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capítulo 3

Autor: A.R.B.F
last update Fecha de publicación: 2026-02-05 00:18:52

El tiempo comenzó a pasar y el nuevo autoproclamado rey se comenzaba a desesperar. Ya habían pasado cinco años y los cultivos en el pueblo y el bosque comenzaban a decaer, algo que mantenía a todos los habitantes intranquilos, porque si la reina o su hija no restauran el bosque y las tierras de los granjeros una vez más, todo comenzaría a escasear.

—Padre, ninguno de los niños que están encerrados muestra señales de tener algún don especial, ni nada. Son niños comunes y corrientes, ninguno haría florecer un árbol, ni nada parecido —Ciro está preocupado.

—Entonces conviértelos en soldados. Si ninguno de esos niños es el hijo de la reina, ellos nos ayudarán a encontrarlo. Vuelve a revisar todos los hogares del pueblo y el bosque, encuentra alguna pista de dónde se encuentra ese bebé —Emerico se encuentra frustrado y lleno de ira, cada día visita la habitación de la reina, pero esta permanece dormida.

—Como ordene, padre —Ciro se retiró y ordenó que comenzara el entrenamiento de los niños y que a sus madres las regresaran al pueblo. La escena fue desgarradora, madres siendo obligadas a dejar a sus hijos pequeños contra su voluntad, pero eso a los nuevos reyes no les importa en absoluto.

Ciro, después de dejar sus órdenes y de escuchar los gritos de las mujeres y los niños, se fue con sus hombres a revisar nuevamente cada rincón del pueblo y el bosque, buscando una señal de a dónde pueda estar el niño al que la reina dio a luz hace ya cinco años.

Después de todo un día revisando el pueblo, alguien le habló a Ciro de una pareja de cazadores que vivía en el bosque, en una cabaña, y que nunca tuvieron hijos, pero que desaparecieron la noche después de que la reina diera a luz a su bebé.

Ciro se dirigió a aquella cabaña en el bosque con algunos de sus hombres y la encontraron vacía, pero había quedado atrás algo de una bebé.

—Aquí hubo una bebé —comenta uno de los hombres, tomando el pañal de tela rosa que se había quedado en el suelo de la cabaña.

—Ellos debieron llevarse a la princesa. Debemos encontrarla para acabar con todo de una buena vez —Ciro y sus hombres comienzan a buscar por todos lados pistas que los lleven a encontrar a esa pareja que se llevó a la bebé de la reina, pero no encuentran nada.

—Averigüen en los pueblos vecinos qué pareja llegó allá hace cinco años con una bebé recién nacida. Encuéntrenlos —mientras Ciro envía a sus hombres a buscar en los pueblos cercanos.

En el pueblo de al lado, la pequeña a la que todos conocen como Luna corre por los sembradíos de sus padres, los cuales son los más abundantes del pueblo y los más hermosos. Muchos cultivos cercanos fueron destruidos por plagas y animales misteriosos, pero gracias a Luna, los de sus padres crecen sanos y prósperos.

—Luna, entra a la casa —el viejo ve a su niña con mucho amor, pero tiene miedo de que descubran quién es ella y que gracias a ella es que sus cultivos son tan prósperos.

—¿Papi, venderás los cultivos hoy? —Luna sujeta la mano de su padre.

—Sí, y nos iremos de viaje a otro pueblo para comenzar en un mejor terreno y una casa mucho mejor. Además, podrás ir a la escuela —Albert se pone a la altura de su hija.

—¡Sí, quiero ir a la escuela! —la pequeña Luna salta feliz y corre dentro con su mamá, quien la recibe feliz.

—Mamá, papá dice que cuando nos mudemos podré ir a la escuela —Luna está muy emocionada.

—Sí, mi pequeña reina, irás a la escuela y aprenderás muchas cosas. Ahora, mejor come mientras yo termino de empacar y tu padre hace la venta —la pequeña Luna asiente y se sienta a comer como lo ordena su madre.

Horas después, Lea, la madre adoptiva de Luna, termina de empacar y Albert llega con todo el dinero por la venta de los cultivos y de sus tierras.

—Tomaremos el tren mañana temprano —la pequeña esa noche se duerme con la ventana abierta, porque le gusta dormir así y observar la luna justo antes de quedarse dormida. Su madre entiende que a la pequeña le gusta la luna y sabe por qué, pero aún no sabe cómo explicarle a su hija lo que pasará cuando ella crezca.

La pequeña se quedó dormida, al igual que sus padres, pero despertaron muy temprano por la mañana, entregaron las llaves de su propiedad y tomaron sus cosas y a su hija para salir de ese pueblo. Ya era muy sospechosa la manera en que sus cultivos crecían sin parar, además ya Luna estaba creciendo y necesitaba un mejor lugar para vivir. Era hora de mudarse y así lo hicieron.

En cuanto subieron al tren, la sonrisa de Luna creció aún más. Estaba muy emocionada, sus padres la miran con ternura. Esa pequeña llegó a sus vidas a cambiarles la vida, y aunque Albert no quería quedarse en un principio con la niña, esa pequeña princesa lo ha hecho enamorarse de ella y quererla como a su propia hija.

—¿Papá, puedo tener un perro? —Luna se acerca a su padre y le hace ojitos.

—Jajaja, veremos al llegar, princesa —Luna se sentó al lado de su padre, observando por la ventana mientras ve cómo el tren viaja muy rápido.

Mientras la princesa es llevada por sus padres a un nuevo lugar, en su antiguo hogar llegan un grupo de hombres preguntando por una pareja que debió llegar al pueblo cinco años atrás con una pequeña recién nacida.

—Solo había una pareja con la descripción que usted señala, señor, pero se marcharon esta mañana sin decir nada más —el oficial que conoce a Ciro le informa a sus hombres sin problemas, ya que Ciro y sus padres lo han ayudado siempre.

—¿Sabe a dónde se fueron? —indaga el hombre que Ciro envió.

—No, se fueron sin decir a dónde —Nadie en el pueblo tiene mayor información sobre a dónde se fue la pareja con la niña.

—Le informaré al jefe —el hombre decide regresar y contarle a su jefe lo que acaba de descubrir.

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