancándole un leve estremecimiento. Con infinita delicadeza apartó su cabello hacia un lado, tomó la pequeña luciérnaga que siempre llevaba consigo y
La hora de la cena llegó envuelta en una tranquilidad que hacía días no conocían. El enorme comedor de la mansión Bellamonte estaba iluminado por la tenue luz de las lámparas de cristal, mientras la larga mesa solo era ocupada por Giorgio y Lia. Él, sentado a su lado en lugar de ocupar la cabecera como correspondía a un Don, cortaba con absoluta paciencia el filete de su esposa en pequeños trozos. Lia simplemente lo observaba, apoyando el mentón sobre la mano, con esa mirada llena de amor que únicamente existía para él.—Eres tan guapo, esposo mío.Giorgio sonrió de lado. Levantó la mano de Lia hasta sus labios y depositó un beso lento sobre sus nudillos sin dejar de mirarla con esos ojos grises que parecían derretirse cada vez que la contemplaban.—Y completamente tuyo. No debes compartir absolutamente nada de lo que ves aquí.Lia soltó una risita.—Ya sabes lo que pasa cuando alguien quiere que comparta.Él dejó el cuchillo sobre el plato y acarició despacio su mejilla.—Y estoy tot
Giorgio tenía a Lia entre sus brazos mientras las burbujas del jacuzzi relajaban sus cuerpos. Él besaba suavemente sus labios mientras sus manos acariciaban su espalda.—¿Te sientes mejor, mi Luciérnaga?—Sí, mucho mejor. Es tan relajante estar así contigo, sin pensar en nada más.—¿Quieres nadar?—Mmm... espera un momento. Aquí estoy cómoda.—Mi niña consentida.—Gio...—¿Mmm?—¿Qué harás con tu prima?Giorgio suspiró.—La he buscado, pero está oculta. Quería ofrecerle un lugar donde quedarse, lejos de nosotros, lejos de esta vida, donde la pudiera mantener vigilada, pero no la encuentro. Ahora toda la gente de mi tío pasó a mi organización. Aunque seguimos investigando, siempre hay personas que permanecen fieles, y si mi prima sale a la luz es posible que me traicionen.—¿Qué harás?—Usaré suero de la verdad.Lia abrió los ojos con sorpresa.—¿Existe eso?—Sí. Les daré el suero, los interrogaré y a los que me sobren se los mandaré a Elian. Si van a traicionar a alguien, que sea a él







