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capítulo 4

Autor: A.R.B.F
last update Fecha de publicación: 2026-02-05 00:19:17

Cuando Ciro se enteró que la pareja desapareció del pueblo vecino con la niña, maldijo a todos y envió a varios grupos de hombres a recorrer todas las paradas del tren. Era cuestión de tiempo antes de que los encontraran.

Sin embargo, cuando Luna y los que ella cree sus padres llegaron a la última estación del tren, no se quedaron en ese pueblo. Albert sabe que su pequeña está en riesgo y hará lo que sea para protegerla. Es por eso que, al llegar a la última estación, bajaron y fueron donde un viejo amigo suyo, donde él los esperaba con una carreta y un par de caballos, además de comida y agua para un viaje corto.

—Espero que encuentren lo que buscan en este viaje y no se preocupen, si llegan a preguntar diré que jamás los he visto —el amigo de Albert se despide de ellos y la familia se marcha, adentrándose por un camino de tierra, con el amigo de Albert como único testigo.

—¿Papi, a dónde vamos? —Luna está cansada, ya que su padre le había hablado del tren, pero jamás le dijo nada de viajar a caballo.

—Vamos a un lugar maravilloso, donde podrás jugar con niños de tu edad y hacer muchas cosas nuevas. No te preocupes por nada, llegaremos muy pronto —Albert acaricia con cariño la cabeza de su hija, y esta asiente feliz.

Albert estuvo investigando, y el reino en donde él ha vivido durante toda su vida no es el único que existe, hay muchos más. Pero hay uno al que nunca irán a buscar a la pequeña Luna: es el Reino del Sol. Ahí hay magia igual que en su reino, pero por alguna razón siempre han sido rivales. Jamás se han atacado, pero no son amigos. Cada reino ha respetado los límites del otro y han sabido coexistir. Pero ahora, Albert lleva a la heredera del Reino de la Luna al Reino del Sol, para intentar protegerla. Quizás lo logre, quizás no, pero él tiene su fe puesta en ese reino, para que así su hija pueda crecer sana y fuerte, hasta poder defenderse de los enemigos que la persiguen únicamente por ser la heredera real del Reino de la Luna.

Tras horas de camino, la pequeña Luna se quedó dormida junto a su madre en la parte trasera de la carreta, pero Albert no quería descansar. Él quería llegar antes del amanecer al pueblo. Él sabe que sus gobernantes no aparecen en el pueblo a menos que algo grave pase, pero espera estar a salvo ahí con su familia, y que si algo pasa, esos gobernantes aparezcan y puedan ayudarlos a sobrevivir.

Casi al amanecer, Albert respiró aliviado al entrar al pueblo y comenzar a ver todas las construcciones en ese lugar. Es un pueblo más avanzado que en el que se encontraban anteriormente. Hay hasta escuela, así que para él, Luna será feliz ahí.

Los pocos habitantes que estaban despiertos a esa hora observan a los recién llegados con desconfianza, puesto que era muy extraño que personas llegaran ahí de la nada.

Albert detuvo la carreta y bajó de ella para poder hablar con uno de los habitantes, ya que debe encontrar dónde quedarse con su familia.

—Disculpen, pero mi familia y yo estamos buscando un lugar donde vivir. ¿Podrían decirnos si están vendiendo alguna propiedad o dónde se alquilan habitaciones? —Albert espera no tener que salir huyendo de ese pueblo también.

—No creo posible que alguien venda su propiedad, pero sí hay una posada donde alquilan habitación. No es la mejor, pero es lo que podemos ofrecer —responde el hombre.

—Está bien. ¿Podría señalarme a dónde ir? —Albert tendrá que conformarse con un lugar donde descansar, mientras consigue una casa para su familia.

—Por supuesto, al final de la calle cruza a mano izquierda y va todo derecho, y al final encontrará la posada. Tienen un gran letrero rojo, así que será fácil que encuentre la posada —Albert escuchó con atención las palabras del hombre.

—Gracias, muchas gracias —Albert se puso en marcha hacia la posada con su esposa e hija. Tal y como le indicaron, no fue difícil encontrar el lugar.

—Esperen aquí —Albert baja de la carreta y camina hasta la puerta de la posada, en donde toca la puerta y espera unos segundos hasta que esta se abre y sale una señora mayor.

—Buenos días, ¿qué se le ofrece? —la señora se sorprendió al ver caras nuevas por ahí.

—Mi señora, mi nombre es Albert, y con mi familia acabo de llegar al pueblo. Me dijeron que aquí podríamos rentar una habitación —la señora observa la carreta, alcanzó a ver a Luna y su madre abrazadas.

—Mi nombre es Zafiro, y sí rento habitación, pero creo que usted necesita una de las piezas más grandes. Es independiente, tiene dos habitaciones, una cocina, sala y por supuesto el baño —responde la mujer, ya que no cree que una de sus pequeñas habitaciones sea para esa familia.

—Sí, eso suena bien. La quiero —Albert se emociona al escuchar la descripción de esa pieza.

—Bueno, tendrán que limpiarla si la quieren, porque lleva años cerrada y nadie la ha limpiado en mucho tiempo —comenta la señora Zafiro.

—No se preocupe, somos personas trabajadoras y podemos limpiarla sin problemas —Albert, en ese momento, aceptará cualquier lugar donde pueda mantener a salvo a su familia.

—Está bien. Primero amarre sus caballos y traiga a su esposa e hija, mientras yo voy por las llaves —dicho eso, Zafiro entró por las llaves, y Albert ayuda a su esposa e hija a bajar de la carreta, para luego atar a los caballos de manera que no se vayan.

—¿Papi, viviremos aquí? —indaga la pequeña, sujetando la mano de su madre.

—Por ahora sí, pequeña. Pero te prometo que pronto buscaremos una casa para los tres —con la respuesta de su padre, Luna se quedó muy feliz y tranquila.

Minutos después, Zafiro volvió con las llaves y los guió por su jardín hasta llegar a una construcción al final de esta, la cual efectivamente estaba cerrada. Al abrirla, había polvo por todos lados y ratas muertas.

—Está muy mal. ¿Están seguros de quedarse? —Zafiro ve imposible limpiar aquel lugar.

—Sí, mi señora. Nosotros la limpiaremos —Albert está dispuesto a trabajar día y noche para dejar ese lugar impecable para su familia.

—Entonces no les cobraré la primera semana, ya que limpiarán el lugar. Les dejaré esta semana gratis —la señora les mostró dónde está el agua y todo lo que necesitan para limpiar la propiedad.

Los padres de Luna comienzan a limpiar todo el lugar, mientras la señora Zafiro le ofreció algo de desayunar para la niña, quien aceptó gustosa.

Zafiro nota algo en la pequeña. Sin embargo, no sabe lo que es. Pero si de algo está segura, es que esa niña no es hija de esa pareja, ya que no tienen ningún parecido físico. Además, ellos se ven demasiado mayores para tener una hija pequeña. ¿Será que Zafiro descubrirá la verdad sobre Luna?

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