FAZER LOGINGavrel. No es por lo que fue a comprar que la necesitaba lejos. Suelto una m@ldición y busco un encendedor en los cajones, mientras intento controlar el dolor que se extiende por mi costado. Mientras no tenga la curación rápida, debo utilizar otros métodos, aunque no sean tan fáciles de llevar a cabo.Encuentro una forma de romper la bala que saco del cargador y vierto la pólvora en mi mano. La observo durante un segundo, consciente de lo que estoy a punto de hacer. Va a doler mucho más de lo que cualquier herida debería permitirme soportar, y el peligro es alto, pero también definitivo.Ingreso un poco de pólvora en la herida que reviso con cuidado. Debo soportar el dolor una vez más. El sudor comienza a cubrirme la espalda, pero no tengo tiempo ni siquiera para quejarme cuando acerco el encendedor y la llama entra en contacto con el polvo.El dolor me atraviesa como una descarga que somete todas mis terminaciones nerviosas, las cuales debilitan mi cuerpo de una manera horrorosa.E
Gavrel.Salgo del vehículo, con el rifle contra mí pecho, soltando las detonaciones que salen despedidas en una sola dirección, exponiéndome a ser derribado por uno de los tiradores que por su velocidad, sus balas no tienen objetivo fijo. El riesgo es una estupidez, pero lo que me pasó cuando hirieron a mi hermana no me vuelve a ocurrir.Apunto, ubico, disparo y evado las balas de los tipos que quieren atinarme a la cabeza. Pero no tuvieron en cuenta que soy todo menos un idiota al que puedan amenazar con la muerte. Soy un emisario de la muerte para ellos; soy de quien deberían correr, porque aun estando solo no me acobardo. Los hago retroceder con detonaciones feroces que les abren el pecho a los tipos que intentan moverse, pero una granada de expansión les impide hacerlo antes de que atraviese sus cabezas, haciéndolas explotar con una violencia que ni el demonio podría reparar.—¿Vinieron por mí, ratas? —farfullo, cambiando el cargador con el que vuelvo al ataque.Sin embargo, sie
Gavrel.Me alejo de inmediato al saber a cuanta temperatura puede escalar, arremetiendo contra el sujeto a quien tomo del cuello, lanzandolo sobre mí para estamparlo contra el vehículo, en donde le presiono la cara hacia el metal que lo hace gritar y querer enterarme el puñal en el estómago, a lo que uso su misma mano para acuchillarle la garganta. Me doy la vuelta y un balazo me deja inmóvil, con una quemadura elevándose por mis costillas, dispersándose hacia todas las direcciones cuando mi cerebro capta lo que mi mano percibe cuando la llevo al costado, de donde corre la sangre.La maldit@ herida duele más con cada segundo, pero antes de que me haga cargo de la escoria, el tirador cae con una de las cuchillas que salen del auto, la cual se incrusta en su cara. Miro la pantalla de mi reloj. No lo active. Tuvo que hacerse manualmente. Pero al girar solo encuentro a una aterrada Arleth, a quien empujo para subirme y sacar las armas que tengo detrás del asiento. Me van a seguir y n
GavrelEl desespero llega en cuanto la primera bala resuena y se incrusta en la lata del auto a mi lado. Los había visualizado antes de que abrieran fuego, así que evado por instinto la ráfaga que se cierne sobre mí mientras algunos de mis hombres reciben los primeros impactos; los que quedaron más expuestos caen, otros son heridos y el resto nos vemos obligados a bajar el cuerpo, utilizando vehículos, puertas y cualquier maldit@ cosa que pueda interponerse entre nosotros y las balas.No me interesa qué está pasando. Mis ojos viajan directamente hacia el auto cuando varias balas golpean las ventanillas y algo dentro de mí se tensa con una violencia que no tiene nada que ver con el tiroteo. Sé que el sistema antiataque fue lo primero que activé, pero mis músculos no parecen recordar que la tecnología está funcionando; todo mi cuerpo me exige correr hasta ella, comprobar con mis propios ojos que la salvaje no ha sido alcanzada por el plomo.La advertencia de mi padre no sólo regresa com
Arleth Ambrosetti. —Los matices resaltan una técnica poco usada y los colores contrastan demasiado bien para no tener relación real con lo que representa la obra, ni el pintor —comenta en lo que creo que me tragué la lengua, porque no puedo hablar. —Conforma una excelente creación. —¿Qué estás haciendo aquí? —pregunto y al fin me mira. —Detallando una obra de arte— me dice sin quitarme los ojos de encima. —Ya sé, pero me refiero aquí en la ciudad —respondo con ironía y un gesto que cualquier día me provocará un problema. —No he sabido de tí o de...—Tuve emergencias que atender, además aproveché para cumplir con un compromiso con Damien y su esposa —menciona como si nada. —¿Qué haces en una galería? —La pregunta debería ser mía, porque presiento que me estás siguiendo —le digo para volver a respirar, mientras lo acuso con un dedo. —Iba a dejarle unos documentos a tu padre, te vi asomando como una ardilla que busca nueces y decidí entrar —achico la mirada ante su descripción y m
Arleth Ambrosetti. Siento como mis pies tocan el suelo, su altura es mucha aunque yo esté en tacones, por lo que cuando se inclina un poco dejo de respirar al intuir lo que hará. Me mira directo a los labios, sus pupilas se expanden a un punto que el color ámbar se vuelve solo un anillo muy delgado. Paso saliva, no puedo...—¿Puedo robartelo un segundo? —dice Lisa llegando de no sé dónde, pero nuestra cúpula de cristal se vuelve pedazos. Ni siquiera me deja responder cuando lo hace caminar, alguien más me pide bailar con él y accedo disimulando que no puedo ni hablar. Lo veo irse, Lisa le habla y no deja de mirarme como tampoco lo hago yo hasta que desaparece. En toda la ceremonia no lo vuelvo a ver.Erick está agrupado y riendo con Leandro, el cual me da una mirada entrecerrada que finjo no notar y Elién que pide una copa para mí. Acompaño a mi cuñada cuando le toca quedarse sola, porque alguien se lleva a mi hermano. Paso un tiempo hablándole a su estómago, haciendo que se ría a







