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Capítulo 1. Nuestro quinto aniversario... otro fracaso más.
La mesa estaba dispuesta como cada año. Fernanda acomodo la posición de las copas por tercera vez, asegurándose de que el reflejo de las velas dieran directamente en el brillo de su rostro.
Había pasado toda la tarde en la cocina preparando los platos que más le gustaban a su esposo. Era su quinto aniversario de bodas y quería que todo saliera perfecto, al menos esta vez... cinco años desde que unieron sus vidas en una ceremonia que, para el mundo, fue el evento social de la década, pero que para ella había sido un pacto de salvación.
De pronto su teléfono comenzó a sonar, su corazón dio un vuelco...
-- No esta vez... por favor – susurró con el corazón en la garganta.
-- ¡Hola! – le respondió sabiendo muy bien quien estaba al otro lado de la línea.
-- ¡Fer! Lo siento. No llegaré a cenar. Valeria bebió de más en la reunión con los inversionistas y no puedo dejarla así. Tengo que llevarla al hotel y asegurarme de que esté bien. No me esperes despierta, ya sabes que la última vez ella quiso... –
-- Lo sé – le respondió ella con pesar, sin dejarlo que terminé de hablar.
Su esposa soltó un suspiro tembloroso y dejó su teléfono sobre la mesa. No era la primera vez. El silencio en la mansión se sintió ensordecedor...
--"Valeria" – susurró para sí misma, y el nombre supo a hiel en su boca.
Intentó racionalizarlo, como lo había hecho los últimos dos años desde que ella volvió. Es solo un compromiso laboral, se dijo. Mi esposo es el CEO de la empresa, ella es su asistente personal, definitivamente es su responsabilidad si bebe de más, pensó.
Pero la lógica se desmoronaba ante la repetición de la historia. Desde que ella había vuelto, cada aniversario, cada cumpleaños, cada fecha que debería haber sido de ellos dos, Valeria siempre encontraba una "emergencia para privarla de su presencia".
Fernanda se sentó en la cabecera de la mesa vacía.
Sus pensamientos volaron cinco años atrás. Recordaba a un Francisco devastado, con las ojeras marcadas por las noches sin dormir, y la mirada perdida en las gráficas de una empresa familiar que se hundía en la bancarrota.
En aquel entonces, su querida Valeria, su flamante amor de la infancia, no tardó ni una semana en desaparecer cuando los lujos se esfumaron.
"No puedo vivir así, Francisco", le había dicho antes de marcharse al extranjero a, según ella...
“seguir sus sueños...”
Fue ella, Fernanda quien se quedó con él. Fue el apellido Herrera y su propia fortuna personal la que inyectó el capital necesario para que Francisco no tocara fondo, pero ella nunca quiso que él supiera lo que hizo para ayudarlo.
Ella lo amaba en secreto desde la universidad, y cuando él le propuso matrimonio como gratitud con un contrato de conveniencia que ella disfrazó de esperanza, Fernanda aceptó sin dudarlo, sin saber que esa ayuda que le estaba dando... se estaba convirtiendo en el imán perfecto para atraer algunos buitres de regreso a sus vidas...
Y así fue, porque dos años atrás, cuando la empresa de Francisco ya era un imperio global, Valeria volvió.
Apareció en su oficina con una mirada arrepentida y una historia de "errores de juventud".
Y él olvidando la humillación que había vivido y a su esposa, la contrató como su asistente personal.
De pronto un rayo iluminó el ventanal suspendiendo sus recuerdos, seguido por el estruendo de un trueno. La lluvia comenzó a azotar. En ese momento Arturo el mayordomo que la ha acompañado desde que se mudó a esa casa ingresó con una carpeta de cuero bajo el brazo.
-- Señora, disculpe la interrupción – le dijo con voz suave cargada de lástima.
-- Acaban de llegar estos documentos de la sede central, parece que requieren la firma urgente del señor... pensaban que él estaría en casa este día – le dijo con algo de lástima, incluso él sabía lo que celebraba la pareja en esa fecha.
-- El mensajero dice que es vital que sean devueltos a primera hora con su firma –
Fernanda miró los papeles. Era la excusa perfecta, o quizás, el impulso masoquista que había estado necesitando.
-- Los llevaré yo, Arturo. Sé en qué hotel está Francisco reunido ahora... la señorita Valeria, está con él –
-- Pero señora, el clima está terrible esta noche – le informó el empleado mirando al exterior.
-- No importa – le cortó ella, con una determinación gélida.
-- Prepárame el coche, de todas formas, iré con él –
El trayecto al hotel "The Grand Diamond" fue un borrón de luces borrosas y el limpiaparabrisas moviéndose con frenesí. Fernanda conducía con las manos apretadas al volante, sintiendo como el nudo en su garganta se hacía cada vez más grande.
Al llegar no hubo necesidad de preguntar en la recepción, sabía perfectamente que su esposo reservaba siempre la misma suite cada vez que se quedaba allí, cada vez que debía cuidar a su gran amor de la infancia... Subió por el ascensor, con la carpeta apretada contra el pecho como si fuera un escudo de protección.
Al llegar a la suite presidencial, la puerta estaba entreabierta... Fernanda se detuvo, el corazón le latía desenfrenado. Empujó suavemente y entró en la sala de la suite.
-- ¿Fran...? – lo llamó en voz baja. Pero nadie respondió desde el salón.
La puerta del dormitorio estaba entreabierta. Fernanda caminó hacia allí, los latidos de su corazón iban en aumento por alguna razón se imaginaba lo peor... y cuando llegó allí se quedó petrificada al ver lo estaba pasando.
Capítulo 128. Entre Frenos y Coartadas.A las siete y cuarenta y cinco de la noche, la residencia Novaro-Herrera mantenía su habitual calma. En el despacho del primer piso, Alejandro revisaba por tercera vez el informe de telemetría del vehículo de Matías De Las Casas.- Este muchachito no se ha movido de su garaje en dos horas – murmuró Alejandro, ajustándose las gafas de lectura mientras miraba el mapa térmico en su pantalla.- O el muchacho no tiene vida social o sospecha que lo tenemos monitoreado.Fernanda cruzó la biblioteca vistiendo una bata de seda verde esmeralda, sosteniendo dos copas de vino. Le entregó una a su esposo y echó un vistazo a la pantalla con una sonrisa indulgente.- No has pensado que tal vez, el muchacho es bastante más inteligente que tu equipo de seguridad – le dijo su esposa, apoyándose en el borde del escritorio.- Le mandaste poner un sistema de rastreo al auto, no al chico –Alejandro alzó la vista, entrecerrando los ojos.- ¿Dónde está Victoria? –- Di
Capítulo 127. El reflejo en el espejo y un regalo especial.Nadie le hablaba a Alejandro Novaro con semejante audacia en su propia casa. Un silencio tenso se apoderó del pequeño círculo. Alejandro entrecerró los ojos, evaluando la amenaza.Varios metros más allá, Fernanda observaba la escena apoyada en una columna, disfrutando de cada segundo de la interacción con una copa de vino en la mano y una chispa de diversión absoluta en los ojos.- Mi hija está celebrando su mayoría de edad, Matias – le dijo Alejandro, dando un paso más cerca de Victoria.- Es un evento privado. Para personas con invitación personalizada, es una lástima que tu padre no haya querido asistir –- Papá... – intentó intervenir Victoria.Pero Matias, lejos de amedrentarse, dio un paso hacia un lado para quedar nuevamente en el campo de visión de Victoria y le entregó la caja envuelta con tanta delicadeza, directamente en la mano.- Solo vine a entregar este regalo y a felicitar a la cumpleañera. No quisiera interru
Capítulo 126. El Arte de Ser una Novaro.Muchos años después....El espejo del vestidor principal reflejaba la imagen de una joven que llevaba la combinación genética más peligrosa de la alta sociedad.Tenía la mirada penetrante e insondable de su padre el gran Tiburón Alejandro Novaro, esos ojos que habían hecho temblar a directorios enteros en tres de los más importantes continentes mezclados con la elegancia natural y la sonrisa calculadora de su madre, Fernanda Herrera.Victoria Novaro Herrera a sus casi dieciocho años de edad se acomodó el dobladillo de su vestido de seda, para el mundo exterior, la jovencita ya tenía la edad adulta legal, pero para su padre, esta era la señal oficial de que debía duplicar el equipo de seguridad privada de su princesa.- Si sigues ajustando ese vestido, le vas a hacer un hueco, cariño – le dijo su madre, apareciendo en el marco de la puerta de su habitación.Fernanda lucía despampanante a sus cuarenta y tantos años, con la misma gracia imponente
Capítulo 125. El final.La pareja regreso con Sebastian e Ingrid justo cuando el sol empezaba a esconderse tras los tejados de la ciudad. Arturo apareció con una bandeja de cristal y cuatro copas. No era una celebración por un contrato firmado ni por un juicio ganado.Era un brindis por la unión, por el amor de sus familias, por un nuevo continuar.-- Un brindis por los que están, por los que se fueron y por todos los que vendrán – les propuso Sebastian, levantando su copa.-- Porque la sangre de los Herrera y la fuerza de los Novaro se han unido para crear algo que nadie podrá destruir... un hogar –-- Por el tiempo – añadió Ingrid.-- Que nos ha enseñado a valorar cada segundo de calma –-- Y por el amor – concluyo Fernanda, mirando a su esposo.-- Ese amor que fue el único contrato que realmente valió la pena firmar –Los cuatros bebieron en silencio, disfrutando del sonido del viento entre las hojas del roble.Vitoria y Mateo se habían quedado dormidos, uno contra el otro, en la m
Capítulo 124. Bajo la sombra...Fernanda se sonrojó, tal como lo había hecho Ingrid horas antes.-- Ver a Vitoria hoy... verla caminar por ese jardín que antes se sentía tan vacío... me hizo dar cuenta de que realmente ganamos –-- Lo hicimos. Pero Sebastian tiene razón en algo – le dijo Alejandro con una chispa de picardía en los ojos.-- Hoy es el cumpleaños de Vitoria, pero también es el aniversario de la noche en que todo cambió para nuestra familia –-- ¿Ah sí? ¿Y qué tiene planeado el "Tiburón" para celebrar con su esposa ahora que la heredera está bajo la custodia de María? –Alejandro la levantó en sus brazos y la llevó hacia su habitación. Allí, Arturo ya había dejado una botella de champagne enfriándose y una pequeña caja de terciopelo sobre la cama.-- Tengo planeado recordarte que, aunque Vitoria sea la princesa de este imperio, tú sigues siendo la reina mi amor – le respondió él, abriendo la caja para revelar unos pendientes de esmeraldas que brillaban como los campos de
Capítulo 123. Terminando la gran celebración.Bajo la sombra del joven roble, el aire parecía más ligero. Aquella rama que Alejandro había traído desde la finca, contra todo pronóstico botánico y tras contratar a los mejores expertos en trasplantes de la ciudad, se alzaba ahora con orgullo en el jardín de la mansión. No era solo un árbol; era el cordón umbilical que unía la paz del campo con la selva de asfalto.Las hojas verdes y vibrantes susurraban con la brisa, cobijando a una familia que, finalmente, respiraba sin miedo.Vitoria ajena a todo estaba concentrada en su nuevo regalo... el caballito de madera que Ingrid le había regalado. La pequeña se aferraba a las cerdas de tela con una determinación que sacó más de una carcajada a los presentes.Sus pequeñas piernas, todavía un poco inestables, buscaban el equilibrio mientras Alejandro permanecía a medio metro de distancia, con las manos listas para actuar como redes de seguridad humanas, en caso su pequeña se vuelque de allí.--







