MasukMelat jamás imaginó que una sola noche destruiría todo lo que conocía. Cuando encuentra a un desconocido gravemente herido al borde de la muerte, decide salvarlo y abandonarlo en un hospital antes de desaparecer de su vida para siempre o eso creyó ella. Pero Assim jamás olvidaría a su ángel, no importaba que no reconociera su rostro o su voz, bastaba con ese hermoso lunar en forma de corazón que tenía en el cuello. Poderoso, calculador y peligrosamente paciente, Assim convierte a Melat en el centro de su mundo. La observa desde lejos, descubre su rutina, a su prometido, la pequeña panadería familiar que apenas mantiene a flote a sus padres y decide destruir cada una de las cosas que la mantienen lejos de él. Primero, provoca la traición de su prometido. Después, hunde el negocio de su familia hasta dejarla sin salida y cuando la vida de Melat se derrumba por completo, aparece como el único hombre dispuesto a salvarla. Lo que Melat no sabe es que el monstruo que arruinó su vida es el mismo hombre que ahora le ofrece su mano. Assim tiene algo claro: no piensa dejarla escapar, pero ¿Qué pasaría si Melat descubre la verdad?
Lihat lebih banyakLa lluvia caía con tanta fuerza que parecía querer partir la ciudad en dos.
Melat ajustó el agarre sobre las bolsas de pan recién horneado mientras corría bajo el pequeño paraguas negro que apenas la protegía. Sus zapatos chapoteaban sobre los charcos y el viento frío de Nueva York le golpeaba el rostro con violencia. —Perfecto, ¡Justo lo que me faltaba! —Murmuró entre dientes. Había sido un día horrible. La panadería apenas había vendido lo suficiente para cubrir los gastos básicos, el horno principal seguía dañándose cada dos días y su padre llevaba semanas fingiendo que su madre estaba mejorando. Melat suspiró cansada mientras caminaba por la carretera secundaria que conectaba el pueblo con la avenida principal. A esa hora casi no pasaban autos y las luces de los postes apenas lograban atravesar la tormenta. Entonces, algo llamó fuertemente su atención. Un auto negro, lujoso, estaba estropeado y más en la puerta del conductor. Ella miró a su alrededor y no había nadie, ni ambulancia, ni policías, ni siquiera alguien del tránsito. A pesar de que el barrio no era el mejor, tampoco estaba acostumbrada a ver aquellas cosas, por lo que, cansada, simplemente confió en que pronto llegarían las autoridades correspondientes; ese no era su asunto, pero el movimiento dentro del auto captó su atención. No lo pensó ni por un instante; sus pies se movieron incluso antes de procesar lo que estaba pasando. Al abrir la puerta, el olor a hierro, por la sangre, la recibió dándole un golpe de realidad. En el interior del auto, un hombre demasiado grande para ella estaba ensangrentado; incluso su traje, que se veía caro, estaba empapado en aquel líquido rojo que le puso el vello de punta. —Oye, ¿Puedes oírme? —Intentó moverlo, pero el gruñido la hizo detenerse en el instante. —¿Qué fue lo que te pasó, hombre? —Pasó saliva con dificultad. —Mierdä. —Escuchar esa voz la paralizó. El hombre, a pesar de estar medio muerto, tenía un aura poderosa; era imponente incluso en su estado y entonces detalló. Tenía un corte en su abdomen, su hombro no se veía bien y en su cara había unos cortes, y fue ahí cuando se dio cuenta de que el parabrisas tenía algunos agujeros. —Oh no. —Algo en su interior le gritó que dejara a ese hombre ahí y corriera lo más rápido posible, incluso dejar todo lo que llevaba encima para hacerse más ligera, pero ver esos labios pálidos y la manera en la que él se aferraba a la vida no le permitió irse. —Ok, necesito que no mueras, ¿Vale? Porque si lo haces, me meterás en problemas y eso no sería justo. —Intentó desabrochar el cinturón un par de veces y cuando no pudo maldijø y, al hacerlo con más fuerza, lo logró. —Vamos a sacarte de aquí. —Con una fuerza que ni siquiera ella sabía que tenía, tiró de él hasta sacarlo del auto. —Aaarrrggg. —El ronco gruñido le cortó el aire, pues el hombre se quejó al caer sobre ella. —Lo siento. —Se disculpó sintiendo su dolor. —Pero pesas demasiado. ¡¿Qué comes?! —Miró a su alrededor; ella no podía con él y necesitaba ayuda. —Dios. —Jadeó al ver la sangre salir con tanta intensidad. —¡No! —Gritó al ver que su móvil había muerto, pues se le cayó en la acera empapada. —Esto te va a doler, pero debo hacerlo. —Dispuesta a no rendirse, lo arrastró hasta su viejo auto que estaba un poco más adelante. No sabía cómo lo hizo, no comprendió de dónde sacó fuerza, tampoco se detuvo por la torrencial lluvia, pero pudo montar al hombre en su auto y, como si se tratara de su propia vida, aceleró hasta donde su viejo coche le permitía. —Oiga, no puede estacionarse ahí. —El seguridad del hospital se acercó rápidamente a ella. —Señorita... —No diga nada más. —Melat salió corriendo del auto. —He traído a un hombre malherido, ¡Llame a un doctor! —Ya mismo. —El hombre, asombrado por lo que veían sus ojos, corrió dentro del hospital y no pasó demasiado tiempo cuando ya un doctor y su equipo estaban saliendo a toda pista. —Hay que subirlo a la camilla y llevarlo a sala de operaciones ya mismo. —Ordenó el doctor al revisar al malherido. —Usted debe venir, tiene que darnos sus datos y... —No, no estaba con él. —Malet lo detuvo. —No lo conozco, solo lo vi en su auto y lo he ayudado. —Con mayor razón debe venir conmigo. —El doctor se unió a su equipo y Melat no se quedó atrás. —Los agentes tendrán preguntas. —Eso dejó a Melat en blanco. —Eh... sí, solo aparco el coche y vuelvo para... —Señor, debe soltarla. —El hombre se aferró a la mano de Melat; ella lo miró sorprendida, pues a pesar de estar débil, la agarra con mucha fuerza. —Señor... —Oye, estarás bien. —Le sonrió a pesar de que él seguía con los ojos cerrados. —Ellos te ayudarán. Tomándole la mano, lo obligó a soltarla y cuando lo logró, dio media vuelta para marcharse y justo en ese momento el hombre entreabrió los ojos solo para alcanzar a mirar su cuello y nada más. Melat montó a su coche y, haciéndole caso esta vez a su razonamiento, se marchó del lugar sin mirar atrás. No se sentía mal por hacerlo; ella ayudó al hombre y eso es lo que importaba. Ya no quería más problemas y mucho menos involucrarse con la policía. —¿Dónde estabas? —Darren, su prometido, la interceptó una vez entró a la casa. —Llevo llamándote más de una hora y tienes el móvil apagado. —Lo siento. —Melat rápidamente buscó el aparato que ya estaba estropeado. —Está lloviendo con ganas y se me ha caído en la acera. El golpe y el agua pudieron con él; yo... —¿Mel? —Paul, el padre de Melat, se alarmó al verla. —¿Te han hecho daño? ¿Por qué estás empapada y toda llena de sangre? —No, no, papá. —Melat se acercó al hombre encanecido. —No es mi sangre. —¿Entonces de quién es? —Darren frunció el ceño. —¿En qué andabas, Melat? —Vamos, papá, debes sentarte. —Lo ayudó a llegar a la modesta sala donde lo sentó en uno de los sofás. —Venía de camino y vi a un pobre hombre moribundo; no pude dejarlo así, yo... —¿Estás loca? —Darren enfureció. —Cariño, pudieron hacerte algo. —Melat comprendiendo su preocupación, se acercó a él y le dio un beso en los labios. —Prometo que nada malo me pasará. —Lo miró con amor. —Simplemente hice un buen gesto. —Los miró a ambos. —Yo no podría abandonar a nadie, ustedes lo saben. —Has hecho bien, cariño. —Paul se sintió orgulloso de su hija. —Ahora ve a darte una ducha, te calentaré la sopa. Debo contarte de la mejora de tu madre. —No tienes que preocuparte, papá. —Evitó que se pusiera en pie. —Yo puedo hacerlo, no tardaré en bajar. —Tras darle un beso en la frente, subió las escaleras para darse una ducha. Había ayudado a alguien y seguramente Dios la recompensará con la buena salud de su madre o el éxito de la panadería. Cualquier recompensa la agradecerá. —Quiero que acordonen el hospital, no quiero ni un punto sin protección. —El hombre alto de mirada dura y fría observó al grupo de más de veinte hombres. —Quiero todo lo que se deba tener, hasta de qué color eran los bóxers de quien le hizo esto al jefe. —Endureció el gesto. —Hasta la hora en la que van al baño. No quiero fallas.Desde que recibió el mensaje, Melat había estado pensativa y dudando de todo. El día en el que debía reunirse con el empresario que la citó había llegado y ella no sabía si ir, pues desconfiaba bastante. La panadería familiar era pequeña, algo modesta y hogareña. ¿Por qué un empresario se interesaría en salvar algo que no le daría bastante dinero? Cansada de pensar y cuestionarse sola, decidió llamar a su mejor amiga. Nora podía ser impulsiva y todo lo demás, pero también podía ser una muy buena consejera. —¡Aquí estoy, mi mitad! —Entró a la casa como si fuera suya, tenía llave. —¿Qué es lo que te acongoja, vida mía? —Se echó al sofá. —Me llegó una propuesta días atrás. —Le mostró el mensaje. —Pero no sé qué hacer, ¿Y si es alguien malo? ¿Si solo se quiere aprovechar de la situación? ¿Qué tal si es un tratante de personas? —Entonces vamos a investigar el lugar de la dirección a ver si es legítimo. —Nora se puso manos a la obra, no dejó sitio web que buscar y, cuando las cosas
Había pasado un mes, mes en el que el mundo de Melat se derrumbaba poco a poco de manera inexplicable. Estaban pasando tantas cosas que no sabía a cuál prestarle atención, pero justo en ese momento su corazón había decidido iniciar el día con algo que le estaba doliendo demasiado. Las cosas con Darren parecían estar mal; ella no se lo podía explicar y cada vez que lo intentaba, él simplemente pasaba de la conversación. —Hola. —Le sonrió una vez la puerta se abrió. —¿Cómo estás? —Darren la miró sin mucha emoción. —Estoy bien. —Respondió con simpleza. —Cariño, ¿Qué está pasando? —Melat no lo soportó más, ni le importó estar del otro lado de la puerta. —Has estado extraño las últimas semanas y no quieres hablar las cosas. —Sus ojos se cristalizaron. —Necesito que hables conmigo. —Su corazón, por alguna extraña razón, se aceleró, pues por su mente pasó una pregunta que jamás se había planteado. —No tengo tiempo. —Darren hizo lo de siempre. —Estoy un poco ocupado y... —¿Hay algui
Darren, a pesar de quedarse en silencio por un instante, no colgó la llamada; al contrario, se rió con fastidio. —¿Estás jugando conmigo, amigo? —Bufó irritado. —No soy hombre de bromas, Darren Hall. —Al escuchar su nombre completo, frunció el ceño. —Una gran cantidad de dinero por simple información. ¿No crees que es generoso de mi parte? —¿Para qué quieres información de Mel? —Quiso saber. —¿Cómo fue que conseguiste mi nombre y mi número? —Nada de eso importa, Darren. —Selim ya estaba perdiendo la paciencia. —Lo único que te debe importar es el dinero. Si me envías tu número de cuenta, probaré que voy en serio. —Darren guardó silencio nuevamente. —No tienes nada que perder. —Bien. —Darren le dio la cuenta y a escasos segundos 250k de dólares estaban en su cuenta. —Vaya, sí es verdad. —En su cabeza no hubo otro pensamiento que no fuera la otra parte del dinero. —Bien, te diré todo lo que quieras saber. —Aceptó el trato. Assim estaba todavía en esa cama de hospital, pero ahora
El gruñido que llenó el espacio los dejó a todos inmóviles y mirando en una sola dirección. En la cama de aquella habitación blanca, fría y llena de hombres intimidantes, trajeados y serios, se movió una figura corpulenta y malhumorada. Assim Arslan, heredero de una de las familias más poderosas y antiguas de Turquía, ligada discretamente a la realeza y a una élite financiera intocable. Aunque públicamente es conocido como empresario e inversionista internacional, en las sombras controla negocios, influencias políticas y redes de poder que pocos se atreven siquiera a mencionar. Él es el tipo de hombres que paraliza respiraciones, acelera corazones y llena de miedo hasta el alma más fuerte que pueda existir, a pesar de su silencio. —Señor. —Salim, su mano derecha y jefe de seguridad, se acercó inmediatamente a la cama. —Ha pasado cinco días, estamos con la investigación de lo sucedido y estamos teniendo avances. —Lo puso al tanto; Assim es hombre de resultados, no de sentimental


















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