Home / Mafia / Vendida al destino / Capítulo 45. El inicio de la caída

Share

Capítulo 45. El inicio de la caída

Author: Naimastran
last update publish date: 2025-11-10 09:56:24

La mañana siguiente a la tormenta emocional llegó con un espeso silencio. Rebecca se despertó envuelta en las finas sábanas de lino blanco, con la luz tenue entrando por las cortinas, y sin la presencia de Edgardo a su lado.

Suspiró y miró el techo con una sonrisa, había extrañado tanto a Edgardo que podía sentir como se ahogaba si no lo tenía a su lado. Como pudo se levantó de la cama, dejando que las sábanas bajaran por su cuerpo.

Tomó la camisa de Edgardo, se la puso y salió en su búsqueda.
Continue to read this book for free
Scan code to download App
Locked Chapter

Latest chapter

  • Vendida al destino   Epílogo

    El tiempo no curó todo, nunca lo hace; tampoco borra ni reescribe. No deshace lo que ya fue, pero enseña.Enseña a respirar sin que cada inhalación duela, a despertar sin que el primer pensamiento sea una herida, y a caminar sin mirar atrás en cada paso.Tres meses, eso fue lo que necesitó Rebecca para volver a reconocerse frente a un espejo, sin buscar a alguien más en su reflejo.Al principio había sido extraño, mirarse y no ver la versión de ella que había existido dentro de la mansión Montenegro. Esa Rebecca que vivía bajo reglas, bajo miradas, bajo decisiones que nunca habían sido completamente suyas. Ahora era distinta, o tal vez siempre había sido así y recién ahora lo estaba descubriendo.Su departamento era pequeño, nada que ver con el lujo frío al que se había acostumbrado, sin embargo, tenía algo que ese lugar jamás tuvo: alma.Las ventanas dejaban entrar la luz sin permiso, el viento movía las cortinas sin miedo, el silencio era un silencio vivo, uno que no escondía nada.

  • Vendida al destino   Capítulo 50. Cenizas [FINAL]

    El silencio que siguió a la elección de Rebecca no fue inmediato. No fue limpio. No fue digno. Fue un colapso lento.Como un edificio que primero cruje, que se resquebraja desde adentro, que deja caer polvo antes que paredes, y después, sin aviso real, simplemente, cae.Edgardo no bajó el arma, su mano seguía firme, entrenada, acostumbrada a decidir destinos con un solo movimiento del dedo, pero su mirada ya no.Sus ojos estaban clavados en ella, en Rebecca. En la única persona que, en ese momento, podía hacerle dudar, y lo estaba haciendo.No disparó, no porque no pudiera, sino porque no podía hacerlo con ella ahí. De pie al otro lado.—Rebecca… —su voz salió rota, áspera, lejos de cualquier orden—. No hagas esto.No fue una amenaza, no fue autoridad, fue una súplica. Y eso, en alguien como él, era devastador.Rebecca no respondió, no porque no tuviera palabras, sino porque tenía demasiadas, y ninguna alcanzaba.Lo miró, más no como antes. Con ese desafío y esa rabia. Esta vez lo mir

  • Vendida al destino   Capítulo 49. El punto de quiebre

    La noche cayó pesada, irrespirable, como si el mundo entero estuviera conteniendo el aliento antes del golpe final. Rebecca ya no sentía el frío, ni el dolor en las muñecas, ni mucho menos el miedo; porque ya había cruzado ese límite.Ahora solo podía haber una cosa dentro suyo: determinación.La puerta volvió a abrirse, esta vez no fue Teresa la que entró, fue Elías. Este entró sin prisa, cerrando detrás de sí con un leve clic.—Te ves distinta —comentó, observándola con atención.Rebecca no apartó la mirada.—Ya no estoy esperando que alguien me salve.Él asintió apenas.—Eso es bueno.—Eso es peligroso —corrigió ella.Elías sonrió.—Para otros, sí, para mí no.—Quiero hablar con Teresa —dijo Rebecca.—No estás en posición de pedir, Rebecca…—No es un pedido —lo interrumpió, firme—. Es lo que va a pasar.Esa reacción lo hizo mirarla distinto, como si la estuviera evaluando o midiendo, y eso lo hizo dudar por primera vez.—¿Por qué?Rebecca inclinó levemente la cabeza.—Porque ya ent

  • Vendida al destino   Capítulo 48. La última verdad

    El silencio después del video no fue inmediato, fue progresivo; como si el mundo, poco a poco, fuera perdiendo sonido.Edgardo seguía de pie en medio del lugar vacío, con el celular de Rebecca en la mano y la mirada fija en la pantalla ya apagada, pero no veía nada. No estaba ahí.Estaba en esa pregunta.¿Tú sabías lo que me iba a pasar antes de que pasara?Sintió algo extraño, no fue rabia ni miedo, fue… culpa y eso lo enfureció más que cualquier otra cosa.—Esto es manipulación —dijo Gabriel, rompiendo el silencio—. La están usando para meterse en tu cabeza. —Edgardo no respondió, su mandíbula estaba demasiado tensa—. Dime que no es cierto —insistió Gabriel, ahora más serio. Silencio. Un segundo. Dos—. Edgardo…—No de la forma en que ella cree —respondió finalmente, con voz baja.Eso fue suficiente.Gabriel lo miró fijo.—¿Qué hiciste?Edgardo cerró los ojos apenas un instante, y cuando habló, lo hizo sin suavizarlo.—Sabía que Luis estaba desesperado —dijo—. Sabía que iba a buscar

  • Vendida al destino   Capítulo 47. Donde más duele

    La tensión no desapareció al amanecer, se volvió más peligrosa, casi silenciosa. Rebecca se despertó antes que Edgardo, aunque en realidad nunca había dormido profundamente. Su cuerpo estaba ahí, en la cama, entre las sábanas aún tibias, pero su mente había estado en otra parte toda la noche.Pensando, encajando piezas y dudando.Giró levemente la cabeza y lo miró. Edgardo dormía boca arriba, con el ceño apenas fruncido, como si incluso en sueños estuviera luchando contra algo.Contra todo. Contra todos. Contra sí mismo.Rebecca extendió la mano, sin embargo, no llegó a tocarlo. La dejó caer, sentía que algo había cambiado, y no sabía si tenía arreglo.El día comenzó con una falsa normalidad, desayuno servido, personal en movimiento, seguridad reforzada, y aún así, debajo de todo eso había grietas.—Hoy te quedarás aquí —dijo Edgardo sin levantar la vista del café.Rebecca apoyó la taza con suavidad.—No me lo estás pidiendo.—No —respondió él—. Te lo estoy diciendo.—¿Volveremos a lo

  • Vendida al destino   Capítulo 46. Apunto de estallar

    El silencio después de la verdad no fue un alivio, más bien fue presión. Una presión constante, invisible, como si las paredes de la mansión Montenegro se estuvieran cerrando lentamente sobre todos ellos.Rebecca no durmió esa noche no porque no pudiera, sino porque no quiso. Permaneció sentada junto a la ventana durante horas, con las piernas recogidas contra el pecho y la mirada perdida en la oscuridad del jardín. Cada palabra que había escuchado el día anterior seguía repitiéndose en su cabeza, como un eco imposible de apagar.No soy tu padre, todo es una mentira, Edgardo Montenegro.Cerró los ojos con fuerza, y eso era lo que más dolía.No Luis. No el pasado. No la traición antigua.Edgardo.El hombre que decía amarla, el que la había protegido y mentido.El amanecer llegó sin pedir permiso, tiñendo el cielo de un gris frío que se colaba por el vidrio. Rebecca exhaló lentamente y se puso de pie. Su cuerpo estaba tenso, pero su mirada, su mirada había cambiado.Ya no había duda, ha

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status