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CAPÍTULO 5

Autor: Mary Ere
last update Data de publicação: 2023-02-18 07:29:08

En el estacionamiento del lugar de su cita, el hombre se arrepintió cómo nada de haber decidido ir a ese lugar, porque a ella no la podía dejar en ningún lugar, mucho menos sola, y ahora estaba ahí, sin saber por qué esa niña lloraba, porque aún no se completaban las tres horas exactas para que volviera a comer, faltaban algunos minutos.

Gracias al cielo, una joven que no conocía de nada se había ofrecido a cuidarla un rato y, aunque en un inicio no se sintió tan confiado de sus buenas intenciones, cuando dejó de escuchar llorar a su sobrina sintió que había hecho bien al aceptar esa ayuda.

Sin embargo, todo eran montones de emociones encontradas con él; porque, para empezar, se sentía mal por querer mantenerse ocupado en lugar de preocupado por el estado de su hermano; y luego también estaba la culpa que sentía de estar trabajando a su gusto cuando su sobrina era cuidada por una completa desconocida.

Maximiliano no dejaba de reclamarse por todo lo que hacía, y por lo que no hacía también; y lo peor era que se sentía tan mal físicamente que ni siquiera tenía idea de cómo regresaría a su ciudad sin poner en peligro a su sobrina, y su propia vida, también.

Aun así se comportó tan profesional como era, y decidió que sería una muy buena inversión ese proyecto que le presentaban, con algunas modificaciones, claro, así que, al final, él accedió a una segunda reunión cuando los cambios acordados se hicieran, y terminó aceptando la buena voluntad de esa mujer que casi le parecía un ángel para cuidarlo a él también, ya no solo a la niña.

Con las persianas cerradas de una oficina que pisaba por primera vez, con una niña dormida y todo el sueño del mundo en su cabeza, llamó a su madre para preguntar por su hermano, y la respuesta fue la misma que había obtenido de ella por la mañana: él estaba estable, pero no fuera de peligro.

Y, con la promesa de que sería avisado de cualquier cosa, Maximiliano se recostó en un sofá cama y se durmió por un par de horas, al lado de una niña que dormía en serio tranquila.

Eso fue bueno para él, su dolor de cabeza desapareció, igual que el zumbido en sus oídos, por eso, luego de haber concretado el negocio que le llevó hasta ese lugar, condujo de nuevo hasta su ciudad, volviendo a comunicarse con su madre, a quien decidió suplir por esa noche en el hospital.

En un principio Maximina se negó. Ella quería estar al lado de su hijo, por cualquier cosa, pero lo que Maximiliano le dijo era la verdad: esa niña estaría mejor con ella que con él, sobre todo luego de escuchar a su hijo menor confesarle que la había dejado todo el día al cuidado de una desconocida que le quedó de paso a sus negocios.

Maximiliano condujo hasta el hospital con la niña en el asiento trasero, y le pidió a un chófer designado que llevara a su madre y a esa niña a su casa y luego regresara el auto al hospital, porque él lo necesitaría al día siguiente y su madre no conducía, así que ella no lo necesitaría.

La noche fue de nuevo incómoda, aunque ya no tan mala, porque ahora se sentía un poco seguro al poder compartir habitación con su hermano, que estaba vigilado, además de por él, por montón de aparatos que monitoreaban su estado, y que alertarían a todo el mundo si es que algo cambiaba con él.

Maximiliano pudo dormitar en ese lugar, pero la sensación de que si se dormía no lograría darse cuenta a tiempo si algo malo pasaba, le hacía no caer en ese sueño profundo que le estaba llamando.

Más de lo incómodo que era estar en una habitación con sin fin de pitidos y ruidos extraños, era atemorizante lo que podía pasar en ese lugar, porque, si algo malo ocurría con su hermano, él, su madre y su sobrina perderían demasiado, y a ellos ya no les quedaba mucho por perder.

Los siguientes días y noches fueron complicados, varias crisis hicieron que los médicos que atendían a Andrés sugirieran inducirle al coma, para proteger a su cerebro de los daños que dichas crisis podrían generarle.

Tomar la decisión fue de verdad devastador, pero, si los expertos lo mencionaban como la mejor opción, ellos debían considerarlo de esa manera y rezar para que todo saliera bien, para que el mayor de los hijos Santillana Torres pudiera recuperar su salud y poder devolverlo a la conciencia.

La recuperación de ese hombre iba a ser lenta, porque sus posibilidades de sobrevivir, luego de semejante accidente, eran tan pocas que incluso los médicos, hombres de ciencia, habían dicho que ahora todo estaba en manos de Dios.

Una vez que Andrés Santillana fue inducido al coma, la vida de su madre, su hermano y su hija pudieron tomar un ritmo más o menos adecuado, uno en donde Maximina cuidaba de su nieta mientras que su hijo volvía a trabajar sin tantas preocupaciones.

Pero las preocupaciones de su madre eran difíciles de desaparecer, es más, sus probabilidades de disminuir eran pocas, así que el estrés y la ansiedad que la anciana, viuda de casi diez años, estaba sintiendo por haber perdido a su nuera, por casi perder a su hijo y por cuidar de una bebé a sus sesenta y pico años de edad, terminaron mellando en su salud.

Así pues, a casi cinco semanas de haber pisado por última vez “Professional tower”, Maximiliano Santillana, con el pretexto de un vigilar de cerca el proyecto en que trabajaba para establecer su nueva sucursal en esa ciudad, llegó con una niña en brazos hasta la torre de profesionistas donde había una mujer que seguía apareciendo en sus pensamientos.

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Último capítulo

  • UNIDOS POR MÍA   Nota de autor

    Hola hemosuras. Hemos llegado al final de esta bella novela que me ha encantado escribir (como todo lo que he escrito n.n) y que espero les haya encantado leer.Como en cada una de mis novelas, he crecido y aprendido mucho de la vida gracias a mis bellos personajes, y me he enamorado de todos y cada uno de ellos, y de verdad deseo que compartan ese sentir conmigo; que hayan amado a Marisa, que se enamoró como tonta de esa familia que le supo corresponder en el amor; que hayan amado a Maximiliano que, sin que nos diéramos cuenta, tal vez, se convirtió en una gran persona, en un gran hombre, un gran hijo y un gran amante, esposo y padre; que amaran a Maximina corazón de pollo, que quiso proteger hasta a quien no se lo merecía; y que, junto a la pequeña y encantadora Mía, amaran a todos los bebés que Marisa y Maximiliano nos regalaron, aunque a ellos nos los viéramos crecer de tan cerquita como a la pequeña Mía. Estoy segura de que no solo Marisa y Maximiliano fueron UNIDOS POR MÍA, tam

  • UNIDOS POR MÍA   ÉPILOGO

    POV´S MARISALa primera vez que lo vi, me sentí como niña de secundaria viendo a su amor platónico. Mis ojos no podían dejar de verlo, y en mi cabeza había una vocecita, que tenía muchos años sin escuchar, susurrándome que le hablara a esa belleza de hombre que apareció de la nada frente a mí.Y lo hice, un poco por esa vocecita que casi siempre ignoré en el pasado, y mucho por la pobre criatura en los brazos de ese hombre. Él traía un bebé, y aun cuando él podía estar esperando a su esposa mientras cuidaba a su hija, fui y le hablé fingiendo que no babeaba por él.La primera vez que lo escuché se me doblaron las rodillas. Esa voz grave me descompuso la cabeza, por eso insistí en tratar con él, porque necesitaba escucharlo un poco más y llenarme de él.Pero él era hombre de pocas palabras, o tal vez yo no le caí bien, no sé, así que pensé que me quedaría con las ganas de escucharlo decir algo más, y ya ni hablar de escucharlo decir mi nombre, como ansiaba un poco.Afortunadamente para

  • UNIDOS POR MÍA   CAPÍTULO 74

    —No es que me esté quejando —aseguró Maximina, que veía a su nuera arreglarse para ir a celebrar su quinto aniversario—, porque en serio amo mi casa llena de niños, pero, solo tal vez, deberían considerar el dejar de hacer crecer a la familia.Marisa se rio, ya no apenada, como en un inicio se sentía cada que esa mujer bromeaba con ella, sino en serio divertida por el tono en que esa mujer le había hablado.Y sí, Marisa le creía a su suegra que amaba su casa llena de niños, pero también sentía un poco justo que Maximina se quejara, porque cinco niños en casa si parecían demasiados, incluso para ella.Un año después de su boda, ella dio a luz unas preciosas gemelas a quienes llamó María Fernanda y María Alexandra, a quienes llamaban Mafe y Male; y, dos años después de eso, había nacido el pequeño Mateo, que ahora estaba por cumplir los dos años ya.Así que, desde algo de tiempo atrás, y hasta esa fecha, la casa en que todos vivían era una locura que, en realidad, todos adoraban.Muchas

  • UNIDOS POR MÍA   CAPÍTULO 73

    Marisa se miró al espejo y sonrió tontamente, era como si no pudiera contener la emoción desbordante que le tenía adolorido el pecho por lo fuerte que golpeaba su corazón contra él; sin embargo, era inevitable, y casi un poco espeluznante, porque ser tan feliz no se sentía muy normal, por eso se mordió los labios mientras respiraba profundo para poderse tranquilidad.Era el día de su boda, justo un año después de esa torpe pedida de mano que terminó en más risas que llanto, porque Maximiliano definitivamente no encajaba con el tipo romántico y sus pequeños hijos no se habían prestado para que el evento fuera ameno y terminara en un bello recuerdo; más bien fue algo desastroso.Y ahora estaba ahí, vestida de blanco luego de muchos meses de ejercicio para no tener que ponerse otra molesta faja, y con dos niños corriendo como locos por todos lados. Mariano tenía ya un año, y Mía había cumplido tres.La pequeña estaba acostumbrada ahora a ese pequeño, y lo cuidaba como la buena hermana ma

  • UNIDOS POR MÍA   CAPÍTULO 72

    —Mejor, adorna el jardín —pidió la joven, sonriéndole—, así estarán todos en la propuesta. Eso me gustaría mucho más, porque estaría compartiendo mi felicidad con los que más amo en la vida.—Pero yo quería llevarte a un restaurante —declaró el hombre—, para luego ir a festejar a un hotel tú y yo solos, sin niños y sin madre.Marisa rio, divertida, pero, para ser franca, no sentía que pudiera disfrutar nada tan lejos de ese par de niños que parecían ser una extensión de ella misma. Ya ir al baño sola le generaba un poco de ansiedad de separación, no se imaginaba estar tres o cuatro horas fuera de casa, al menos no sin ellos.—No quiero salir sin ellos —explicó la castaña y Maximiliano suspiró.A decir verdad, esa era justo la razón de que no se la robara y le hubiera preguntado primero si quería ir con él a una cita, pues ya había notado esa ansiedad de estar separada de ellos, así que, al final, tras semejante respuesta, que en realidad se había esperado obtener, decidió que era mejo

  • UNIDOS POR MÍA   CAPÍTULO 71

    —¿Quieres ir a una cita conmigo? —preguntó Maximiliano, besando la mano de su amada novia y la madre de su hijo y de su sobrina, por muy raro que eso pareciera—. Creo que nos hace falta un poco de tiempo para los dos.—A mí me falta tiempo para mí sola —declaró la castaña, que tenía tiempo tan cansada, que a ratos hasta quería llorar.Todo era difícil, ser mamá de dos niños pequeños era muy desgastante, porque Mariano era, definitivamente, mucho más demandante de lo que había sido Mía; y, por si eso no fuera poco, Mía se había vuelto bastante caprichosa luego de recibir al nuevo miembro de la familia, al punto de que Marisa no podía hacer nada por el bebé sin tener que hacerlo por Mía; así que estaba agotada de verdad.» Aceptaré la cita solo si me llevas a un hotel a dormir —respondió la joven, que hacía mala cara porque Mía llegaba hasta ella justo en ese momento.Marisa tenía días escondiéndose de la pequeña cada que amamantaba a Mariano, porque, noches atrás, ansiosa por dormirse

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