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Capítulo 17

Autor: Leslie g
last update Fecha de publicación: 2026-03-09 04:43:54

Adrián me guio entre los invitados con la seguridad de alguien que estaba completamente en su elemento. Varias personas lo saludaban al pasar, algunos con respeto, otros con interés evidente. Yo caminaba a su lado intentando no tropezar con el vestido ni parecer demasiado perdida.

Finalmente nos acercamos a la zona central del yate, donde el señor Tanaka conversaba con un pequeño grupo de personas.

Cuando nos vio, levantó su copa con una sonrisa relajada.

—Castellanos —dijo—. Veo que ha venido acompañado.

Sus ojos se posaron en mí con curiosidad.

—Y con una mujer muy hermosa.

Sentí el calor subir directamente a mi rostro.

Adrián ni siquiera dudó.

—Estoy de acuerdo.

Lo dijo con tanta naturalidad que por un momento olvidé cómo respirar.

Tanaka soltó una pequeña risa.

—Me alegra ver que sabe disfrutar una fiesta también.

—Estoy aprendiendo —respondió Adrián con calma.

Intercambiaron algunas palabras más sobre el evento, el viaje y la ciudad, pero pronto la música comenzó a subir un poco más y varias parejas empezaron a dirigirse hacia la pequeña pista de baile que habían improvisado en la cubierta.

Adrián se volvió hacia mí.

—¿Bailamos?

Abrí la boca.

—Yo… no soy muy buena bailando.

—No es una competencia Clara —respondió.

Y antes de que pudiera protestar más, ya me estaba guiando hacia la pista.

La música era suave, lenta, elegante. Adrián colocó una mano en mi cintura mientras yo intentaba recordar vagamente cómo funcionaban los pies en este tipo de situaciones.

Tres pasos después…

Lo pisé.

—¡Lo siento! —susurré horrorizada.

—Está bien.

Intenté concentrarme en los pasos y en seguir el ritmo de la música, pero apenas dimos un par de movimientos más cuando volví a pisarlo otra vez, lo que me hizo cerrar los ojos un segundo con una mezcla de vergüenza y frustración.

—Clara.

—Lo siento mucho.

—Relájese.

Pero relajarme era imposible.

Sentía que todo el mundo estaba mirando. Que todas las personas elegantes del yate sabían que yo era una secretaria infiltrada en una fiesta de millonarios.

—Todos nos están mirando —murmuré.

—No.

—Sí.

Adrián soltó un suspiro suave, como si estuviera aceptando que aquello requería otro tipo de estrategia, y entonces levantó una mano para tomar mi rostro con cuidado, guiándolo hasta que me obligó a mirarlo directamente. Durante un segundo el mundo alrededor pareció desvanecerse un poco, como si la música, las voces y las luces del yate hubieran quedado muy lejos.

—Solo míreme a mí —dijo en voz baja—. A nadie más.

Mi corazón se aceleró de inmediato cuando nuestros rostros quedaron tan cerca; sus ojos estaban a apenas unos centímetros de los míos y, a pesar de todo el ruido alrededor, en ellos había una calma tan firme que resultaba imposible apartar la mirada.

—Respire —añadió.

Lo hice.

—Bien.

La música seguía sonando, pero de repente mis pies comenzaron a moverse con menos torpeza.

—¿Ve? —dijo.

—No estoy pisándolo.

—Progreso notable.

Intenté no reír ante su comentario, mientras Adrián seguía guiándome con paciencia, moviéndose con seguridad y marcando el ritmo para que yo pudiera seguirlo sin volver a pisarlo.

—Ahora dígame algo.

—¿Sobre qué?

—Sobre por qué mintió en el avión acerca de su boda.

Mi estómago se tensó.

—¿Quería unas vacaciones? —preguntó con calma.

Negué.

—No.

—Entonces.

Suspiré.

—Me sentía avergonzada.

Sus ojos no se apartaron de los míos.

—¿Avergonzada?

—Sí. Si todos se enteraban… se volvería real.

La música seguía moviéndonos lentamente.

—No quería que todos supieran que fracasé.

Hubo un pequeño silencio.

Adrián habló entonces con la misma calma de siempre.

—Perder a una mujer como usted es el fracaso de él.

Parpadeé.

—Usted no perdió nada.

No esperaba escuchar algo así de su parte, y por un momento me quedé mirándolo sorprendida antes de que una pequeña sonrisa se formara en mis labios.

—No lo sé.

—Lo sé yo.

Lo observé unos segundos.

—Además… —añadí con una pequeña sonrisa— usted apenas recordaba mi nombre. No debo ser tan especial si alguien que trabajó conmigo durante tanto tiempo no puede recordarlo.

Adrián soltó una pequeña risa.

—Tengo que recordar nombres de inversionistas, socios, competidores, abogados, miembros de mi familia y una lista bastante larga de personas importantes.

Hizo una pequeña pausa.

—Si intento guardar uno más, mi cerebro probablemente explotaría.

No pude evitar reír.

—Eso suena dramático.

—Es realista.

Seguimos moviéndonos lentamente al ritmo de la música, dejándonos llevar por el compás mientras la conversación quedaba suspendida por unos segundos, hasta que Adrián volvió a hablar.

—Pero ahora sí recuerdo su nombre.

Levanté una ceja.

—¿Ah, sí?

Adrián me miró directamente a los ojos.

—Clara.

Lo dijo lentamente, como si estuviera grabando el nombre en su memoria, y luego añadió algo que hizo que mi corazón volviera a acelerarse.

—Creo que ahora ya no podré olvidarlo nunca.

Por alguna razón, escuchar eso hizo que algo extraño se moviera en mi pecho, una sensación nueva y ligeramente peligrosa que no supe cómo nombrar. Mientras seguíamos bailando bajo las luces del yate, empecé a sospechar que aquella noche podía terminar cambiando más cosas de las que había imaginado.

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