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Discusión

Author: CinthiaBrown
last update publish date: 2025-03-18 02:32:00

Las palabras de Hellen fueron como un balde de agua fría para Nicolás. No podía negar que la mujer frente a él lo había tomado por sorpresa. Sus ojos se clavaron en ella, intentando descifrar quién era realmente. Entonces, esa era la descarada que había aceptado casarse con él por dinero. ¿Cuánto le habría ofrecido su padre para que aceptara un matrimonio sin amor?

—¡Esposa! —repitió con un tono cargado de sarcasmo, haciendo énfasis en la palabra—. Ese título te queda demasiado grande, ¿no lo crees?

Hellen no se dejó intimidar por su actitud.

—Bueno, eso es lo que dice nuestra acta de matrimonio. Para bien o para mal, estamos casados, y hay cosas que necesitamos aclarar.

Nicolás bufó con desdén. Su paciencia estaba al límite; no tenía interés en hablar con ella.

—¿De verdad crees que un maldito papel me hará cambiar de opinión? —dijo con frialdad—. Si piensas que con esto me tendrás comiendo de tu mano, estás equivocada. Quítate de mi camino o lo lamentarás.

Hellen sintió cómo la sangre le hervía. Las palabras de Nicolás eran como puñales, pero no iba a permitir que la pisoteara.

—Tenemos que hablar —insistió, su tono firme y decidido.

Nicolás no respondió. Simplemente la tomó del brazo con brusquedad y la apartó como si fuera un obstáculo insignificante.

—No me interesa hablar con una mujer tan descarada como tú.

El corazón de Hellen latía con fuerza. No estaba dispuesta a dejar que Nicolás la humillara de esa manera. Caminó rápidamente tras él, volviendo a bloquear su paso.

—¿Piensas escapar de los problemas como un niño? Madura. Ahora estamos casados, y tenemos que hablar. Te lo exijo.

Nicolás detuvo su andar y se giró lentamente hacia ella, su mirada llena de desprecio.

—¿Crees que voy a prestarte atención solo porque estás aquí? —respondió con dureza—. No me interesas, mujer. Eres una oportunista que se vendió al mejor postor por un poco de dinero.

El insulto fue la gota que colmó el vaso. Hellen, incapaz de contener su enojo, levantó la mano y lo abofeteó. El sonido de la bofetada resonó en el lugar, dejando a todos los presentes en silencio.

Cecilia, quien observaba desde la distancia, se llevó las manos al pecho. Estaba aterrada por la reacción que podría tener Nicolás.

Él, por su parte, estaba furioso. Su mandíbula se tensó mientras miraba a Hellen, y en un movimiento rápido, la tomó del brazo con fuerza.

—Eres un verdadero estorbo en mi vida —escupió con rabia—. Si fuera por mí, firmaría los papeles del divorcio en este mismo instante. Pero gracias a mi padre, no puedo deshacerme de ti.

La soltó bruscamente y se marchó, dejándola plantada en medio de las miradas curiosas. Hellen respiró profundamente, tratando de calmarse. Nada había salido como esperaba.

Bajó las escaleras lentamente. Entre la multitud, Tatiana, una mujer conocida por su lengua venenosa, la miraba con una sonrisa burlona.

—No te da vergüenza andar de ofrecida. Nicolás está casado, pero claro, ¿qué se puede esperar de alguien como tú?

—Maldita hipócrita —respondió Hellen con frialdad, pero sin alzar la voz.

Tatiana, sin embargo, no se detuvo.

—Solo trato de evitarte una vergüenza mayor. Ese hombre te rechazó frente a todos. Si yo fuera tú, no volvería a mostrar mi rostro en público.

Hellen iba a responder, pero Cecilia intervino, tomándola del brazo.

—Déjala, no vale la pena.

🌼🌼🌼🌼🌼🌼

Julio estaba sentado en la terraza del tercer piso de uno de los bares más exclusivos de la ciudad, admirando la vista nocturna. Aunque intentaba distraerse, su mente no podía dejar de pensar en la nueva esposa de Nicolás.

El insomnio lo estaba consumiendo. Sentía celos y rabia. Los padres de Nicolás habían estado tan desesperados por buscarle una esposa que ni siquiera consideraron sus preferencias.

Encendió un cigarrillo, inhalando profundamente, y bebió un trago. Pensó en Hellen, esa mujer que había llamado a la oficina. ¿Qué buscaba? ¿Acaso pretendía meterse en la vida de Nicolás como una parásita?

El sonido de su celular lo sacó de sus pensamientos. Al ver la pantalla, el nombre de Nicolás brillaba, pero Julio simplemente guardó el teléfono en el bolsillo de su pantalón.

—¿Hasta cuándo piensas seguir así? —preguntó Raquel, su mejor amiga, quien lo observaba con preocupación—. Esto no es justo para ninguno de los dos.

Julio dio otra calada a su cigarrillo. Amaba a Nicolás, pero esa situación lo estaba desgastando.

—Es solo temporal, Raquel. No tienes por qué preocuparte.

Ella negó con la cabeza, viendo el dolor reflejado en los ojos de su amigo.

—No quiero que termines con el corazón roto, como la última vez.

Julio desvió la mirada, enterrando esos recuerdos dolorosos.

—Eso no pasará. Su matrimonio es una farsa. Es cuestión de tiempo para que termine.

Raquel frunció el ceño.

—No subestimes a esa mujer. Nicolás es guapo, y cualquier mujer querría terminar en su cama.

Julio intentó ignorar las palabras de su amiga, pero estas se quedaron clavadas en su mente, alimentando sus inseguridades.

—Confío en él —respondió finalmente.

Raquel suspiró.

—Es un hombre, Julio. Y los hombres, a veces, fallan.

Julio se bebió otro trago, intentando ahogar las dudas que empezaban invadirlo. Pero sabía que no sería fácil ignorarlas.

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