Beranda / Romance / Un beso mágico ¡Jefe no me rechace! / 51. NO PUEDES DECIR COSAS COMO ESA.

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51. NO PUEDES DECIR COSAS COMO ESA.

Penulis: Lizzy Bennet
last update Tanggal publikasi: 2023-10-27 10:27:41

La mañana siguiente, Aurora se despertó con todo el cuerpo adolorido pero con una sensación de plenitud como nunca antes había sentido, el solo recordar todo lo que habían hecho en esa misma cama hacía que los colores se le subieran al rostro y que su cuerpo temblara de deseo.

Cuando giró el rostro se vio el lado de la cama donde Ben había dormido vacío, sin embargo el delicioso olor a tocino y café fue suficiente para hacerle saber dónde estaba el rubio, por lo que poniéndose en pie fue al baño a enjuagarse la boca y hacer sus necesidades.

Estaba a punto de poner un pie fuera de la alcoba cuando el celular del rubio comenzó a sonar y ella se acercó para tomarlo y llevárselo, sin embargo, al ver el nombre que aparecía en la pantalla, sintió cómo su estómago se revolvía y una sensación desagradable se instalaba en la boca de su estómago.

“Megan Forx”

Esa era la rubia despampanante de la gala, la misma que se había guindado de su cuello y que parecía muy familiarizada con Ben. La duda comenzó a carcomerla y la pregunta sobre quién era esa mujer en la vida del rubio la asaltó con intensidad. 

Bloqueando el celular silencio la llamada y tomando un respiro profundo salió de la habitación repitiendose que no debía dejar que una llamada arruinara todo lo que estaba viviendo, debía confiar en él.

Sin embargo, no era tan fácil como parecía, pues para nadie era un secreto que el hombre había sido todo un Don Juan antes de estar con ella y la mujer, contrario a ella, parecía encajar perfectamente en el mundo en que él se movía, ese donde ella ni siquiera existía.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el sonido de la patria y cuando levantó la mirada encontró a Ben, sin camisa,de espaldas a ella, viéndose endemoniadamente sexy,  organizando dos platos de desayuno con esmero, lo que hizo que una sonrisa tonta se formara en su rostro y  toda la angustia se disipara casi por completo.

—Parece que voy a tener que agregar una cualidad más a tu larga lista— dijo ella consiguiendo que el rubio se girara sobresaltado en su dirección y al verla le regala una de esas sonrisas que le cortaban la respiración.

—Bueno, princesa, no sabía que estaban llevando una lista, pero de ser definitivamente debes meter mis cualidades culinarias en ella— le dijo mientras se acercaba a donde ella estaba.

Al llegar hasta ella  la tomó de la cintura para juntar sus labios en un beso lento y profundo que le hizo encoger los dedos de los pies y luego mordiendo suavemente su labio inferior le susurró:

—Me imagino que después de lo que hicimos anoche, mis habilidades íntimas están encabezando tu lista.

DIOS. MIO. ¡Él no podía haber dicho eso! El rostro estaba que se le estallaba de lo enrojecido que lo tenía y el grito que salió de ella fue inmediato.

—¡BENJAMIN! NO PUEDES DECIR COSAS COMO ESA.

La risa del rubio invadió toda la cocina en menos de un segundo ya la había tomado en peso desde los muslos y subido a la mesada de la cocina. Ella no podía ni siquiera explicar la rapidez con que su cuerpo se encendía con un solo toque de Benjamin.

—¿Ah no?— le susurró con esa voz grave y santo padre ella pudo sentir la humedad llenando su centro de manera instantánea—¿O sea que tampoco puedo abrirte de piernas aquí mismo y comerte en el desayuno?

Se iba a morir. Eso era lo que Aurora estaba sintiendo en esos momentos. Nunca pensó que podría ser posible sentir tanto deseo, estar tan caliente y excitada con tanta rapidez, pero con Ben estaba descubriendo un mundo de primeras veces que, para que negarlo, la tenía encantada.

Llevando sus ojos a los del rubio, se encontró con esos ojos azules y profundos hirviendo de deseo y ella solo pudo tragar en seco mientras le decía.

—El desayuno es la comida más importante del día, no podría privarte de ella.

Benjamín ya estaba listo y con su miembro muy despierto, eso era algo que le acusaba la habladora solo con darle un m*****a sonrisa, por eso tenerla ahí, en el mesón de la cocina llevando únicamente su camisa y viéndose toda agitada y deseosa lo tenía hecho un maldito animal, en especial cuando la escuchó darle su consentimiento.

—Tienes razón, princesa, entonces lo mejor es que desayunemos juntos.

Sin decir más capturo sus labios en un nuevo beso mientras sentía como las manos pequeñas y tentativas de la habladora se movieron por su torso desnudo hasta terminar enroscándose en su cabello y tirando de él para acercar aún más sus rostros.

La noche anterior se había dado cuenta que eso era algo que a ella le gustaba hacer. Le encantaba enredar las manos en su cabello. Tocarlo en general y él no pensaba privarla de aquello.

Sus manos fueron abriendo lentamente las piernas de Aurora sin separar sus labios y en el instante en que coló una hasta su feminidad y la sintió totalmente mojada sobre la ropa interior, no pudo contener el gruñido que salió de él ni el brinco que su miembro dio dentro de sus pantalones.

—Estás lista para mí, habladora— susurró en un gruñido bajo sobre sus labios y amado Dios, el gemido que ella dejó salir estaba por explotarle la cabeza.

—No me había sentido así nunca— dijo ella agitada y él lo sabía, ella no tenía que decírselo para él saber que se estaba llevando todas sus primeras veces.

Eso era algo que algunas veces lo martirizaba, no sabía como un completo hijo de puta como él podía estar con una mujer como ella, pero era egoísta, lo suficiente para no retroceder y querer tenerlo todo de ella.

—Pienso hacer que lo sientas todo nena, conmigo, siempre.

El peso de las palabras de Benjamin la golpeó como un rayo al mismo tiempo que el deseo se intensificó en su interior al sentir los dedos del hombre invadiendo su feminidad, que tal como él acababa de decir ya está mojada y lista para la invasión.

En ese momento ya no quería más juegos previos, ella lo necesitaba a él dentro de ella, llenándola tal y como lo hizo todo la noche y fue justo por eso que sintiéndose valiente fue bajando una de sus manos hasta sostener la muuuuy evidente erección que Ben tenía dentro del pantalón, al apretar el rubió dejó salir el gemido más erotico que había oído jamás.

—Estoy lista— le dijo ella mientras mordisqueaba la barbilla del CEO—Te quiero adentro, Ben, lo necesito ahora.

Santo padre Dios. Esta mujer iba a ser su completa perdición y él estaba feliz de irse derechito al mismísimo infierno por ella.

—No tienes que decirlo dos veces.

Con la rapidez de un rayo se quitó el pantalón de chandal con todo y boxer y la habladora elevó ambos brazos en una indirecta que él captó con rapidez, por lo que de un solo movimiento sacó la camisa de su cuerpo y JODIDO INFIERNO, tenerla desnuda, abierta para él y totalmente mojada sobre el mesón era la imagen más erótica y perfecta que había visto en su vida.

Tomándolo por sorpresa la mano de Aurora regresó a su miembro encendiendo aún más a su animal interior, cuando sus ojos fueron a ella pudo ver la curiosidad y la timidez brillando en sus pupilas, antes de que le dijera:

—Yo… No sé cómo hacerlo…

Si, en definitiva esta mujer sería su perdición. Relamiendose los labios puso su mano sobre la de ella y sin apartar la mirada le dijo.

—Princesa, no es una obligación que lo hagas, tendremos tiempo.

Ella negó con la cabeza y mordiéndose el labio inferior, viéndose malditamente tentadora, le contestó:

—Yo quiero hacerlo, ¿Puedes mostrarme como?

Bueno, el infierno podía congelarse en ese maldito momento, porque para él ya no había más nada que la hermosa mujer enfrente suyo. Con lentitud comenzó a mover la mano de Aurora de arriba hacia abajo marcando el ritmo que le gustaba antes de separar su mano y dejar que ella sola siguiera y jodida sea la vida, la niña aprendía de maravilla.

La mano de Aurora estaba a punto de llevarlo a la m*****a locura y sabiendo que no iba a poder contenerse mucho más la detuvo viendo el gesto confundido en sus ojos.

—¿Lo estoy haciendo mal? ¿No te gusta?—Ben no pudo evitar la risa que salió de él mientras negaba ante la inocencia de la chica.

—Nena, todo lo contrario, lo estás haciendo demasiado bien y si sigues así no voy a poder controlarme y si me corro quiero hacerlo dentro de tí.

Sin decir una palabra más, terminó de acostar a Aurora y sosteniendola de los muslos la atrajó hasta el borde del mesón y llevando su miembro hasta la entrada de su vagína la penetro de una sola estocada, deleitándose con el gemido alto y ronco que salió de ella y la manera en que su estrechez lo recibía.

Desde ahí todo fue un concierto de gemidos que incrementaban al ritmo de sus estocadas, sin embargo, en el instante en que Aurora comenzó a igualar sus movimientos, impulsando su pelvis como una m*****a Diosa, ahí ya no pudo controlarse más y simplemente la cogió fuerte y profundo, dejándose llevar por lo gemidos y los movimientos de la hermosa mujer debajo de él.

Casi dos horas después, Aurora se encontraba bajando del auto de Ben en el parqueadero del auto, seguía sonrojada por el encuentro de la mañana y aunque le parecía una completa locura, también seguía excitada.

Era como si luego de haber descubierto el sexo no hubiese una sola cosa en la que pudiera pensar que no fuera eso, pero no se trataba del acto como tal, se trataba de él, de ese endemoniado y sexy ogro que, debía aceptar, la traía completamente loca.

Ben le dio una mirada de reojo y le regaló esa m*****a sonrisa que se había convertido en su perdición antes de tomarla de la mano y juntos comenzar a caminar dentro del parque. Las miradas curiosas y llenas de rencor no habían cesado, pero tal como Emily le había dicho hace unos días, no debía poner a los demás por encima de ella. No estaba haciendo nada malo, ella no se ganó el ascenso por acostarse con Ben y si a los demás les molestaba, ¡pues que les dieran!

Estaban a punto de llegar a la salita de empleados donde se reunirían finalmente con los estrategas de marketing y ella haría además su propia presentación, cuando sintió todo el cuerpo del rubio tensarse a su lado  segundos antes de que se detuviera en seco.

Frunciendo el ceño, llevó los ojos hacia Ben, lista para preguntarle qué ocurría, cuando una voz, que no podía olvidar ni aunque quisiera, se escuchaba delante de ella.

—Ya no puedes seguir ignorándome, Ben. Tu y yo tenemos mucho de qué hablar.

Lentamente Aurora fue girando el rostro, solo para encontrarse viendo de frente a Megan  Forx, quien tenía sus ojos fijos en el hombre a su lado.

Lizzy Bennet

Como ustedes lo pidieron, aquí les dejo la segunda probada del pan!! jajajaja muchas gracias por leer!!

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Komen (2)
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Carolina Morales
jasjaaja se comieron hasta las migas del pan que buenos capitulos
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Magdalena Ascencio
ay no, no nos dejes así, otro capítulo por fa!!!
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