Share

Vientre alquilado del Sr Manson
Vientre alquilado del Sr Manson
Author: Naira Black

Capitulo 1

Author: Naira Black
last update publish date: 2026-03-02 04:46:01

El frío de Londres no se parecía en nada al calor de las playas del Parque Morroy de su pais Venezula. Karen Alarcón apretó con fuerza los dedos contra el asa de su maleta desgastada, sintiendo cómo el aire frió le cortaba la respiración al salir de la zona de embarque del aeropuerto de Heathrow. Sus ojos, llenos de esperanza que aún no se apagaba, escaneaban los carteles que sostenían los choferes y familiares.

—Diosito, solo te pido que esto sea de verdad —susurró para sí misma, sintiendo el corazón martillearle en el pecho—. Mis viejos no aguantan, esta es mi oportunidad, este paso es por ellos.

A sus 21 años, Karen sentía que cargaba el mundo sobre sus hombros. La oferta de trabajo como niñera en la capital inglesa parecía un milagro bajado del cielo. Le habían prometido un sueldo en libras que, al cambio, ayudarian a sus padres con su salud, ellos eran lo único que karen tenia y lo único que ella tenía que  hacer era  cuidar niños, algo que hacía con naturalidad desde pequeña.

—¿Karen Alarcón? —Una voz grave la sacó de sus pensamientos.

Frente a ella, tres hombres de aspecto impecable pero mirada fria y distante la observaban. Ella les regaló una sonrisa nerviosa. Pero junto a ella, otras dos muchachas, una colombiana y otra dominicana a las que había conocido en la escala de Madrid, asintieron con el mismo miedo disfrazado de entusiasmo.

—Sí, soy yo. Mucho gusto —respondió Karen, tratando de que no se le notara el temblor en la voz.

—Los pasaportes —ordenó, un tipo alto con una cicatriz que le cruzaba la ceja—. Es por seguridad.

Debemos tramitar sus permisos de residencia y el seguro médico antes de llevarlas a las casas de las familias. Ya saben cómo es la ley aquí, muy estricta.

Karen dudó un segundo. Su pasaporte era lo único que la unía legalmente a su identidad, a su hogar. Pero recordó la cara de su madre despidiéndola en Falcon y la tos persistente de su padre que no podían curar por falta tanto falta de remedios o de dinero para comprarlos . 

"No seas malpensada, Karen, esta gente es seria", se regañó mentalmente. Entregó el documento. En cuanto los pasaportes desaparecieron en el bolsillo interior del abrigo del hombre, el ambiente cambió. Ya no había cortesía.

—Caminen. Rápido —soltó el hombre, empujándolas levemente hacia la salida.

—¡Epa! ¡Más despacio, que no somos ganado! Asi que no me empujes que se caminar solita —Dice Ella, pero el hombre solo le lanzó una mirada seria que le heló la sangre más que el clima exterior.

Al llegar a una zona menos transitada cerca de los baños, el grupo se detuvo. El chico que tenia los pasaporte le hizo una seña a uno de sus acompañantes para que vigilara mientras él se apartaba para contestar una llamada. Karen, sintiendo una punzada de ansiedad en el estómago, aprovechó el momento.

—Chicas, tengo que ir al baño, los nervios me tienen mal —les dijo a sus compañeras, que estaban pálidas y en silencio.

Entró a los baños a paso rápido. Una vez dentro, se apoyó contra la puerta de uno de los cubículos, tratando de calmar sus pulmones. Fue entonces cuando escuchó las voces. Eran dos de los hombres que las custodiaban, hablando justo al otro lado de la pared divisoria, en el área de los lavabos de hombres que colindaba con el suyo.

—.sí, ya las tenemos. Son tres —decía uno de ellos entre risas secas—. El jefe ya fue avisado. Están frescas, recién bajadas del avión.

—¿Y qué tal están? —preguntó el otro—. ¿Alguna especial?

—Hay una, la venezolana. Esa va a valer una fortuna en la subasta. Está nueva, es virgen. El jefe dice que por esa podemos pedir el triple. Las otras dos van para el club de la zona este, pero a esa... a esa la quiere un cliente de  los mas importante primero.

El mundo de Karen se detuvo. El aire desapareció de sus pulmones y sintió que las rodillas le flaqueaban. "Virgen... subasta... fortuna...". Las palabras se repetían en su cabeza como una sentencia de muerte. Aquello no era un trabajo de niñera. Era una trampa. Era trata de blancas.

El pánico la invadió, pero su instinto de supervivencia, forjado en las calles de una Venezuela que no regalaba nada, se activó. No podía salir por donde entró. Miró hacia arriba y vio una pequeña ventana de ventilación. Era estrecha, pero ella era delgada.

—¡Por favor dios, ayúdame! —rogó en un susurro desesperado.

Sin pensarlo dos veces, dejó su maleta allí mismo. No le importaba la ropa, ni los pocos recuerdos que traía. Su vida valía más que unos trapos viejos. Se encaramó sobre el inodoro y, con un esfuerzo sobrehumano, logró alcanzar el marco de la ventana. El metal frío le cortó la palma de la mano, pero no soltó ni un gemido. Se impulsó hacia afuera, sintiendo cómo el vestido se le enganchaba y se rasgaba, pero logró pasar.

Cayó sobre un callejón lateral del aeropuerto, el impacto contra el suelo le sacó el aire, pero se puso de pie de inmediato. El frío la golpeó como una bofetada; no tenía abrigo, solo su blusa delgada y el miedo recorriéndole la columna.

—¡Corre, Karen, corre por tu vida! —se ordenó a sí misma.

Empezó a correr sin dirección, internándose en las calles grises y húmedas de una ciudad que se sentía como un monstruo gigante dispuesto a devorarla. Sus pies, calzados con unas sandalias que no estaban hechas para la nieve que empezaba a caer, golpeaban el pavimento con desesperación. Cada vez que veía un coche negro, sentía que eran ellos. Cada luz de sirena la hacía temblar.

Estaba sola. Sin pasaporte. Sin dinero. Sin idioma. En un país desconocido y bajo una temperatura bajo cero. Pero estaba libre.

Mientras se abrazaba a sí misma para no morir de hipotermia, dobló una esquina y vio el resplandor de una pequeña cafetería que aún estaba abierta. Sus dientes castañeaban con tanta fuerza que le dolía la mandíbula.

Karen se hundió en las sombras de un portal, llorando en silencio, mientras el primer rastro de nieve londinense cubría sus hombros. Había escapado del infierno, pero no sabía que su verdadera lucha apenas estaba comenzando.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Vientre alquilado del Sr Manson   Capítulo 31: La Huella del Esfuerzo

    La penumbra de la mansión Mason en Kensington parecía absorber cada sonido, convirtiendo los elegantes pasillos de mármol en un laberinto de silencio y distancia. Eran casi las diez de la noche cuando la pesada puerta de entrada se abrió de forma sutil, dejando entrar una ráfaga de aire fresco y húmedo del otoño londinense.Karen entró despacio, intentando no hacer ruido con la cerradura. Llevaba el abrigo de lana café cruzado sobre el pecho, la bufanda desenrollada hasta los hombros y el cabello recogido en una coleta baja de la que se escapaban varios mechones rebeldes sobre su rostro. Traía en la mano derecha un bolso de tela gastado y en la izquierda una pequeña bolsa con dos emparedados fríos que había comprado en la estación del metro.Su jornada había comenzado a las seis de la mañana. Había cumplido un turno de ocho horas en el bistró La Piccola Fontana limpiando mesas y sirviendo pedidos, para luego trasladarse en el transporte público hasta un centro comunitario en el este d

  • Vientre alquilado del Sr Manson   Capítulo 30: El Precio del Silencio

    El silencio en la suite principal de la mansión Mason era absoluto, helado y pesado. La tarde londinense moría lentamente tras los ventanales de guillotina, tiñendo el cielo de un gris plomizo que parecía reflejar con precisión matemática el estado de ánimo en la residencia.River permanecía de pie junto a su escritorio, vestido con una camisa blanca sin corbata y las mangas arremangadas hasta los antebrazos. Sus ojos grises, enmarcados por ojeras profundas tras días sin dormir, no se despegaban de las carpetas que reposaban sobre la madera de caoba. Eran los mismos documentos de custodia internacional y fideicomiso que una semana atrás habían sido el detonante de la gran tormenta; los mismos que él mismo había rasgado en un arranque de pánico y que sus abogados habían vuelto a imprimir por orden suya para ser destruidos definitivamente.La puerta del despacho se abrió sin anunciar.Karen entró a la estancia. No había lágrimas en sus ojos ni temblor en sus pasos. Vestía un abrigo senc

  • Vientre alquilado del Sr Manson   Capítulo 29: La Dignidad de la Libertad

    La suite de invitados de la mansión Mason se había convertido en el fortaleza inexpugnable de Karen. En las dos semanas posteriores a la gran pelea, el silencio en la casa se podía cortar con un cuchillo. River intentó por todos los medios imaginables buscar una rendición, una grieta en la muralla que Karen había levantado alrededor de su vida. Le envió flores, joyas, canceló sus compromisos en la City y pasó horas sentado en la sala de estar esperando una oportunidad para hablarle. Pero Karen no cedió un solo milímetro. Lo trataba con una cortesía fría, impecable y distante, limitada exclusivamente a las necesidades de los mellizos.Sin embargo, para Karen, la ruptura no se trataba solo de dormir en habitaciones separadas. El dolor de haber sido vista como una amenaza legal encendió en su interior una chispa de orgullo que llevaba meses dormida. La comodidad de la mansión, los choferes, las prendas de diseñador y la vida de lujos repentinamente le pesaban en los hombros como si fuera

  • Vientre alquilado del Sr Manson   Capítulo 28: El Abismo de las Palabras

    El calor del final del verano en Londres solía ser suave, pero dentro de la suite principal de la mansión Mason, la atmósfera era sofocante, densa y cargada de una tensión eléctrica que amenazaba con hacer estallar los cristales.Faltaban escasas dos semanas para el vuelo charter que llevaría a la familia Mason, junto con la comitiva de seguridad, la niñera y el equipo médico, hacia la costa de Falcón, en Venezuela. Lo que debía ser una etapa de ilusión, maletas abiertas y coordinación festiva para la boda eclesiástica y el bautizo de los mellizos, se convirtió de pronto en el escenario de la grieta más profunda que River y Karen habían enfrentado desde que unieron sus vidas.Todo se desencadenó por un documento. Un simple pliego de papel con membrete oficial del buffet de abogados de la familia Mason que Karen encontró por accidente sobre el escritorio de la biblioteca.No era un contrato viejo. Tenía la fecha de la semana anterior y la firma estampada en tinta negra de River Alexand

  • Vientre alquilado del Sr Manson   Capítulo 27: El Fuego de la Discordia

    El verano londinense agonizaba entre tardes de brisa suave y tonos dorados, pero dentro del despacho privado de la residencia Mason, la temperatura rozaba el punto de ebullición.Habían pasado dos meses desde el traumático incidente del astillero. La tranquilidad había regresado a la mansión, y la rutina de los mellizos —Sofía Victoria y River Jr.— transcurría entre risas, cuidados y preparativos para el ansiado viaje a Venezuela, donde la pareja planeaba celebrar su boda eclesiástica y el bautizo de los pequeños en las playas de Falcón. Sin embargo, lo que parecía ser una etapa de paz absoluta para la familia Mason estaba a punto de verse sacudida no por una amenaza externa o una sombra del pasado legal, sino por la imperfección más pura de la naturaleza humana: los celos.Todo comenzó con la llegada de Mateo Silva.Mateo no era un desconocido para Karen. Se trataba de un cirujano plástico y reconstructivo venezolano, originario de Punto Fijo, a quien Karen conocía desde sus años uni

  • Vientre alquilado del Sr Manson   Capítulo 26: La Sombra del Pasado

    Seis meses después del nacimiento de los mellizos, la vida en la mansión Mason parecía haber encontrado un ritmo sereno. El invierno londinense había dado paso a un verano cálido y luminoso. Las risas de Karen, mezcladas con el balbuceo constante de River Jr. y Sofía, habían transformado la imponente residencia de piedra en un verdadero hogar. Sin embargo, en el mundo de los grandes negocios y el poder dinástico, la felicidad ajena suele ser una afrenta para quienes lo han perdido todo.Victoria Sterling jamás aceptó la humillación pública que sufrió tras la rueda de prensa de River. Su familia, salpicada por el escándalo y en bancarrota tras la cancelación de varios contratos clave con el grupo Mason, había caído en el descrédito social. En la mente resentida de Victoria, la culpable de su ruina no era su propia codicia, sino "la extranjera" que le había robado el lugar que creía suyo por derecho de nacimiento.Era un martes por la tarde. River se encontraba retenido en una reunión d

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status