INICIAR SESIÓNEl aire era frío.
Lara se despertó con un fuerte dolor de cabeza.
Intentó moverse, pero no pudo.
Tenía los brazos estirados y encadenados por las muñecas. Las piernas también. Estaba atada a una fría mesa de metal, con la espalda dolorida por el contacto con ella.
Sus ojos se abrieron como platos mientras el pánico explotaba en su pecho.
¿Dónde diablos estaba?
Este lugar no parecía en absoluto una sala de interrogatorios ni una comisaría de policía.
La habitación estaba en penumbra y era sucia. Las paredes estaban agrietadas, manchadas de amarillo y marrón. Había un lavabo oxidado en una esquina. A su lado había una bandeja con instrumentos afilados: bisturís, tijeras y cosas que ni siquiera reconocía.
Y entonces lo oyó. Unos pasos lentos y arrastrados que se acercaban.
Una sombra apareció en la puerta. Luego entró en la luz.
«¿Gary?». Lara abrió aún más los ojos. Intentó incorporarse de nuevo, pero las cadenas la tiraron hacia abajo.
Había alguien más detrás de él. Alguien a quien aún no reconocía.
Gary sonrió al ver que estaba despierta. Y también lo hizo Helen, que finalmente salió a la luz.
A Lara se le heló la sangre al verla.
No había forma de que Helen se acercara a ella con esa sonrisa maliciosa en el rostro y fuera algo bueno.
«No hay necesidad de gritar», comenzó Helen, con voz tranquila, casi alegre. «Nadie puede oírte aquí abajo».
A Lara se le secó la boca. Se le hizo un nudo en la garganta. «¿Qué es esto? ¿Dónde estoy? ¿Qué más quieres de mí? ¡Déjame ir!». Sus palabras salieron en una súplica frenética.
Gary se rió entre dientes. Dio un paso adelante.
«No sentirás nada. Solo un pequeño corte. Luego todo habrá terminado».
Cogió un bisturí y lo giró entre los dedos como si fuera un juguete.
«Está a punto de extirparte el útero», declaró Helen.
Un grito se apagó en la garganta de Lara. Su mente se hizo añicos, incapaz de procesar el horror de las palabras de Helen.
«No tomé esta decisión por mi cuenta, cariño», continuó Helen, acariciando suavemente el cabello de Lara.
«Ray también lo aprobó. Dijo que mereces ser castigada de esta manera», mintió.
Una daga afilada y ardiente atravesó el corazón de Lara.
«Da gracias de que eso sea todo lo que te quitamos a una m****a como tú y no te quejes», añadió Helen precipitadamente.
«Te dejo con ello», le dijo a Gary y se marchó.
Entonces Lara soltó un grito, roto y desgarrador, que resonó en las paredes.
Pero Helen ya se había ido.
A Lara se le encogió el corazón cuando oyó a Gary decir: «Empecemos».
«¡No!», chilló, con todo el cuerpo temblando de miedo.
Observó con los ojos inyectados en sangre cómo Gary cogía un bisturí. Pero entonces se detuvo.
«No quiero hacerte esto. Pero es lo que quiere la señora», dijo con un murmullo grave.
«Por favor...», susurró Lara, con el pecho agitado mientras luchaba por contener los sollozos.
«Déjame ir. No quiero morir aquí», susurró de nuevo.
Gary la miró fijamente. El bisturí en su mano temblaba ligeramente. No se movió y tampoco habló. Simplemente se quedó allí, paralizado.
Lara no se detuvo. «No hice nada para merecer esto... No engañé a Ray. No fui yo quien mató a Colin. Así que, por favor... déjame ir, Gary. Te lo suplico»,
La respiración de Gary se volvió pesada. Sus manos cayeron a los lados.
Había hecho muchas cosas malas en su vida, pero esta era una línea que nunca pensó que cruzaría.
Miró a Lara y su corazón se compadeció de ella. Era obvio lo aterrorizada y destrozada que estaba.
Rápidamente, metió la mano en el bolsillo de su abrigo y sacó una pequeña llave oxidada.
Sin decir nada, se acercó y le quitó las cadenas.
Lara se abrazó a sí misma, acurrucándose en posición fetal, con el cuerpo temblando incontrolablemente.
Seguía en ropa interior.
Gary se quitó el abrigo y se lo puso encima. «Hay una puerta lateral a la izquierda. Da a los árboles. Corre. No te detengas».
«Gra... gracias», balbuceó Lara, respirando con dificultad.
Gary se quedó de pie y la vio marcharse.
***
Lara corría descalza por el bosque. Tan rápido como sus piernas le permitían,
Estaba agotada. Su cuerpo le pedía que se rindiera, pero no podía correr ese riesgo.
¿Y si Helen estaba a la vuelta de la esquina?
Corrió hasta que finalmente salió del bosque.
En ese momento pasó un coche.
Gritó para que se detuviera, pero no lo hizo.
Así que siguió corriendo en la dirección en la que se había ido hasta que lo vio: una cabina telefónica. Estaba al lado de la carretera.
«Dios... por favor», suplicó mientras corría hacia ella. Esperaba que funcionara.
Afortunadamente, así fue.
Con manos temblorosas, marcó el número de su mejor amiga y casi saltó de emoción cuando le contestaron al primer tono.
«¿Puedes venir a recogerme, por favor?».
***
La camioneta negra se detuvo unos minutos más tarde.
Lara corrió hacia ella antes incluso de que se abriera la puerta.
Marie, su mejor amiga desde la universidad, salió del vehículo. Su rostro reflejaba miedo y preocupación.
«¿Qué diablos te ha pasado?», preguntó con el ceño fruncido.
«Te lo contaré todo más tarde. ¿Está listo?», preguntó Lara, con la mirada perdida.
«Sí, todo está listo. Salimos del país en una hora. Pero primero vamos a asearte», respondió Marie, decidiendo no hacer más preguntas.
***En una hora estaban en el aeropuerto. Corrieron para tomar el vuelo al que ya llegaban unos minutos tarde.
Justo cuando llegaron al punto de control, Lara sintió un malestar en el estómago.
Trató de ignorarlo, pero fue como una ola que la golpeó y la hizo tambalearse con un repentino mareo.
Marie se detuvo cuando se dio cuenta. «¿Qué pasa?».
«Yo...». Antes de que Lara pudiera responder, lo sintió en la garganta, caliente y amenazando con salir de su boca.
Echó a correr hacia el baño más cercano.
Marie la siguió.
En el baño, se quedó detrás de la puerta mientras Lara vomitaba en el inodoro.
Lara salió unos minutos más tarde, respirando con dificultad.
«¿Estás bien?», le preguntó Marie con preocupación.
«Estoy...», Lara dudó, sus manos se movieron para agarrarse el vientre, sus ojos mirando fijamente al vacío.
Luego jadeó: «Creo que estoy embarazada».
Lara arqueó las cejas, confundida, cuando Marie estacionó frente a un rascacielos que le resultaba familiar.«¿Por qué estamos en la empresa?», preguntó mientras salían frente a su empresa de medios digitales y entretenimiento, Lara & Marie Collectives. La enorme torre de cristal se alzaba imponente, extendiéndose hacia las nubes. Pantallas LED gigantes envolvían los pisos inferiores, mostrando trailers, anuncios y acuerdos de marca producidos por la empresa. Su logotipo brillaba en dorado sobre las amplias puertas giratorias. «Literalmente dirigimos una empresa de medios de comunicación. Sería más fácil encontrar a alguien que encajara en el papel de padre ficticio aquí», explicó Marie. Lara ladeó la cabeza, aún más confundida. «¿Estás diciendo que le pidamos a uno de nuestros actores famosos que finja ser...?» «No, no... eso es un gran riesgo», la interrumpió Marie. «Estoy diciendo que le pidamos a uno de los aprendices que haga el papel. Alguien como Jamie», afirmó. Lara se ri
Lara se despertó con varios besos en la cara y una manita que le sujetaba la cabeza para mantenerla quieta. Ella se limitó a sonreír, con los ojos cerrados y los brazos estirados, rindiéndose a los besos incesantes. Pronto se abrió la puerta y Marie entró, sonriendo ante lo adorable de la situación. «¿Cuándo vas a dejar de inundar la cara de tu mamá con estos besos matutinos, Arden?», le preguntó. «Nunca, tía Marie», respondió Arden negando con la cabeza. «Mi maestra nos dijo que amáramos a nuestros padres tanto como pudiéramos, porque no estarán con nosotros para siempre», explicó, haciendo que los corazones de Lara y Marie se llenaran de alegría. «Solo espero poder ver pronto a papá. Tengo mucho amor que darle», añadió Arden, haciendo que las sonrisas de Lara y Marie desaparecieran de inmediato. Intuyendo los conflictos que estaban a punto de invadir el rostro y los pensamientos de Lara, Marie se acercó para coger a Arden. «Ven aquí, cariño. Dejemos a mamá un poco sola, ¿de ac
Ray se sentó en silencio en su coche. Había pasado una hora desde que regresó del trabajo, pero la idea de entrar en la casa le oprimía el pecho. Justo cuando cerró los ojos con fuerza y exhaló profundamente, unos golpes en la ventanilla del coche lo sobresaltaron. Suspiró, sabiendo ya quién era. «Cariño, ¿por qué no entras?», preguntó Irene. Ray salió lentamente del coche. «Nada», respondió secamente, pasando junto a ella hacia la puerta.Irene corrió tras él. Le rodeó la cintura con los brazos y apoyó la cabeza en su pecho.«Te he echado mucho de menos, cariño». Le besó el cuello y la mejilla. Cuando intentó besarle el cuello de nuevo, Ray se apartó.En silencio, entró directamente en la casa. Pero se detuvo al entrar en la sala de estar. «¿Por qué llegas tan tarde?», preguntó su madre, Helen. «Tenía mucho papeleo que hacer», respondió él con un tic en la mandíbula. Como si el día no pudiera ser peor. «Aun así, siempre deberías estar en casa a las nueve de la noche. No puedes
El aire era frío. Lara se despertó con un fuerte dolor de cabeza. Intentó moverse, pero no pudo. Tenía los brazos estirados y encadenados por las muñecas. Las piernas también. Estaba atada a una fría mesa de metal, con la espalda dolorida por el contacto con ella. Sus ojos se abrieron como platos mientras el pánico explotaba en su pecho. ¿Dónde diablos estaba? Este lugar no parecía en absoluto una sala de interrogatorios ni una comisaría de policía. La habitación estaba en penumbra y era sucia. Las paredes estaban agrietadas, manchadas de amarillo y marrón. Había un lavabo oxidado en una esquina. A su lado había una bandeja con instrumentos afilados: bisturís, tijeras y cosas que ni siquiera reconocía. Y entonces lo oyó. Unos pasos lentos y arrastrados que se acercaban. Una sombra apareció en la puerta. Luego entró en la luz. «¿Gary?». Lara abrió aún más los ojos. Intentó incorporarse de nuevo, pero las cadenas la tiraron hacia abajo. Había alguien más det
Ya era mediodía. Pero Lara seguía en el suelo donde Ray la había dejado. ¿Y si esto era algo que Ray había planeado con su hermano? Esa idea no dejaba de rondarle por la cabeza. En ese momento, la puerta se abrió de golpe con un fuerte estruendo, lo que hizo que Lara se sobresaltara. Helen irrumpió en la habitación con unos cinco policías armados detrás de ella. Lara miró a su alrededor con los ojos muy abiertos y desconcertada. ¿Y ahora qué? Intentó ponerse de pie, pero sus piernas seguían sin responder. Su mirada se desplazó hacia la puerta cuando Ray entró con su abogado. «¿Qué está pasando?», preguntó con el corazón latiéndole con fuerza. «¡Mataste a mi hijo!», rugió Helen. Antes de que Lara pudiera comprender de qué estaba hablando, los policías se apresuraron a acercarse a ella y la levantaron del suelo. «Esperen...», jadeó, suplicando un poco de tiempo, pero nadie la escuchó. La arrastraron hasta que quedó justo frente a Helen. «¡Eres una malvad
Ella estaba allí, su esposa. Semidesnuda. Envuelta en los brazos de su hermano. Ray dio un paso atrás, Luego parpadeó, una vez. Dos veces. Quizás lo estaba imaginando. Quizás si cerraba los ojos, todo desaparecería. Pero no fue así. Se le revolvió el estómago. «Yo...». La palabra apenas salió de sus labios, ahogada y áspera. Ni siquiera sabía lo que estaba tratando de decir.Desvió la mirada, pero sus ojos se posaron en algo que le oprimía el pecho:justo al lado de la cama, un condón usado yacía allí como prueba de lo que había sucedido. Burlándose de él.Ray no podía moverse. Lo único que podía hacer era mirarlos fijamente.«¿Cuánto... cuánto tiempo?», preguntó finalmente con voz baja y quebrada, «¿Cuánto tiempo lleva pasando esto?».Nadie respondió.Ray no dijo nada más. Se quedó allí de pie, en silencio, hasta que Lara se despertó y se estiró. «¿Ray?», lo llamó suavemente en cuanto lo vio, como si él no acabara de pillarla engañándolo en su propia casa. Lara







