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Capítulo 2.- ¿Otra vez tú?

last update Data de publicação: 2023-01-24 06:21:23

Las horas pasan y al fin hemos terminado de asistir a todas las citas que mi madre tenía programada para hoy.

—Cariño, me siento un poco cansada. —espeta mi madre con cansancio—, vamos a sentarnos un momento para reponer un poco de fuerzas.

La tomo de la mano para dirigirnos a una cafetería que se encuentra a escasos metros de nosotras.

—Está bien mami, vamos a comer algo. —la tomo del brazo para cruzar la calle—. Aprovechemos ya que tenemos cerca una cafetería.

Ella asiente y caminamos los pasos que nos llevaran hasta el lugar. Una vez entramos al establecimiento tomamos asiento en la mesa más cercana.

Al poco rato se acerca a nuestra mesa una joven para tomar nuestros pedidos, por el hecho de que mi madre no puede consumir tantas harinas solo pide un sandwich, pero este es con pan integral junto a un jugo de mora. Por mi parte pido sandwich de pollo y un vaso de jugo de mora igual que mi madre, según palabras textuales de ella eso ayuda a subir la hemoglobina.

Mientras esperamos conversamos sobre lo bien que le fue en su chequeo. El doctor recomendó hacer ejercicio a diario o con caminar una hora al día era más que suficiente.

—¿Cariño te sientes bien? —posa su mano sobre la mía—. Últimamente, te veo muy agotada.

—Claro que si madre, no te mortifiques por eso. —acaricio el dorso de su mano—. Con un merecido descanso voy a recuperar fuerzas.

Se queda en silencio para analizando cada una de mis palabras, pero no insiste en seguir preguntando, sabe que no voy a entrar en más detalles y por eso prefiere dejar el tema.

La chica nos trae nuestros pedidos y comenzamos a disfrutar de lo que para nosotras viene siendo parte del almuerzo. Lo sé porque justo frente a mí tengo un gran reloj que marca la hora y son más de la 1:00 de la tarde.

Cuando terminamos de comer le hago señas a la chica para que traiga la cuenta, pero esta me hace una señal para que me acerque. 

—Ya regreso madre, voy a cancelar la cuenta. —aviso para que sepa a donde me dirijo. 

—Está bien cariño, aquí te estaré esperando. —afirma con una hermosa sonrisa en su rostro.

Camino a pasos lentos hasta llegar donde la chica.

—¿Qué pasa? ¿Ya tienes la cuenta? —pregunto a la espera de una respuesta de su parte.

—Sí, pero su cuenta ya fue cancelada señorita. —responde mientras ve detrás de mi espalda—. Un caballero se encargó de hacer el pago.

Me quedo estupefacta por lo que acaba de decirme, esto es realmente extraño porque no sé de quién se pueda tratar. Frunzo el ceño y giro para ver en dirección hacia donde ella lo hace y me llevo una gran sorpresa a reconocer a la persona que tal vez fue la encargada de pagar la cuenta.

—¿Es el caballero de aquella mesa, el que está vestido con traje azul? —pregunto enarcando una ceja y espero que esté equivocada.

—El mismo, señorita.

Esto no puede ser cierto, ese hombre es el mismo que sin querer tropecé al salir del ascensor en el hospital. No puedo permitir que se encargue de pagar una cuenta que no le pertenece.

Le pido a la chica que me muestre el total de la factura cancelada y al verificar el monto busco en mi cartera el monedero para sacar el dinero. Decidida camino hasta donde se encuentra el hombre y respiro profundo al estar parada a su lado.

—Buenas tardes. —saludo con amabilidad—. Disculpe usted, pero la señorita me acaba de informar que usted ha cancelado mi cuenta.

—Es un placer volverla a ver, señorita. —esboza una gran sonrisa—. Así es y espero no lo tome a mal, pero solo quería disculparme por la forma en que mi nieto se portó con usted hace unas horas.

—Pierda cuidado, eso no es algo que me quite el sueño. En este mundo uno se encuentra con personas peores que su nieto. —me encojo de hombros restándole importancia al asunto—, pero lo que no puedo aceptar es que haya pagado mi cuenta para retribuir lo ocurrido —tiendo mi mano con el dinero, pero este no me lo acepta.

—Deja eso así muchacha. —hace un ademán con su mano para no aceptar el dinero—. No te voy a aceptar ese dinero, lo vas a necesitar más que yo.

Demoro un rato intentando convencerlo de que lo acepte, pero al final tengo que rendirme y no seguir insistiendo. Este hombre es testarudo y no acepto el dinero. Insistió en que era su manera de disculparse y no me quedo de otra que aceptar.

Le agradecí por ello y me despedí del señor para regresar al lado de mi madre, quien ya estaba con la cabeza como el ventilador girando de un lado a otro. 

—¿Por qué te demoraste tanto cariño? —pregunta enarcando una ceja.

—Estaba saludando a un conocido madre. —miento para que no comience a interrogarme—, pero ya podemos irnos.

—Está bien. —responde no muy convencida por mis palabras, sabe que no estoy siendo sincera y sé que luego tendré que contar sobre lo ocurrido—. Vamos, pero primero debo ir al baño, ahora es a ti a quien le toca esperar.

Tomo asiento nuevamente en la mesa y volteo para ver hacia la mesa donde se encontraba sentado el señor. Me doy un golpe en la cabeza por no haber tenido la educación de haberme presentado y ahora no tengo idea de como se llamará el señor.

Otra cosa que se me hace extraña es no haberlo encontrado con el ogro de su nieto, tal vez es tan patán que seguro dejo a su abuelo solo en este lugar. No entiendo como puede haber personas así en este mundo.

Espero no volver a encontrarme con ese hombre despreciable en un futuro y poder tener la oportunidad de ver al señor nuevamente para presentarme con él como debe ser y ser yo la que lo pueda invitar a tomar un café.

Al llegar mi madre me pongo de pie para salir de la cafetería e ir rumbo a nuestra casa para que ella pueda descansar y yo ir a mi trabajo en el restaurante.

Caminamos hasta la salida en donde paro al primer taxi que pasa, ayudo a mi madre a subir y cuando estoy a punto de hacerlo mi madre dice apenada.

—Cariño, he dejado el suéter, no recuerdo si fue en la silla o en el baño. —dice apenada. 

—Tranquila, ya voy por él. —Sonrío para luego pedirle al taxista que me espere un momento.

Camino a grandes zancadas al interior de la cafetería, al llegar a la mesa donde estábamos me doy cuenta de que no está en la silla, lo más seguro es que debió dejarlo en el baño. 

Sin tiempo que perder camino hasta los sanitarios, al entrar veo el suéter de mi madre sobre el lavado y lo tomo. Por gracia divina mi vejiga pide ser desocupada y entro hasta el cubículo para hacer pis. Salgo y lavo mis manos tomando el suéter antes de dejarlo nuevamente.

Por la prisa al salir camino apresurada tropezando con alguien. Levanto mi mirada para disculparme con la persona, pero me llevo una sorpresa al darme cuenta de quien se trata.

—¿Otra vez tú? —pregunta con arrogancia enarcando una ceja—. Al parecer este es tu hobby favorito.

—Lo siento, pero no es mi culpa encontrarme con idiotas en el camino.

No le ha gustado para nada mi respuesta y sin verlo venir actúa de la manera que menos lo esperaba. El muy imbécil me besa y acto seguido le doy una cachetada que resuena en el pasillo.

—Imbécil.

Es la última palabra que digo antes de salir corriendo del lugar como alma que lleva el diablo.

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