INICIAR SESIÓN— Es- es que yo … — la respiración se le empezó a acelerar, había ensayado esto miles de veces frente al espejo, pero sin duda no se comparaba con todo lo que estaba sintiendo, hasta las manos le sudaban. Intentó respirar profundo — Yo-o es-estoy embarazada. — ¿Qué? Su embarazo era producto de un accidente, no planeado, algo de copas y también iba a ser no deseado. Posiblemente ese niño que llevaba en su interior ni siquiera conocería a su padre. Ese había sido su mayor temor y estaba cumpliéndose. Freya, sí, así es Freya como la Diosa nórdica había puesto su destino en manos del azar y ahora viviría todas aquellas consecuencias junto con Axel.
Ver másTres años después. El crepúsculo dorado se extendía sobre el extenso jardín de la Villa Trembley, donde la vida se sentía abundante, cálida, libre de los fantasmas pasados. Era un día especial: risas de niños y voces mezcladas flotaban en el aire, entre juegos de pelota, carreras y el bullicio de una familia que, tras el dolor y la batalla, había encontrado un hogar compartido. Freya Baker, radiante y serena, caminaba por el jardín apoyada en el brazo de Axel. Su figura, digna y elegante, mostraba la silueta inconfundible de un embarazo avanzado: gemelos, una niña y un niño que pronto llegarían a completar un sueño largamente anhelado. Sobre su vientre reposaban las manos protectoras de ambos, mientras sus ojos se cruzaban en silenciosas promesas. A su alrededor, el jardín era una celebración multicolor: Jack organizaba un improvisado partido de fútbol con sus hijos y sobrinos; Fred deslizaba a los más pequeños por una colina de césped; Laia, Emma y Valeria conversaban entre risa
—¡No! —exclamó Mariana, con más fuerza de la que esperaba—. No me ofrecieron nada. Nadie me obligó a hablar. Lo hago porque no puedo seguir cargando con esto. Porque lo que le hicieron a la Freya fue monstruoso. Porque el señor Axe Trembleyl no merece estar aquí.El fiscal se detuvo frente a ella, con las manos cruzadas detrás de la espalda.—¿Tiene pruebas físicas del soborno? ¿El dinero? ¿Mensajes? ¿Videos?—No… no tengo el dinero. Pero sí vi los mensajes en su celular. Ella borró muchos, pero algunos quedaron. Y hay registros de cámaras en los pasillos del hospital. Allí se ve cuando ella entra a la zona de personal, donde no tenía autorización, y cuando me aborda.—¿Y espera que el jurado crea que una mujer de la posición de la señorita Kate se arriesgaría a cometer un crimen así… sin dejar rastro alguno?—Sí —respondió Mariana con firmeza—. Porque ella no pensaba que nadie hablaría. Porque estaba segura de que tenía poder y dinero suficiente para salirse con la suya. Y porque sab
El tribunal estaba colmado de murmullos y miradas expectantes. El juez, de rostro severo, presidía la sala mientras los abogados revisaban sus notas y los familiares de ambas partes contenían la respiración. Axel, sentado junto a Pandora, sentía el peso de cada mirada sobre sus hombros, pero también la fuerza de toda la familia Trembley presentes en las primeras filas.Pandora se puso de pie, su porte impecable y su voz firme resonaron en la sala:—Su señoría, la defensa sostiene que el señor Axel Trembley actuó en defensa propia y, sobre todo, en defensa de su familia. No fue un acto impulsivo ni premeditado, sino la única opción que le quedaba para evitar que Sorni, y Kate con antecedentes de manipulación y violencia, escapara una vez más de la justicia.El fiscal la interrumpió, con tono cortante:—¿Defensa propia? ¿Acaso no fue el señor Trembley quien embistió el vehículo de Sorni y Kate, poniendo en riesgo la vida de todos los ocupantes?Pandora sostuvo la mirada del fiscal y re
Axel apenas pudo sostenerse en pie cuando dos agentes de seguridad lo escoltaron fuera de la habitación. Sus pasos eran lentos, pesados, como si el peso del mundo se hubiera posado sobre sus hombros. El bebé en brazos de Freya, la mirada llena de amor y miedo de ella, quedaban atrás, pero grabados en su memoria con una intensidad que ningún dolor podría borrar.El pasillo del hospital se extendía ante él, frío y desolado. Las luces fluorescentes parpadeaban débilmente, y el eco de sus propios pasos se mezclaba con murmullos lejanos. Cada movimiento le recordaba la fragilidad de su situación. No era solo su cuerpo el que estaba herido; su alma estaba desgarrada por la incertidumbre y la culpa.•✦•┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈•✦•Pasaron tres largas semanas en las que Axel tuvo que permanecer atado a aquella camilla. Las únicas visitas que recibía eran las enfermeras y los doctores que lo atendían. El aislamiento, la falta de noticias y el temor constante a lo que ocurría fuera de esas paredes hacía


















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