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CAPITULO 6

Autor: sara o
last update Fecha de publicación: 2024-12-31 08:42:15

—¡Estás loco si piensas que voy a dejar que esa mujer sea la que preste el vientre! —Menos mal que no hay nadie en la empresa, porque los gritos que está dando esta mujer asustan a cualquiera, pero a mí me desespera. 

—¿Qué tiene? Es joven y está en edad de procrear. Puede traer a nuestro bebé sano. 

—¡Trabaja para ti! ¿Acaso te gusta? 

—¿Gustarme? No, o bueno, no lo creo, pero sí es linda. 

—Cariño, sabes que yo te amo a ti. 

—Yo no te pregunté si la amabas. 

—No me gusta, solo la veo como un buen prospecto para ser el vientre subrogado. Igual ella ni siquiera lo sabe, quería esperar para consultarlo contigo y luego hacerle esa propuesta. De igual forma, necesita ese dinero. 

—¿Tanto sabes de ella? —Mierda. 

—Dijo cosas cuando pidió el empleo. Cariño... —Me acerco a ella y la rodeo con mis brazos—. Solo piénsalo, ella dará a luz a nuestro hijo y luego de eso la despido y le doy su dinero para que empiece una vida lejos, o donde ella quiera. 

—¿Me prometes que luego la despedirás? 

—Sí, cariño. Solo será mientras tenga a nuestro bebé. 

—Está bien. Ahora te toca convencerla. Buena suerte, cariño. —Deja un casto beso en mis labios y luego se monta en su auto, dejándome ahí solo como un estúpido. 

—¿Te dejó tu mujercita tirado? —Gabriel aparece en su superdeportivo con una estúpida sonrisa en el rostro—. ¿Un trago? 

—Te odio. —Me subo en su auto y este maneja hasta el bar de siempre, y pedimos lo de siempre. 

—¿¡Qué le piensas pedir!? ¡Estás loco! —grita Gabriel espantado. 

—¿Qué tiene de malo? Ella necesita el dinero, la ayudo y me ayudo. Así de simple. 

—¿Y crees que ella va a aceptar? —Para ser honestos, no creo que acepte. 

—No pierdo nada intentándolo. 

Ya estaba lo suficientemente tomado, pero no me veía tan mal. Ya quería ir a casa. 

—Gabriel, te dejo, estoy cansado —este parece tener la vista en otro lado y, cuando volteo, me doy cuenta de que está viendo a una chica. Este tipo no pierde el tiempo—. Que lo disfrutes. 

—Claro que lo haré —y como buen depredador, se acerca a su presa, quien lo espera con una sonrisa coqueta. 

Voy caminando por las calles y no sé por qué termino en la entrada de mi apartamento, donde se está quedando Daniela. Mis pies me llevan hasta mi piso y, cuando entro, veo que la luz de la cocina está encendida. Cuando llego, veo a Daniela sentada en el piso con un bote de helado que prácticamente ya está acabado. 

—Hola —esta pega el brinco de su vida, pero al verme se relaja nuevamente. Puedo notar que tiene los ojos rojos—. ¿Estabas llorando? —Me acerco a ella y levanto su cabeza. 

—No estaba llorando. 

Su rostro me hechiza de nuevo y, cuando bajo la mirada a sus labios, veo que tiene algo de chocolate en ellos. Por alguna estupidez, paso mi pulgar por esa zona, limpiando la mancha, pero me llama la atención cómo su respiración se acelera. 

—¿Qué haces aquí? 

—Lo siento, sé que no debí entrar así, es solo que... —Un impulso me gana y decido preguntarle lo que tanto tenía en mente—. Quiero proponerte algo. 

—¿Qué cosa? 

—Quiero que seas mi vientre subrogado. —Los ojos de Daniela parecían salirse y su boca se desencajó en cuestión de segundos. 

—Creo que ha perdido la cabeza, señor Mendoza —dice esta, caminando de un lado a otro. 

—Te pagaré absolutamente todo. Tendrás el suficiente dinero para empezar de cero la vida que tanto sueñas. ¿Qué dices? 

Puedo ver en sus ojos un debate interno. Sabía que tenía un montón de cosas en la cabeza y que esto podría ser una oferta bastante tentadora, pero sentía que había algo más. Lo veía en sus ojos, que son tan transparentes; a veces parece que fuera un libro abierto. 

—Dime algo, me estás matando. 

—Acepto, pero con una condición.  —¡Acepto! Dios, no pensé que lo fuera a hacer. 

—La que quieras. 

—Necesito un adelanto —Bueno, puedo darselo

—¿Cuánto sería? —Esta toma un papel y escribe la cifra. Algo considerable. 

—Está bien, mañana mismo tendrás ese dinero, pero primero debemos ir al médico y asegurarnos de que estás apta para esto. —Ella solo asiente y luego se va, dejándome solo. ¿Qué le pasa? Escucho que se cierra la puerta y, cuando me dispongo a irme, me siento tan cansado que me dejo caer en el sillón de mi apartamento, quedando profundamente dormido. 

DANIELA MOLINA 

Estaba emocionada con todo lo que había aprendido hoy. Al fin comienzo a sentirme una mujer que puede con muchas cosas, que sirvo para algo más allá de cosas simples. Me siento muy feliz en este nuevo trabajo. 

Cuando llego a la entrada del apartamento, siento cómo soy jalada con fuerza y, cuando pienso en gritar, alguien tapa mi boca. 

—Hola, mi amor. —Esa voz la conozco. Pero, ¿qué hace aquí? ¿Cómo me encontró?— ¿Pensaste que no ibas a volver a saber de mí? 

—Suéltame, Mariano —este me suelta y me mira de forma pervertida. 

—Veo que te ha ido mejor, mírate, ya no pareces una pordiosera. —¡Infeliz! Cómo deseo darte un buen golpe en la cara—. ¿Le estás sacando dinero a alguien? ¿Te estás vendiendo como una zorra? 

No aguanto más y le suelto una cachetada, pero este solo se toca la zona y luego me sonríe malévolamente. 

—Déjame en paz. 

—Te dejaré en paz, pero ya que te está yendo tan bien, quiero algo. —Maldito—. Quiero dinero y me urge. 

—Yo no tengo dinero y, si lo tuviera, no te daría ni un peso. —Este me agarra con fuerza del cabello—. ¡Suéltame! 

—A mí no me engañas. —Saca su celular y me muestra unas fotos íntimas mías, lo que me deja sorprendida—. Qué sensual te ves en estas fotos, ¿no crees? 

—¿Cuándo me sacaste esas fotos, maldito? 

—No te diré. Pero si no quieres que esas fotos salgan a la luz, págame, y luego desapareceré de tu vida. 

—Eres un maldito infeliz. Ojalá te pudras en el infierno. 

—Tienes una semana. —Me suelta y yo corro hasta el apartamento, llorando a más no poder. Sentía miedo, rabia, desesperación por no saber dónde conseguir esa cifra. 

—¡MALDITA SEA! —grito, dándole golpes a la pared. 

Luego de horas de torturarme, me encuentro sentada en el piso de la cocina, comiendo un pote de helado para ahogar mis penas. No me importa si me vuelvo una vaca, al final no tengo que ser atractiva para nadie. 

—Daniela... 

Y justo aquí comienza la locura de mi vida…

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Último capítulo

  • Un bebe para el CEO    CAPITULO FINAL

    Los días pasaron volando desde que supimos que esperábamos una niña. Emilia. Solo pronunciar su nombre nos llenaba de emoción. Cada mañana Daniela despertaba con una sonrisa, acariciándose el vientre, hablándole con dulzura, y cada noche, antes de dormir, yo me inclinaba para susurrarle cuentos al oído, como si ya estuviera entre nosotros.Después de todo lo que habíamos pasado, por fin teníamos una razón para respirar tranquilos. Mariano estaba en prisión, y Sonia… simplemente desapareció. Tras ver cómo su lugar como madre era ocupado por una mujer que sí estaba dispuesta a amar sin condiciones, se alejó. No más reclamos, no más gritos. Solo silencio. Y, sinceramente, fue lo mejor.La paz se instaló en nuestras vidas.Y con la paz, llegó la emoción: el baby shower.Daniela no quería una gran fiesta, pero yo sí. Quería celebrarla a ella, a nuestra hija, a este renacer. Así que, con ayuda de Claudia y Camila, organicé un evento sencillo, elegante y lleno de amor. Decoramos con tonos ros

  • Un bebe para el CEO    CAPITULO 44

    Habían pasado varias semanas desde que Daniela y yo recibimos la confirmación oficial: su embarazo avanzaba sin complicaciones. Cada consulta médica, cada latido, cada leve cambio en su cuerpo nos llenaba de esperanza, pero también de un pequeño y constante temor: Mariano seguía suelto.Aquel desgraciado que había arrastrado a Daniela por años, que la chantajeó con fotos íntimas, que la hizo temblar de miedo más de una vez… aún andaba libre.Yo no iba a permitir que ese hombre siguiera respirando cerca de ella. La justicia ya le había fallado una vez a Daniela. Esta vez no lo permitiría.—Lucas —dijo una noche, mientras cenábamos en la terraza del apartamento—. He pensado en lo de Mariano. No puedo seguir viviendo con miedo. No quiero que nuestro hijo crezca con esta sombra encima.Tomé su mano por encima de la mesa.—No va a crecer con miedo, te lo prometo. Voy a hacer todo lo posible para que Mariano pague por lo que te hizo.Ella sonrió con ternura, pero sus ojos mostraban una mezcl

  • Un bebe para el CEO    CAPITULO 43

    Lucas Mendoza estaba cargado de miedos e inseguridades. ¡Daniela estaba embarazada! Después de todo lo que habían pasado juntos… después de la pérdida de aquella criatura que no llegó a nacer y que habían concebido por inseminación… ahora este embarazo era distinto. Este bebé sí era suyo. De ambos. Real. Un milagro nacido del amor, no de un contrato ni de un acuerdo.Sabía que Daniela también tenía miedo. Lo veía en sus ojos cada vez que hablaban del futuro. Pero había algo más. Algo cálido y poderoso brillaba en ella, una ilusión tímida que comenzaba a crecer en paralelo a la vida que llevaba en su vientre.—Te noto muy callado —dijo Daniela con voz suave—. ¿No quieres al bebé?Lucas sintió un escalofrío. Solo pensar que ella pudiera dudarlo lo sacudía por dentro.—¡No! ¿Cómo puedes pensar eso? —exclamó con urgencia—. Cariño, jamás pienses eso. Amo a este bebé con toda mi alma. Solo estoy asustado. Quiero cuidarte, protegerte. No quiero volver a perderte. Ni a ti, ni a nuestro hijo.D

  • Un bebe para el CEO    CAPITULO 42

    DANIELA MOLINAEsa voz… de solo escucharla me causaba repulsión. Tenía enfrente mío a una de las responsables de la muerte de mi bebé. Ella, junto con Mariano, fueron partícipes de mi secuestro. La mano de Lucas agarra la mía, intentando calmarme, así que intento relajar mi cuerpo.—Se ven bien —dice esta, sentándose con total tranquilidad.—No puedo creer que te veas tan tranquila luego del daño que causaste —hablé, controlando el tono de mi voz. No quería perder los estribos, pero la muy desgraciada se ríe.—Yo no fui la que mató a tu bastarda.Cuando me iba a lanzar sobre ella, Lucas me detiene.—Tranquila, te está provocando —escucho la risa de Sonia.—¿Sabes algo, Lucas? Nunca te amé. Solo fuiste un medio para llegar a un fin. Todo iba a ser perfecto si no se te hubiera metido en la cabeza la idea de ser padres. ¿Para qué tener un hijo? Eso solo arruinaría mi vida —noto cómo Lucas se tensa, pero no dice nada—. Lorenzo les hizo un favor.—¡BASTA! —grita Lucas, ya saliéndose de sus

  • Un bebe para el CEO    CAPITULO 41

    De regreso a nuestro hogar, ninguno de los dos cabía de la felicidad. Nuestra noche de bodas fue una locura, y todavía recuerdo los besos, caricias y emociones que vivimos en esa pequeña habitación.—¿Estás cansada? —pregunta Lucas mientras nos acomodamos en el jet.—No pude dormir bien anoche —este me mira con una sonrisa cómplice.—Ya podrás descansar un rato en el jet.—Eso espero.Cuando ya estamos en el aire, el piloto nos indica que podemos movernos dentro del jet. Aprovecho para pararme y estirar las piernas; los vuelos largos siempre hacen que se me acalambren.—¿Todo bien?—Sí, es solo que tengo las piernas acalambradas —este me observa de arriba abajo con su mirada depredadora.—Te ves bellísima con ese vestido corto —se levanta y camina hacia mí. ¿Qué piensa hacer?— Te ayudaré —toma mi pierna derecha y comienza a darle masajes y leves caricias que estaban haciendo estragos en mi cuerpo. Su mano lentamente empezó a subir hasta adentrarse por mi vestido.—Espera, ¿qué haces?

  • Un bebe para el CEO    CAPITULO 40

    DANIELA MOLINAEstaba emocionada, íbamos a tener una ceremonia de unión en este templo maravilloso. Aún no podía creer que estuviera a kilómetros de nuestra casa junto a Lucas, el gran amor de mi vida. Dios, te prometo que haré mi mayor esfuerzo para que este matrimonio funcione, pero danos también tu sagrada bendición para que siempre estemos unidos.—¿Puedo pasar? —una chica llega con un vestido colorido que me deja sorprendida—. Esto se lo mandó el sabio Chen para la ceremonia. ¿Desea que le ayude a colocárselo? —Veía tan complicado ese vestido que, sin pensarlo, le dije que sí.A medida que la chica me iba acomodando todo, mis ojos no paraban de ver cada detalle del vestido. Era un completo espectáculo. Jamás pensé que me vería vestida de esta forma.—¿Le gusta?—Me encanta, es precioso. —La chica me maquilla muy sutilmente, me coloca algunas joyas que representan simbología en su cultura, y luego de un rato ya me encontraba completamente lista.—Estoy segura de que el señor Mendo

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