Mag-log inKail continuó entrenando durante casi una hora, alternando ejercicios de fuerza y combate hasta que finalmente decidió dar por terminada la sesión. Después regresó a sus habitaciones, tomó una ducha y volvió a vestirse con uno de sus impecables trajes oscuros. Cuando descendió hacia su despacho, uno de sus hombres le informó que las cinco muchachas ya lo estaban esperando en la sala contigua.Kail asintió y se dirigió inmediatamente hacia ellas.Lucciana estaba sentada junto a sus cuatro compañeras, quienes conversaban en voz baja mientras esperaban la llegada del hombre que las había rescatado. Aunque todas habían mejorado considerablemente desde su llegada a la mansión, todavía conservaban ciertas costumbres adquiridas durante el tiempo que permanecieron cautivas. Una de ellas era bajar la mirada cada vez que alguien con autoridad entraba en la habitación.Por eso, cuando Kail apareció, las cinco se pusieron de pie casi al mismo tiempo.—Buenas tardes, chicas. ¿Cómo están?—Buenas t
Kail regresó a la central de operaciones de los Borkovski completamente cubierto de harina. Su elegante traje oscuro había adquirido un tono blanquecino, el cabello rubio todavía conservaba pequeños restos del polvo y hasta sus zapatos parecían haber sobrevivido a una explosión dentro de una panadería. Sin embargo, su expresión era tan seria como siempre, aquella mirada fría e imponente que bastaba para que sus hombres se apartaran inmediatamente de su camino.Aunque, de vez en cuando, una pequeña sonrisa traicionaba su aparente mal humor.No podía evitar recordar la expresión de Jean cuando consiguió atraparlo junto a la piscina de la casa del lago y lanzarlo directamente al agua, vengándose así del abrazo con el que aquel maldito italiano había terminado de arruinarle el traje. La imagen de Valestri saliendo completamente empapado, gritando toda clase de amenazas mientras Fiorella se doblaba de la risa, era demasiado divertida como para olvidarla.Al atravesar el patio principal, va
En ese preciso momento, las puertas del comedor se abrieron y Jean apareció abrazando a Fiorella por la cintura. La muchacha llevaba una sonrisa radiante y, apenas distinguió al ruso sentado a la mesa, soltó un grito de alegría.—¡KAIIIIIIIIIL!Kail se levantó inmediatamente y abrió ambos brazos.—¡CARA MIAAAAA!Fiorella corrió hacia él y ambos se abrazaron con entusiasmo, mientras Jean se detenía a pocos pasos y cruzaba los brazos sobre el pecho. El italiano observó aquella escena con una ceja levantada, especialmente cuando Kail levantó ligeramente a su prometida del suelo antes de volver a dejarla sobre sus pies.—¿Qué haces aquí, Borkovski? —preguntó Jean, entrecerrando los ojos.Kail se apartó de Fiorella y le dedicó una sonrisa que consiguió despertar inmediatamente las sospechas del italiano.—He venido a cumplir nuestra apuesta, querido Valestri. ¿O acaso pensaste que había olvidado nuestro pequeño compromiso?Jean bajó la mirada hacia la bolsa de papel que Kail había dejado s
Giorgio y Lia bajaban lentamente las escaleras de la casa del lago, intercambiando sonrisas cómplices mientras el italiano mantenía un brazo alrededor de la cintura de su esposa. Cada pocos escalones se inclinaba para depositarle un beso en el cuello, provocando que ella soltara pequeñas risitas y lo mirara con aquellos ojos llenos de amor que conseguían desarmarlo por completo. Después de la ducha que habían compartido aquella mañana, Giorgio parecía debatirse entre la felicidad de tenerla tan cerca y la preocupación constante que le provocaba saber que estaba embarazada.—Luciérnaga traviesa... —murmuró junto a su oído, rozándole la piel con los labios—. No vuelvas a hacerme eso sin avisar, amor. Todavía no sabemos si puede ser peligroso para nuestro pequeño y no quiero que corramos ningún riesgo innecesario.Lia soltó una risita y se volvió ligeramente para acariciarle la mejilla.—Amor, tranquilo. El médico dijo que el embarazo está evolucionando bien y no nos indicó ninguna restr
A la mañana siguiente, los primeros rayos del sol comenzaron a filtrarse por las cortinas de la habitación, iluminando suavemente la enorme cama donde Giorgio y Lia continuaban abrazados. La tranquilidad de la casa del lago solamente era interrumpida por el canto de los pájaros que llegaba desde los jardines y el murmullo lejano del agua. Lia abrió los ojos lentamente y lo primero que sintió fue el calor del cuerpo de su esposo, quien la mantenía estrechamente abrazada contra su pecho, con una mano descansando sobre su vientre y la otra rodeándole la cintura.Una sonrisa dulce apareció en sus labios al recordar la noche anterior. Giorgio prácticamente no la había soltado desde que la llevó a la habitación y, aunque ella se había quedado profundamente dormida, en varias ocasiones había sentido entre sueños cómo él le acariciaba el cabello, depositaba pequeños besos sobre sus labios y después descendía hasta su vientre para susurrarle palabras de amor al diminuto bebé que comenzaba a cr
Cuando abrió la puerta, lo primero que apareció frente a sus ojos fue una enorme cantidad de paquetes y bolsas que apenas permitían distinguir a la persona que los cargaba. Detrás de aquella montaña de regalos surgió el rostro sonriente de Matteo Rosseti, quien parecía incapaz de contener su entusiasmo.—¡¿DÓNDE ESTÁ MI BEBÉ?!Giorgio soltó una carcajada al reconocer a su suegro.—¡Buenas noches, suegro! Pase, pase. Lia está en el salón.Matteo entró inmediatamente, dejando los paquetes sobre la primera mesa que encontró. Apenas se aseguró de que ninguno cayera al suelo, avanzó apresuradamente hacia la chimenea, donde Lia acababa de incorporarse al escuchar su voz.—¡PAPIIII! —exclamó ella, extendiendo los brazos.Matteo prácticamente corrió hacia su hija







