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ผู้เขียน: Susan
last update วันที่เผยแพร่: 2026-06-01 12:18:45

Las copas de vino ya estaban a medio terminar cuando la conversación finalmente abandonó la cortesía superficial y entró directamente al terreno de los negocios. El ambiente, antes dictado por la diplomacia, se volvió denso y afilado, el tipo de escenario donde Daniel Meléndez se movía con una comodidad absoluta.

El empresario francés apoyó lentamente los cubiertos sobre el plato antes de mirar a Daniel con interés genuino, entornando los ojos de manera analítica.

—El proyecto de Valemont e
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    Daniel caminaba sin ningún destino particularmente definido por las calles de piedra de esa ciudad que olía a madera húmeda y a lago y a algo que no tenía ningún nombre exacto pero que era completamente específico de ese lugar. Fue entonces cuando vio a Julián detenerse frente a uno de los locales antiguos que ocupaban la planta baja de los edificios de piedra a lo largo del sendero principal. El escaparate mostraba botellas de formas y colores distintos con esa abundancia tranquila de los establecimientos que no necesitan convencer a nadie de nada porque el producto habla por sí solo. Daniel observó a Julián entrar. Pensó en continuar caminando. Entró detrás de él. Lo encontró frente a una pequeña barra de degustación, sosteniendo un vaso diminuto entre los dedos con esa calma de quien está realizando una actividad completamente razonable en un horario completamente razonable. —¿Qué haces? Julián giró la cabeza hacia él. —Explorando las costumbres locales, señor. Daniel mir

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    Eduardo juntó las manos con ese entusiasmo que no distinguía entre las ocasiones importantes y las que no lo eran, porque para él todas las ocasiones que involucraran a un grupo de personas y algún tipo de competencia tenían exactamente el mismo valor. —Muy bien. Hay que formar dos equipos. Isabel fue la primera en hablar, con esa rapidez de quien ya había tomado la decisión antes de que la pregunta terminara de formularse. —Yo voy con Daniel. Daniel asintió apenas, con la indiferencia de quien acepta una variable logística sin darle ninguna importancia adicional. —Julián conmigo. Victoria abrió los ojos. —¿Qué? No. Yo quiero a Julián en mi equipo. Daniel giró la cabeza hacia ella con esa ceja arqueada que aparecía cuando algo lo sorprendía levemente. —¿Por qué? Victoria sonrió con esa calma completamente desarmante. —Porque es tu amigo. No quiero que te ayude a ganar. Daniel cruzó los brazos. —Entonces lo pones directamente en mi contra. —Exactamente. Sin pedir ningún

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    Todos miraron a Julián. Él dejó la taza de café sobre el plato con ese movimiento pausado de quien no tiene ninguna prisa particular por responder a nada. Miró a Isabel. —¿Duda usted de la palabra del señor Meléndez? Lo preguntó con esa serenidad completamente impenetrable que era simplemente su manera de existir en cualquier situación, sin ningún tono que pudiera interpretarse como confrontación y sin ninguno que pudiera interpretarse como evasión. Isabel no respondió de inmediato. Julián se acomodó levemente en el asiento y continuó con esa naturalidad de quien está simplemente confirmando un hecho administrativo. —Sí. El señor Meléndez estuvo conmigo hasta bien entrada la madrugada. Eduardo asintió con esa expresión de quien acaba de encajar la última pieza de algo que había estado preguntándose. —Con razón desapareciste del salón sin avisarme. —Lo miró con ese tono levemente acusatorio que usaba cuando algo le había resultado inconveniente. —Te estuvimos buscando también

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