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Autor: Susan
last update Data de publicação: 2026-06-20 12:48:07

Las siguientes dos noches fueron exactamente iguales. La misma rutina perversa que destruía cualquier intento de paz. Un zumbido vibrando en la madrugada, un número desconocido en la pantalla y una nueva fotografía que actuaba como un golpe directo al estómago.

Daniel aparecía acompañado nuevamente por una mujer distinta cada vez. En una de las imágenes, estaba sentado en la penumbra de un reservado privado mientras una rubia despampanante reía demasiado cerca de su rostro, buscando una compl
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Capítulo bloqueado

Último capítulo

  • Una Heredera en Garantía    420

    Victoria cruzó el umbral con paso firme, sin permitirse ni un solo titubeo visible, aunque por dentro cada paso le costara más de lo que dejaba ver. Julián permaneció junto a la puerta, observando la sala con atención. Lex ocupó discretamente un lugar al fondo, recargado contra la pared de cristal, en una posición desde la que podía ver cada reacción sin interferir. Los miembros del consejo observaron a la mujer que acababa de entrar. Algunos la reconocieron de inmediato, sus expresiones cambiando con un destello de sorpresa. Otros, más jóvenes o menos familiarizados con la historia de la empresa, solo intercambiaron miradas de desconcierto entre sí. Arturo fue el primero en romper el silencio. —¿Qué significa esto? Adele se puso de pie, con la espalda recta y la voz firme. —Significa que la persona con el derecho legal para representar a Daniel acaba de llegar. Arturo soltó una risa incrédula, sin ningún rastro de humor real en ella. —¿Ella? —Miró a Victoria de arriba

  • Una Heredera en Garantía    419

    El automóvil se detuvo frente al edificio de Obsidian. Victoria permaneció unos segundos observando la enorme fachada de cristal, las torres reflejando el cielo de la tarde como si nada hubiera cambiado en absoluto dentro de esas paredes. Cuántas veces había entrado ahí como rival, calculando cada palabra antes de una negociación. Como negociadora, defendiendo cada cláusula con la misma firmeza que Daniel. Como esposa, en eventos y cenas donde ambos fingían una armonía que apenas existía fuera de cámaras. Pero nunca, hasta ese momento, como la persona que debía ocupar el lugar de Daniel. Respiró hondo. —¿Lista? —preguntó Julián, desde el asiento delantero. Victoria sonrió apenas, sin humor real. —No. Julián abrió la puerta del automóvil. —Entonces es el momento perfecto para entrar. Lex soltó una pequeña risa desde el asiento del conductor. —Él habría dicho exactamente lo mismo, ¿sabes? Palabra por palabra. Victoria bajó del automóvil. Los tres cruzaron el vestíbulo juntos

  • Una Heredera en Garantía    418

    Victoria dejó lentamente el teléfono sobre el escritorio, todavía procesando todo lo que acababa de decidir en las últimos días. Carlos la observó desde el otro lado de la oficina, con los brazos cruzados. —¿De verdad quieres hacer esto? Ella levantó la vista. —No tengo otra opción. No una que pueda vivir tranquila, al menos. Carlos guardó silencio unos segundos, sopesando sus propias palabras antes de hablar. Después respiró hondo. —Puedo hacerme cargo de Grupo Rivera unos días. No es ningún problema. Victoria sonrió con gratitud genuina. —¿En serio? —Claro que sí. Aunque... —hizo una pequeña mueca, anticipando algo— mi padre probablemente quiera decir algo al respecto antes de que yo me apropie de tu escritorio. Victoria asintió, comprendiendo de inmediato. —Y tiene todo el derecho de opinar. Lo mejor será que hablemos con él directamente. Carlos sacó el teléfono y marcó sin dudarlo. La llamada fue contestada después de unos segundos. —¿Qué pasó? —La voz d

  • Una Heredera en Garantía    417

    Victoria permaneció unos segundos más junto a la cama, sin moverse. Observó el rostro de Daniel, tan distinto al hombre que siempre caminaba con esa seguridad casi arrogante, que rara vez mostraba cansancio frente a nadie y que parecía tener, para cualquier situación posible, una respuesta preparada de antemano. Ahora permanecía inmóvil. En silencio. Como si el tiempo hubiera decidido detenerse exclusivamente para él, dejando todo lo demás girar a su alrededor sin permitirle participar. Victoria levantó lentamente una mano y apartó con delicadeza un mechón de cabello que caía sobre su frente, justo al borde del vendaje. Después secó las lágrimas que aún humedecían sus propias mejillas, con un gesto rápido, casi automático. Respiró hondo. Se inclinó apenas sobre la cama. Y depositó un beso suave sobre la mejilla de Daniel, sintiendo bajo los labios la piel fría que tanto le había costado aceptar. —Voy a esperarte... —susurró, la voz apenas un hilo. —Así que no tardes demasiado.

  • Una Heredera en Garantía    416

    Llegaron al hospital poco después del mediodía, el sol cayendo sobre el estacionamiento con una indiferencia que a Victoria le resultó casi ofensiva. Bajó del automóvil despacio. Respiró hondo antes de mirar hacia el edificio, las ventanas reflejando la luz en ángulos que no le decían nada, que no le ofrecían ninguna pista de lo que encontraría adentro. Nunca imaginó que volvería a entrar a ese mismo hospital por Daniel. No de esa manera. No con ese miedo instalado en el pecho como una piedra que no terminaba de asentarse. Los tres avanzaron por el pasillo principal en silencio, sus pasos resonando contra el piso pulido. Al llegar al área de cuidados intensivos, encontraron a Adele sentada sola en una de las sillas de espera, con las manos entrelazadas sobre el regazo y la mirada perdida en algún punto del suelo que no parecía tener nada de especial. Cuando escuchó los pasos, levantó lentamente la cabeza. Y se quedó inmóvil. Victoria también. Era la primera vez que se veían des

  • Una Heredera en Garantía    415

    Pasaron varios segundos antes de que Victoria lograra volver a hablar, el silencio extendiéndose como una membrana a punto de romperse. —¿Desde cuándo? —preguntó finalmente, con la voz apenas sostenida. —Desde anoche. Victoria levantó la vista de golpe, la incredulidad mezclándose con algo mucho más oscuro. —¿Desde anoche? Julián asintió. —Sí. Ella respiró hondo, intentando contener algo que ya empezaba a escaparse de su control, una marea que le subía desde el estómago hasta la garganta. —¿Y por qué me entero hasta ahora? Hasta esta mañana, después de... —Se detuvo, sin terminar la frase, porque no había forma de terminarla que tuviera algún sentido. Lex fue quien respondió esta vez, con cierta reticencia en la voz. —Arturo no quería que nadie fuera de la familia lo supiera todavía. Victoria cerró los ojos un instante, procesando el peso completo de esa frase. Después volvió a abrirlos, ya con una determinación distinta asomando bajo el shock. —¿Tiene riesgo d

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