MasukNarradorEl magnate griego frunció el ceño, afilando su mirada sobre la joven.—No es para nada justo lo que está haciendo conmigo, señorita —replicó él, con una galantería teñida de seriedad—. Usted sabe bien quién soy yo, pero en cambio, yo no sé quién es usted. Creo que estamos en gran desventaja, ¿no?Gina sonrió, ladeando la cabeza.«Vaya», pensó, divertida, «todos los hombres utilizan las mismas técnicas estúpidas al momento de la conquista, no importa la edad ni el dinero que tengan».—Y ahora la situación empeora —agregó Damon, dando un medio paso casi imperceptible que la obligó a levantar la barbilla—. Tampoco puedo saber qué está pensando de mí.La joven suspiró con cansancio y se encogió de hombros con una frialdad impecable.—Bueno, supongo que es una habilidad que tendrá que desarrollar. Como sea, tampoco me interesa que lo sepa. En cuanto a la desventaja que usted dice tener, créame, no es ninguna. En este mundo en el que usted parece ser el centro, yo no soy nadie. Y a
NarradorRegina de Luca —más conocida como Gina— no estaba pasando la mejor noche de su vida. Estaba acostumbrada a seguir a Selena en todas sus locuras, pero había comenzado a pensar que asistir a esa fiesta atestada de ricachones no era el lugar donde debería estar. Debería haberse mantenido firme en su decisión inicial, pero sencillamente no hubo manera de convencer a Selena.—¡Ni hablarlo! —le había respondido Selena, haciendo oídos sordos a sus excusas—. Mañana mismo iremos a comprarte un lindo vestido y todo lo demás. Tienes que estar ahí. Y no como mi empleada, ni como la niñera. Sino como lo que realmente eres: mi familia.¿Qué podía decir Gina ante semejantes palabras?Desde hacía muchos años trabajaba para ella. Recordó el día exacto en que había conocido a esa mujer tan aguerrida: Gina acababa de cumplir diecinueve años y necesitaba un trabajo con desesperación, con el único problema de que no tenía experiencia en nada. Estaba sin dinero, su madre acababa de fallecer y el du
POV SelenaJames abandona su postura de conde británico y comienza a reír, divertido.—¡Vaya, esta chica me agrada cada vez más! —dice, tocándose el pecho con dramatismo antes de dirigirse a mi suegro—. Yo no sé qué vas a decidir tú, Maurizio, pero a mí me encantaría volver a Italia y pasar más tiempo aquí... Como dice Selena, creo que es tiempo de poner las cosas en su lugar, ¿no?Maurizio asiente lentamente, con la mirada cargada de pesar.—Sí, lo sé. Tienes toda la razón... pero ya conoces a mi padre —pronuncia con resignación—. Selena, agradezco tus palabras. Quiero estar cerca de mi hijo, pero no quiero perjudicarlo. Sé que no es justo para James, pero no quiero que mi padre lo ataque ni lo hiera... No quiero que nadie lastime a James... —añade, dedicándole una mirada llena de una dulzura absoluta.Ay... Esto último lo dice con tanto amor que, en este preciso instante, entiendo perfectamente de dónde sacó Alessandro su lado desgarradoramente romántico y dramático.—Si es solo eso
POV SelenaLa fiesta está resultando más divertida de lo que pensé. Y mi futuro suegro no es el ogro que creía. Ha sido sumamente educado en el trato, ha elogiado el cambio de Alessandro y, por supuesto, me lo ha atribuido a mí.Pero bueno, aquí estamos todos por el chisme y no nos vamos a retirar del lugar sin averiguar cuál es la verdadera relación entre James Sterling y mi recién conocido suegro.Así que, como quien no quiere la cosa, voy saludando a todos, sonriendo y hablando aquí y allá, pero sin perder de vista a los «dos amigos y socios».Camino por el salón rozando la copa de champán con la punta de los dedos, fingiendo prestar atención a las conversaciones de la alta sociedad mientras mantengo la antena bien parada. Luca corre por ahí jugando con los hijos de unos invitados bajo la atenta mirada de mi madre, que sigue flotando en una nube de orgullo y felicidad, conversando por supuesto con mi futuro tío el cardenal, que se tomó una licencia para participar. Mi padre, fiel a
POV SelenaAlessandro me toma la mano. Suelto una risita baja mientras nos detenemos a mitad de la imponente escalera de mármol blanquecino. Mi ángel me sostiene firmemente de la mano, pero puedo sentir la tensión marcando cada uno de los músculos de su brazo.Mi mirada se fija de inmediato en la figura que acaba de cruzar el umbral del vestíbulo.Ahí está el hombre que me inquieta: Maurizio Di Doménico.Debo admitir que la genética de esta familia es lisa y llanamente una obra de arte. Es un hombre de poco más de sesenta años, increíblemente guapo, con esa distinción aristocrática y pulcra que solo se consigue tras décadas respirando el aire de la alta sociedad europea. Lleva un esmoquin de corte perfecto que acentúa su figura impecable, el cabello peinado hacia atrás salpicado por unas canas color platas muy favorecedoras y una postura erguida, casi regia.Sin embargo, su rostro es una máscara impenetrable. No hay una sola línea de calidez en sus facciones; tiene la misma mirada frí
POV SelenaPor fin ha llegado el día del compromiso y, aunque suelo jactarme de tener el control de cada situación, hoy los nervios me están ganando la partida. Hemos decidido con Alessandro celebrar la fiesta en la mansión de Francesco.Bueno, tanto como decidir, no. El abuelo utilizó sus técnicas persuasivas —esas que ustedes ya conocen muy bien— para convencernos. Y mi abuela Elena presionó otro tanto.Y ni hablar de mi madre. No les puedo explicar la felicidad que tenía el día en que supo que el cardenal Elio Di Doménico nos iba a casar; casi se desmaya de la emoción. Le cuenta a todo el que quiere oírla en la iglesia que su hija se va a casar y que el futuro tío político es un cardenal del Vaticano.Mi padre, pues ya lo conocen: él no dice ni una sola palabra. Se limita a observar, suspirar y sonreír cuando la ocasión lo amerita.En cuanto a Luca... bueno, ¿qué puedo decirles? Mi niño ha aceptado a Alessandro desde el primer día y disfruta muchísimo de su compañía. Hablan un mont







