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CAPÍTULO 74: LA BODA REAL

last update Fecha de publicación: 2026-06-29 09:27:02

Amanecí antes de que sonara cualquier alarma.

No fue un despertar brusco ni confuso. Fue de esos despertares que ocurren solos, cuando el cuerpo sabe algo que la mente todavía está procesando y decide adelantarse. Me quedé un momento con los ojos abiertos en la oscuridad, sintiendo el silencio de la mansión, y luego recordé.

Hoy.

Hoy era hoy.

Me levanté despacio. Fui a la ventana. El jardín todavía estaba en penumbra, con esa luz gris y suave de antes del amanecer que hace que todo parezca en p
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Último capítulo

  • Un Año Contigo    CAPÍTULO 81: UN AÑO CONTIGO

    Hay cosas que uno no sabe que está viviendo hasta que ya pasaron.Lo entendí una mañana de martes, casi dos años después de aquella boda que nunca fue, cuando me desperté con el sol entrando por la ventana de nuestra habitación y el sonido de Andrés en la cocina y algo más. Un sonido nuevo. Un sonido que llevaba cuatro meses siendo parte de nuestra vida y que todavía, cada vez que lo escuchaba, me detenía en lo que estaba haciendo para recibirlo bien.El llanto pequeño de Margarita.Nuestra hija.Me quedé un momento en la cama escuchando.El llanto duró poco, lo que tardó Andrés en llegar hasta ella, en tomarla, en decirle algo en voz baja que yo no alcanzaba a escuchar desde la habitación pero que imaginaba perfectamente porque lo había visto hacerlo cien veces y porque había algo en la manera en que Andrés hablaba a su hija que no se parecía a ninguna otra manera en que lo había escuchado hablar antes.Como si hubiera encontrado un idioma que no sabía que conocía.Me levanté despaci

  • Un Año Contigo    CAPÍTULO 80: EL ESTUDIO DE PAULA

    La inauguración fue un jueves.No porque el jueves tuviera ningún significado especial en el calendario sino porque fue el día en que todo estuvo listo al mismo tiempo, las paredes, la iluminación, el archivo ordenado, las fotografías colgadas y el letrero nuevo sobre la puerta que Andrés había mandado hacer sin decirme nada hasta que apareció instalado una mañana y yo me quedé en la acera mirándolo sin poder hablar durante un momento.Estudio Paula — Fotografía y Archivo Visual.—¿Cuándo lo encargaste? —pregunté.—Hace tres semanas.—Andrés.—¿Demasiado?Lo miré, el letrero era sencillo, de letras oscuras sobre fondo claro, sin excesos. El nombre en el centro. Debajo, en letra más pequeña, la dirección.—Es perfecto —dije.Y lo era, no como cumplido sino como constatación de algo que era verdad.Martina llegó temprano para ayudar con los últimos detalles.Llegó con Daniel.Era la primera vez que lo conocía en persona. Era un hombre tranquilo, de esos que no necesitan ocupar todo el e

  • Un Año Contigo    CAPÍTULO 79: LO QUE MARTINA TENÍA QUE DECIR

    Martina llegó a las diez de la mañana con una caja de pasteles que nadie le había pedido y una expresión que mezclaba la emoción con ese nerviosismo particular de las personas que llevan días guardando algo.La abuela la vio entrar desde el salón y dijo, sin preámbulo.—Cuéntalo ya, querida. Llevas días con esa cara y me tiene intranquila.Martina se detuvo en el umbral con la caja de pasteles en las manos.—¿Cómo sabe que tengo algo que contar?—Porque te conozco desde hace suficiente tiempo para saber cuándo estás a punto de explotar. —La miró—. Siéntate.Nos sentamos todos alrededor de la mesa del salón. Andrés, la abuela, yo. Martina dejó la caja sobre la mesa y se sentó con esa postura suya de cuando algo le importa tanto que no sabe cómo empezar.—Hay dos cosas —dijo.—Empieza por la primera —dijo la abuela.—Tengo novio.El silencio que siguió duró exactamente el tiempo que necesité para procesar que Martina, que llevaba años diciéndome que no tenía tiempo para nada que no fuer

  • Un Año Contigo    CAPÍTULO 78: DE REGRESO A CASA

    Fuimos al mirador a las cinco de la tarde.Era la hora que había mencionado el hombre del café, la hora de la luz que según él era la mejor de toda la costa. Y tenía razón. La luz de esa hora en ese lugar era de las que hacen que uno entienda por qué hay personas que viajan distancias enormes para fotografiar un momento específico del día en un lugar específico del mundo. Era una luz dorada y lateral que lo tocaba todo desde un ángulo que hacía que las cosas más simples parecieran importantes.Subimos por un camino de piedra que bordeaba el acantilado.Andrés iba a mi lado sin preguntar nada. Lo había hecho desde la mañana, desde que le dije que quería ir al mirador, había dejado de hacer preguntas que yo no estaba lista para responder. Eso también era nuevo en él. O quizás no era nuevo sino que yo apenas ahora sabía verlo, esa capacidad suya de acompañar sin exigir explicaciones.El mirador era una plataforma de piedra al borde del acantilado, con una barandilla de hierro oxidado y u

  • Un Año Contigo    CAPÍTULO 77: LUNA DE MIEL

    El mar era exactamente como en la fotografía.Pero también era sorprendente, porque las fotografías no tienen sonido ni temperatura ni el olor particular del agua salada mezclado con el de las plantas que crecían en los acantilados. Las fotografías muestran lo que se ve. No lo que se siente cuando uno llega a un lugar y entiende, en los primeros cinco minutos, que va a ser importante.Llegamos al atardecer.La casa era pequeña, de paredes blancas y ventanas de madera que alguien había dejado abiertos, como si supiera que llegaríamos con ganas de que el aire entrara. Tenía un jardín delantero con plantas y una terraza trasera desde la que se veía el mar, no de lejos sino cerca, lo suficientemente cerca como para escucharlo desde cualquier habitación si las ventanas estaban abiertas.Andrés dejó las maletas en la entrada y salió directo a la terraza.Lo seguí.Nos quedamos los dos apoyados en la barandilla, mirando el agua. El sol estaba bajando y el mar tenía ese color que solo tienen

  • Un Año Contigo    CAPÍTULO 76: PREPARATIVOS DE LUNA DE MIEL

    La mansión quedó en silencio después de que Álvaro se fue.No era el silencio vacío de antes, el que tenía bordes y cosas escondidas en los rincones. Era un silencio diferente. Más limpio. Del tipo que ocupa los espacios cuando todo lo que tenía que resolverse ya se resolvió y lo que queda es simplemente la vida, sin urgencias ni amenazas ni nada pendiente que pese.Me llevó un rato acostumbrarme a él.Pasé la mañana ordenando cosas sin ninguna razón concreta. Revisé mi cámara aunque sabía perfectamente que estaba bien. Caminé por el jardín dos veces seguidas sin un destino particular. Andrés me observó desde la ventana del estudio la segunda vez y cuando entré me preguntó qué buscaba.—Nada —dije.—¿Entonces?—Estoy acostumbrándome al silencio.Me miró un momento.—¿Te molesta?—No. —Lo pensé—. Es solo que durante tanto tiempo el silencio significaba que algo estaba a punto de pasar. Que había que estar alerta. —Hice una pausa—. Ahora no significa nada de eso y el cuerpo todavía no l

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