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Capítulo tres: Impresiones

Author: Al D. Cook
last update publish date: 2026-04-21 21:05:38

Rosa María

Hoy es lunes y ¡son las siete de la mañana! Es tarde, pero como soy la jefa puedo, ¿no? Me ducho rápidamente y me enfundo un vestido color magenta con el cual mis curvas se notan a leguas de distancia. Sí, bueno; tengo un cuerpazo y unas bubis —muy mías—, extraordinariamente generosas y una piel clara, bella, cremosa y brillante. Lo cual no me sirve una m****a porque a mis cuarenta y dos años no tengo una pareja fija desde hace cinco que me divorcié.

Es un pecado desearle mal a tu prójimo, pero solo quiero que la «mierda seca» de Everest y su pene diminuto sufran un desmayo a causa del sol ¡ja! El único orgasmo que sentí con algún órgano de su cuerpo fue con su dedo corazón. Porque ahora que me he convertido en una pervertida sexual, sé que lo vivido con ese esperpento fue una farsa con sus catorce centímetros de pito.

El chocolate del fin de semana me sentó de maravillas porque no engordé pero estoy «buenísima». Lo mejor de ser latina es el caderón y el culo de infarto que me gasto. No soy de asistir a gimnasios todo el tiempo, como dije: Rigo Osorio Vega es profesor en el suyo pero yo… ¡prefiero el chocolate aunque mi amigo Caspian se arranque la piel! Peino mi cabello con los dedos y me aplico rímel en las pestañas, que son la envidia de todos en el negocio, un poco de polvo compacto —amo todo lo que se refiera a polvo— y ¡lista! Debo decirle a Mona que me corte un poco el cabello porque está muy largo. Tomo las llaves, el bolso y mi celular para disponerme a comenzar el día de trabajo.

¡Maldita sea! ¿Será que llego tarde o no? Con esta tranca comienzo el día a las diez y ya tengo hambre. Llamo a Jary para decirle que estoy «embotellada» y que llego retrasada.

[***]

Luego de estar más o menos hora y quince minutos en el fulano embotellamiento, al fin llego a la peluquería malhumorada y famélica. Nada me apetece más que unas frituras con Coca-Cola, pero el hecho de ser dueña de cuatro estéticas y seis salas de belleza me lo impide. ¿O será la hipertensión arterial? Bueno, lo que sea; yo y mi vejez comemos porquerías a escondidas para no ofender a nadie, jejejejeje…

—¡Jefa! Pensé que habían secuestrado tus huesos —grita Lewis teatralmente tapando sus ojos con el dorso de la mano. Sonrío.

—¡Cariño, ya sabes! Soy un hueso duro de roer y cuento con mucha carnita para morder —en ese momento y con las risas de mis chicos, mi humor mejoró, mas mi hambre seguía intacta.

—¡Jefa! Tengo muffins de zanahoria y café moca —deliciosos.

—¡Sírveme por favor, preciosa! Tú sí me amas…

—Yo también te amo —pongo los ojos en blanco al escuchar la voz del hermano de Lucifer.

—¡Púdrete, Rob! —paso por su lado empujándolo con la cadera al muy bicho.

¿Qué idiota se acuesta contigo y hace un video para recordarte? ¡Robert Málik! Después lo transmitió en una fiesta que celebró en su casa y fue golpeado brutalmente por Lester y Caspian ¡a Dios gracias! No hizo copias, porque lo hubiesen hecho polvo —¿ya dije que me encantan los polvos?—.

—¡Jefa! Llamó un cliente para concertar cita, es para su novia. Recomendado por Caspian —informa Lucy, mi asistente, lo que no pude escuchar ya que estoy acabando con la bandeja de muffins que están deliciosos.

¿Qué? ¡Tengo hambre! Además son de zanahoria y eso quiere decir que no engordan.

—¡Gracias, Lily, salvaste mi vida! —expreso sinceramente—. ¡Ahora! ¿Cómo se llama nuestra cita? —pregunta interesada lamiendo mis dedos llenos del azúcar nevada que decoraban los pastelillos.

—Mike Sterling. Viene con su novia, que están prontos a casarse y hoy es la cena —qué chismosa es esta chica y se junta con mi Amix ¡ja, la locura!

—Demasiada información, querida. Llega, se arregla, paga y se va —la chiquilla asintió y se fue a la oficina. ¡Buena chica!

Un revuelo de voces llama mi atención en los baños; supongo que todos los empleados son así de chismosos y más en sitios como este en los cuales las chicas entran y salen. Me acerco un poco para escuchar y sorprenderlos.

—¡Un verdadero pecado! —Lewis es el primero que habla.

—¿Viste sus ojos? ¡Son celestes! —ruedo los ojos porque Mona es una soñadora.

—¡Es todo un sueño! Quiero que me abrace y rompa mis huesos —¡guau! Debe estar bien bueno el personaje para que May hable de esa forma.

—¡Ay, darling’s, pero viene por la jefa y a ella no se le resiste nadie! — ¿en serio soy irresistible? ¡Eso es una buena noticia! Sin embargo, el show debe continuar.

—¿A qué hora se trabaja aquí? —abrí la puerta palmeándola con fuerza; todos los presentes brincaron en su sitio y casi mueren infartados.

Me posiciono en la puerta con los brazos en jarras y todos bajaron la cabeza simulando hacer algo ficticio. La primera en salir fue May con ojos llorosos; le hice un guiño para hacerle saber lo enojada que estaba. Luego todos fueron saliendo juiciosos hasta que Lizzy intenta salir y la detuve.

—¡Rosa María, yoooo...!

—¿Con que irresistible, eh? —sonríe soltando el aire que tenía atascado en el tórax. Presumo que, sin saberlo, también le hice un guiño y sonrió encantada—. ¡Bien, cielo, vamos a atender a ese Adonis! —voy detrás de una de las morenas más bellas que conozco.

Al llegar diviso a Preston conversando con un sujeto —desconocido para mí— y al girarse pude comprobar que ese hombre tiene ojos de cielo y su sonrisa junto a su expresión y su cuerpo… ¡mi-er-da! ¡Eros, el dios del amor, el sexo y la belleza! Un pecado, un delito el cual todas queremos cometer.

¡Dios, está buenísimo!

Respiré profundo y sonreí lo más calmada posible aun cuando mi presión subió a niveles elípticos y mi corazón bombeaba tan fuerte que el pecho me dolía. ¿Qué me pasa? Normalmente son ellos los que se ponen nerviosos al verme y este está muy tranquilo.

¡Rosa María Hernández, saca la artillería! Me acerco con una sonrisa de pasta dental.

—¡Srta. Hernández, qué gusto conocerla al fin! —su piel estaba colorada y su respiración trabajosa, junto a sus pupilas dilatadas me informan que le gusta lo que ve.

—¡La misma, Sr…! —dejo la frase a medias para que la complete él.

—¡Sterling, Mike Sterling! Soy amigo de…

—¡Caspian! —sonrío ampliamente. Con razón mi Amix está loco por él. ¡Es un… ay, no sé!

—¡Exacto! Me recomendó su centro de belleza —levanté las cejas—. ¡Para Anya, mi... mi novia! —ahora soy yo quien lleva el control, y esas son mis tetas, nene. Te permito babear como un cachorrito.

¡Oh, él debe ser el dueño del perro! ¡Creo que me compraré uno y lo llevaré a que mi Amix lo atienda!

—¿Desea tomar algo, Sr. Sterling?

—¡Oh, no, llámeme Mike!

—¿Entonces no desea tomar algo? —me acercqué un poco más y quedamos a centímetros. Aspira mi perfume sin ninguna delicadeza y cierra los ojos; al abrirlos se ven como una noche sin estrellas.

—¿Sucede algo, Mike? —separa los labios, no dice nada, pero como yo soy la buenorra de aquí, me alisé el vestido pasando sensualmente las palmas por las piernas y moldeando el culo entonces… ¡voilá! Quedó hecho papilla.

—¿Eh? No... no, es que… yo. Descuide, así estoy bien ¡gracias! —sonrío enseñando mi hoyuelo y giro de manera sutil, elegante y sensual.

¡Toma esto, Sterling, por ser tan bello!

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