INICIAR SESIÓNPov Alinna—¿Y si sabes eso, por qué te quedaste? —pregunté—. Podías simplemente irte y tranquilizar todo.Él no contestó enseguida. Me abrió la bata. La tela se deslizó a los lados y me dejó desnuda frente a él, sentada en la isla, con el aire de la cocina dándome en la piel. Sus manos volvieron a mis muslos.—Porque para mi puta desgracia —dijo, bajo— prefiero estar bien contigo. Saber que estás bien. Que mi propia seguridad.Tragué. El pecho se me apretó.—¿Y ahora qué?—Ahora vamos a esperar el año juntos —contestó—. Y luego veremos qué pasa.Lo miré. La venda. Los ojos. La forma en que no se había ido.—Pareciera que realmente estás enamorado, Romanov.—No seas estúpida —murmuró.Y me besó. Lento. La boca suave contra la mía mientras me bajaba la bata por los hombros, dejándola caer, y me acercaba más al borde de la isla, entre sus piernas, como si el año que empezaba pudiera esperar un poco más.Me despegué lo justo para mirarlo.—¿Qué, no te cansas de coger conmigo?Él sonrió c
Pov AlinnaAbrí el grifo y me metí en la bañera. El agua caliente me cubrió hasta el pecho. Me quedé quieta, escuchando.Nada.Ni pasos en la escalera. Ni el sonido de la puerta de abajo. Ni su voz. Solo el goteo del grifo y el silencio de la cabaña.Cerré los ojos. Por un segundo creí que todavía estaba abajo, fumando, esperando a que yo saliera. Después pasó un minuto. Otro. El silencio se hizo más grande.Se fue.El hijo de puta se fue.Me dejó sola, como le pedí, y ahora el pecho me pesaba de una forma que no quería nombrar. Me imaginé la camioneta arrancando.Me imaginé a Ivannia, esa maldita serpiente de piernas largas, abriéndole la puerta de su casa, sonriéndole, recibiéndolo como si nada hubiera pasado aquí. Como si yo no le hubiera cortado el brazo. Como si no me hubiera tenido doblada en la cocina hace una hora.Me hundí un poco más en el agua.El corte de su sangre todavía me manchaba el brazo. No me lo lavé. Me quedé escuchando un ruido que ya no iba a llegar, decepcionad
Pov AlinnaEl cuchillo me rozó el antebrazo cuando le agarré la muñeca. El filo entró lo suficiente para abrir la piel. La sangre salió caliente, rápida, manchándome la manga y goteando al suelo de la cocina.Me detuve un segundo. Miré el corte. Después la miré a ella.—Ahora esto te va a salir caro, pequeña fiera —dije, bajo.Le arranqué el cuchillo de la mano y lo tiré al fregadero. Antes de que pudiera moverse, le rompí la ropa. La camisa se abrió de un tirón, los botones saltaron. El sujetador cedió. La sangre de mi brazo le manchó el pecho y el vientre.Ella forcejeó, me empujó, me insultó entre dientes. La sometí contra la isla, el cuerpo pegado al suyo, el brazo herido dejando rastros rojos en su piel.La subí a la encimera de un movimiento. Me metí entre sus piernas. Le abrí los muslos con las rodillas y le metí la lengua en la boca, profunda, sucia, con sabor a sangre y a rabia. Ella me mordió el labio. Yo no me aparté.Bajé la mano. Le metí dos dedos en el coño. Estaba húmed
POV Nikolaj El sonido seco del pestillo todavía me zumbaba en los oídos cuando reaccioné. La incredulidad se transformó en una furia ciega, una rabia tan pura que me quemaba la garganta. Me acerqué de un salto al porche y comencé a golpear la madera con los puños cerrados, perdiendo los papeles por completo. —¡Abre la puta puerta, Alinna! —le rugí con la voz rota por la desesperación y la ira, sacudiendo el marco con todas mis fuerzas. Del otro lado, su voz atravesó la madera, afilada y cargada de burla: —¡Vete con tu esposa, Romanov, y deja de joder! —¡Alinna, hija de puta, te voy a matar yo mismo! —le grité fuera de mí, con los nudillos ardiendo. —¡A ver, atrévete! —me desafió ella desde adentro, sin rastro de miedo. Con el poco juicio que me quedaba, levanté el brazo y le arreé un puñetazo brutal a la superficie. Un dolor agudo me recorrió la mano al instante, haciéndome maldecir entre dientes. Olvidaba ese pequeño detalle: esta maldita cabaña era un refugio diseñado por
POV NikolajLa advertencia sobre el peligro de muerte flotaba entre los dos, pesada y sofocante, pero Alinna no se achicó ni un milímetro. Al contrario, cruzó los brazos sobre el pecho sucio de hollín y me sostuvo la mirada con una frialdad desafiante que me descolocó por completo.—Está bien... me voy —dijo con una calma aterradora, ladeando levemente la cabeza—. Pero solo si tú vienes conmigo.La miré, sintiendo que el suelo se me movía bajo los pies ante la locura que estaba proponiendo.—Alinna, sabes perfectamente que no puedo hacer eso ahora mismo, te prometo que en cuanto... —empecé a balbucear, intentando hacer entrar en razón a la fuerza.Me cortó de tajo, levantando una mano con absoluta firmeza y sin dejarme terminar la frase.—No estoy negociando, Romanov —me espetó con la voz cortante como el hielo—. Nos vamos juntos. Te quedas conmigo en Año Nuevo, regresas el primero de enero a despedir a tu estúpida esposa, y yo volveré a la mansión cuando ella se largue de aquí.Dio u
POV NikolajEmpujé la puerta del estudio con la intención de exigirle a Alinna que regresara a su habitación, pero la escena que se abrió ante mis ojos hizo que la sangre se me helara en las venas antes de convertirse en fuego puro.Ivania estaba de pie junto a la chimenea, sosteniendo su copa de champán con una sonrisa diabólica y distorsionada dibujada en los labios.A unos pasos, arrodillada sobre el suelo de piedra helada, Alinna tenía las manos completamente negras de hollín y ceniza, tosiendo levemente por el polvo acumulado mientras intentaba limpiar la alfombra con un cepillo.—¿Qué mierda está pasando aquí? —rugí, sintiendo que la rabia me estallaba en las sienes—. Alinna, párate de ahí ahora mismo.Ivania dio un sorbo a su copa con total parsimonia, sin inmutarse lo más mínimo ante mi grito.—Yo le ordené que lo hiciera —respondió con una ligereza insultante, mirándome de reojo.La mandíbula se me tensó hasta doler, y di un paso al frente con los puños cerrados con tanta fue







