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Capítulo 73. Falta de razonamiento.

Author: Nelsy Díaz
last update publish date: 2026-07-01 10:56:54

Gavrel.

Incluso mis venas reciben las consecuencias de la fuerza que ejerzo para bajar las revoluciones que me eleva la temperatura. Permanezco frente al ventanal unos segundos más, siendo suficientes para comprobar que la entrevista cambia por publicidad de un reloj y el edificio vuelve a ser solo concreto y arquitectura de buena calidad.

Debería bastar que regrese a ser aquello para lo que fue creado. Pero no lo hace.

Regreso a la mesa mientras Zaid continúa explicando la distribución de sect
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    Gavrel.Salgo del vehículo, con el rifle contra mí pecho, soltando las detonaciones que salen despedidas en una sola dirección, exponiéndome a ser derribado por uno de los tiradores que por su velocidad, sus balas no tienen objetivo fijo. El riesgo es una estupidez, pero lo que me pasó cuando hirieron a mi hermana no me vuelve a ocurrir.Apunto, ubico, disparo y evado las balas de los tipos que quieren atinarme a la cabeza. Pero no tuvieron en cuenta que soy todo menos un idiota al que puedan amenazar con la muerte. Soy un emisario de la muerte para ellos; soy de quien deberían correr, porque aun estando solo no me acobardo. Los hago retroceder con detonaciones feroces que les abren el pecho a los tipos que intentan moverse, pero una granada de expansión les impide hacerlo antes de que atraviese sus cabezas, haciéndolas explotar con una violencia que ni el demonio podría reparar.—¿Vinieron por mí, ratas? —farfullo, cambiando el cargador con el que vuelvo al ataque.Sin embargo, sie

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    Gavrel.Me alejo de inmediato al saber a cuanta temperatura puede escalar, arremetiendo contra el sujeto a quien tomo del cuello, lanzandolo sobre mí para estamparlo contra el vehículo, en donde le presiono la cara hacia el metal que lo hace gritar y querer enterarme el puñal en el estómago, a lo que uso su misma mano para acuchillarle la garganta. Me doy la vuelta y un balazo me deja inmóvil, con una quemadura elevándose por mis costillas, dispersándose hacia todas las direcciones cuando mi cerebro capta lo que mi mano percibe cuando la llevo al costado, de donde corre la sangre.La maldit@ herida duele más con cada segundo, pero antes de que me haga cargo de la escoria, el tirador cae con una de las cuchillas que salen del auto, la cual se incrusta en su cara. Miro la pantalla de mi reloj. No lo active. Tuvo que hacerse manualmente. Pero al girar solo encuentro a una aterrada Arleth, a quien empujo para subirme y sacar las armas que tengo detrás del asiento. Me van a seguir y n

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    GavrelEl desespero llega en cuanto la primera bala resuena y se incrusta en la lata del auto a mi lado. Los había visualizado antes de que abrieran fuego, así que evado por instinto la ráfaga que se cierne sobre mí mientras algunos de mis hombres reciben los primeros impactos; los que quedaron más expuestos caen, otros son heridos y el resto nos vemos obligados a bajar el cuerpo, utilizando vehículos, puertas y cualquier maldit@ cosa que pueda interponerse entre nosotros y las balas.No me interesa qué está pasando. Mis ojos viajan directamente hacia el auto cuando varias balas golpean las ventanillas y algo dentro de mí se tensa con una violencia que no tiene nada que ver con el tiroteo. Sé que el sistema antiataque fue lo primero que activé, pero mis músculos no parecen recordar que la tecnología está funcionando; todo mi cuerpo me exige correr hasta ella, comprobar con mis propios ojos que la salvaje no ha sido alcanzada por el plomo.La advertencia de mi padre no sólo regresa com

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    Arleth Ambrosetti. —Los matices resaltan una técnica poco usada y los colores contrastan demasiado bien para no tener relación real con lo que representa la obra, ni el pintor —comenta en lo que creo que me tragué la lengua, porque no puedo hablar. —Conforma una excelente creación. —¿Qué estás haciendo aquí? —pregunto y al fin me mira. —Detallando una obra de arte— me dice sin quitarme los ojos de encima. —Ya sé, pero me refiero aquí en la ciudad —respondo con ironía y un gesto que cualquier día me provocará un problema. —No he sabido de tí o de...—Tuve emergencias que atender, además aproveché para cumplir con un compromiso con Damien y su esposa —menciona como si nada. —¿Qué haces en una galería? —La pregunta debería ser mía, porque presiento que me estás siguiendo —le digo para volver a respirar, mientras lo acuso con un dedo. —Iba a dejarle unos documentos a tu padre, te vi asomando como una ardilla que busca nueces y decidí entrar —achico la mirada ante su descripción y m

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    Arleth Ambrosetti. Siento como mis pies tocan el suelo, su altura es mucha aunque yo esté en tacones, por lo que cuando se inclina un poco dejo de respirar al intuir lo que hará. Me mira directo a los labios, sus pupilas se expanden a un punto que el color ámbar se vuelve solo un anillo muy delgado. Paso saliva, no puedo...—¿Puedo robartelo un segundo? —dice Lisa llegando de no sé dónde, pero nuestra cúpula de cristal se vuelve pedazos. Ni siquiera me deja responder cuando lo hace caminar, alguien más me pide bailar con él y accedo disimulando que no puedo ni hablar. Lo veo irse, Lisa le habla y no deja de mirarme como tampoco lo hago yo hasta que desaparece. En toda la ceremonia no lo vuelvo a ver.Erick está agrupado y riendo con Leandro, el cual me da una mirada entrecerrada que finjo no notar y Elién que pide una copa para mí. Acompaño a mi cuñada cuando le toca quedarse sola, porque alguien se lleva a mi hermano. Paso un tiempo hablándole a su estómago, haciendo que se ría a

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    Arleth Ambrosetti.Mantengo la frente en alto cuando Lisa lo presenta con su mamá. Sonrío como si nada pasara, necesito una distracción. La que sea. Y parece que el mundo decide escucharme, porque encuentro a alguien que no tiene a todos encima y que, por suerte, conozco demasiado bien como para tener que fingir interés en una conversación cualquiera.—¡Valentín!No esperaba encontrarlo, pero es mi salida. Él gira al escucharme y la expresión de sorpresa que aparece en su rostro me hace sonreír, porque, al parecer, ninguno de los dos esperaba encontrarse con el otro esta noche.—Arleth —saluda con un beso en mi mejilla—. No esperaba encontrarte aquí. Bueno, es de tu familia, obviamente, pero... considerando que la última vez que nos vimos prácticamente decidiste desaparecer rumbo a Milán sin esperarme, pensé que tendría que perseguirte por media Europa para volver a encontrarte.—Casi nunca paso con ellos, ya sé —respondo, recibiendo la copa que pide al mesero—. Pero no pongas esa car

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