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Capítulo 22

Autor: Sra De Taker
last update Data de publicação: 2021-08-30 09:19:02

El inicio del final.

Natasha.

Una última noche en lo que conocería el amor y sería mi despedida de todo. No podía sufrir más. No quería seguir sufriendo porque no corazón no lo podrá aguantar. Dejarlo todo y cumplir con lo que más anhelaba en este momento... desaparecer.

Sabía que mi tío me haría daño aun estando muerto. Siempre hay alguien más dispuesto a realizar su trabajo sucio. He convivido con mi familia y me han dado tanto amor que me siento realizada, pero el temor de que Rinaldi me los quite aún después de muerto, no lo puedo permitir.

Esto empezó por mí y terminará por mí.

Sería perfecta he inolvidable para los dos. Nunca imagine tener una vida junto a alguien y sinceramente no la deseo mientras mi mundo sea un completo caos. Me entregué a un hombre una vez, pero no tenía idea de que tipo de sentimiento podía tener por él.

Esta será mi primera vez, pero con toda la seguridad del mundo, puedo decir con mucho orgullo que es por amor.

Sin saberlo, lo quiero, lo deseo y sí, también lo amo.

Entramos a la habitación en total silencio, él cerró la puerta después de que yo encendiera la luz, avancé hacia él, nos encontramos y me estrechó entre sus brazos, clavando sus labios en los míos, que al segundo se abrieron ansiosos de su lengua... ansiosos de esas caricias salvajes que al parecer le gustaban...

Deseos de comernos las bocas como cavernícolas antes que normales seres humanos, pero lo detuve...

No era eso lo que yo quería.

No del todo.

Le impedí esos ímpetus más salvajes, más bestiales que otra cosa, sustituidos por dulces accesos de ternura, de dulce amor. Claro que admití su lengua, para acariciarla con religioso fervor. Quise adueñarme de su maravillosa boca para saborearlo hasta en sus más recónditos rincones, saborear extasiada, su dulzura. Saciarme de todo él... todo... todo... enterito. Rendida y anonadada de amor por aquel hombre que deseaba.

Nate se vio desconcertado ante lo que no sucedía, pero enseguida se sumó a esa caricia suave, tierna, dulce, casi exenta de erotismo, de rastro alguno de sexualidad, pero impregnada de todo el cariño, todo el amor del mundo que puede unir a un hombre y una mujer. Seres humanos que buscan más que sexo, aunque todo llegaría, nos amábamos, nos queríamos... como lo que somos, seres humanos capaces no solo de pensar, sino también de sentir con todas las fibras de su ser. Retiré mis labios de ella para poder soltar todo lo que en mi interior moría por decir.

—Te quiero, Nathan. Te quiero más de lo que te puedes imaginar —admití, mirando sus hermosos y dilatados ojos.

—No sabes lo feliz que me hace escucharte decirme eso —juega con mi nariz—. Eres una bonita razón para soñar una vida juntos.

—Tal vez después... —esa fue mi única respuesta porque volvió a besarme.

—¿Estás segura de esto? Natasha, no quiero que te arrepientas más adelante —detiene el beso y veo sus ojos oscurecidos de lujuria y deseo.

—Estoy segura y todo estará bien —responde con voz ronca.

Suspiro y solo ruego a no sé quién para que en él no sufra después.

Alzó mi vestido suelto gris de mangas largas, comenzó a acariciarme, a apretarme las nalgas, bajo mis bragas de encaje que llevaba, me besó el cuello mientras yo lo echaba para atrás para darle un mejor acceso.

Lentamente me sacó el vestido y mis senos saltaron a nuestro deseado encuentro, los masajeó suavemente sobre el sujetador con sus toscas manos, y en un ágil movimiento desabrochó esa incómoda prenda, mis senos sin nada de protección comenzó a chuparlos y besarlos fuertemente, unos sonoros gemidos de placer se me escapaban y en cierto momento era tan bruto que me lastimaba. Sus manos acariciaban mis nalgas bajo mis bragas, de vez en vez se deslizaba mi mano por su miembro erecto, al sentir el rozar en él, lo hacía suspirar y otras veces él, metía sus dedos dentro de mi mojada vagina.

—¡Ah, Nathan! —gemía de placer mientras cerraba mis ojos.

En esta casa no había casi nadie a estas horas, normalmente ya todos deberían estar haciendo algo importante y siempre me quedaba sola la mayoría del tiempo. Lo llevo a mi cama y me pongo de rodillas entre sus piernas para empezar a bajar el cierre de su pantalón del uniforme. Estaba ansiosa y él también. Se le notaba y me excitaba pensar que estaba así por mí.

Comencé a chuparlo como podía, me tomó de la nuca y me empujaba la cabeza hacia su miembro, mientras él decía:

—Esto es tuyo, nena —miro su rostro lleno de mucha satisfacción. Sus jadeos empezaron a sonar por todo el lugar.

Lo lamía como paleta de arriba hacia abajo, al mismo tiempo que yo me tocaba, con una de mis manos, en ese momento al alzarla, note que ya estaba más que mojada. Metía una y otra vez su miembro en mi boca hasta donde podía aguantarlo sin ahogarme.

Como si fuera mi última comida en la vida.

—Mierda. Lo haces tan bien que me siento el tipo más afortunado del mundo —respondió.

Aun con su ropa atorada en la cintura, me detuvo, se levantó, se bajó el pantalón y se volvió a sentar. Ambos nos miramos y sonreí mordiendo mi labio inferior,

Me puso frente él y con su miembro apuntando al cielo, me acomodé montándome entre sus piernas. Estaba totalmente empapada, con su mano la frotó para lubricar un poco la entrada, hábilmente hizo a un lado mis bragas y enseguida comenzó a sentarme, dirigiéndome para que cabalgara encima de su miembro.

Me tomó de la cadera suavemente, solo me guiaba en el descenso, comencé a dejarme caer poco a poco, pero al sentir su miembro rozando mi entrada, me tensé, las piernas me temblaron y otro gruñido de placer salió de su garganta.

—Te necesitaba dentro de mí —me miraba con deseo.

Me dejé caer muy despacito para que no doliera, sentía como mi interior se abría para darle paso a su miembro. No se aguantó y me sentó, ambos sentimos escalofríos y todo su ser se hinchó más mientras recorría mi interior.

—¡Ah, duele! —murmuro.

—Lo siento, ¿quieres que me detenga? —preguntó preocupado, niego con la cabeza y respiración acelerada.

En verdad se sentía deliciosa la penetración, pero me importaba muy poco eso, realmente me aceleró el corazón saber que se detendría por mí.

Ya dentro de mí me empezó a deslizar centímetro a centímetro dentro de mi ser con precaución, con algo de dificultad a pesar de mi abundante lubricación. No quería que se detuviera y él me ayudaba dándome tiernas caricias, entre dolor y suspiros logró meterlo todo dentro de mí.

Se quedó quieto unos segundos mientras me acostumbraba a él.

Rodeo su cuello con mis manos acercándolo para que chupara mis pezones. Enseguida tomándome por la cintura comenzó el mete y saca, sentía morir de placer, casi salía totalmente de mí, solo para retroceder e insertarlo todo por completo nuevamente, dejaba caer todo mi peso para tenerlo todo.

Lo quería a morir.

Movía mi cadera en círculos para sentir y dar más placer, el primer orgasmo no tardó en llegar, temblaba con los espasmos de haberme venido.

—¡Oh, mi Dios! —digo, ambos sonreímos de satisfacción, mi corazón se aceleró nada más al verlo a sus hermosos ojos azules.

He preparado a mi mente para dar este paso y aunque tenía miedo, no me arrepiento de haberme entregado a él.

El orgasmo fue cesando poco a poco y realmente me sentía tan bien.

Se levantó poco a poco y fue dejando salir su miembro dentro de mí solo para que termináramos de desnudarnos.

Me recostó de espaldas y abrí mis piernas un poco, nos miramos a los ojos y mordí mi labio inferior al ver su increíble miembro. No sabía que estar con la persona que querías te podría hacer sentir de la mejor manera. Me agarró de la cadera y antes de deslizar su miembro dentro de mi interior, dio unos golpecitos en sus labios inferiores, eso me encendió aún más, por eso abrí al máximo mis piernas ofreciéndole todo lo que tenía.

—Tan perfecta y eres solo para mí —comentó, ronco, apuntó su miembro con una mano y con la otra separó mis labios, deslizándola al interior de mi intimidad.

—Nathan... —gemí después de un suspiro.

No quisiera que así fuera nuestra despedida, pero es lo único que necesito ahora. Quiero irme con hermosos recuerdos. Una familia feliz, un amor correspondido y no obligado... mi hermano siendo un maravilloso ser humano...

Solo hermosos recuerdos.

Comenzó a besarme los senos, el pecho, el cuello, mi piel se ponía de gallina al sentir sus labios en mi cuerpo, sujetó mis manos con las suyas, como si supiera que me iría a algún lado.

Se enderezó un poco y empezó el delicioso mete y saca que me llevaba a la gloria. No tenía nada de piedad con sus arremetidas, gemía de placer y movía con ritmo mis caderas a las estocadas de cuando ingresaba en mí.

En ese momento sentí llegar otra acabada, o dos, realmente no sé cuántas veces me vine seguido. Crucé en su cadera arrimándolo para que ingresara más duro. Su rostro estaba un poco rojo debido al esfuerzo que hacía, pequeñas gotas de sudor se asomaban en su frente, su respiración acelerada y sus hermosos ojos me miraban con pasión y deseo.

Simplemente me encantaba que me viera así.

Me puso de espaldas, dejando mi trasero al viento, lo meneé de un lado al otro de manera juguetona. Lo escuché reír y sentí su respiración en mis nalgas, metió su lengua en mi interior, lamiéndolo y besándolo. Mis piernas temblaron al sentirlo y sentí escalofríos, me arrancaba gemidos profundos de placer.

—Esto es... increíble, de verdad que lo es —gemía mientras empezaba a temblar.

Luego de unos minutos dejó de besar mi intimidad, me sujetó fuertemente por la cadera, y deslizo por entre mis nalgas, rozó la entrada de mi trasero y me asuste horriblemente.

—Ni se te ocurra. Apenas puedo con esto ahora mismo. Mi bonito trasero no es adecuado para eso. Estoy segura de que moriría —hablé asustada, viéndolo de reojo.

Sonrió maliciosamente.

—Muerte por placer, bonita —respondió con voz ronca y guiñándome un ojo.

Puso su miembro entre mis nalgas y empezó a deslizarlo a lo largo de mi trasero. Sentía miedo, nadie había entrado ahí, solo cuando iba al baño y hacia mis necesidades, entre suspiros le seguía suplicando.

—Por favor, no —mi voz salió temblorosa—. Juro que te mato si le haces algo a mi trasero —se empezó a reír y metió su miembro sin ninguna delicadeza, en mí.

Por la abundante lubricación esta vez entró con toda facilidad, se deslizó a mi interior con una sola estocada hasta chocar con mis nalgas.

El bombeo empezó suave, pero sin darme cuenta de pronto me estaba doliendo, con las ensartadas tan tremendas que me estaba dando, hacia puños las sábanas con sus manos fuertemente, estaba totalmente encendida y sentía que en cualquier momento me moriría con tanto placer que estaba recibiendo.

—Nathan... Nathan... —mis gemidos lo encendían más. Mi espiración era acelerada, él me agarraba de la cadera y se la llevaba tan profundo, que no podía más, después de unos minutos sentí como ambos íbamos a llegaríamos al orgasmo.

—Joder, nena, ya no aguanto —dice, acelerado.

—¡Ah! —grito y sentí como mi interior se empezó a contraer y con eso, sentí como se empezó a tensar.

Me desplomé boca abajo, jadeando por el maravilloso encuentro, él sin salirse de mí, se dejó caer sobre mi todo mí, siguió unos minutos más, para lograr inmediatamente arrancarme otra abundante venida y llegar por no sé qué número de vez, a mi deseado placer.

Y en todas las veces que él me llevó a las estrellas, recién caigo en cuenta que no nos protegimos, pero está bien... claro que está bien.

—No te asustes si te digo que te amo —volteo a verlo a mi lado—, porque de verdad lo hago.

—Está bien, yo también me amo y te amo —cerré mis ojos y él me acunó en su pecho.

Gracias por darme este encuentro y demostrarme que el amor llega y te roba todo sin darte cuenta.

En tu caso, me robaste el corazón y protegerlos a todos, es mi decisión.

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Comentários (1)
goodnovel comment avatar
Ana Pacheco Galicia
me gusto tanto la historia que llore
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