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Capítulo 20

Penulis: Sra De Taker
last update Tanggal publikasi: 2021-08-26 15:01:33

Una verdad que duele siempre.

Natasha.

Llegas a un punto dónde a veces deseas estar en otro lugar. En uno donde nadie te conozca o tal vez, solo desaparecer sin dejar rastro. Mi mente es mi arma más letal. Tiene doble filo, lo que no pasa se inventa y lo que pasa lo ignora. Ser secuestrada y crecer pensando que mis padres me habían abandonado, no creo que ayudara mucho a mi estropeada vida.

Mi tía Francesca siempre intentó hacerme diferente ante la crianza de Stefano. Le di dolores de cabeza, claro que sí. No porque me la pasara de fiesta en fiesta, más bien creo que mi personalidad es quien la llevó a la locura.

No es fácil convivir con una persona que desconfía de todos, que le busca las cinco patas al gato, una persona que si no le encuentra la lógica a las cosas, su cerebro no la dejará en paz. No me justifico, pero soy así debido al temor y la angustia de mi pasado olvidado, que era mostrado por partes en mis sueños.

Una vida que es ajena para mí.

Tal vez mis inseguridades también fueron parte del motivo de que ella quisiera morir...

Tal vez...

—Natasha —la voz de Nate se escuchaba a lo lejos.

¿Quién soy yo para privar de la felicidad que Nathan merece? Si él era feliz antes de conocerme, ¿por qué debo ser yo quien lo haga sentir mal? No quiero que renuncie a su vida por mí. Por alguien que día a día lucha con la ansiedad, que lucha día a día por salir de una depresión que lleva años con ella. Que cada día es una tortura intentar hablar sin que las cosas salgan mal.

En donde sientes que tu opinión no importa y por eso callas. Dónde crees que estás saliendo adelante y la realidad te golpea no una vez, más bien es todos los días.

Solo soy valiosa porque pertenezco a la mafia. Pero si estuviese fuera de la organización, ¿quién lucharía por alguien como yo? Dónde cualquier cosa me hace sentir insegura y donde las palabras se me amontonan en la cabeza y pienso más de lo normal y no logro expresarlo.

—Habla conmigo, Natasha —el rostro de Nate aparece frente a mí—. ¿Qué sucede? Estoy aquí, nena.

Toma mis manos, automáticamente mi vista viaja al acto que él estaba teniendo conmigo.

¿Ven? Estoy hablando ya extraño. Los dos estamos en la habitación donde dormimos por primera vez. Solo que no escuché sus pasos cuando llegó aquí.

—Nada —suspiro—, no me pasa nada, lo prometo.

—Te pido que me digas las cosas porque sé claramente que te sucede algo —se levanta de la cama donde estábamos sentados—. ¿Qué te pasa, Natasha?

—Nada... solo que no quiero... —me callo.

—¿No quieres qué? —me anima a terminar de hablar, niego con la cabeza—. Así no funcionan las cosas. Si no puedes hablar conmigo, si no puedes compartir lo que sientes conmigo, ¿para qué vamos a estar en una relación si vas a actuar por cuenta propia?

Me levanto de la cama y me pongo frente a él.

—¿Crees que no te digo las cosas porque quiero tener secretos contigo? —me mira fríamente—. He luchado con mis inseguridades durante toda mi vida. He vivido entre las mentiras de Stefano y las realidades de mi tía Francesca. Ellos fueron muy estrictos conmigo durante mi niñez. Lo más lejos que fui una vez, una simple vez fue a Islandia y de regreso estuvieron extraños conmigo.

—¿Qué tiene que ver eso con lo que no me dices? —su expresión sigue siendo fría—. Dime mejor que estás jugando conmigo y que por eso no quieres decirme nada —una punzada de dolor en el pecho me hace presionar los labios—. Estoy en una edad dónde necesito a alguien que se sienta segura de lo quiere. No estoy para ratos ni mucho menos para juegos.

—¿Qué estás queriendo decir, Nathan? —pregunto, con un nudo en la garganta.

—Que no me das seguridad. Que no sabes lo que quieres, que estás jugando conmigo y te gusta ilusionarme. Qué me estás dando explicaciones sin sentido. Sí, te quiero y me gustas, Natasha. Pero siento que esto nada más es de mi parte.

—¿Cómo puedes decir eso? —trago grueso.

—Es lo que siento y lo que tú me demuestras al hacerme a un lado. Al tratarme como un completo extraño. Si me voy a entregar a ti, lo hago con todas las de la ley, Natasha. Conmigo no hay términos medios.

—¿Qué haces conmigo si soy tan mala persona? El hecho de que no te quiera como tú quieres que lo haga, no dice que no te quiero —sonrío con ganas de llorar—. ¿En serio crees que estoy jugando contigo?

—Sí —es su única respuesta.

—Discúlpame por ser tan así contigo. Por no ser la persona que tú querías que fuera. Que en vez de darte alegrías solo te traigo penumbras.

—¿Es todo lo que dirás? ¿Crees que pidiendo disculpas solucionas algo? ¡¿En vez de hablar por qué simplemente te disculpas?! —habla exasperado.

—¡Porque le tengo miedo a las personas! —exclamo—. ¡Porque me da miedo hablar y porque de pequeña uno de los amigos de Stefano intentó violarme!

Nate, da dos pasos hacia atrás y todo vuelve a quedar en silencio.

—Porque me dijo que si decía algo estaría en problemas y por más que lo intento me da miedo. Siento que la gente me juzga cuando doy mi opinión —admito.

—Natasha, yo... —empiezo a reírme ante su mirada de vergüenza.

—¿Qué dirás? No me vayas a decir pobrecita no lo sabía. Porque tu mirada ya me lo dijo —limpio una de mis lágrimas como bestia—. Siempre buscaré excusas para evitar cualquier tema. Se suponía que no debías saber esto porque para empezar, ni preparado estabas —mi voz sale sin emoción alguna—. No te tengo miedo a ti, te quiero a ti, me gustas tú, pero estoy demasiado dañada para que seas parte de mi mundo.

—Natasha, escúchame, por favor... —niego con la cabeza.

—Nunca podré ser clara. Nunca podré expresarme como tú o alguien más quiera sin antes sentir ansiedad. He avanzado estos años ante lo que el amigo de Stefano intentó hacerme. Pero el daño jamás se fue —suspiro—. ¿Con qué derecho te tengo que hacer sentir mal? Tú mismo lo acabas de decir, necesitas a alguien que te dé seguridad de lo que siente, que esté segura de sí misma... pero mi seguridad y mis sentimientos desde tu punto de vista, no son suficientes.

—Nata...

—No, Nathan —le sonrío sin ganas—. Esta vez puedes creer que es una mentira lo que te digo. O tal vez es una de mis excusas para afrontar la realidad. Si supieras lo mucho que te quiero, no dudarías tanto de mí —mis manos empiezan a sudar—. Mi miedo es que estoy lo suficientemente dañada, estropeada, herida y tú no necesitas esto —me señalo—. Tú necesitas a alguien mejor que yo. Tú necesitas a una mujer, no a una cobarde que tiene miles de monstruos dentro de ella.

—Déjame hablar, por favor —niego con la cabeza—. Natasha, por favor...

—Para ti nada es suficiente y ya me siento una porquería la mayor parte del tiempo. Sí, hay cosas que no te dije. Sí, hay cosas que no expreso. Sí, me siento poca cosa gracias a una porquería de hombre que me tocó cuando tenía 11 años y por culpa de él, fui creciendo con inseguridades. Por mis estrictos tíos, las hicieron más fuertes y al llegar a dónde estoy hoy, me di cuenta de que no cambie nada. 

Suspiro, tomo mi cartera y camino hacia la puerta.

—Yo no soy nadie para quitarte tu felicidad. La que de verdad mereces. Tampoco tengo el derecho de hacerte sentir mal. Por un momento pensé que podía salir de mi extraño mundo, pero me di cuenta de que te estaba arrastrando a él. No soy nadie para hacerte eso.

—Eres Natasha, una mujer fuerte y luchadora —miro sus ojos, dice la verdad aun cuando están inyectados de rabia—. Eres una mujer hermosa que merece todo lo maravilloso que puede desear.

Sonrío.

—Pero no soy suficiente ni te doy la seguridad que tú necesitas —ladeo la cabeza—. Está bien, Nathan. No pasa nada. Ya estoy acostumbrada a que las cosas no salgan, a que las cosas las arruine. Estoy acostumbrada a que todo lo estropeo —abro la puerta—. Eres la primera persona a quien le comento sobre el amigo de Stefano. Ahora ya también puedes tenerme lástima o decir que miento.

—Oye, no hables así...

—Si algún día decides volver. Cuando creas que dejé de ser tan egoísta de pensar nada más en mí y que no veas algo positivo de mi parte —le sonrío con sinceridad—. Te estaré esperando, porque a pesar de no entender muchas cosas, lo único que sí tengo claro y seguro es lo mucho que te quiero y deseo estar contigo.

—Yo no estoy...

—Qué problema el mío de no dejarte hablar —empiezo a salir de la habitación—. No estás preparado para todo esto, lo sé. Yo tampoco me arriesgaría a tanto.

Salgo de la habitación con el corazón palpitando fuertemente, camino hacia la puerta del departamento para irme de ahí. Es primera vez que logro hablar tanto. Es primera vez que digo tantas cosas y en vez de sentirme aliviada, me siento peor. Lastimar a las personas que quiero jamás será mi intención y con lo que le acabo de decir a Nathan, le di la oportunidad de alejarse de mí fácilmente.

De conseguir alguien mejor.

De que alguien lo quiera como él desea y merece que lo hagan.

Yo jamás fui suficiente y eso me quedó muy claro.

***

Terminé caminando por horas y me perdí. Ese pequeño detalle no sería nuevo para mí. Conseguí un hotel abierto y aquí estoy. En una habitación, sola, sin nadie a mi alrededor. Han pasado algunas horas desde que me fui de la casa de Nathan, y no me ha llamado, buscado o dado señales de humo.

¿Vieron? 

No valía la pena luchar por alguien tan dañada como yo. Tomé una ducha, no comí porque hambre no tenía y me acosté en la cama a ver alguna serie que llamara mi atención.

—Si me quedo sola y desaparezco nadie me va a extrañar —le hablo a la nada viendo la pantalla del televisor—. Nadie me ha dicho que se siente feliz de tenerme en su vida. Solo me dicen lo problemática que soy en la vida de ellos.

Con miles de pensamientos nada positivos me fue venciendo el sueño.

***

Tres días habían pasado desde que había logrado decirle algo a Nathan. Tres días en los que no sabía nada de él. Ni siquiera me había llamado Danielle o Logan. Así de importante era en la vida de ellos. Me imagino que no debe ser fácil aceptar lo que le dije, o también optó por no creerme. Sinceramente prefiero que no me crea. Aunque ya se estaba volviendo costumbre que no lo hiciera.

Durante estos días el positivismo me ha acompañado fielmente. Soy fácil de olvidar, soy reemplazable e inesperadamente complicada.

—Mejor criaré perros. No les daré dolores de cabeza y seremos fieles porque no podré estropear nada con ellos —murmuro, viendo jugar a unos chicos.

Me río ante mi locura.

Continúo viendo jugar a los pequeños en el parque tranquilamente. Siento a una presencia a mi lado que me hace tensarme rápidamente.

Miro de reojo y es Alek.

—¿Te asusté? —pregunta, giro mi cabeza y lo miro mal—. No he perdido el toque, hermanita.

—¿A qué viniste, Aleksandr? —respondo, con una pregunta—. No, mejor dicho, ¿cómo me encontraste?

—Soy el líder de la mafia y tengo mis contactos —me mira divertido—. Te mandé a seguir desde que saliste de la casa del soldadito ese.

Vuelvo a ver a los chicos jugar.

—¿Pelearon? Ay, ¿no me digas que se les presentó un problema mientras jugaban a la familia feliz? —su sarcasmo se sintió en toda su pregunta.

Le doy un golpe en la parte de atrás de su cabeza con la palma de mi mano, haciéndolo reír.

—Él me estaba dando alojo y apoyo emocional por lo de mi tía —tomo un poco de agua.

—Tengo entendido que estaban saliendo —sonrío de lado al verlo hacer una mueca.

—Eres mi hermano mayor no tendré está conversación incómoda contigo —respondo.

—Desapareció —asiento a su afirmación—. Bueno, hermana, somos circunstancias que nunca elegimos ser. Tal vez necesite tiempo para procesar todo lo que le dijiste.

—O tal vez no soy lo suficientemente buena para él —tenía una cola alta, que Alek jaló sin compasión—. ¡Oye, eso duele!

—Deja de decir esas estupideces. Puede que la vida de nosotros no sea fácil, pero tú eres una mujer maravillosa, increíble y por la que cualquier hombre moriría por tener, Natasha.

—Pero el hombre que yo quiero cree que no lo quiero. Cree que juego con él, cree que le pongo excusas. Hace sentir que mis sentimientos son simples —siento un nudo en la garganta—. Ni siquiera le doy seguridad de nada.

—Uno no elige de quién enamorarse, tonta —besa mi sien—. Yo me enamoré de la ley siendo mafioso y no me arrepiento.

—Arya es una grandiosa mujer —afirmo—. Ustedes son la pareja perfecta.

—Tenemos nuestros arranques de ira, pero la amo. Solo dale tiempo para que procese todo lo que le dijiste —me despeina—, él sabrá cómo solucionar las cosas.

—¿Por qué me despeinas? —me quejo—¿Sabes lo mucho que me cuesta tomar un cepillo para intentar parecer decente?

—Estabas toda deprimida y valiendo madres viendo al infinito —se burla, mientras lo miro mal—. Valías madre, Natasha. Cómo tu hermano perfecto te invito a que cenes con nosotros hoy.

—¿Vas a cocinar? —lo miro con diversión.

—Lo haría, pero sabes que está Giotto y debo cuidarlo —se levanta del banco donde estábamos sentados en el parque.

—Por fin conoceré a la pequeña versión tuya llena de puro egocentrismo —me levanto.

—Te divertirás está noche, tontita —besa mi frente—. Prometo que todo estará bien.

—Gracias, tonto —le meto un golpe en el costado—. No me vuelvas a despeinar.

Empezamos a reírnos y a caminar. No es la mejor semana, no han sido mis mejores días y realmente paso más tiempo deprimida que cualquier otra cosa, pero lo menos que quiero es preocupar a las personas que están a mi alrededor. No sé cómo logré decirle a Nathan las cosas, y después que lo hice me arrepiento terriblemente, pero no puedo regresar el tiempo.

Solo espero que dónde esté su ánimo sea mejor que el mío.

Gracias, Alek. Gracias por estar para mí y ser el hermano que siempre necesité y busqué.


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