MasukCapítulo 7
Ava El cielo arriba era una mezcla de naranja tostado y rojos con el atardecer. Cualquier otro día, me habría encantado contemplarlo fascinada. Ahora, fui directo a la puerta de Linea y llamé, dejando atrás el bonito cielo. —Ya voy —gruñó ella. En cuanto la puerta se entreabrió, me colé a su lado. —Ah, Ava, pasa, estás en tu casa. —Se hizo a un lado—. Como si fuera tuya. O lo que sea. Ni que me estuviera quedando dormida ni nada importante. Ignoré su tono sarcástico y me quité la chaqueta. La estúpida prenda se me enganchó en el pelo. Forcejeé con ella, enredándome aún más. —Este... ¿Ava? —Mi amiga se acercó, con voz más suave—. ¿Estás bien? —¡No estoy bien! —Me giré hacia ella de golpe. Los ojos de Linea se abrieron de par en par. —Cielos. Ava. —No estoy bien —repetí, con el cuerpo temblando. —¿Qué pasó en el médico? ¿El bebé está bien? —No lo sé. —Solté la chaqueta. Me tiraba del pelo, pero no me importaba. Todo se estaba desmoronando. Linea se acercó más y me giró para que me quedara de espaldas a ella. —Deja que te ayude con eso mientras me cuentas cómo te fue. Suspiré. —No me fue de ninguna manera, Linea. El médico no me atendió. —No entiendo. ¿Por qué no? —Bueno, me vio, pero... —Me dio un tirón en el pelo—. Ay. —Me puse una mano en la zona. —Lo siento. Tu pelo se enredó en un botón. Dime, ¿qué pasó? La respiración profunda que tomé no sirvió de nada para calmarme. —Linea, siento que estoy en una maldita película. —¿De amor? —¿De amor? ¡No! En una maldita película de terror. —Vaya. ¿El médico era un monstruo? La chaqueta se soltó y me giré para mirar a mi amiga. —Peor. Frunció el ceño. —¿Cómo? —Es Liam. Se le abrieron los ojos de par en par y se le cayó la mandíbula. —Estás bromeando. —Ojalá. —Pero no entiendo. Pensé que ibas a ver al Dr. Rogers. —Iba a ir, pero su clínica está cerrada por alguna razón, y alguien me dijo que había una clínica nueva. No estaba pensando. Estaba tan distraída que entré y hablé con la enfermera. Solo para enterarme de que Liam es el médico... después de que ya estaba en la sala de examen. Se cubrió la boca con las manos, con mirada de angustia. —¿Él lo sabe? Bajé la mirada. —No. No le dije a la enfermera a qué iba. —Cielos. Esto suena... —Como un desastre monumental, lo sé. —Cerré los ojos, deseando poder borrar el día anterior. Debería haber tenido más cuidado. Debería haber estado prestando atención. —¿Crees que sospecha algo? —No lo sé. —Lo pensé un segundo—. Podría ser, ¿no? Hay gente que nota cuando alguien está embarazada con solo mirarla. ¿Y si se da cuenta? O peor, ¿si se lo dice a mi papá? —Calma, Ava. —Linea tiró la chaqueta sobre el sofá y me agarró por los brazos—. Mírame. Unos empáticos ojos avellana sostuvieron los míos. —Está bien. Salderemos de esta. —¿Pero cómo? —Me solté para caminar de un lado a otro por el espacio—. Liam no solo es el padre de mi bebé y el mejor amigo de mi papá, sino que también reemplazó al médico del pueblo. ¿Qué voy a hacer? ¿A quién acudo? El paseo solo amplificó mi preocupación, pero no podía parar. —Estaré completamente sola. Sin nadie que me ayude con el parto. ¿Y si algo sale mal? No puedo hacerlo, Linea. Me giré hacia mi amiga. —No puedo ir por la vía natural y hacer esto sola. Quizá algunas mujeres sean así de fuertes. Nunca ven a un médico durante el embarazo y dan a luz a cuatro patas en el salón de su casa. Linea levantó una ceja. —Diablos, hasta puede que tengan a alguien tocando tambores y a otro con una canasta de parto para atrapar al bebé, pero ese no es mi estilo. Para nada. El corazón me latía a mil por hora y la respiración se me salía a bocanadas de los pulmones. —¿Ya terminaste? Planté los pies, dejando caer los hombros. —Linea, no sé qué hacer. No... —Oye, primero, chist. No vas a dar a luz a tu bebé a cuatro patas. —Puso cara de disgusto—. Gracias por la imagen mental, por cierto. —Lin... —Vamos. —Me tomó de la mano y me llevó al sofá. Me dejé caer, sintiendo cómo la tensión se me escapaba lentamente. Pero no del todo. Aún tenía el asunto de... todo por resolver. Dios mío. —Liam no es el único médico en Hannibal. Puedes ir a ver a otro. Hannibal no es tan pequeño. —No, no puedo. —Me acerqué más hasta que nuestras rodillas se rozaron—. ¿Y si se corre la voz? —Los médicos tienen que guardar el secreto profesional, Ava. Le eché una mirada. —Bueno, sí, esto es Hannibal. De alguna manera, los chismes siempre salen a la luz. —Sí, y el Dr. Rogers mantenía todo bajo estricto control. Esperaba que un médico nuevo no se viera envuelto en esta tontería, pero resulta que el médico nuevo es Liam. La última persona a la que quiero ver en este momento. —Ah, ahora entiendo mejor tu preocupación. —Y aunque quisiera arriesgarme, ¿qué haría si mi papá se entera, o Liam? —Pero, Ava —Linea se mordió el labio—, ¿no se lo vas a decir en algún momento? —Bueno, sí. —Se me aceleró el ritmo cardíaco. Solo de pensarlo... ¿cómo se los diría? Desconecté ese pensamiento antes de ponerme a caminar de nuevo. —Aún no. Definitivamente ahora no. —Continué—: Necesito saber que el bebé está bien y sano. Quiero tener el control de las cosas antes de meter a mi papá y a Liam en esto. Pero no quiero que se enteren por boca de un chismoso. —Está bien. —Linea hizo una pausa de un segundo—. Tengo una idea. Salió rápidamente y regresó con su portátil. —¿Y si... —lo abrió y tecleó—... te buscamos un médico en un pueblo cercano? La opresión del dolor en mi pecho se aflojó. —Es una idea excelente. —Lo sé. Estoy llena de ellas. Puse los ojos en blanco y miré la pantalla. —¡No demasiado cerca! —Vale. —Canceló sus palabras de búsqueda y volvió a teclear—. ¿Qué tal a tres pueblos de distancia? Me calmé. —Sí, con eso bastará. Revisamos cinco médicos y llegamos a una mujer de mirada dulce. —Dra. Cynthia Morris —leyó Linea—. Parece agradable. Y su apellido se parece al tuyo. Morellis y Morris. Podría ser tu tía. Los ojos azul profundo y las mejillas redondeadas no se parecían en nada a mí. Pero su rostro no me hacía dar ganas de salir huyendo. —No, no podría serlo. Pero creo que me parece bien ella. —Genial. Reservemos una cita con la Dra. Morris. Solté el aire que no me había dado cuenta de que estaba reteniendo. Apoyé la cabeza en el hombro de Linea. Ella dejó de teclear para pasarme una mano por el pelo. —Todo saldrá bien. Su tranquila seguridad me reconfortó. —Eso espero. La Dra. Morris me recibió con una sonrisa que profundizó las arrugas alrededor de sus ojos. Parecía mayor en persona, pero no menos amable. —¿Cómo estás, Ava? Soy la Dra. Morris. ¿Puedes decirme qué te trae por aquí hoy? La Dra. Morris encajó la noticia de mi embarazo con total serenidad. Aparte de Linea, la doctora era la única persona a la que se lo había dicho. Yo había hiperventilado mientras mi vida pasaba ante mis ojos. Mi amiga, por el contrario, estaba encantada. Iba a ser tía. Ahora, relatar mi situación a una persona que la aceptaba con tanta calma me tranquilizó las entrañas. Sus ojos me decían que todo saldría bien. Y eso me reconfortaba. —Bien, Ava. Hiciste lo correcto al venir a verme. Haré algunas pruebas para asegurarme de que todo esté bien contigo y con el bebé. Sonreí, con los ojos cristalinos. —Gracias. Su actitud se suavizó aún más. —De nada. —Abrió mi expediente y leyó—: ¿Qué hay del padre del bebé? ¿Está presente? —No en este momento —dije con un nudo en la garganta. No perdió el ritmo. —¿Hay alguien en quien puedas confiar para que te apoye? —Linea, mi mejor amiga. —Tal vez sonó demasiado tajante, pero había sido mi pilar esta última semana. —Las buenas amigas son un tesoro. Es bueno que tengas una. Puedes pasar al laboratorio para tus pruebas ahora. Mis resultados llegaron rápido y me llamaron de nuevo a la sala de examen. —Hola. —Crucé la habitación para sentarme en la camilla de exploración, sintiéndome a gusto. —Hola, Ava. Acabo de recibir tus resultados del laboratorio. Asentí. —Todo está bien. El bebé está genial. Tú estás bien, salvo por un detalle. —¿Se refiere a un detalle menor? —Me reí entre dientes, mientras los nervios me anudaban el estómago. La Dra. Morris se permitió una pequeña sonrisa. —No tan menor. Tienes la presión arterial un poco alta. —¿Sí? —Me llevé la mano a la garganta. La doctora frunció el ceño. —Sí. Necesito que controles mejor el estrés. Es importante para ti y para el bebé. Tragué saliva. —Entiendo. —Más descanso. Más dormir. Tómate las cosas con calma y relájate. —Está bien. —Si estás preocupada, habla con Linea. O si es algo médico, llama a la clínica, ¿de acuerdo? Sonreí. —Gracias, doctora. Me devolvió la sonrisa. —Lo estás haciendo muy bien, Ava. Te darán algunas vitaminas y debes tomarlas según las recomendaciones para reforzar tu salud y la del bebé, ¿de acuerdo? Asentí. —Bien. Ya terminamos por aquí. El viento soplaba hojas por las calles en mi viaje de regreso a Hannibal. Por primera vez, desde que descubrí que estaba embarazada, me sentí en paz. Como si me dirigiera en la dirección correcta. Incluso si la dirección correcta estaba a un par de horas de Hannibal e incrementaba mi gasto de gasolina, seguía estando bien. El bebé estaba bien. Yo estaba bien. Podía con esto. Sonaba una emisora local y una canción pop llenaba el coche. Tatareé la melodía, sin pensar en nada en absoluto. Estaba tranquila. Me detuve junto a la acera, al lado de mi edificio. Se me escapó un pesado suspiro. Había sido una semana larga. Afortunadamente, el día de hoy había avanzado de forma positiva. No veía la hora de darme un buen baño caliente, desconectar y simplemente respirar. Por fin. Todo saldría bien. Subí las escaleras hacia mi apartamento. Justo al doblar la esquina, mis ojos se posaron en un cuerpo alto y esbelto apoyado contra la pared. Se enderezó en cuanto reanudé la subida. Alcancé el último escalón y mis ojos se encontraron con los de Liam. Llevaba traje, un atuendo completo con un reloj de plata. Tenía el pelo bien peinado, impecable como siempre. A pesar de su aspecto impecable, algo parecido a la preocupación bailaba en sus ojos. ¿Sabía algo? Tragando saliva, me obligué a avanzar. No podía ser. Había ido a una doctora a tres pueblos de distancia. —¿Qué haces aquí? —Soné precavida, incluso para mis propios oídos. —Vine a verte. —Eso es evidente. ¿Qué quieres? No se inmutó por mi tono. Si acaso, una ligera sonrisa rozó sus labios. —He estado pensando en ti. El corazón se me subió a la garganta. La doctora me había dicho que me relajara y descansara. Su voz cálida y ahumada, profunda y seductora, no invitaba al descanso. Exigía otras cosas que me acelerarían el pulso. Cosas que me harían temblar el corazón. Un calor abrasador me subió por los muslos. —¿Por... por qué estás pensando en mí? —He estado preocupado desde que saliste corriendo de mi consultorio el otro día. Ah. —¿Estás bien? —continuó, acercándose un paso. Sus ojos recorrieron mi rostro y mi cuerpo. Mis nervios se pusieron a flor de piel, deseando que sus manos reemplazaran a sus ojos. Sacudí la cabeza con firmeza. No, Ava, no vayas por ahí. —¿No estás bien? —Un ceño fruncido profundizó las líneas de su rostro. —No, no. Lo estoy. Solo estoy... —Con muchísimas ganas de ti. Tragué saliva. —Te lo contaré todo. —¿Todo? —Levantó las cejas. Asentí. No había mejor momento que el presente, ¿verdad? Y ahora sabía que el bebé estaba bien. Lo mejor era comunicarle a Liam que pronto sería papá. —Este... pasa. Podemos hablar. —Empecé a rodearlo hacia la puerta. Su aroma cálido me subió por las fosas nasales. Mis pulmones se expandieron, pidiendo más. Me obligué a avanzar e inserté la llave. Para cuando se enterara de todo, estaba segura de que otra ronda de sexo desenfrenado sería lo último en lo que pensaríamos. —De acuerdo. Un estremecimiento me recorrió el cuerpo al escuchar el sonido de su voz. Sí, necesitaba decírselo de inmediato, o me le lanzaría encima rogándole por una segunda ronda. Empujé la puerta y Liam me siguió al interior.EpílogoPHILLIPEl velero subía y bajaba al ritmo de las olas. Kate soltó un chillido detrás de mí y me rodeó la cintura con ambas manos. Me reí mientras maniobraba para alejarnos de las aguas turbulentas.Me encantaba escuchar su risa y aprovechaba cualquier oportunidad para provocar aquel sonido tan alegre. El barco recuperó un ritmo más estable y solté el timón para girarme y rodearle la cintura con los brazos.—¡Lo has hecho a propósito! —me acusó, aunque sus ojos me decían que lo había disfrutado tanto como yo.—No puedo evitarlo —respondí encogiéndome de hombros antes de besar una gota de agua en su mejilla—. Me encanta cuando una mujer hermosa se aferra a mí.—Phillip...Sus párpados aletearon y un bonito rubor cubrió sus mejillas.Habían pasado más de dos años desde que le había dicho por primera vez a Kate que la amaba. Sin embargo, cada vez que la miraba, mi amor por ella parecía crecer dentro de mi pecho. Tanto que, a veces, me costaba respirar.—Lo sé.Bajó la cabeza.Al d
Capítulo 24 KATE Oh, sí. —Phillip... —gemí contra sus labios. Acunó mis pechos entre sus manos, haciendo rodar mis pezones entre las yemas de los dedos, retorciéndolos y pellizcándolos. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Pero, más allá de las sensaciones que despertaba en mí, mi corazón se elevó de felicidad. ¡Él no me había abandonado! ¡Todo había sido un malentendido durante todos estos años! Una risa alegre escapó de mis labios. Phillip se apartó un poco y me contempló con sus ojos grises, como si me estuviera viendo por primera vez. Entonces sonrió. Mi corazón se hizo cinco veces más grande por él. —¿Qué? —susurré, incapaz de contener la sonrisa que apareció en mi rostro. —Eres hermosa —respondió justo antes de volver a apoderarse de mi boca. La euforia me envolvió. Este era el Phillip que conocía. El hombre que nunca se contenía y jamás dudaba. Tenía sus momentos de silencio, pero cuando finalmente se rompía la presa, yo siempre estaba encantada de dejarme llevar por l
Capítulo 23 PHILLIP Pasé la fregona por el suelo de la cocina mientras Kate recogía los pedazos rotos de las cosas que Ben y yo habíamos lanzado durante nuestra pelea. Tenía el rostro tenso y una expresión severa, y ni siquiera mis insistentes intentos por convencerla de que me dejara limpiar todo mientras ella descansaba consiguieron detenerla. Cada vez que arrojaba un trozo de cristal a la basura, me estremecía. Yo había provocado aquello. Pero Kate insistía en que era culpa suya que Ben hubiera aparecido allí y, además, me agradecía que la hubiera defendido. Una manera bastante positiva de describir el hecho de que hubiera destrozado su casa. —Eso es todo. Se sacudió las manos y se las apoyó en la cintura. —¿Cómo va eso? —preguntó, señalando la fregona. Mi mirada cayó sobre su vientre redondeado. Había crecido durante las últimas semanas, y una estúpida sensación de orgullo se apoderó de mi pecho. —Bastante bien. Ya casi termino. Se pasó una mano por la frente y ató la bol
Capítulo 22KATEEl tráfico disminuyó cuando giré hacia la carretera que conducía a casa. Inspiré profundamente y luego solté el aire, intentando calmar mis nervios. Esperaba que Phillip no estuviera enfadado conmigo por mi reacción del día anterior. Yo seguía molesta con él, pero era posible que simplemente se hubiera expresado mal, y yo había salido huyendo sin darle la oportunidad de explicarse. ¿Por qué Layla tenía que ser tan razonable? Y malditas fueran mis hormonas por empeorar algo que podría haberse resuelto fácilmente con una simple conversación. Pero mis emociones estaban fuera de control, y tendría que aprender a convivir con eso durante un tiempo más.Me llevé una mano al vientre y lo acaricié suavemente.—Espero que pueda arreglar las cosas con tu papá.El pensamiento me llenó de calidez. Iba a tener un hijo con Phillip.Conteniendo la sonrisa, me acerqué a la casa. Ya había ensayado lo que iba a decirle y, con un poco de suerte, antes del mediodía habríamos vuelto a est
Capítulo 21PHILLIPDesperté con demasiado sol dándome de lleno en la cara. Me cubrí los ojos con un brazo, me incliné hacia el otro lado de la cama y estiré la mano en busca de Kate.Mi palma encontró las sábanas intactas.De inmediato, los acontecimientos del día anterior regresaron a mi mente, como un peso aplastándome el pecho.Gemí, me sujeté la cabeza y me masajeé las sienes. Me palpitaba el cráneo, prueba evidente de lo poco que había conseguido dormir aquella noche.Por suerte, era sábado y no tenía ninguna obligación de presentarme en el trabajo. Solo iba los fines de semana si me apetecía. Y aquel día haría cualquier cosa por evitar que el dolor empeorara, especialmente tener que soportar aquellos ruidos ensordecedores.Aparté las sábanas, me senté en el borde de la cama y volví a sujetarme la cabeza.Me había pasado toda la noche pensando en cómo se las arreglaría Kate si algo sucedía y yo no estaba allí para ayudarla.¿Y si se ponía de parto?Era muy poco probable, teniend
Capítulo 20KATEAparté la diminuta sombrilla roja de mi copa y di un sorbo. El líquido frío me bajó por la garganta y dejé escapar un suspiro involuntario. Podría beber muchos más de aquellos dulces cócteles sin alcohol, pero la noche sería larga y no quería tener que ir al baño cien veces.Dejé la copa sobre un taburete y me recosté en la tumbona, contemplando el cielo nocturno. Un millón de estrellas salpicaban la oscuridad. Me habría parecido hermoso si fuera capaz de sentir algo más que aquel vacío.Me rodeé el vientre con las manos, buscando consuelo en la vida que crecía dentro de mí. Podía sentirme sola, pero siempre tendría a mi bebé.En cuanto vi que Phillip me estaba llamando, apagué el teléfono. Sabía que vendría si no le hubiera dicho que no lo hiciera.Una pequeña parte de mí esperaba que apareciera de todos modos, a pesar de que le había pedido lo contrario. Supongo que respetaba mis deseos demasiado bien.Un dolor agudo me atravesó el corazón.Lo echaba de menos.Echab







