LOGINMarcelo Mis ojos brillaron al contemplar el gran diamante del anillo que había elegido para Valeria. Por fin, después de tanto tiempo, estaba listo para pedirle que fuera mi esposa. Nuestro hijo estaba a punto de nacer y, en los últimos días, el hogar se había llenado de paz, armonía y, sobre todo, de un amor inmenso.Confieso que Valeria todavía tiene pesadillas. Aún carga con el peso de lo vivido a causa de mi madre, y me parte el alma tener que abrazarla mientras llora, intentando calmar su angustia. Me duele verla así, tan frágil a veces, pero empezó un proceso terapéutico con una excelente psiquiatra, y confío en que, poco a poco, logrará salir del vacío emocional que a veces la atrapa.Mi madre fue finalmente internada en un hospital psiquiátrico. Su mente colapsó por completo y fue diagnosticada con esquizofrenia. A veces la visito, aunque no tiene sentido: ya no me reconoce, y verla así, perdida y desconectada, es profundamente doloroso.Por otro lado, mis negocios han prospe
Valeria No tengo idea de cuántos días han pasado desde que logré salir de aquel lugar oscuro en el que mi suegra me tenía retenida. Pero si hay algo verdaderamente maravilloso en este mundo, es saber que Marcelo ha estado a mi lado todo este tiempo. Ya me siento mucho mejor, y al menos ahora puedo valerme por mí misma. Puedo caminar, algo que antes me resultaba imposible sin ayuda.Acaricié mi vientre, notablemente abultado, y una sonrisa se dibujó en mi rostro. Cuando llegué al hospital no imaginaba en lo más mínimo la sorpresa que llevaba dentro de mí: estaba embarazada de nuevo. ¡Una locura total! Pero simplemente sucedió, tal vez por un descuido... después de todo, Marcelo y yo hacíamos el amor todos los días sin protección. ¿Qué esperaba? ¿Una lavadora?Reuní mis pocas pertenencias, recogí mi cabello en una coleta y suspiré profundamente. Estaba lista para volver a casa con mis dos grandes amores. Marcelo era, sin duda, el amor de mi vida. No podría pedirle al cielo un mejor com
Los días transcurrían con una lentitud desesperante. Mi vida se dividía entre las visitas al hospital y las diligencias en la estación de policía.Mi madre, a pesar de haber resultado gravemente herida, sobrevivió. Fue procesada y enviada a prisión por secuestro, intento de homicidio y varios cargos más. Mi abogado se encargó de todo; yo ya no tenía energía para enfrentarla. El dolor que me había causado era suficiente, y lo último que quería era que siguiera interfiriendo en mi vida.Estaba por salir de casa cuando mi teléfono sonó. El número era desconocido.—¿Hola?—¿El señor Marcelo Ventura?—Sí, soy yo. ¿Quién habla? —respondí, desconcertado.—Le llamamos del hospital donde está ingresada la señora Samantha Sean. Usted es el único contacto familiar que figura en nuestro sistema. ¿Podría acercarse, por favor?Guardé silencio unos segundos. No sabía si quería volver a enfrentar a Samantha. No después de todo lo que había pasado.—¿Acercarme? ¿Para qué?—Señor, la paciente ha sido d
Marcelo Una sombra estaba al final del ático. El corazón se me quería salir del pecho, y una lágrima solitaria rodó por mi mejilla al darme cuenta de que ese pequeño bulto tirado en el suelo frío era mi Valeria.Me acerqué a ella con pasos temblorosos, como si todo a mi alrededor fuera una pesadilla distorsionada. Quise morir cuando la toqué. No estaba fría, como se suponía… aún estaba tibia. El alma se me paralizó cuando acerqué mi rostro al suyo y sentí, apenas, ese suspiro de vida. Respiraba. Con dificultad, pero lo hacía.La levanté en mis brazos sin pensarlo, temiendo quebrarla con el más mínimo movimiento. Alcé su cuerpo con todo el cuidado del mundo y descendí hasta la entrada del ático. Todo se volvió borroso, el aire denso, mis oídos zumbaban como si el tiempo hubiera dejado de existir.—Marcelo, ten cuidado. ¡Déjame ayudarte! —la voz de Edward me llegó como un eco lejano. Estaba en shock. ¿En qué momento mi pobre mujer terminó allí arriba, sola, abandonada?La apreté contra
PUNTO DE VISTA MARCELOMe acerqué a Rudy con pasos decididos, la tomé por los brazos y la miré con una furia que nunca antes había sentido. Le apreté con fuerza, tanta que mis propias manos temblaban. Jamás había querido hacerle daño a nadie, y mucho menos a una mujer, pero ella… ella me estaba sacando de mis casillas.—¡Me estás lastimando! —chilló Rudy, intentando liberarse de mi agarre.—Si no me dices dónde está Valeria, te juro que… —la miré con una rabia contenida, desafiándola.—¿Me juras qué, Marcelo? ¿Que vas a matarme y acabar en la cárcel? ¡Eres un idiota! —espetó mientras se zafaba bruscamente.Por más brutal que fuera, tenía razón. Si perdía el control y la lastimaba, el único que saldría perjudicado sería yo. Iría preso como un criminal, y yo no era eso. Respiré profundo, tratando de recuperar la compostura, y volví a mirarla con más frialdad que ira.—¿Qué es lo que quieres, Rudy? ¿Dinero? Dime cuánto. ¿Cuánto quieres por decirme dónde está ella?—Ahora sí estamos habla
Marcelo Mi madre seguía apuntándome como si fuera su peor enemigo. Su mirada estaba cargada de odio y rencor, y eso me hería profundamente.—Madre, perdóname si alguna vez te hice daño. Te juro que nunca fue mi intención —le dije con la esperanza de calmarla,0020pero su furia era tan intensa que mis palabras parecían no tener ningún efecto.—¡No me mientas, Marcelo! Eres un idiota. Mi reputación está por los suelos por tu culpa. Solo has sabido involucrarte con mujeres inútiles que no valen nada. Mira lo que pasó con Samantha, y ahora con Valeria.—Ya te pedí perdón, mamá. Lamento todo lo que te haya causado. Pero si crees que tienes derecho a quitarme la vida como lo hiciste con mi padre, sin piedad, y supongo que también con Valeria... entonces hazlo. Solo asegúrate de una cosa: vas a pagar por todo. Lo sé. —Hablaba con resignación, porque en el fondo sabía que ya no había vuelta atrás.—Tus palabras no significan nada, Marcelo. No eres más que un mentiroso. —Mi madre estaba a punt







