INICIAR SESIÓNPov NikolajEstaba completamente entregado a su pezón, succionando fuerte y lamiéndolo con la lengua cuando sentí algo tibio y líquido salir contra mi boca. Me separé de golpe.—¿Qué carajos? —solté, mirando hacia abajo.Alina bajó la vista y susurró, avergonzada:—Qué mierda…Levanté la mirada hacia su cara y sonreí de lado.—Bueno, esposa… creo que la comida de mis hijos decidió salir antes.Ella abrió la boca para decir algo, la voz temblorosa:—Dios, qué vergüenza, yo…No la dejé terminar. Volví a llevarme su pecho a la boca y succioné de nuevo, esta vez a propósito. La leche clara y tibia salió directo sobre mi lengua. La saboreé, chupando con más hambre, tragando mientras seguía lamiendo y mordisqueando el pezón hinchado.—Espera… —gimió ella, la voz rota.Yo solté un gemido bajo contra su piel, sin soltarla, y seguí bebiendo.—¿No te da asco? —preguntó, casi sin aliento.Me separé apenas lo suficiente para contestar, la boca todavía húmeda, y volví a succionar de inmediato.—¿A
Pov AlinnaEl día pasó rápido entre risas y chismes con María, rompiendo el tedio del encierro. Pero entrada la noche, la puerta se abrió de golpe: Nikolaj entró, haciendo que María huyera en silencio con la cabeza gacha.—Me dijo mi madre que sacaste a mi cocinera favorita —soltó él, desabrochándose la camisa.—Ahora es mi compañera —repliqué.Se quitó la ropa y se metió a la cama junto a mí, mirándome con frialdad.—Si eso te tranquiliza, bien, pero no quiero juegos.—lPuedes confiar en mí —le aseguré.Nikolaj esbozó una sonrisa cínica y me sostuvo la mirada:—Es muy tarde para eso. No confío ni una mierda en ti, señora Romanov.Lo miré fijamente, sosteniendo su desconfianza sin apartar los ojos de los suyos.—Lo sé —le reté en un susurro firme—. Pero no me voy a disculpar por algo que hice para protegerme.Nikolaj exhaló una risa seca, negando levemente con la cabeza.—Nadie te está pidiendo que te disculpes.Se inclinó lentamente hacia mí, acortando la distancia que nos separaba,
Pov AlinnaEl aislamiento dentro de las cuatro paredes de la habitación se convirtió en una condena exasperante.Habían pasado dos días enteros desde la noche del ataque, dos jornadas donde el silencio de la finca solo era interrumpido por las bandejas de comida que la enfermera dejaba con pinzas y las órdenes tajantes de que no tenía permitido levantarme de la cama bajo ningún concepto.Nikolaj ni siquiera había vuelto a pisar la alcoba.Las obligaciones de su mundo, la cacería del traidor y el blindaje absoluto de la finca lo mantenían atado a la planta baja, recordándome con cada hora de ausencia que yo no era más que una pieza bajo llave en su tablero.Apreté las sábanas con rabia contenida, sintiendo los músculos de la espalda rígidos y el cuerpo adormecido por la inactividad forzada. Odiaba el colchón, odiaba la sentencia del médico y, sobre todo, me consumía la impotencia de depender de sus reglas.Esa tarde, cuando el crujido de la cerradura resonó en la alcoba, el corazón me
PoV NikolajMi madre se quedó mirándome en silencio por un largo momento, con los ojos clavados en los míos, evaluando cada fibra de mi compostura antes de dejar escapar una risa corta, cínica y sin una pizca de gracia.—¿Y piensas tratarla como tal? —preguntó, cruzándose de brazos con una elegancia gélida.Fruncí el ceño, sintiendo la irritación picándome en la nuca.—¿A qué te refieres?Ella dio un paso al frente, con la mirada afilada como un cuchillo dispuesta a cortarme las defensas.—Ella carga con mis nietos y por eso es intocable ahora. Pero cuando nazcan, solo será la mujer que te abandonó llevándose nuestra sangre y desafiándote en tu propia cara. Así que te pregunto... cuando nazcan tus hijos, ¿ella seguirá siendo tu esposa o habrá consecuencias por lo que te hizo?Me quedé con los ojos fijos en los suyos, dejando que el peso de su pregunta flotara en el aire viciado del despacho. La tensión entre ambos era tan densa que parecía masticable.Apreté la mandíbula con tanta fue
NikolajEl despacho era un desastre absoluto. Había volcado el escritorio de roble de un solo manotazo, desparramando carpetas, computadoras y ceniceros por todo el suelo de parqué mientras la rabia me quemaba por dentro.El eco de los disparos de hacía unas horas seguía zumbándome en los oídos, pero lo que de verdad me reventaba la cabeza era el hecho de que hubieran logrado burlar los perímetros de la mansión. Se habían metido en mi territorio.Habían estado a centímetros de tocar lo que era mío.La puerta del estudio se abrió de golpe sin previo aviso. Mi madre cruzó el umbral con el paso firme y el rostro contraído por la furia, enfundada en su elegancia habitual pero con los ojos destilando veneno.—¿Cómo se supone que pasó esto, Nikolaj? —exigió saber, su voz cortante rebotando contra las paredes oscuras de la habitación—. Me dijiste personalmente que ella estaba a salvo en esa maldita casa, que los accesos estaban blindados.Me pasé las manos temblorosas por el cabello, sintien
Pov AlinnaEl primer disparo sonó como un trueno seco en la planta baja. Me desperté de golpe, el corazón golpeándome tan fuerte contra las costillas que dolía.Otro. Y otro. Voces gritadas, cristales rotos. El caos subía por las escaleras a toda velocidad.No pensé. Solo reaccioné. Salí de la cama con las piernas temblando y me metí al baño a oscuras, cerrando la puerta lo más silenciosamente que pude.Me hice un ovillo detrás de ella, las rodillas pegadas al pecho y las dos manos cubriendo el vientre como si con eso pudiera esconderlo del mundo.Los bebés.Solo pensaba en los bebes. Respiraba por la boca para no hacer ruido, pero el aire no me entraba bien.La puerta del baño explotó hacia adentro.Una mano enguantada me agarró del pelo y tiró con una fuerza brutal. El dolor me arrancó un grito.Me arrastró por el suelo del dormitorio, mis pies resbalando, las uñas arañando la alfombra mientras intentaba protegerme el abdomen con el otro brazo. Me estrelló contra la pared. El impact







