Inicio / Romance / Un año para Destruirte / CAPÍTULO 38: EL PRECIO DE LA CORONA (Y OTRAS ROTURAS)

Compartir

CAPÍTULO 38: EL PRECIO DE LA CORONA (Y OTRAS ROTURAS)

Autor: Emma Brown
last update Fecha de publicación: 2026-03-19 02:35:10

Narrado por: Liam Black

Este es, sin duda, el momento más humillante de mi existencia. Yo, Liam Black, el hombre que hace temblar Wall Street con un levantamiento de ceja, estoy a punto de desmayarme en el asiento trasero de una camioneta porque mi esposa decidió que era una jinete de rodeo profesional.

Si alguien me hubiera dicho hace una semana que terminaría en la parte trasera de una camioneta blindada, envuelto en una sábana de seda egipcia y con un dolor que me hacía ver a los ángeles de
Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App
Capítulo bloqueado

Último capítulo

  • Un año para Destruirte    ESPONJAS, JABÓN Y TORTURA CHINA

    Narrado por: Liam BlackSi el infierno existe, no tiene fuego ni azufre. Tiene una bañera de hidromasaje, un patito de goma que Noel dejó "por error" en el estante y a mi esposa sosteniendo una esponja con una mirada de determinación que me aterra más que una caída en la bolsa de valores.—Liam, deja de quejarte. El doctor dijo que no puedes mojar el vendaje de la incisión, así que quédate quieto en esa silla de baño —ordenó Mia, remangándose la camisa y recogiéndose el pelo en un moño desordenado.—Es una silla de plástico, Mia. Me veo como un jubilado en un balneario de bajo presupuesto —gruñí, intentando cubrir mi desnudez con una toalla pequeña que apenas cumplía su función—. Soy un hombre de treinta y dos años, dueño de medio Manhattan. Puedo lavarme la cara solo.—Pero no puedes lavarte la espalda. Ni las piernas. Ni... bueno, ya sabes —ella se sonrojó, pero no apartó la mirada—. Además, Noel dijo que si te caías en la ducha, él llamaría a la prensa para decir que el "Tiburón Bl

  • Un año para Destruirte    CAPÍTULO 40: EL REGRESO DEL GUERRERO CAÍDO

    Narrado por: Liam BlackSi existiera un agujero negro en el centro de mi sala de estar, me lanzaría de cabeza sin pensarlo dos veces. Cruzar el umbral de mi propio penthouse en silla de ruedas, empujado por un enfermero que intentaba no mirarme a los ojos, fue el momento más bajo de mi carrera. A mi lado, Mia caminaba con la cabeza gacha, aferrada a una bolsa de medicamentos como si fuera el Santo Grial, y detrás de nosotros, mi hermano Noel venía silbando una melodía alegre que juraría que era la marcha fúnebre en versión jazz.En cuanto las puertas del ascensor privado se abrieron, nos encontramos con el comité de bienvenida: mis padres, Fernando y Julieta, y el pequeño Leo, que estaba sentado en el suelo jugando con sus legos.—¡Liam! —gritó Leo, saltando de alegría y corriendo hacia mí—. ¡Volviste! ¿Por qué estás en esa silla? ¿Te peleaste con un Transformer?Me tensé. Sentí que el vendaje de mi cirugía tiraba de una manera que me hizo ver estrellas. Mia se detuvo en seco, escondi

  • Un año para Destruirte    CAPÍTULO 39: LA LEYENDA DEL "MARTILLO DE CRISTAL"

    Narrado por: Liam BlackHabía pasado la noche en una habitación privada que costaba más que un apartamento en el Upper East Side, pero ninguna cantidad de seda en las sábanas o morfina en mis venas podía mitigar el hecho de que mi hermano mayor, Noel, estaba sentado en un sillón individual frente a mi cama, comiendo una hamburguesa con extra de cebolla y mirándome como si yo fuera el estreno de una comedia de Netflix.A mi lado, Mia era la viva imagen de la penitencia. No se había quitado su vestido verde —ahora arrugado y con una mancha de café que Noel le había traído— y sus ojos seguían hinchados. Me sostenía la mano como si yo fuera un paciente terminal de noventa años, dándome palmaditas suaves que, sinceramente, empezaban a ponerme de los nervios.—¿Cómo te sientes, "Campeón"? —preguntó Noel, limpiándose la salsa de la comisura de los labios—. Los de seguridad me preguntaron si debían ponerle una orden de restricción a tu esposa o si simplemente debían comprarte un protector de

  • Un año para Destruirte    CAPÍTULO 38: EL PRECIO DE LA CORONA (Y OTRAS ROTURAS)

    Narrado por: Liam BlackEste es, sin duda, el momento más humillante de mi existencia. Yo, Liam Black, el hombre que hace temblar Wall Street con un levantamiento de ceja, estoy a punto de desmayarme en el asiento trasero de una camioneta porque mi esposa decidió que era una jinete de rodeo profesional.Si alguien me hubiera dicho hace una semana que terminaría en la parte trasera de una camioneta blindada, envuelto en una sábana de seda egipcia y con un dolor que me hacía ver a los ángeles de la bolsa de valores, le habría disparado. Pero aquí estoy.El trayecto al hospital fue una sinfonía de desastres. A mi lado, Mia no dejaba de sollozar. Sus ojos verdes, usualmente cargados de fuego o de ese desafío que tanto me enciende, ahora eran dos fuentes inagotables de agua. Me apretaba la mano con una fuerza que, en cualquier otra circunstancia, me habría parecido tierna. Ahora solo servía para recordarme que cada bache en el pavimento de Manhattan se sentía como si un mazo de demolición

  • Un año para Destruirte    CAPÍTULO 37: EL QUIEBRE DEL TRONO

    La atmósfera en la suite principal era asfixiante. Tras la humillación silenciosa que Mia le había propinado en el baño de la planta baja, Liam caminaba por la habitación con la energía de una tormenta a punto de estallar. Se despojó de su chaqueta y su corbata con movimientos bruscos, sus ojos oscuros fijos en Mia, quien se desvestía con una calma gélida frente al gran ventanal que mostraba las luces de Manhattan.—¿Crees que ganaste, Mia? —rugió Liam, acortando la distancia con zancadas depredadoras—. ¿Crees que porque me tomaste desprevenido en el baño ahora tú dictas las reglas?—Yo no dicto las reglas, Liam. Solo te recordé que no eres el único que sabe jugar con fuego —respondió ella, girándose para enfrentarlo.Liam la atrapó por la cintura, pegándola a su cuerpo con una fuerza que buscaba reafirmar su dominio. Su erección, ya recuperada por la adrenalina y el rencor, golpeaba contra el vientre de ella.—Esta noche vas a aprender lo que significa pertenecer a un hombre como yo

  • Un año para Destruirte    CAPÍTULO 36: EL PRECIO DEL DOMINIO

    La cena de bienvenida en Nueva York se celebraba en el penthouse de los Black, un monumento al cristal y al acero que dominaba el horizonte de Manhattan. Julieta había organizado una velada íntima, pero cargada de esa sofisticación opresiva que Mia empezaba a conocer bien. El servicio de plata brillaba bajo las luces de diseño y el vino fluía, mientras Fernando hablaba de las acciones de la compañía.Bajo la mesa, el juego de Liam continuaba. Cada vez que Mia intentaba sostener una conversación coherente con Julieta sobre la decoración de la casa, sentía el pulso eléctrico del dispositivo. Liam mantenía el teléfono apoyado casualmente junto a su plato, deslizando el pulgar con una indolencia cruel. La vibración subía de intensidad en oleadas erráticas, obligando a Mia a clavar las uñas en sus propios muslos para no soltar un gemido que delatara el incendio que llevaba entre las piernas.—¿Te encuentras bien, querida? Estás... distraída —comentó Julieta, observando cómo Mia dejaba caer

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status