로그인El silencio que siguió fue absoluto y Lauren se quedó paralizada.
—¿Qué quieres decir con que no lo permitirías? —balbuceó como pudo.
—Que durante los últimos años me aseguré de que no quedaras embarazada. Eso quiero decir —espetó él apretando los puños y ella sintió un pitido agudo en la cabeza que le nubló el pensamiento.
—¿Cómo…? —susurró—. ¡¿Cómo?!
—Con anticonceptivos —respondió Nolan—. Todos los días.
Lauren se levantó y dio un paso atrás. De pronto, demasiadas cosas empezaron a encajar con una claridad cruel.
—El té… —susurró—. Tú siempre me preparabas té por la noche. Incluso cuando llegabas cansado.
Recordó cuántas veces había contado ese detalle como una anécdota tierna. Cómo lo había presumido frente a amigas, convencida de que ese gesto era una prueba silenciosa de amor.
Y ahora más de treinta personas ajenas a su casa escuchaban cómo la sometían a aquella humillación.
—Nolan… yo… ¡Yo me estaba hormonando! —dijo, alzando la voz—. El médico me recetó tratamiento para intentar quedar embarazada. ¿Tienes idea de lo que esa mezcla de químicos puede hacerle al cuerpo de una mujer? ¡Con razón he estado sintiéndome mal por años y tú lo sabías!
Nolan cerró los ojos un segundo, como si aquella pregunta fuera una molestia más que una acusación grave.
—¡Otra vez exagerando! —escupió—. Siempre llevándolo todo al extremo.
Lauren sintió una punzada de rabia atravesarle el pecho.
—¡Me estabas drogando! —exclamó—. ¡Contra mi voluntad!
—¡Me estaba protegiendo de ese capricho tuyo de tener un hijo tan rápido!
El comentario provocó un nuevo murmullo, esta vez más claro, más incómodo.
—¿Tan rápido? ¡Hemos estado casados ocho años! —replicó.
—Lauren… no sigas por ahí…
—¡Nolan!
—¡Ya basta! —ordenó él con frustración—. ¡Lo hice porque alguien tenía que pensar con la cabeza fría! Mi empresa atraviesa una etapa crítica. ¡Hay cientos de personas que dependen de mis decisiones! Un embarazo ahora habría significado distracción, riesgos, pérdida de enfoque. He sacrificado mucho para mantener esto a flote.
Y esa declaración hizo que uno de sus socios asintiera, convencido.
—Bueno, Nolan… eso sí que es liderazgo —dijo—. Tomar decisiones difíciles.
—Un hijo no es una decisión ligera —añadió otro—. Y menos en este contexto.
Lauren sintió que el suelo se abría bajo sus pies. ¿De verdad lo estaban apoyando?
—¿Y no podías habérmelo dicho? ¡¿Tenías que tomar decisiones sobre mi cuerpo por mí?! —preguntó con la voz más baja, asqueada.
—Para eso eres mi esposa. Y además no eres muy razonable —respondió Nolan con impaciencia—. ¡Tú estás encaprichada con un hijo y yo necesito tiempo para mi compañía!
Del otro lado de la mesa los hermanos de su marido, Dell y Daphne, sonrieron como si al fin todo estuviera encajando.
—Siempre lo dijimos —intervino Dell—. Ella nunca entendió lo que significaba estar al lado de un hombre con ambición.
Lauren apretó los labios, sintiendo el ardor detrás de los ojos.
—Además —añadió su cuñada, girándose hacia los socios—, una mujer que necesita un hijo para retener a un hombre nunca debería ser madre.
Lauren sintió que algo dentro de ella se rompía y dio un paso atrás despacio, con el cuerpo rígido, tratando de conservar la dignidad que apenas le quedaba.
Fue entonces cuando su suegra tomó la palabra.
—Lauren… Siéntate de una vez, que esto tiene todo que ver con salvar la empresa, no contigo. Así que tienes dos opciones: deja de hacerle la vida difícil a mi hijo, o desaparece de ella. Aunque la realidad es que, si desaparecieras de la vida de Nolan… nadie lo notaría.
Lauren hizo lo único que podía hacer: darse la vuelta y marcharse. Se encerró en el cuarto de invitados y se quedó mirando a la pared hasta que todos se marcharon
Dos horas después la puerta se abrió y Nolan se apoyó en el marco, con la camisa desabrochada y el gesto irritado.
—¿Te divertiste poniéndome en evidencia delante de todos? —le gruñó.
—¿Te divertiste engañándome durante ocho años? —replicó ella con rabia.
—¡Esta noche nada podía salir mal y lo echaste a perder! No era el momento. Había socios importantes…
Lauren soltó una risa breve, sin humor.
—¿Ese es tu problema? —preguntó—. ¿El momento?
—Mi problema —replicó él— es que no entiendes la presión bajo la que estoy. ¡Me empujaste a decir cosas que no debía decir así!
—¿Así? —repitió ella—. ¿O simplemente te empujé a decir la verdad?
—¡No empieces otra vez! —espetó él con frustración—. Ya te expliqué por qué hice lo que hice, ¡pero tú no entiendes! —exclamó sujetando su blusa y tirando hacia él hasta que una de sus manos rodeó su cuello—. ¡El bebé, el bebé…! ¿Eso es todo lo que puedes pensar? ¡OK, Lauren vamos a practicar cómo se hace entonces!
Ella retrocedió instintivamente y por primera vez en ocho años de matrimonio sintió asco cuando Nolan trató de besarla.
—¿Qué pasa? —siseó su marido, evidentemente pasado de copas, tratando de acariciarla—. No saldrá un bebé pero sé que te gusta acostarte conmigo —rio empujándola hacia la cama y Lauren sintió que estaba a punto de vomitar.
Sus manos estaban en todas partes, arrancándole la ropa, tratando de someterla. Lauren trataba de cubrirse como podía, con las lágrimas cayendo de sus ojos y la certeza de que si no se defendía, terminaría siendo solo un juguete roto.
—¡Suéltame! Nolan… no te atrevas... ¡Suéltame!
USEN. EPÍLOGOY OTRO AÑO MÁS…La casa estaba en silencio, pero no era un silencio vacío, sino uno lleno de pequeñas presencias, de respiraciones suaves y sonidos mínimos que apenas se percibían, como si la vida misma se hubiera vuelto más delicada dentro de esas paredes.Leon permanecía de pie en el umbral de la habitación, sin moverse, observando la cuna con una concentración casi reverente, como si temiera que cualquier gesto brusco pudiera alterar el equilibrio perfecto de ese momento.Secret dormía profundamente, envuelta en su mantita, con una pequeña mano asomando hacia afuera, y él no podía dejar de mirarla, porque incluso después de todo ese tiempo, todavía le resultaba imposible dimensionar del todo que aquella niña fuera suya.—Vas a despertarla si sigues respirando así —murmuró Brielle desde detrás de él, con ese tono que siempre oscilaba entre la burla y la ternura.Leon no se giró de inmediato, pero una leve sonrisa tiró de la comisura de sus labios.—No estoy respirando f
USEN. CAPÍTULO 53. Otro secreto entre nosotrosOCHO MESES DESPUÉS…El hospital estaba demasiado silencioso para el gusto de Leon. No era un silencio real, porque había máquinas, pasos, voces lejanas… pero para él todo sonaba amortiguado, como si el mundo entero estuviera contenido en una burbuja que giraba únicamente alrededor de una puerta cerrada.La puerta. ¡Esa maldit@ puerta detrás de la cual Brielle iba a dar a luz!Leon caminaba de un lado a otro por el pasillo, con las manos en la cabeza, deteniéndose cada pocos segundos para mirar el reloj como si pudiera obligarlo a avanzar más rápido.—Te vas a hacer un surco en el suelo —comentó Kieran, apoyado contra la pared con una calma que claramente no compartía.—Cállate —gruñó Leon sin mirarlo—. ¿Por qué nadie me dijo que esto era así?—Porque las embarazadas demoras —respondió Dax, cruzándose de brazos—. Eso es así.—La doctora dijo que ya casi… que tenía que dilatar más… contracciones más seguidas… ¡¿pero qué están esperando!? ¡E
USEN. CAPÍTULO 52. Una sorpresa de bodasUn año después, nadie en la familia Ellison podía decir que la relación entre Brielle y Leon había sido tranquila, pero todos podían decir algo mejor: había sido real.La ceremonia se celebró al atardecer, frente al mar, en la casa de Malibu, donde el sonido de las olas acompañaba cada paso como si fuera parte del ritual. No era una boda recargada, aunque todo en ella hablaba de elegancia y poder; era íntima, medida, con los detalles exactos que Brielle había exigido y que Leon, sorprendentemente, había respetado… casi siempre.Brielle caminó hacia él del brazo de su padre, que moqueaba de lo lindo y que más de una vez trató de dar la vuelta, como si la novia a escapar fuera él.Brielle caminó por la arena con ese mismo paso firme con el que había entrado en su vida; y Leon, que había enfrentado guerras, traiciones, proyectos capaces de destruir países… sintió por primera vez que algo podía desarmarlo por completo sin necesidad de violencia.Cu
USEN. CAPÍTULO 51. Una propuesta El regreso al comedor no fue precisamente digno.Primero apareció Leon, con la camiseta medio fuera del pantalón, el cabello desordenado y una expresión que intentaba mantener la compostura… pero no lo lograba del todo. Detrás de él venían los hermanos Ellison, cada uno en peor estado que el anterior, riéndose abiertamente como si acabaran de salir de una pelea que, en lugar de terminar mal, había reforzado algún tipo de acuerdo primitivo entre hombres.—Esto es acoso —murmuró Leon, acomodándose la manga mientras caminaba de regreso a su asiento.—Esto es advertencia —replicó Dax con una sonrisa peligrosa—. Diferente concepto.—Técnicamente es lo mismo.—Cuida a mi hermana —añadió Hendrix, señalándolo con un dedo— o la próxima no nos reímos.Leon alzó las manos en señal de rendición, pero sus ojos brillaban con una satisfacción que no se molestó en ocultar.—Quedó claro.Brielle los observó desde su lugar, con los brazos cruzados, tratando de mantener
USEN. CAPÍTULO 50. La aprobación de la familia EllisonLo que siguió a la pregunta de Leon fue como la calma antes de la tormenta, un silencio lleno de expectación, en el que absolutamente todos en la mesa sabían que algo importante acababa de suceder… aunque no tuvieran del todo claro qué demonios era.Las miradas se movieron entre Brielle y Leon. Luego entre Brielle y sus hermanos.Y finalmente se quedaron clavadas en ellos dos, como si fueran el centro de una escena que nadie había planeado, pero que todos querían ver cómo terminaba.Brielle fue la primera en reaccionar.Se soltó de Leon con un tirón, acomodándose el cabello con una dignidad que no engañaba a nadie, porque el rubor en sus mejillas y la forma en que evitaba mirarlo directamente la delataban mucho más de lo que le habría gustado admitir. Tampoco faltaba la camiseta desordenada y el hecho de que pareciera que a él lo habían abofeteado al noche anterior.—Bueno… es que… tengo… tengo algo con el idiota ese —dijo, señala
USEN. CAPÍTULO 49. Mientras te metes en problemasBrielle no supo exactamente en qué momento se quedó dormida. Tal vez fue el cansancio acumulado, tal vez la tensión de los últimos días… o tal vez simplemente el hecho de que, por primera vez en mucho tiempo, se había sentido segura.Cuando abrió los ojos, lo primero que sintió fue el calor, un brazo firme rodeándola, un pecho… ¡más firme! contra su espalda; la respiración de Leon, profunda, constante, demasiado cerca. Y entonces la realidad la golpeó.Se tensó de inmediato y su primer instinto fue claro, inmediato, casi automático: escapar.Con cuidado, con una precisión casi adolescente en el noble arte de escabullirse, se deslizó fuera de su abrazo, apartando su brazo con lentitud, conteniendo incluso la respiración para no despertarlo. Durante un segundo lo observó, inmóvil en la cama, con el ceño apenas fruncido incluso dormido, como si ni siquiera en reposo fuera capaz de soltar el control.—Esto es un error… —murmuró para sí mis







