로그인UN MES ANTES...
Lauren se despertó con una náusea tan intensa que tuvo que llevarse la mano al estómago antes incluso de abrir los ojos. Su cuerpo llevaba días enviándole señales que ella había tratado de ignorar por puro miedo.
—Tranquila —se dijo en voz baja—. No sabemos si es un embarazo. No nos ilusionemos por gusto.
A su lado la cama estaba vacía y no le sorprendió. Lauren ya estaba acostumbrada a despertar sola. Su matrimonio nunca había sido del tipo romántico o cariñoso, algunas veces incluso se había preguntado si Nolan la quería realmente, pero compartían la cama y él… simplemente era malo para expresar cariño. Eso era todo.
Demás últimamente Nolan estaba tratando de manejar la crisis financiera de su empresa. Por eso no se sorprendió al escuchar su voz desde la cocina, tensa, cortante.
—¡No me importa cómo lo resuelvan, necesito una respuesta hoy…! ¡No, hoy! ¿Me estás escuchando? Si los socios se bajan del barco ahora, estamos jodidos. ¡Si esa fusión que estamos negociando se cae, la maldita empresa se va al carajo!
Lauren se sentó en una de las sillas, y escuchó palabras sueltas: liquidez, plazos, presión, decisiones urgentes. El tono de Nolan era tan desesperado como cada día de la última semana. Estaba llegando a su límite de tolerancia.
—¿Todo bien? —preguntó Lauren con cuidado y Nolan la miró como si acabara de decir la cosa más inoportuna del mundo.
—¿Tú qué crees? —respondió—. ¿Te parece que estoy caminando por un prado de flores?
—Solo preguntaba…
—Siempre preguntas cuando no toca —la cortó él—. ¡Hay cosas importantes pasando, Lauren! ¡La empresa se está yendo a la quiebra!
Ella abrió la boca para responder, pero un nuevo mareo la obligó a apoyarse en la mesa. Nolan lo vio y frunció el ceño.
—¿Otra vez? —dijo con fastidio—. No empieces con tus dramas tan temprano.
—No es un drama —intentó explicar—. Me siento un poco mal desde hace días. Puedo estar…
—Siempre te sientes “un poco mal” —la interrumpió él—. Exageras todo. ¿No puedes, por una vez, no hacer de esto un espectáculo?
Lauren bajó la mirada y cerró la boca. Hacía años que había aprendido que insistir solo empeoraba las cosas.
—Acuérdate de que esta noche tenemos la cena con los socios de la empresa —añadió Nolan sin siquiera mirarla—. Vienen inversores importantes así que más vale que te comportes.
Se fue sin decir más y Lauren se quedó con aquella ansiedad atorada en la garganta.
Esa noche se miró al espejo mientras se ponía el vestido. Era una mujer hermosa, pero seguía sintiéndose mal, y sabía que cuando su suegra y sus cuñados llegaran se sentiría peor. Los toleraba por el amor que sentía por Nolan, pero en el fondo los detestaba por sus constantes desprecios.
Los invitados empezaron a llegar sobre las nueve y la cena empezó como siempre: saludos cordiales y copas que se llenaban demasiado rápido. Lauren se sentó junto a Nolan y la conversación entre los hombres derivó pronto hacia los negocios. Al menos hasta que alguien mencionó las herencias.
—El heredero de los Callaway ya viene en camino —comentó alguien—. Nada asegura más un legado que un hijo.
—Lauren ¿ustedes para cuándo piensan tener al heredero de los Rockham? —Pero antes de que pudiera contestar, su suegra Dorothy se adelantó.
—No pronto, espero —dijo mirándola de reojo—. Hay mujeres que simplemente no deberían ser madres.
Todos miraron a otro lado y Lauren sintió su estómago revolverse. Tomó aire y miró a Nolan, esperando que dijera algo, pero él se limitó a beber de su copa.
—Nolan tiene mucho que hacer por su futuro —añadió Dorothy—. Tiene que enfocarse en construir un imperio antes de pensar en un heredero.
Lauren tragó saliva y las náuseas volvieron con fuerza. Ella deseaba ser madre más que nada, pero para su esposo y su familia política, jamás era el momento adecuado.
—Pues tendrá que pensar en eso, Dorothy, porque creo que estoy…
Pero Nolan dejó la copa sobre la mesa con un golpe seco.
—Lauren —dijo en voz baja, como una advertencia—. No empieces aquí. Esta noche es para los negocios.
Había algo distinto en su expresión: molestia, impotencia, como si tuviera la tolerancia en cuenta regresiva.
—¡Nolan, creo que podría estar embarazada! —soltó Lauren y la única respuesta fue una risa.
—¡Por favor! —se burló la suegra—. Ya basta de inventar cosas para llamar la atención.
—Déjalo así, Lauren. No esta noche —gruñó su esposo con los dientes apretados.
—¡Pero es una buena noticia…!
—¡Que te calles! ¡Basta! —gritó él, mirándola con una furia que Lauren no le había visto nunca—. ¡Deja de molestar con el maldito embarazo! ¡No estás embarazada!
Nolan la miró como si odiara que lo hiciera estallar delante de todos y se inclinó hacia ella, bajando la voz, pero igual todo lo escucharon.
—¡No lo estás! ¡Porque yo no permitiría que te embarazaras!
USEN. EPÍLOGOY OTRO AÑO MÁS…La casa estaba en silencio, pero no era un silencio vacío, sino uno lleno de pequeñas presencias, de respiraciones suaves y sonidos mínimos que apenas se percibían, como si la vida misma se hubiera vuelto más delicada dentro de esas paredes.Leon permanecía de pie en el umbral de la habitación, sin moverse, observando la cuna con una concentración casi reverente, como si temiera que cualquier gesto brusco pudiera alterar el equilibrio perfecto de ese momento.Secret dormía profundamente, envuelta en su mantita, con una pequeña mano asomando hacia afuera, y él no podía dejar de mirarla, porque incluso después de todo ese tiempo, todavía le resultaba imposible dimensionar del todo que aquella niña fuera suya.—Vas a despertarla si sigues respirando así —murmuró Brielle desde detrás de él, con ese tono que siempre oscilaba entre la burla y la ternura.Leon no se giró de inmediato, pero una leve sonrisa tiró de la comisura de sus labios.—No estoy respirando f
USEN. CAPÍTULO 53. Otro secreto entre nosotrosOCHO MESES DESPUÉS…El hospital estaba demasiado silencioso para el gusto de Leon. No era un silencio real, porque había máquinas, pasos, voces lejanas… pero para él todo sonaba amortiguado, como si el mundo entero estuviera contenido en una burbuja que giraba únicamente alrededor de una puerta cerrada.La puerta. ¡Esa maldit@ puerta detrás de la cual Brielle iba a dar a luz!Leon caminaba de un lado a otro por el pasillo, con las manos en la cabeza, deteniéndose cada pocos segundos para mirar el reloj como si pudiera obligarlo a avanzar más rápido.—Te vas a hacer un surco en el suelo —comentó Kieran, apoyado contra la pared con una calma que claramente no compartía.—Cállate —gruñó Leon sin mirarlo—. ¿Por qué nadie me dijo que esto era así?—Porque las embarazadas demoras —respondió Dax, cruzándose de brazos—. Eso es así.—La doctora dijo que ya casi… que tenía que dilatar más… contracciones más seguidas… ¡¿pero qué están esperando!? ¡E
USEN. CAPÍTULO 52. Una sorpresa de bodasUn año después, nadie en la familia Ellison podía decir que la relación entre Brielle y Leon había sido tranquila, pero todos podían decir algo mejor: había sido real.La ceremonia se celebró al atardecer, frente al mar, en la casa de Malibu, donde el sonido de las olas acompañaba cada paso como si fuera parte del ritual. No era una boda recargada, aunque todo en ella hablaba de elegancia y poder; era íntima, medida, con los detalles exactos que Brielle había exigido y que Leon, sorprendentemente, había respetado… casi siempre.Brielle caminó hacia él del brazo de su padre, que moqueaba de lo lindo y que más de una vez trató de dar la vuelta, como si la novia a escapar fuera él.Brielle caminó por la arena con ese mismo paso firme con el que había entrado en su vida; y Leon, que había enfrentado guerras, traiciones, proyectos capaces de destruir países… sintió por primera vez que algo podía desarmarlo por completo sin necesidad de violencia.Cu
USEN. CAPÍTULO 51. Una propuesta El regreso al comedor no fue precisamente digno.Primero apareció Leon, con la camiseta medio fuera del pantalón, el cabello desordenado y una expresión que intentaba mantener la compostura… pero no lo lograba del todo. Detrás de él venían los hermanos Ellison, cada uno en peor estado que el anterior, riéndose abiertamente como si acabaran de salir de una pelea que, en lugar de terminar mal, había reforzado algún tipo de acuerdo primitivo entre hombres.—Esto es acoso —murmuró Leon, acomodándose la manga mientras caminaba de regreso a su asiento.—Esto es advertencia —replicó Dax con una sonrisa peligrosa—. Diferente concepto.—Técnicamente es lo mismo.—Cuida a mi hermana —añadió Hendrix, señalándolo con un dedo— o la próxima no nos reímos.Leon alzó las manos en señal de rendición, pero sus ojos brillaban con una satisfacción que no se molestó en ocultar.—Quedó claro.Brielle los observó desde su lugar, con los brazos cruzados, tratando de mantener
USEN. CAPÍTULO 50. La aprobación de la familia EllisonLo que siguió a la pregunta de Leon fue como la calma antes de la tormenta, un silencio lleno de expectación, en el que absolutamente todos en la mesa sabían que algo importante acababa de suceder… aunque no tuvieran del todo claro qué demonios era.Las miradas se movieron entre Brielle y Leon. Luego entre Brielle y sus hermanos.Y finalmente se quedaron clavadas en ellos dos, como si fueran el centro de una escena que nadie había planeado, pero que todos querían ver cómo terminaba.Brielle fue la primera en reaccionar.Se soltó de Leon con un tirón, acomodándose el cabello con una dignidad que no engañaba a nadie, porque el rubor en sus mejillas y la forma en que evitaba mirarlo directamente la delataban mucho más de lo que le habría gustado admitir. Tampoco faltaba la camiseta desordenada y el hecho de que pareciera que a él lo habían abofeteado al noche anterior.—Bueno… es que… tengo… tengo algo con el idiota ese —dijo, señala
USEN. CAPÍTULO 49. Mientras te metes en problemasBrielle no supo exactamente en qué momento se quedó dormida. Tal vez fue el cansancio acumulado, tal vez la tensión de los últimos días… o tal vez simplemente el hecho de que, por primera vez en mucho tiempo, se había sentido segura.Cuando abrió los ojos, lo primero que sintió fue el calor, un brazo firme rodeándola, un pecho… ¡más firme! contra su espalda; la respiración de Leon, profunda, constante, demasiado cerca. Y entonces la realidad la golpeó.Se tensó de inmediato y su primer instinto fue claro, inmediato, casi automático: escapar.Con cuidado, con una precisión casi adolescente en el noble arte de escabullirse, se deslizó fuera de su abrazo, apartando su brazo con lentitud, conteniendo incluso la respiración para no despertarlo. Durante un segundo lo observó, inmóvil en la cama, con el ceño apenas fruncido incluso dormido, como si ni siquiera en reposo fuera capaz de soltar el control.—Esto es un error… —murmuró para sí mis







