LOGINPOV Evania.
A como pude, conseguí calmar la respiración.
Sentía el pecho oprimido y las piernas débiles, como si en cualquier momento fueran a dejar de sostenerme.
Me lavé el rostro varias veces con agua fría y después me enjuagué la boca, intentando borrar aquella sensación amarga que me había dejado el vómito.
Me miré unos segundos en el espejo.
Tenía los ojos rojos, el rostro pálido y el cabello desordenado.
Parecía otra persona. Una mujer derrotada, y tuve miedo de esas palabras que escuché.
Respiré hondo, abrí la puerta y salí del baño.
—Estoy bien —murmuré, aunque mi voz apenas parecía la mía—. Lo siento. No he comido prácticamente nada. Voy a preparar mi maleta y me iré en unas horas.
Solo quería salir de aquella casa.
Pero apenas di dos pasos, la voz de Constanza resonó detrás de mí.
—No te irás.
Me detuve.
Constanza se colocó frente a la puerta, bloqueándome el camino.
—No te irás, sin saber si estás embarazada.
Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.
—¿Qué?
Mi madre, que estaba detrás de ella, asintió lentamente.
—Es cierto. Ya han pasado más de quince días desde… aquello. Debemos confirmarlo.
—No —respondí inmediatamente—. No, madre. Te juro que no estoy embarazada.
No sabía cuántas veces tendría que repetirlo para que me creyeran.
—No lo sabes —replicó Constanza.
—Sí lo sé.
—Entonces no tendrás ningún problema en demostrarlo.
La miré con incredulidad.
Aquello ya había dejado de ser una conversación. Era un juicio.
—No tengo que demostrarles nada.
Mi madre avanzó hacia mí y me tomó del brazo con una fuerza que me hizo estremecer.
—¡Harás lo que yo te diga o esto será peor!
La miré fijamente.
Por un instante no reconocí a la mujer que tenía frente a mí.
—Madre...
—Basta.
Su voz fue seca.
—Quiero una prueba de embarazo.
No tardó en ordenar a una de las empleadas que saliera a comprarla.
Mientras esperábamos, permanecí de pie en medio de la habitación, sintiendo que el aire se volvía cada vez más pesado.
Mis manos temblaban.
Una parte de mí seguía convencida de que aquello era imposible. No había embarazo. No podía haberlo.
Pero otra parte, más pequeña y aterrada, comenzó a sembrar dudas.
¿Y si...?
Sacudí la cabeza, mi menstruación siempre ha sido irregular, así que mi retraso no me sorprendía.
Había demasiada presión sobre mí.
Intenté acercarme a la puerta.
—Necesito aire.
—No.
Mi hermano se interpuso.
—Déjame salir.
—No hasta que hagas la prueba.
—¡No pueden encerrarme!
Intenté retroceder, pero él me sujetó de los brazos y me obligó a regresar a aquella habitación.
—Suéltame.
—Evania, coopera.
Me sentí completamente sola.
Pasaron los minutos.
Cada segundo parecía una eternidad.
Finalmente escuché pasos apresurados en el pasillo.
La empleada había regresado.
Mi madre tomó la prueba de sus manos.
La observó como si fuera una sentencia.
Luego me miró.
—Al baño.
No me moví.
—Madre...
—Ahora.
Constanza se acercó y me tomó del brazo.
—Vamos.
—Puedo hacerlo sola.
—No.
Me empujó hacia el baño.
Entró conmigo y cerró la puerta detrás de ambas.
Sentí un escalofrío.
—¡Lo harás delante de mí! —ordenó—. Ahora mismo.
—Constanza, esto es humillante.
—Lo humillante sería que estuvieras embarazada de un bastardo.
Apreté los labios.
Ya no tenía fuerzas para discutir.
Tomé la prueba.
No podía concentrarme. Respiré profundamente.
Luego hice aquella maldita prueba.
La dejé sobre el lavabo.
Durante unos segundos fui incapaz de mirarla.
Constanza tampoco apartaba los ojos de ella.
—¿Y bien?
—Espera.
—¿Qué esperas?
—No lo sé.
Me sentía mareada.
Finalmente tomé la prueba y la miré.
Mi corazón comenzó a latir con violencia.
No dije nada. Se la entregué a Constanza.
—Toma.
Ella la observó. Su expresión cambió.
Yo no entendía qué estaba viendo.
—¿Qué?
No respondió.
—Constanza, ¿qué dice?
Ella levantó lentamente la mirada.
Tenía los ojos llenos de lágrimas.
—Es positivo.
Sentí que todo mi cuerpo se congelaba.
—¿Qué?
—Estás embarazada.
Retrocedí un paso. Negué con la cabeza.
—No, eso no puede ser.
Tomé la prueba y la miré nuevamente.
Las líneas estaban ahí. Dos. Dos malditas líneas.
Mi respiración se volvió irregular.
Sentí un vacío en el estómago.
—No puede ser...
Constanza comenzó a llorar. Era un llanto desgarrador.
—¡Dios mío!
Salió corriendo del baño.
—¡Constanza!
No me respondió.
Abrí la puerta y salí detrás de ella.
Mi madre estaba esperando.
Sus ojos se clavaron inmediatamente en la prueba que yo llevaba entre las manos.
—¿Es verdad?
Mi madre me arrebató la prueba.
La observó durante unos segundos.
Entonces su expresión cambió por completo.
—Es... positivo.
Me quedé inmóvil.
—Madre...
Ella levantó la mirada hacia mí.
No había alegría en sus ojos. Había furia.
—¡Estás embarazada!
—Yo...
—¡Dios mío, Evania! —exclamó con desesperación—. ¡Arruinaste la vida de Constanza!
Sentí que esas palabras me atravesaban.
Mi madre apretó la prueba entre sus dedos.
—¡Constanza no podrá soportarlo! ¡No vas a tener ese hijo!
Sentí un escalofrío. Mi madre se acercó.
—Debes abortar.
POV CinthiaUna semana después, por fin pude respirar sin sentir que el mundo entero se derrumbaba sobre mis hombros.Mi cuerpo se encontraba mucho mejor.Los dolores habían disminuido, ya no pasaba las horas enteras en la cama y había recuperado parte de las fuerzas.Esa mañana, la ginecóloga me examinó con detenimiento, comprobó que todo evolucionaba favorablemente y, después de darme algunas recomendaciones, me permitió salir de casa.—Necesitas descansar, Cinthia. Nada de esfuerzos excesivos, evita las situaciones que te provoquen demasiado estrés y, sobre todo, no olvides que debes cuidar de ti misma y de tu bebé —me advirtió antes de despedirse.Asentí, agradeciéndole sus palabras, aunque sabía que cumplir con la última recomendación sería más difícil de lo que imaginaba.¿Cómo podía mantenerme tranquila cuando mi vida se había convertido en un desastre?Héctor seguía siendo una sombra que me perseguía incluso cuando no estaba cerca.Sus palabras, su mirada llena de desprecio y l
—Lo sé. Y no he olvidado mi promesa. Pero ¿acaso no querías mi felicidad, padre? ¿No era eso lo que siempre me decías?Las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas.—¿O es que, al igual que todos los demás, también quieres controlar mi vida? ¿Quieres decidir con quién debo casarme, a quién debo amar y qué debo hacer para que tú estés tranquilo? ¡No puedo seguir viviendo así!Mi padre bajó la mirada.Por primera vez desde que había llegado al hospital, su expresión severa se desmoronó.Sus ojos se llenaron de lágrimas y vi cómo apretaba los labios, luchando contra sus propias emociones.—Hija… —murmuró—. Solo quiero que estés protegida. Quiero que estés rodeada de personas que te amen de verdad. No soporto la idea de verte sufrir otra vez.Aquella confesión me atravesó el corazón.Porque conocía a mi padre.Sabía que detrás de sus decisiones equivocadas había un miedo profundo a perderme, a verme destruida por alguien que no supiera valorar mi amor. Pero también sabía que su manera
POV EvaniaSentí que la sangre se me helaba.Dos policías que acompañaban a mi padre avanzaron inmediatamente hacia nosotros.Uno se colocó frente a Lisandro, mientras el otro se acercaba por un costado, dispuesto a sujetarlo si intentaba escapar.Pero Lisandro no intentó huir.Se puso de pie lentamente y mantuvo las manos a la vista, con una serenidad que contrastaba con el caos que se había desatado en la sala de espera.—¡No! —exclamé, levantándome de golpe—. ¡Esperen! ¡No pueden hacer esto!Uno de los policías me miró, pero no se detuvo.—Señor, tendrá que acompañarnos a la comisaría para aclarar la denuncia.—¡Pero él no ha hecho nada! —insistí, sintiendo que la desesperación me cerraba la garganta—. ¡No pueden llevárselo solo porque mi padre lo diga!Lisandro volvió el rostro hacia mí. Nuestros ojos se encontraron y, durante un instante, todo lo demás pareció desaparecer.En su mirada no vi rabia, ni siquiera indignación por la acusación que acababa de recibir. Vi preocupación.E
POV CinthiaAl día siguiente.Cuando desperté, lo primero que vi fue a mi madre sentada junto a la cama del hospital.Tenía los ojos cansados y las manos entrelazadas sobre su regazo.Parecía llevar mucho tiempo allí, esperando a que yo abriera los ojos.Al darme cuenta de su presencia, sentí que algo se encogía dentro de mi pecho.Bajé la mirada de inmediato.No necesitaba preguntarle nada para saberlo.Mamá lo sabía todo.La vergüenza me invadió.No quería que me mirara.No quería tener que explicarle por qué había permitido que las cosas llegaran hasta ese punto, por qué estaba tan asustada y por qué había decidido cargar sola con un problema que, en realidad, era demasiado grande para mí.—Cinthia…Su voz suave me hizo apretar los labios.—Mamá, por favor, no me preguntes nada.Ella no respondió inmediatamente.En cambio, se acercó y tomó mi mano entre las suyas. Sus dedos acariciaron mis nudillos con aquella ternura que yo recordaba desde niña, cuando una pesadilla me despertaba e
POV CinthiaLo miré y, aunque por dentro sentía que el corazón se me estaba desgarrando, solté una risa amarga.Una risa que no tenía nada de alegría, pero que necesitaba para sostener aquella mentira que acababa de decidir contarle.Héctor estaba frente a mí, con los ojos clavados en mi rostro, esperando una explicación.Para él yo era su peor error, entonces, ¿Cómo trataría a mi bebé?Mucho menos podía soportar que Héctor se quedara a mi lado por obligación, por lástima o porque creyera que debía hacerse responsable de una mujer a la que odiaba.Por eso, apreté los dedos contra mis palmas, levanté la barbilla y pronuncié las palabras que sabía que lo destruirían.—No es tu hijo.El silencio cayó entre nosotros.Vi cómo su expresión cambiaba lentamente.Primero fue desconcierto; después, incredulidad. Héctor frunció el ceño y me miró como si acabara de perder la razón.—¿Qué dices, Cinthia?Tragué saliva. Sentía un nudo doloroso en la garganta, pero me obligué a mantener la sonrisa. S
POV Héctor—¿Aún está embarazada?La pregunta salió de mis labios antes de que pudiera contenerla.Había escuchado las palabras del médico, pero necesitaba que las repitiera.El médico asintió mientras revisaba algunos documentos.—Sí. Tuvo suerte de que la trajeran rápidamente al hospital. Ha perdido sangre y está debilitada, por lo que necesita reposo y vigilancia. Sin embargo, por el momento, el bebé continúa bien. Lo más importante es que se mantenga tranquila y evite situaciones que puedan alterarla.Cerré los ojos y solté el aire que había estado conteniendo.El bebé seguía vivo.Una parte de mí, aquella que había intentado silenciar desde que Cinthia me confesó su embarazo, sintió un alivio tan intenso que casi me hizo tambalearme.Todavía podía tener un hijo.Todavía existía la posibilidad de que aquel pequeño fuera mío.Me pasé una mano por el rostro, tratando de ordenar mis pensamientos.La imagen de Cinthia desplomándose, con las manos sobre el vientre y las lágrimas corrién







