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Capítulo 1.- Un mal comienzo.

last update publish date: 2023-01-24 06:14:33

Chantal

Despertar por los rayos solares que se cuelan a través de la ventana y el sonido insistente de la alarma no es nada gratificante. Muchas veces he querido tomarme unas vacaciones, pero todos esos pensamientos quedan a un lado cuando recuerdo mi triste realidad.

Debo trabajar durante el día en la panadería familiar y en las tardes en el restaurante. Este último fue una medida extrema que tuve que implementar para ganar dinero extra y poder costear los medicamentos de mi madre. Entre mi padre y yo nos dedicamos a trabajar fuertemente para poder salir adelante y mantener a flote la panadería.

Muchos de mis amigos no estuvieron de acuerdo en que desaprovechara la gran oportunidad de trabajar en una de las empresas más reconocidas del país. 

No es que quiera ser presumida, pero siempre fui la mejor de mi clase y me gradué con honores. El motivo de su enfado fue que rechace esa gran oportunidad para poder trabajar hombro a hombro con mi padre, ya que mi madre no podía por su estado delicado de salud.

A eso también le debemos sumar todos los gastos que han generado su enfermedad y que el seguro médico no cubre todas las medicinas que requiere para su tratamiento.

En la vida las cosas no son color de rosas, si deseas algo bueno debes luchar por ello sin descanso. Los sacrificios son recompensados en el futuro y sé que un día no muy lejano voy a recoger los frutos de esa cosecha.

Las cosas estarían mucho peor si en aquel entonces no hubiese tomado esa gran decisión, todo sería un completo desastre y nuestras vidas se encontrarían en una total miseria.

Estiro mi cuerpo para tratar de relajar mis músculos, en realidad no sé a qué hora me quede dormida. Trabajar hasta altas horas de la noche no es para nada favorable, cuando el día siguiente debes estar despierto desde temprano.

Normalmente, llego a casa a la una 1:00 de la mañana, pero anoche hubo una celebración y por ende no podíamos retirarnos del lugar hasta que todo quedara como una tacita de plata.

Me pongo de pie siendo las 7:00 de la mañana y voy directo al baño para darme una ducha rápida, hoy le toca cita a mi madre y debemos estar en el hospital dentro de una hora. Por eso me apresuro para no perder tiempo y hacer el desayuno rápido y comer antes de salir de casa.

Cuando estoy lista bajo corriendo por las escaleras en dirección a la cocina. Pretendía preparar algo para comer, pero la gran sorpresa es que encuentro a mi hermosa y bella madre sentada esperando por mí.

—¡Buenos días, cariño! —sonríe con un hermoso brillo en sus ojos—. Antes de que vayas a regañarme sin fundamento, te informo que fue tu padre quien se hizo cargo.

—¡Buenos días, mi reina hermosa! —camino en su dirección para darle un abrazo y dejar un beso en su frente—. Espero que eso sea cierto, sabes que no debes abusar.

—Tampoco exageres, entre tu padre y tú me tienen malacostumbrada. —coloca una servilleta en su regazo—. Ya me encuentro mucho mejor, además mis niveles de azúcar se encuentran bien.

Tomo asiento frente a ella sin hacerle ningún tipo de reclamo, sufrir de diabetes tipo 1 no es nada bueno. La primera vez que le dio esa crisis me sentí morir cuando la encontré desplomada en el suelo y hasta llegué a pensar que se había ido a otro mundo.

Sin poderlo evitar comencé a llorar como una Magdalena hasta que me di cuenta de que seguía respirando. Reconozco que a veces soy un poco dramática, pero como no serlo cuando vez en ese estado a uno de los seres que más amas en la vida.

No quiero llegar a imaginar que sería de mí si algún día ellos llegaran a faltar.

Disfrutamos del desayuno mientras ella comienza a explicar los pasos que debemos dar hoy. Lo primero que debemos hacer es pasar por el laboratorio a buscar los resultados de sus estudios y luego ir con el Endocrinólogo. Este será el primer especialista que vamos a visitar el día de hoy.

Cuando terminamos saco mi móvil para llamar a la línea de taxi y envíen una unidad. Al poco rato salimos y el taxi ya se encuentra parado frente a la casa. Subimos y le indico la dirección a la cual ha de llevarnos.

Al cabo de diez minutos nos encontramos en el hospital, le pago al taxista por su servicio y ayudo a mamá a bajar. Con buena actitud caminamos a pasos lentos hasta ingresar. Estando en recepción informo a la secretaria sobre la cita que tenemos pautada para esta hora y cuando verifica nos pide que tomemos asiento.

—Lamento haber dañado todos tus planes nena. —dice mi madre cabizbaja—. Si no hubiera enfermado, todo sería diferente.

—Nada de eso, madre, hay que aceptar los designios de Dios. —tomo sus manos entre las mías para darle fortaleza—. Además, lo realmente importante es tu salud y eso es primordial. Ya deja de culparte, verás que más adelante voy a poder cumplir mis sueños, nuestros sueños.

La abrazo para tranquilizarla, esta es la manera en que puedo brindarle apoyo y hacerla sentir un poco mejor. Ella siempre se culpa por lo ocurrido, pero a ver ¿Quién desea enfermarse?, la respuesta es simple, nadie.

Mientras esperamos el turno la dejo un momento para ir al laboratorio a buscar los resultados. Corro por el pasillo hasta ingresar al ascensor. Por gracia divina no se encuentra tan lleno, la última vez parecíamos sardinas en lata y el calor que hacía era terrible.

Al llegar al piso donde se encuentra el laboratorio bajo con rapidez y en el proceso tropiezo con alguien. El fuerte golpe que nos dimos en el hombro va a dejar alguna secuela, por lo mínimo un leve hematoma.

—Lo siento, señor, no fue mi intención. —me disculpo avergonzada—. Permítame...

No termino de hablar porque fui interrumpida abruptamente por una voz masculina a mi espalda.

—¿Acaso estás ciega?, para la próxima debes tener más cuidado.—espeta con arrogancia fulminándome con la mirada—. ¿Te encuentras bien? —se dirige al señor frente a él que seguramente ha de ser un familiar.

—Fue un accidente, ella no tuvo la culpa. —admite el señor que al parecer es más consciente—. Esto no quita que debes ser más cuidadosa —dice mirándome y guiñando un ojo—. Vamos, que se nos hace tarde —informa al hombre a su lado.

Ambos hombres camina en dirección al ascensor y yo me quedo paralizada al detallar al hombre arrogante. No se puede negar que es un hombre muy atractivo, pero su arrogancia le resta muchos puntos y por eso no deja de ser un imbécil.

Ambos nos retamos con la mirada y no rompemos en contacto visual hasta que las puertas metálicas se cierran completamente.

Reacciono al recordar los exámenes que debo buscar y sigo mi camino hasta el laboratorio. 

Cuando tengo los resultados en mano, tomo las escaleras para evitar algún otro retraso.

Tomo asiento junto a mi madre a la espera y en todo el rato no puedo dejar de pensar en el hombre que ahora ocupa un pequeño porcentaje de mis pensamientos.

«Por encima se les nota que son de buena posición económica, pero ¿Qué hacen en un lugar como este? ¿Acaso serán benefactores?, ¿estarán visitando algún moribundo?»

Definitivamente, hoy no es mi día, tuve un mal comienzo.

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