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Capítulo 4. Plan en marcha.

Autor: Isabella
last update Fecha de publicación: 2025-04-17 15:34:02

Capítulo 4.

El Plan en Marcha.

El aire en la suite se vuelve denso, cargado con una urgencia eléctrica. Gildris se siente como un espécimen bajo el microscopio, un objeto inanimado sobre el cual un ejército de extraños vuelca su destreza. No hay espacio para el pudor; manos ajenas se mueven con eficiencia mecánica, ayudándola a desvestirse hasta quedar expuesta. Se siente como un experimento de laboratorio, una crisálida forzada a romperse antes de tiempo.

La preparan para un baño que dista mucho de ser relajante. El agua está saturada de elixires y productos químicos que prometen devolverle a su piel el brillo que la precariedad le arrebató. La frotan con una intensidad casi violenta, usando cremas granuladas que exfolian su dermis para una hidratación profunda. Después, la trasladan a una camilla donde el dolor se vuelve protagonista: la depilación con cera arranca de raíz cada rastro de su vida anterior, un proceso punzante que ella resiste apretando los dientes, negándose a darle a Brittney la satisfacción de verla flaquear.

Regresa a la bañera por veinte minutos más de inmersión en aceites perfumados. Mientras tanto, el equipo se divide las tareas con una precisión militar. Dos chicas se encargan de sus manos y pies, realizando una manicura y pedicura por primera vez en su vida. Siente el roce de las limas y el frío del esmalte, mientras el estilista, Valentino, trabaja en su rostro: perfila sus cejas, hidrata sus labios y aplica capas de maquillaje que van ocultando a la Gildris cansada para dar paso a una versión resplandeciente. Su cabello, sometido a un tratamiento de choque, es teñido de un negro absoluto, profundo como la medianoche, seguido de mascarillas que intentan domar su rebeldía natural.

—¡Por Dios! Ese cabello estaba fatal. Se han ganado treinta minutos extra solo por el esfuerzo —exclama Brittney desde el sofá, observando la escena con una mezcla de arrogancia y asco—. Qué descuidada estás, Gildris. Mira esas manos: callosas, maltratadas... es una locura que no tengas ni la marca del sol del bikini.

—Trabajo en una floristería, Brittney —responde Gildris, con la voz ahogada por una mascarilla facial—. Limpio, cargo cajas y cultivo. No paso el día pegada a un celular o de compras como tú.

—Bueno, no son más que excusas. No puedes abandonarte así. Con razón no tienes novio; nadie querría cargar con esto.

—No tengo novio porque no tengo tiempo para perderlo, no porque me falten pretendientes que me quieran tal como soy —replica Gildris, sintiendo una punzada de orgullo herido.

Brittney suelta una carcajada estridente, carente de cualquier rastro de sororidad.

—¿De verdad? ¿Quién podría quererte con todo ese vello que tenías allí abajo? Parecías el hombre lobo. Y esas piernas... por favor. Debes reconocer que te estoy haciendo un favor estético. Quizás con este cambio alguien te mire de verdad.

Se acerca a ella, rodeando la camilla como un depredador. Toca una de las puntas del cabello de su prima con la punta de los dedos.

—¿Qué onda con estos nudos? Naciste con la pesadilla de tener el cabello ondulado como tu padre, y aun así no lo cuidas. Es un insulto a nuestra genética.

—¡Ya basta! —Gildris se incorpora ligeramente, sus ojos miel centelleando de furia—. No menciones a ese hombre y mucho menos me compares con él. Si dices una palabra más, me largo ahora mismo y puedes ver cómo resuelves tu maldito viaje tú sola.

El silencio cae sobre la suite. Brittney retrocede un paso, sorprendida por el fuego en la voz de su prima. Gildris arde de vergüenza; sabe que Brittney tiene razón en algo: su ropa interior es vieja, su ropa tiene años y la humildad de su existencia queda expuesta bajo las luces potentes del hotel. Es abrumador ver cómo las empleadas callan, conteniendo sus comentarios ante la desnudez de su pobreza.

—Lo importante es que tiene un cabello abundante, mi señora —interviene Valentino, rompiendo la tensión con tacto profesional—. Es extraordinariamente largo, sobrepasa las caderas. Eso nos permite cortarlo y alisarlo sin necesidad de usar extensiones. Es una ventaja enorme; tiene incluso más volumen que el de usted, señora Cooper.

—Cuida tus palabras, Valentino, o reconsideraré tus servicios para la próxima temporada —gruñe Brittney, su rostro contrayéndose ante el elogio involuntario hacia su prima.

Incluso en su estado más vulnerable, la belleza natural de Gildris es indiscutible. Posee un cuerpo más formado y curvas más pronunciadas que las de Brittney; sus senos son firmes y su trasero es el resultado de años de trabajo físico, no de cirugías. Es una joya oculta bajo capas de descuido.

—No quise ofenderla, señora —se disculpa Valentino con rapidez—. Solo señalo que la base es perfecta. No necesita pestañas postizas, las suyas son densas, y su piel, una vez hidratada, es de porcelana. Para igualarla a usted no necesitamos artificios, eso es bueno para el tiempo que tenemos.

Brittney observa a su prima con una envidia que rebrota en su pecho. Le molesta notar que Gildris resalta sin esfuerzo, mientras ella depende de extensiones y retoques constantes. Sin embargo, una sonrisa amarga cruza su rostro al recordar un detalle: su prima es tan ingenua que ni siquiera ha tenido su "primera vez". Se burla internamente de esa pureza mientras la ve transformarse.

La Metamorfosis

Tras dos horas y media de una labor extenuante, el milagro se consuma. Tras un corte de precisión y un alisado profesional que deja su melena como una cascada de obsidiana, Gildris se pone de pie. Se viste con la lencería de seda fina que su prima compró para ella y el conjunto de diseñador que Brittney ha seleccionado. Al mirarse al espejo, el impacto le roba el aliento.

Gildris Scanfort ha desaparecido. En su lugar, una versión despampanante y mejorada de Brittney Cooper le devuelve la mirada. La semejanza es absoluta; ni siquiera alguien con una lupa podría distinguir la diferencia en la superficie.

—Maravillosa. Increíble. Es una obra de arte —afirma Valentino, limpiándose el sudor de la frente, satisfecho por haber terminado diez minutos antes de lo previsto.

—Buen trabajo. Se merecen su pago —dice Brittney con desdén, firmando un cheque por una cifra astronómica. Gildris observa el trazo: es la misma firma que ella misma le enseñó a falsificar en la universidad. Nada ha cambiado.

—Muchas gracias, señora. Y mucha suerte —se despide el estilista.

—Ya sabes, Valentino —advierte Brittney con voz gélida antes de que salgan—. Firmaste un acuerdo de confidencialidad. Si una sola palabra de esto sale de tu boca, me encargaré de que no vuelvas a tocar un peine en este país.

—Entendido, señora. Gildris no existe para mí. Yo no he visto nada.

Cuando la puerta se cierra, las dos mujeres se quedan solas frente a frente. El silencio es denso, cargado de una complicidad peligrosa.

—Ahora sí, solo estamos tú y yo —dice Brittney, su voz volviéndose práctica—. Es hora de la segunda fase.

—Dime quién es él —exige Gildris, tratando de acostumbrarse al peso de los tacones—. Dame toda la información. No puedo entrar ahí a ciegas.

—Mi esposo se llama Bastián Lauder. Tiene treinta años. Toda la información que necesitas está en este archivo —dice, entregándole una carpeta de cuero negra—. Familiares, empleados, amistades cercanas, enemigos… todo está ahí con fotografías. También te compré un celular idéntico al mío. Tiene uno de mis chips secundarios; si no me localizan en el principal, llamarán a ese, así que piénsalo dos veces antes de hablar. Para comunicarnos entre nosotras, usaremos tu número de siempre.

Brittney le entrega un bolso Chanel de una colección exclusiva.

—Aquí está mi identidad, mi pasaporte y mi anillo de matrimonio. —Gildris se desliza la joya en el dedo; le queda un poco ajustada, un recordatorio físico de que esta vida no le pertenece.

—¿Qué excusa daré por mi ausencia de estos días?

—Salí de casa con un bolso pequeño y una muda, fingiendo que iba a visitar a mi amiga Charly, que supuestamente estaba enferma. Debo volver para la cena de esta noche. Tienes exactamente seis horas y veintitrés minutos para memorizar cada detalle de ese archivo. Mi chófer te llevará al aeropuerto; tu vuelo sale en media hora. Buena suerte, Gildris. Nos vemos en unas semanas. Hazlo bien y tendrás el resto del dinero.

—Disfruta tus "vacaciones", Brittney —responde Gildris con amargura—. Te llamaré si el mundo se incendia.

—Asegúrate de que no te descubran. Eso es lo único que importa.

Gildris sale de la suite con el corazón galopando contra sus costillas. Al verla marchar, Brittney aguarda unos segundos, exhala un suspiro de triunfo y saca un segundo teléfono de un compartimento oculto de su maleta. Marca un número con rapidez.

—Ahí va ella —dice Brittney al otro lado de la línea, con una voz que ha perdido toda la calidez—. Ya sabes qué hacer. No me falles si quieres ver tu recompensa.

—No se preocupe, señora —responde una voz masculina, grave y cargada de una amenaza implícita—. Todo está bajo control. Déjelo en mis manos.

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Comentarios (14)
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Paula Almonacid
será una trampa?????
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hebracor
listo y ahora !! supongo q se comunico con alguien dentro de la mansión pero cual es el plan ahora??? no me falles??? q será o en q lío se metió gil???
goodnovel comment avatar
hebracor
primera parte del plan terminado!! ahora gil pasa a ser britt 2 jejejeje
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