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01

Author: Alisha Kiss
last update publish date: 2025-09-26 00:29:20

OCHO AÑOS ATRÁS.

Fernanda un día despertó y dijo basta, decidió que había tenido la suficiente paciencia con Santiago para soportar que esto siguiera sucediendo, estaba cansada de mentir, de decir que no le gustaba nadie, de rechazar invitaciones con la excusa de que quería concentrarse en sus estudios, eran tantos los pretextos que hasta los había olvidado, no quería seguir así, debían de una vez sacar a la luz su amor después de todo no estaban haciendo nada malo, se suponen que se amaban y eso no era pecado, en el fondo dudaba si sería así de fuerte, pero tenía que hacerlo, pero nunca espero que todo se tonara tan oscuro y doloroso al punto de sentir que su mundo se vino abajo junto con esa niña tonta que había sido para él, aquella que sus ojos solo se veían al hasta que oyó aquello que destruyo sus sueños sin sentido.

—Fer ¿es tu novia? No me mires así, hombre, es que siempre te veo con ella.

—¿De dónde sacas eso? Bueno, es solo un entretenimiento, tú sabes, este cuerpecito qué dios me dio no puede ser para una sola, no es que sea mi novia, solo es un pasatiempo, es como tener a la mano siempre que tengo ganas, que tengo antojo de un buen polvo, al punto que hace unos meses estaba ebrio y envalentonado con algunas copas de más, llame a varias amigas, que por la hora no me contestaron, pero ella dijo si a mi propuesta y lo hicimos en un callejo viejo, después de todo Fer es LA INCONDICIONAL.

Las risas de todos, las burlas, mientras la mencionada, solo quería que la tierra se la tragase, acababa de descubrir una amarga verdad, una que la marcaría de por vida. Acabó de destruir su inocencia y a partir de ese momento no tendría piedad de nadie.

—Entiendo, entonces esta noche vamos donde Pamela, anda preguntando por ti y me anda queriendo sacar si tienes novia.

—Pamela, ¿la rubia de pechos grandes? Claro, hay que darle al pueblo lo que pedí. Este cuerpecito está preparado para semejante faena, para compartir con todas. La exclusividad no va conmigo, soy joven, no me amarro a ninguna mujer.

Fernanda no podía creerlo, tapo su boca para evitar que su llanto fuera escuchado, la vergüenza y humillación que había recibido era como una puñalada al alma, al corazón y era recibida por el hombre que amaba, aquel que le decía que algún día, cuando acabara la universidad podrían gritar su amor a los cuatro vientos, al final todo fue más que una blasfemia, una treta barata para tenerla siempre a la mano, ella sentía que todo ese tiempo juntos no era más que un teatro, simplemente la había utilizado como se usa un tapete donde se limpian la suciedad de los zapatos, Santiago no era más que un patán, un cobarde y miserable que la había usado como su muñeca personal, salió de ahí, sin decir una palabra, no saludo ni a la madre de quien hasta hace minutos era el amor de su vida, aquella actitud sorprendió a la señora Montiel quien siempre había visto en ella una muchacha educada y dulce, había visto en ella a la perfecta nuera, solo quería que algún día su hijo mayor, abriera los ojos y se diera cuenta la joya que era aquella muchachita.

—Santiago, hijo, ¿Sabes qué le pasa a Fernandita? Estaba con los ojos rojos y no me saludaba.

—No sé, mamá, yo no la había visto llegar, tal vez como dice papá, ustedes, las mujeres, cuando están en sus días, se ponen sensibles, tal vez sea eso.

—SANTIAGO MONTIEL SALVA TIERRA, no hables así de las mujeres, no seas patán, recuerda que tiene dos hermanas.

—Lo siento, madre, lo siento —alzando las manos en señal de rendición.

DÍAS DESPUÉS.

—Señora Ángela, buenas tardes, ¿se encontrará Fernanda?

—Pensé que lo sabías, hijo, me parece extraño que, siendo su mejor amigo, no estés enterado, ella se fue ayer.

—¡¿Cómo que se fue?! Eso no puede ser cierto —lo tomó de sorpresa, era cierto que había intentado contactarse con ella como siempre, pero era mandado directo al buzón de voz.

—Sí, hijo, pasa y te explico, qué extraño de verdad que no lo sepas, si ella dijo que estabas enterado.

—No, la verdad que no— seguía incrédulo y escéptico al respecto, no había nada en la vida de Fernanda Del Castillo que él no supiera o eso creía.

—Ella había solicitado una beca, un día dijo que no iría, pero luego dijo que si, hasta le enviamos todas sus cosas al campus universitario donde vivirá, si quieres puedes ver su habitación y darte cuenta de que ella se fue, la voy a extrañar tanto — Él conocía esa casa completamente y mucho más su habitación una que había visitado en tantas ocasiones a espaldas de todos, una habitación donde se había escabullido y la había hecho suya tantas veces que le faltarían dedos para contarlas.

—Entonces es verdad —mientras observaba que cada recuerdo que había ahí estaba embalado en cajas, ya ni la cama estaba, los muebles se habían esfumado, como si nunca hubieran estado ahí.

—Ves que no te miento, cariño. Se llevó lo esencial, le mandamos sus libros y otras cosas que seguro llegarán la otra semana.

—Hasta la cama parece.

—No, eso no, nos pidió que donáramos a caridad todos los muebles, dijo que regresaría cuando sintiera que era el momento y seguramente demoraría que no tenía sentido guardar esas cosas y eso hicimos, las donamos.

—Dijo que no va a regresar. ¿Dónde fue?

—A Escocia.

Él salió de esa casa sin poder creer que ella no estaba, sentía que había perdido a su mejor amiga, a su mejor amante, era la única mujer que lo hacía vibrar con una sola caricia, algo que nunca le había dicho como ella se merecía, algo en su corazón se removió, algo que desconocía, sin ella ya nada sería igual, aquella mujer que él llamaba la incondicional simplemente desapareció de su vida, en ese momento él no imaginó que un vacío tan grande lo perseguiría a lo largo de los años.

OCHO AÑOS DESPUÉS.

—Hijo, necesitamos el dinero, tu padre no puede hacer nada porque está convaleciente, pero tú eres el vicepresidente.

—Lo sé, madre, hablé con contabilidad y me dijeron lo mismo. Los bancos se niegan a hacernos préstamos, además que la casa está hipotecada y las otras ya las vendimos para pagar los sueldos, voy donde el acreedor principal a solicitar una prórroga, si es necesario le suplicaré — Dejando su característico orgullo de lado, se trataba de su familia y solo contaban con él.

Una vez decidido tomo su maletín y la laptop donde tenía todo un plan muy bien organizado de pagos y los documentos para la prórroga extendida, sabía que era mucho el dinero que se le debía, pero tenía que intentar hacer algo, caso contrario su familia y él terminarían en la calle y con un padre enfermo no podía permitírselo, cuando llego al edificio donde le decían que estaba la persona a cargo de los pagarés, fue recibido por la secretaria personal de quien él creía era un hombre, pero al abrirse las puertas, era como si su corazón hubiera dejado de latir, como si el mundo se hubiera congelado, aunque pasaran mil años podría reconocerla entre un millón de mujeres.

—¡¿Tú?!

—Si Santiago, soy Fernanda Del Castillo, tu peor pesadilla —Era ella, la mujer que había regresado dispuesta a cobrar aquella venganza, solo hoy con las armas suficientes podría tomar su revancha, era su momento Santiago Montiel Salva tierra, pagaría el dolor causado tal cual se había prometido a sí misma ocho años atrás con lágrimas en los ojos y el corazón destrozado.

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