MasukIt's our 17th wedding ceremony, and we just make it to the vows. Right on cue, Charlie Shaw's assistant crashes the ceremony. Vivian Wilson drops to her knees in the middle of the aisle, sobbing hysterically. "Please, everyone, you have to help me find my younger brother! His name is Zachary Wilson. He went missing when he was six. He's the only family I have left!" Charlie doesn't even try to stop her. Instead, his fingers clamp down on my wrist like a vice, as if he expects me to fly off the handle. "Don't make a scene," he whispers. "Look at the press coverage we have today. I'll explain everything later." Explain what, exactly? Why did he promise me she wouldn't show up this time, only to break his word all over again? I've listened to the exact conversation 16 times before, and the fight drains out of me completely. I look up, catch the officiant's eye, and signal for him to hand the microphone to Vivian. "It's fine. Give her the microphone," I say. "It's a huge turnout. We shouldn't let the publicity go to waste." Charlie stares at me in surprise. He has no idea that I'm handing the stage over to Vivian permanently. And as for Charlie himself? I'm completely done with him, too.
Lihat lebih banyakOLIVIA
Cuando Noah se acercó, todavía llevaba puesto el vestido blanco con el que había brindado por mi próxima boda con su padre.
No lo escuché llegar. La lluvia golpeaba el automóvil con tanta fuerza que ahogaba los sonidos de la ciudad, y el alcohol continuaba ardiéndome en la sangre. Cuando me volví, Noah ya estaba frente a mí, con el cabello mojado, la camisa adherida al pecho y la respiración tan cerca de mi boca que apenas podía distinguir dónde terminaba la suya y comenzaba la mía.
—Si quieres que me aleje, dilo —murmuró Noah.
Debí hacerlo. Debí recordar el anillo que llevaba en el dedo, la boda del día siguiente y el apellido del hombre que me observaba como si hubiera esperado tres años para encontrarme vulnerable.
En lugar de responder, lo sujeté de la corbata y lo besé.
Noah se quedó inmóvil durante un instante, sorprendido por mi decisión. Después, su mano rodeó mi cintura y me atrajo contra su cuerpo. Su boca se apoderó de la mía con una intensidad que me hizo olvidar la lluvia, el frío y todas las razones por las que aquello era imperdonable.
Lo besé con la desesperación de una mujer que acababa de descubrir que los últimos siete años de su vida se sostenían sobre una mentira. Noah respondió con hambre, aunque incluso entonces conservó suficiente control para detenerse cada vez que mi respiración vacilaba. No avanzaba hasta que yo volvía a buscarlo.
Y siempre lo hacía.
Sus dedos se cerraron sobre mi cintura mientras su lengua rozaba la mía. El contacto provocó un estremecimiento que descendió por todo mi cuerpo. Sabía quién era. Sabía exactamente por qué no debía desearlo.
Precisamente por eso, besarlo se sentía tan peligroso.
Noah abrió la puerta trasera del automóvil y me miró, esperando que recuperara la razón. Yo entré sin darle la oportunidad de decir nada. Él me siguió y cerró la puerta, aislándonos del resto de Nueva York.
La penumbra convirtió el interior del vehículo en un espacio demasiado íntimo. Noah me recostó sobre el asiento y se inclinó sobre mí. Su cuerpo quedó entre mis piernas, pero antes de continuar apoyó una mano junto a mi cabeza y esperó hasta que lo miré.
—Olivia —pronunció Noah con voz ronca.
—No digas mi nombre.
—Necesito que me escuches —insistió él—. Todavía puedes pedirme que pare.
La luz de una farola atravesó el cristal mojado y se reflejó en el diamante de mi mano. Pensé en William, en la boda y en las mentiras que acababa de descubrir. Después volví a mirar los labios de Noah, hinchados por mis besos.
—No quiero que pares —confesé.
Él volvió a besarme. Esta vez no hubo espacio para la prudencia. Su boca descendió por mi mandíbula y encontró el punto sensible debajo de mi oreja. Mis dedos se hundieron en su cabello mientras él recorría mi cuello con besos lentos que parecían destinados a borrar cada caricia que su padre me hubiera dado antes.
Una de sus manos bajó por mi costado y se detuvo sobre mi muslo. El vestido se deslizó unos centímetros cuando Noah me acercó más a él, permitiéndome sentir el deseo que intentaba contener.
—Noah… —gemí su nombre antes de poder detenerme.
Él levantó la cabeza. Sus ojos verdes estaban oscurecidos por el deseo.
—Dilo otra vez —pidió.
En lugar de obedecer, lo atraje hacia mí y mordí suavemente su labio inferior. Noah dejó escapar un sonido grave que sentí vibrar contra mi pecho. Su mano recorrió mi espalda hasta encontrar el cierre del vestido, pero se detuvo antes de bajarlo.
—Desde Madrid —confesó Noah contra mi boca—. No he podido dejar de pensar en esto desde Madrid.
La mención de Madrid debió devolverme la sensatez. En cambio, lo atraje hacia mí mientras su boca recorría mi cuello y el vestido se acumulaba sobre mis muslos.
Horas antes creía tener una vida perfecta. Ahora estaba en el asiento trasero de un automóvil con Noah Bennett.
El hijo de mi prometido.
Días antes…
La mansión Bennett estaba llena de invitados, champán y fotógrafos. A mi lado, William conversaba con varios inversores mientras mantenía una mano sobre mi cintura.
Llevábamos siete años juntos. Lo amaba o, al menos, había aprendido a llamar amor a la estabilidad que compartíamos.
—Sonríe, mi vida —susurró William mientras acercaba su rostro al mío—. Todos vinieron a conocer al heredero, pero tú sigues siendo la joya de la corona.
Obedecí frente a las cámaras.
—El heredero todavía no aparece —comenté, intentando que mi voz sonara despreocupada.
—A Noah siempre le ha gustado hacer esperar a los demás —respondió William con evidente molestia.
Mis manos sudaban dentro de los guantes blancos. La celebración no me preocupaba. Mi verdadero tormento era el regreso del hijo de William.
Tres años antes, durante un viaje familiar a Madrid, Noah y yo nos habíamos quedado solos en la terraza del hotel. Una conversación demasiado íntima terminó con su boca sobre la mía y mis manos aferradas a su camisa. Noah tenía diecinueve años; yo, veintisiete. Sabía que aquel beso estaba mal, pero durante unos segundos no pude obligarme a detenerlo.
Me aparté antes de que ocurriera algo más y, a la mañana siguiente, fingí que nunca había sucedido. Poco después, Noah se marchó a Europa y yo me refugié en mi relación con William.
Sin embargo, algunos besos no desaparecen. Permanecen escondidos en el cuerpo, esperando que una voz, una mirada o un nombre los despierte.
Las puertas del salón se abrieron.
Todas las conversaciones perdieron importancia cuando Noah Bennett entró en la mansión.
El muchacho que recordaba había desaparecido. El hombre que avanzaba hacia nosotros tenía los hombros anchos, las facciones definidas y una seguridad inquietante. Vestía un traje negro sin corbata, y su cabello oscuro estaba peinado hacia atrás, aunque un mechón rebelde caía sobre su frente.
Varias mujeres se volvieron para observarlo. Noah no miró a ninguna.
Sus ojos encontraron los míos desde el otro extremo del salón.
Sentí el impacto de aquella mirada en el centro del pecho y, durante un instante, regresé a la terraza de Madrid. Recordé el calor de sus manos, la presión de su boca y la forma en que había pronunciado mi nombre justo antes de besarme.
Noah se detuvo frente a nosotros. Su mirada descendió hacia mi mano izquierda, escondida bajo el guante blanco, y después subió lentamente hasta mi boca.
—Bienvenido a casa, Noah —lo saludé, procurando que mi voz no me traicionara.
—Gracias, Olivia —respondió él, deteniendo la mirada sobre mi boca.
William se llevó a su hijo para presentarlo ante los invitados. Yo me alejé en busca de aire, pero Diana me interceptó.
—Relájate, Olivia —comentó la madre de Noah con una sonrisa—. Mi hijo acaba de llegar y contigo ya parece bastante despierto.
—Apenas nos conocemos.
—No tienes que explicarme nada —replicó Diana antes de alejarse—. Hace años renuncié a comprender a los hombres Bennett.
Durante la siguiente hora evité a Noah, aunque sentí su mirada siguiéndome por el salón. Cuando la orquesta comenzó una pieza lenta, su voz surgió detrás de mí.
—¿Me concedería este baile, futura madrastra?
—No es buena idea.
—Todos nos están mirando —advirtió Noah, ofreciéndome la mano.
Rechazarlo habría provocado más preguntas, así que acepté.
—Solo una canción.
Noah me condujo hacia la pista y apoyó una mano sobre mi cintura. Mantuvo una distancia correcta, pero la presión de sus dedos despertó el recuerdo de Madrid.
—Tres años sin verme y todavía no puedes mirarme —murmuró.
—No estoy huyendo.
Él me acercó apenas a su cuerpo.
—Entonces mírame, Olivia.
Obedecí. La indiferencia había desaparecido de sus ojos.
—Madrid fue un error —afirmé.
Noah inclinó el rostro hasta que su respiración rozó mi oído.
—Entonces dime que no has pensado en aquel beso.
Mi silencio respondió por mí.
—No puedes contárselo a tu padre —le advertí.
—Tu secreto está a salvo conmigo.
—¿Qué quieres de mí?
Noah miró a William por encima de mi hombro y después volvió a clavar los ojos en los míos.
—Quiero tenerte para mí.
A few minutes later, I posted an official announcement on Twitter.I included a picture of Hansel's and my interlocked hands, along with our marriage certificates, and finished the post with a flawless grid of photos from the ceremony.The comment section immediately flooded with messages from people gushing over how perfect we looked together.Charlie shut down his livestream.It wasn't long before an unfamiliar number texted me."Why did you marry someone else?"We promised we would spend the rest of our lives together."I can match whatever he's offering you. Leave him, and I'll put a ring on your finger tomorrow."The texts had Charlie's fingerprints all over them. I thought about it for a moment and fired back a reply."No thanks."Then, I blocked the number, and just like that, the noise faded away.…Hansel and I spent the next two months completely off the grid for our honeymoon. We went from place to place, practically having traveled the world.He even managed to
The scandal surrounding Vivian finally went viral on social media while Hansel and I were eating dinner. We had just started to map out our honeymoon and were narrowing down the list of destinations.We met when we were four and parted ways at 16 when he moved abroad for school, which caused us to lose touch completely.Since returning to the country two years ago, Hansel had watched me be toyed with like a fool 16 separate times, yet he never crossed any boundaries or interfered with my life.He simply sent me supportive messages whenever I felt lonely or helpless, and he quietly assigned his assistant to ensure that I had everything I needed.Fortunately, we didn't miss our second chance.I flipped through a travel brochure, feeling completely overwhelmed by the choices. "I want to go everywhere, but I doubt we can squeeze it all into one trip.""We can do a road trip or fly overseas," he said. "Just pick the spots, and I'll handle the logistics. I'll take you anywhere you wa
The blood in Charlie's veins turned to ice.It wasn't worth it.For three years, he had chased a ghost like an absolute fool, completely manipulated by Vivian.And what about me? How had I felt through all of this?'All of his memories came rushing back at once.The first time he'd stepped in to help Vivian wasn't even at a wedding. It happened at my product launch.I had stood on the stage, radiating confidence and grace as I prepared to pitch my product to the investors.But within seconds, Vivian stormed the stage, clutching a photograph of her supposed brother and weeping as she begged the audience to help her find him.At that exact moment, every ounce of color drained from my face.And how did he handle it?He had dragged me off the stage, ordered Caleb to secure the venue, and instructed the reporters to aim their cameras directly at Vivian. Looking down at my trembling, fragile frame, he tried to soothe me. "Don't worry. It's just an accident. I'll handle the crowd.
Charlie didn't catch a single word of the hotel attendants' conversation.He sped back to his downtown apartment and threw the front door open only to find the place dead quiet. On the surface, nothing seemed to have changed, yet it felt empty."Elena?" he called out.No one answered. "Elena, where are you?"He pulled out his phone and dialed my number, only to realize that I had blocked him."Unbelievable!" he muttered, his frustration flaring as he marched into the bedroom to change his clothes and go look for me.But the moment he swung the closet doors open, he froze.Every single piece of my clothing was gone.Something was off.First, I blocked his number. Now, I had completely packed up and moved out. If I were just throwing a temper tantrum, I was taking it way too far this time.Only then did he start to panic.He immediately called one of our mutual friends to track me down, but the friend's tone was dripping with sarcasm."Wow, look who finally has time to worr
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