Inicio / Romance / Verdades Dolorosas / El ojo del huracán

Compartir

El ojo del huracán

last update Fecha de publicación: 2022-03-01 07:21:52

— Señor… — susana golpeó la puerta con sigilo, sabía que Axel no le gustaba que lo interrumpieran, pero la joven afuera había insistido en verlo — La señorita Freya Baker insiste en verlo — anunció con temor, el humor del señor Tremblay cada día era peor.

— ¿Freya? — frunció el ceño, su corazón dio un brinco y en su mente se prendió una alarma, no reconocía ese nombre, sin embargo, en el fondo, en lo más oscuro de su ser algo le gritaba que sí lo conocía y solo pudo recordar aquellos ojos caramelo de hace unos meses atrás. — Dile que siga.

Instintivamente Axel se pasó la mano por el cabello, se alisó su corbata y se levantó para apuntarse el botón de su abrigo. Aguantó su respiración cuando vio la puerta abrirse despacio ante él. Era ella, claro que sí. Con esa misma mirada serena, curiosa y noble, la miró de arriba abajo, iba elegante, con ropa de oficina. Su mente vaciló por un momento, podía ser tal vez una aparición.

— Freya … — murmuró, como si repitiese por primera vez ese nombre, le hizo una seña para que tomase asiento y la siguió un segundo después. Solo esa mujer podía tener ese tipo de nombre.

A Freya escuchar de nuevo su nombre por boca de ese hombre le hacía hormiguear el cuerpo. A pesar de llevar unos tragos encima se acordaba del primer momento en que sus miradas se cruzaron.

— Yo… ah-h. Lo -lo siento señor Tremblay yo-o am-m — era hora, había logrado llegar hasta allí, frente a él y ahora no podía arrepentirse.

— Dime Axel, por favor — le interrumpió antes de que siguiera con su silabeo.

Asintió, pero no dijo nada. Los segundos empezaron a pasar y ninguno de los dos sabía qué decir, ella pasaba la vista de él a sus dedos, para terminar en el tapete y así sucesivamente. Él solo podía observar cómo se ponía cada vez más nerviosa y cómo su propio corazón amenazaba con salir.

— ¿En qué te puedo ayudar, Freya? — la instó a hablar.

— Yo-o siento quitarle el tiempo de esta manera — su voz se iba tornando ronca, Freya sentía como todo se le acumulaba en la garganta y la amenazaba con ahogarla. — Te- tengo algo importante.

— Sí — la apremió para que siguiera hablando, la verdad es que también lo estaba carcomiendo los nervios. Lo cierto es que después de que Freya abriera su boca y le soltara aquella bomba no habría marcha atrás. La vida de ambos cambiaría para siempre.  

— Es- es que yo … — la respiración se le empezó a acelerar, había ensayado esto miles de veces frente al espejo, pero sin duda no se comparaba con todo lo que estaba sintiendo, hasta las manos le sudaban. Intentó respirar profundo — Yo-o es-estoy embarazada.

Esa última palabra se había quedado ahí, en el aire, parecía inofensiva, en cualquier otra situación de pronto la alegría más grande, pero en ese momento, la mente de Axel estaba en blanco. No podía pensar en nada, ni en nadie, pasaron los segundos y Freya creyó que no lo había dicho lo suficientemente alto para que él escuchase y se estaba preparando para repetirlo cuando Axel abrió su boca.

— ¿Tú estás bien? — atinó a decir.

— Sí — Freya pestañeo, no era nunca, jamás, en la vida la reacción que ella esperaba.

Axel respiró, aliviado como si esa noticia fuese más importante que la anterior.

— Señor, la junta está a punto de comenzar — irrumpió susana, su asistente.

Los dos se miraron en complicidad, pero Freya, realmente después de que ese hombre la sacara casi a patadas de su habitación esperaba una reacción igual o peor, era lo que más la tenía nerviosa.  Sin embargo, esa reacción la tenía más asustada. No había visto en el mundo alguien más tranquilo o sereno con una noticia semejante y menos en su situación, tal vez le estaba tomando más tiempo en asimilarlo.

— Puedes dejarme la dirección de donde vives aquí — le pasó una de sus libretas — En este momento me debo ir, es algo que no puedo cancelar — no se le veía un solo gesto en su rostro, si estaba sintiendo algo, lo ocultó muy bien — Te prometo que esta noche iré.

Salió de su oficina en un par de segundos, dejándola allí, en compañía de la misma mujer que la había hecho seguir. Tomó sin pedir permiso uno de los bolígrafos y anotó su dirección y su número de teléfono, por si se le presentaba algo más y salió del lugar más que desilusionada. En realidad, esperaba alguna pelea o al menos una palabra alterada, pero nada. Aun así, su temor se hacía más grande, ese hombre posiblemente tenía el poder de ignorar por completo esa situación y dejarla a su suerte.

A Axel esta noticia lo había tomado de manera inesperada, en realidad nunca se había imaginado en esa situación y mucho menos con Kate, su prometida. Hasta él mismo estaba sorprendido de la calma con la que estaba llevando la noticia. Sin embargo, no puedo evitar que esa noticia no hiciera desastres en la reunión.

— ¡Carajo, Axel! ¿Qué demonios sucede contigo? ¡Que andas en las nubes! — murmuró, cerca de su oído para que los demás socios no escucharan.

— ¿Puedes seguir la reunión? Tengo algo que hacer.

— ¿Algo que hacer? ¿Qué?

— Luego te cuento — se levantó de su silla y la sala se sumergió en un silencio abismal, se disculpó con los asistentes y salió tan rápido como entró al lugar.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App
Comentarios (1)
goodnovel comment avatar
ING3_GONZALEZ
ciertamente se tomó su tiempo para asimilar la noticia, que lío
VER TODOS LOS COMENTARIOS

Último capítulo

  • Verdades Dolorosas   Epílogo

    Tres años después. El crepúsculo dorado se extendía sobre el extenso jardín de la Villa Trembley, donde la vida se sentía abundante, cálida, libre de los fantasmas pasados. Era un día especial: risas de niños y voces mezcladas flotaban en el aire, entre juegos de pelota, carreras y el bullicio de una familia que, tras el dolor y la batalla, había encontrado un hogar compartido. Freya Baker, radiante y serena, caminaba por el jardín apoyada en el brazo de Axel. Su figura, digna y elegante, mostraba la silueta inconfundible de un embarazo avanzado: gemelos, una niña y un niño que pronto llegarían a completar un sueño largamente anhelado. Sobre su vientre reposaban las manos protectoras de ambos, mientras sus ojos se cruzaban en silenciosas promesas. A su alrededor, el jardín era una celebración multicolor: Jack organizaba un improvisado partido de fútbol con sus hijos y sobrinos; Fred deslizaba a los más pequeños por una colina de césped; Laia, Emma y Valeria conversaban entre risa

  • Verdades Dolorosas   Veredicto

    —¡No! —exclamó Mariana, con más fuerza de la que esperaba—. No me ofrecieron nada. Nadie me obligó a hablar. Lo hago porque no puedo seguir cargando con esto. Porque lo que le hicieron a la Freya fue monstruoso. Porque el señor Axe Trembleyl no merece estar aquí.El fiscal se detuvo frente a ella, con las manos cruzadas detrás de la espalda.—¿Tiene pruebas físicas del soborno? ¿El dinero? ¿Mensajes? ¿Videos?—No… no tengo el dinero. Pero sí vi los mensajes en su celular. Ella borró muchos, pero algunos quedaron. Y hay registros de cámaras en los pasillos del hospital. Allí se ve cuando ella entra a la zona de personal, donde no tenía autorización, y cuando me aborda.—¿Y espera que el jurado crea que una mujer de la posición de la señorita Kate se arriesgaría a cometer un crimen así… sin dejar rastro alguno?—Sí —respondió Mariana con firmeza—. Porque ella no pensaba que nadie hablaría. Porque estaba segura de que tenía poder y dinero suficiente para salirse con la suya. Y porque sab

  • Verdades Dolorosas   Un hombre desesperado

    El tribunal estaba colmado de murmullos y miradas expectantes. El juez, de rostro severo, presidía la sala mientras los abogados revisaban sus notas y los familiares de ambas partes contenían la respiración. Axel, sentado junto a Pandora, sentía el peso de cada mirada sobre sus hombros, pero también la fuerza de toda la familia Trembley presentes en las primeras filas.Pandora se puso de pie, su porte impecable y su voz firme resonaron en la sala:—Su señoría, la defensa sostiene que el señor Axel Trembley actuó en defensa propia y, sobre todo, en defensa de su familia. No fue un acto impulsivo ni premeditado, sino la única opción que le quedaba para evitar que Sorni, y Kate con antecedentes de manipulación y violencia, escapara una vez más de la justicia.El fiscal la interrumpió, con tono cortante:—¿Defensa propia? ¿Acaso no fue el señor Trembley quien embistió el vehículo de Sorni y Kate, poniendo en riesgo la vida de todos los ocupantes?Pandora sostuvo la mirada del fiscal y re

  • Verdades Dolorosas   Ambiente opresivo

    Axel apenas pudo sostenerse en pie cuando dos agentes de seguridad lo escoltaron fuera de la habitación. Sus pasos eran lentos, pesados, como si el peso del mundo se hubiera posado sobre sus hombros. El bebé en brazos de Freya, la mirada llena de amor y miedo de ella, quedaban atrás, pero grabados en su memoria con una intensidad que ningún dolor podría borrar.El pasillo del hospital se extendía ante él, frío y desolado. Las luces fluorescentes parpadeaban débilmente, y el eco de sus propios pasos se mezclaba con murmullos lejanos. Cada movimiento le recordaba la fragilidad de su situación. No era solo su cuerpo el que estaba herido; su alma estaba desgarrada por la incertidumbre y la culpa.•✦•┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈•✦•Pasaron tres largas semanas en las que Axel tuvo que permanecer atado a aquella camilla. Las únicas visitas que recibía eran las enfermeras y los doctores que lo atendían. El aislamiento, la falta de noticias y el temor constante a lo que ocurría fuera de esas paredes hacía

  • Verdades Dolorosas   Leve latido

    —Jack… —un grito lejano lo obligó a apartar la mirada de la pantalla del celular y buscar con ansiedad el origen de la voz.Había intentado comunicarse con Axel por tercera vez, pero no lo había logrado. Su llamada iba directamente al buzón de voz. La bonita sensación con la que había salido de la sala de partos se disipaba, dando paso de nuevo a la preocupación.—¡Andrew! —giró rápidamente al escuchar la voz que lo llamaba desde la entrada del hospital—. ¿Has hablado con Axel? Tengo que decirle… decirle que Freya ya…—¿Aún no lo sabes? —lo interrumpió Andrew, con el rostro desencajado—. Axel prácticamente acaba de estrellarse contra el auto en el que iban Kate y Sorni.—¿Dónde está? —preguntó Jack, sin tiempo para asimilar la noticia. De nuevo, su hermano había regresado al hospital.—Voy para allá —respondió Andrew, señalando con el dedo la dirección que debían tomar.Ambos hombres se dirigieron a paso presuroso hasta el ala de urgencias. En medio del bullicio, lograron reconocer a

  • Verdades Dolorosas   Hilo de vida

    La noche en el hospital era una mezcla de luces frías y murmullos. Una joven enfermera, con una sonrisa forzada, entró en la habitación de Freya.—Buenas noches. Le traigo sus medicamentos —anunció, acercándose a la cama.—Ya me los trajeron hace media hora —replicó Freya, algo desconfiada.—Estos son otros que le acaban de formular —aclaró la enfermera, empujando suavemente los medicamentos hacia la boca de Freya y pasándole un vaso de agua.Freya aceptó la medicina con resignación. Haber pasado la mañana con Axel le había dado una pequeña luz de esperanza. Él podía no recordarla, pero parecía estar cómodo a su lado, y eso bastaba por ahora.Media hora después de la visita de la enfermera, una punzada aguda le atravesó las caderas. El dolor era electrizante, agotador, y le arrancó un gemido involuntario.—¡Tengo contracciones! —gritó, presionando el botón de llamado con desesperación.Una enfermera apareció casi de inmediato, percibiendo el dolor en el rostro de Freya. Con movimiento

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status