Compartir

INTENTO DE HUIDA

Autor: Giss Vargas
last update Fecha de publicación: 2021-04-22 11:44:23

Lilibeth

Despierto en una habitación que no reconozco, me duele mucho la cabeza y el rayo de luz que entra por la enorme ventana me lastima demasiado y no logro enfocar bien. Dirijo mi vista de un lado a otro y no puedo recordar cómo llegué hasta aquí, solo recuerdo que salí corriendo, dejando atrás a todos esos hombres cuando alguien cubrió mi rostro con un paño húmedo y de ahí ya no recuerdo más.

Me levanto rápido y me dirijo a la puerta, la cual está abierta. Salgo, pero no encuentro a nadie. Esto me provoca miedo, ¿quién puede secuestrar a alguien para luego dejarlo deambular por ahí?

Bajo las escaleras y veo frente a mí una puerta enorme de madera, salgo corriendo y me paro en seco cuando veo en el jardín como veinte hombres todos armados, pero como no me detienen trato de correr hacia la salida principal cuando escucho que gritan mi nombre en un acento raro, me giro rápidamente y veo al mismo hombre de ayer.

—Lili…beth.

—Lo siento, pero debo irme; mis padres deben de estar muy preocupados —miento esperando que no se dé cuenta de cómo me falla la voz—. Espero que el bebé esté bien. —No espero a que diga algo más y sigo mi camino corriendo. Cuando consigo llegar a la reja, suelto un suspiro de alivio. Lo bueno es que nadie me persigue, por lo que decido girar a la derecha y corro aún más rápido.

No he corrido ni cuatro metros cuando frente a mi sale este hombre rodeado de todos sus hombres apuntándome con sus armas. Volteo y veo que me han cerrado el otro lado, igual con una cantidad infinita de hombres que me sería imposible escapar de ellos, sin darme cuenta lo tengo frente a mí y me carga sobre su hombro como si fuese un costal de papas y mis cincuenta y cinco kilos no fuesen nada para él.

—¡Bájame maldito infeliz! ¿Quién te crees que eres? —pataleo tan fuerte como puedo y golpeo su musculosa espalda con mis pequeños puños; volvemos a entrar a su propiedad y escucho cómo cierran esa reja que me separa de mi libertad.

»¡Eres un canalla! ¿Cómo te atreves a secuestrarme?, ¡Te exijo que me bajes! —grito y le doy un golpe a la altura de sus riñones; siento cómo se le escapa el aire y enseguida siento cómo me da un fuerte golpe en el trasero, haciendo que me arda de dolor.

—Dice mi jefe que deje de golpearlo o cada golpe que usted le dé, él se lo regresará como hace un momento —responde uno de sus hombres y creo suponer que se trata del mismo que hacía de intérprete el día anterior.

—A mí nadie me amenaza. —Y vuelvo a arremeter con mis golpes a lo que él, enseguida, me da otros dos golpes en mi trasero haciendo que se me salga una pequeña lágrima de dolor, pero sobre todo de coraje. Cuando dejo de golpearlo, entramos a la habitación que abandoné hace un momento y me avienta sobre la cama. Rápidamente me alejo de él y me pego a la pared mientras que él me ignora y sale de la habitación, no sin antes lanzarme una mirada gélida y cerrar la puerta con llave.

Me acerco y trato de abrir la puerta sin éxito. Comienzo por gritar, pero nadie me abre. Las lágrimas amenazan con volver a salir y duro tanto tiempo llorando que no me doy cuenta y caigo rendida por el cansancio.

Cuando despierto estoy sobre la cama y ya es bastante tarde, pero lo que en verdad me despertó fueron unas manitas tocando mi cara y cuando veo al dueño de ese cuerpecito, me doy cuenta de que es el bebé de ayer. Él me sonríe y eso hace que mi corazón se alegre un poco al verlo mejor que ayer, mientras lo abrazo le doy unos besos en su carita lo cual lo hace reír aún más fuerte y pegarse más a mí.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Una madre para mi hijo   EPÍLOGO

    Nuevamente me encuentro en el cementerio, un lugar ya tan recurrente para mí, que mi pecho se oprime ante la pérdida que estoy afrontando en este momento. Bajo la mirada y observo la rosa blanca que sostengo en mi mano, mientras siento como una lágrima traicionera escapa de mi ojo. Con la misma mano que sostengo la rosa me apresuro a limpiarla, dado que sé que a la persona que ahora despido no le gustaría verme en ese estado.Después de cinco largo años, Giuseppe Lombardi, se despidió de nosotros para reencontrarse con su hijo, a quien ha añorado después de todos estos años y si no fuese porqué mi madre se convirtió como en una hija para él, la tristeza que se decía lo embargaba, hubiese acabado con él antes de tiempo.Observo a mi alrededor y tanto mi madre como mis hermanas están destrozadas ante su pérdida, pero sé que también se encuentran tranquilas de haber estado para con él en sus últimos días de vida. A mi lado, tomándome de la mano —como siempre lo ha hecho hasta ahora— se en

  • Una madre para mi hijo   CULPAS DEL PASADO

    Bajamos por el ascensor tan rápido como podemos y cuando llegamos al estacionamiento, me encamino —sin perder tiempo— a una de las camionetas que aún permanecen aquí.—No tardaremos en llegar. Está a unos treinta minutos de aquí —les informo subiendo a la camioneta y abrochando mi cinturón para después pisar a fondo el acelerador.El camino hasta mi antiguo hogar se pasa en un parpadeo y cuando llegamos al lugar, veo que solo unas cuantas paredes han permanecido en pie a lo largo de todos estos años. Apago el motor y tomo una de las armas que se encuentra debajo del asiento.—Quiero que permanezcan aquí hasta que llegue Bellini y Flavio.—No lo haremos, dijimos que te acompañaríamos y eso haremos —me contradice Yasha con los dientes apretados.—De ninguna manera. Se quedarán aquí hasta que el resto de mis hombres llegue.Bajo sin darles tiempo a replicar, traspaso las rejas que se encuentran abiertas y no he dado ni dos pasos cuando unos hombres se paran frente a mí. Disparo mi arma, p

  • Una madre para mi hijo   MI FUTURA ESPOSA

    YelizavetaPoco a poco abro mis ojos y me siento un poco desorientada sin saber dónde me encuentro. Sacudo mi cabeza y cuando logro enfocar mi mirada, observo todo a mi alrededor, dándome cuenta de que estoy como en una especie de bodega abandonada, pero por extraño que parezca estoy sola o al menos eso creo.Todo es tan confuso que cada que intento recordar que ocurrió me duele un poco la cabeza. Cuando por fin a mi mente llegan pequeñas escenas de lo que sucedió esta mañana, un escalofrío me recorre por completo. Todas esas camionetas cerrándonos el paso, los hombres de papá intentando protegerme, así como los del bombón que venían detrás de nosotros y aquella chica, gritando mi nombre antes de recibir ese golpe y perder el conocimiento.Intento tocarme la cabeza que fue donde recibí el fuerte golpe que me dejó inconsciente, pero me doy cuenta de que estoy amarrada a una silla. Cuando estoy por moverla, escucho unas voces desconocidas.—La golpearon muy fuerte —grita un hombre seguid

  • Una madre para mi hijo   ¿DÓNDE ESTÁ YELIZAVETA?

    Alexandre —Jefe, aquí afuera se encuentra el señor Belucci quien insiste en hablar con usted —me informa uno de mis hombres. Dejo los documentos que estoy leyendo, un tanto confundido por la visita del padre de Liza.—Déjalo pasar, por favor. —Mi hombre se hace a un lado y veo entrar al señor Belucci bastante molesto. Mira de un lado al otro como si estuviese buscando a alguien, hasta que finalmente centra su mirada en mí.—¿Dónde está Yelizaveta? —inquiere molesto.—Lo siento suegro, pero Liza y yo no quedamos en vernos. No la he visto desde hace días.—E-eso no puede ser posible. Ella me comentó que vendría a verte y salió al medio día de casa y es hora en que no ha regresado. —Observo la hora en mi computador y me doy cuenta de que pasa de la medianoche, por lo que tiene más de doce horas desaparecida. Me levanto de golpe de mi asiento y tomo mi celular e intento comunicarme con ella—. No contesta, lo hemos intentado desde hace horas —expresa con un ligero temblor en su voz.—¿Por

  • Una madre para mi hijo   ADVERTENCIA

    Alexandre —Desde hace varios días actúas un poco extraño. ¿Qué te preocupa, Alexandre? —inquiere Flavio en cuanto se percata de mi semblante.Giro mi silla, lanzo un hondo suspiro y observo toda Liguria en un intento por liberar mi mente de tantos problemas. Después de una pequeña pausa decido hablar.—Hace días alguien explotó un barco del padre de Liza. Al parecer tenían un cargamento muy valioso que estaba por salir a Rusia. Esto supuso una gran pérdida tanto para mi suegro como para su socio.—¿Y eso en que te afecta? —inquiere Bellini—. ¿No me digas que el muy desgraciado se atrevió a culparte? —brama furioso.Sin poder evitarlo comienzo a reír. Cuando giro mi silla nuevamente para quedar de frente a ellos niego con la cabeza.—¿Por qué no me sorprende que pienses eso de mi suegro?—Será porque el muy imbécil es capaz de eso y más —se defiende Bellini fulminándome con la mirada.—Solo porque no está Liza te daré la razón, pero frente a ella nunca lo haré, así que ya sabes Bellin

  • Una madre para mi hijo   ESTRELLAS

    Yelizaveta En cuanto subimos a la camioneta del bombón para dirigirnos a su mansión, escucho como sus padres comienzan a discutir en voz baja con la intención de pasar desapercibidos.—Se puede saber, ¿por qué no interviniste, Massimo? —inquiere la señora Lilibeth y por la forma en la que habla, me doy cuenta de que está un poco molesta con su marido.—Fierecilla, tú lo estabas haciendo de maravilla. No me necesitaste en ningún momento, además, me encanta verte en ese modo de mamá gallina —responde el señor Massimo, dándole un pequeño beso en los labios, de inmediato giro mi rostro para que no piensen que estoy de entrometida, pero aun así continúo escuchando su plática.—No me gusta la forma en que se dirige a Alex —expresa bajando un poco más su voz.—Lo sé, fierecilla, pero Alex lo aceptó en todo momento y no le dijo nada. ¿Qué podemos hacer nosotros? Nada.—No es tu culpa, cariño —murmura el bombón enredando su brazo en mi cintura. Al parecer no soy la única que los escuchó discut

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status