LOGINtodos pasaron al salón para el banquete exacto alara y khael todos se preguntaban donde estaba la cumpleañera, después de que su padre mandará a buscar a khael alara entra al salón con los ojos rojos por haber llorado a paso ligero y se sienta al lado de su madrastra
Kael por fin entró. No miró a nadie. Tenía otra camisa, pero los nudillos aún los tenía rotos y con sangre seca. Se dejó caer en su silla vacía. El ruido de la madera arrastrándose hizo que las cuatro mesas verticales se callaran de golpe. El padre Alfa se puso de pie. Levantó su copa. Toda la manada lo imitó. —Manada —dijo, y su voz retumbó en el salón—. Esta noche mi hija cumplió 21 años. Mi Luna. Miró la silla de Alara, que acababa de entrar por la otra puerta con los ojos hinchados de llorar. —Y mi hijo —siguió, ahora mirando a Kael— cumplió veinticuatro la semana pasada. Ya es un Alfa adulto. Kael no levantó la cabeza. Apretó el vaso hasta que sus nudillos sangraron de nuevo. El Alfa sonrió. No era una sonrisa de padre. Era una sonrisa de líder. El alfa sabía lo que taba sucediendo entre sus hijos, por algo era el alfa, era el lider. —Por eso, como es tradición en esta manada, es hora de que ambos elijan pareja. Hizo una pausa larga. Miró directo a su hijo. —Kael le presentará a su prometida. La hija del Alfa del Norte. Que nos honra hoy en este banquete. Kael por fin levantó la mirada. No miró a la chica rubia. Miró a Alara, al otro lado de la mesa principal. Y sus ojos volvieron a ponerse amarillos Justo cuando el Alfa terminó su discurso, las puertas principales del salón se abrieron de golpe. El viento frío del norte entró. En la puerta, parada como si el banquete fuera de ella, estaba la hija del Alfa del Norte. Llevaba un vestido blanco, pero no dulce como el de Alara. Era blanco con cortes, apretado, con la espalda abierta hasta la cintura. El pelo rubio platinado peinado hacia atrás. Y una sonrisa que no era sonrisa. No pidió permiso. Caminó. Taconeó por en medio de las mesas. Las lobas de las mesas la miraban con odio. Los lobos con hambre. Ella no miraba a nadie. Solo miraba la mesa principal. Solo miraba la silla vacía al lado de Kael. —Llegué tarde, Alfa —dijo con voz dulce pero fuerte, para que todas las mesas la escucharan—. El camino del norte es largo. El Alfa padre le extendió la mano. —Justo a tiempo para sentarte al lado de tu prometido. Kael no se levantó. No le dio la mano. Se quedó con los ojos amarillos clavados en Alara. Y la chica del norte sonrió aún más, y caminó hasta la mesa principal y se sentó, sin que nadie la invitara, en la silla que estaba al lado de Kael. La silla que olía a Alara. Alara sintió una puntada fuerte en el corazon que dolía como mil agujas su madrastra lo noto y le tomo la mano para calmarla, lo meseros empezaron a repartir la comida la música, sonaba suavemente que se mezcla con los sonidos de los cubiertos contras los platos El Alfa levantó su copa. Todo el salón se calló. —Brindemos —dijo—. Por mi hijo Kael, que dejará de estar solo. Y por todas las solteras que esta noche correrán la Cacería de la Luna. Miró directo a Alara, que seguía parada en la puerta con el vestido sucio. —Incluida mi hija. Esta noche corre, tenga lobo o no. alguno murmullos se oyenron entre las jóvenes soltera de esa noche Alara se llevó una mano al pecho. Fue de golpe. Como si le hubieran clavado hielo por dentro. No era tristeza. Era dolor físico. Se dobló hacia adelante y se agarró el vestido. —Ah —soltó bajito. Nadie la vio, todos estaban mirando al Alfa. Menos uno. En la mesa principal, Kael se levantó de golpe tirando la silla. Su lobo se le estaba subiendo por la garganta. Lo sentía gruñendo dentro, rompiéndole las costillas. _Es ella. Ve por ella. Te necesita._ Kael apretó los dientes tan fuerte que le sangró la encía. Agarró el borde de la mesa de mármol y lo apretó hasta que el mármol se partió. —No —gruñó bajito, pero no a nadie del salón. Le gruñó a su propio lobo—. No aquí. No delante de todos. Su prometida le puso una mano en el brazo para calmarlo. —Amor, ¿estás bien? Kael le quitó la mano de un manotazo. Con asco. Sin mirarla. Al otro lado del salón, el dolor del pecho de Alara se hizo más fuerte. Le faltaba el aire. Y sin entender por qué, miró a Kael. Y Kael ya la estaba mirando. Con los ojos completamente amarillos se arrancó la camisa y salió corriendo por las puertas adentrándose al bosque , todos tomaron eso una señal de que la caseria había comenzado..La madrugada había cubierto la mansión con un silencio inquietante. Alara permanecía sentada junto a la cama de Jax. Habían pasado dos días desde que lo encontraron herido, pero él seguía sin reaccionar. Ella observó el rostro pálido de su esposo y apretó los dedos alrededor de su mano. —¿Por qué no me dijiste que estabas en peligro? —susurró—. ¿Por qué tuviste que venir hasta aquí en ese estado? Jax no respondió. Ni siquiera se movió. Alara bajó la cabeza, conteniendo las lágrimas. —No te atrevas a morirte, ¿me oyes? No después de todo lo que hemos pasado. Desde la puerta, Khael observaba la escena. Llevaba varios minutos allí, pero Alara ni siquiera había notado su presencia. Aquello le irritaba más de lo que estaba dispuesto a admitir. —Alara, llevas dos días aquí. Ella levantó la mirada. —Y pienso quedarme otros tantos si hace falta. —No puedes resolverlo todo quedándote sentada junto a su cama. —No estoy intentando resolver nada. Estoy acompañando a mi esposo. La
La furia del príncipe El salón principal de la fortaleza vampírica permanecía en silencio. Las enormes puertas se abrieron de golpe. Tres vampiros entraron, cubiertos de polvo y sangre. Uno caminaba con dificultad; los otros dos apenas se atrevían a levantar la mirada. En el extremo de la sala, el príncipe vampiro observaba la oscuridad desde su trono. —¿Dónde está? —preguntó sin volverse. Los tres intercambiaron miradas. —Mi príncipe... Él giró lentamente la cabeza. —No me hagan repetir la pregunta. El vampiro que parecía más joven cayó de rodillas. —No encontramos a Alara. Durante unos segundos, nadie respiró. El príncipe se levantó. —¿Qué dijiste? —La cabaña estaba vacía cuando llegamos. Jax se encontraba allí, pero Alara ya se había marchado. Peleamos con él para obtener información, pero no quiso decirnos dónde estaba. —¿Y ustedes regresan aquí con las manos vacías? Su voz seguía siendo tranquila. Eso era lo más aterrador. —Mi príncipe, hicimos
Al borde del abismoLos médicos llevaban casi una hora intentando estabilizar a Jax.Alara esperaba frente a la habitación, con las manos manchadas de sangre y el corazón golpeándole el pecho. No sabía cuántas veces había preguntado si sobreviviría. Tampoco le importaba parecer desesperada.Jax había llegado hasta allí por ella.Y casi había muerto en el intento.—Señora, debería descansar un poco —le sugirió uno de los guardias.—No voy a moverme de aquí.—Alara.La voz de Khael sonó detrás de ella.No se volvió.—Ahora no.—Necesito hablar contigo.—Pues tendrás que esperar.El silencio que siguió fue peligroso.Khael estaba acostumbrado a que todos obedecieran sus órdenes. Sin embargo, Alara tenía una habilidad extraordinaria para hacerlo sentir como si su autoridad no valiera absolutamente nada.Y esa noche, verla preocupada por Jax estaba llevando su paciencia al límite.—Ven conmigo —ordenó.—No.—Alara, no voy a repetirlo.Ella se volvió por fin.—¿Qué quieres, Khael? ¿Que te d
La noche de los vampiros La noche había caído sobre las montañas del Norte. La cabaña estaba completamente en silencio. Demasiado silencio. Jax permanecía sentado frente a la chimenea, con una copa entre las manos. No había podido dormir. Desde que Alara se había marchado, la casa parecía diferente. Vacía. Había intentado convencerse de que estaba mejor así. No funcionaba. Miró hacia la ventana. La niebla cubría los árboles. Entonces escuchó algo. Un crujido. Jax dejó la copa sobre la mesa. Se puso de pie. Otro sonido. Esta vez más cerca. Su oído de lobo captó varios pasos alrededor de la cabaña. No eran animales. Eran demasiados. Jax apagó la chimenea. La oscuridad llenó la sala. —¿Quién anda ahí? Nadie respondió. Jax caminó lentamente hacia la puerta. Entonces escuchó una voz desde afuera. —Sabemos que está aquí. Jax frunció el ceño. —¿Quién? Una risa baja respondió desde la oscuridad. —Entréganos a la Luna. Los ojos de Jax cambiaron inmediatamente.
Capítulo 13El regresoLa limusina avanzaba lentamente por la carretera que atravesaba las montañas del Norte. llevaban horas conduciendo hacia el territorio de Jax.Podría haber enviado a cualquiera.Un guardia. Un mensajero. Incluso una escolta completa.Pero había ido él.No sabía si quería recuperar a Alara por orden del Consejo o porque llevaba demasiado tiempo sin verla.Probablemente ambas cosas.Su lobo llevaba semanas insoportable.Tráela.Está lejos.Nuestra Luna está lejos.Khael había intentado silenciarlo.No había funcionado.Cada noche la sentía en sueños. Cada vez que cerraba los ojos aparecía su rostro. Y cuando despertaba, el vacío en el pecho era peor.Pero había una verdad que Khael se negaba a mirar de frente.Alara era su Luna.Y ambos creían que eran hermanos.Aquello era suficiente para mantenerlo alejado.O eso intentaba convencerse.La limusina finalmente llegó al camino que conducía a la cabaña.Khael miró por la ventana.Allí estaba.La casa donde Alara ha
La sala del consejo estaba sumida en un silencio incómodo.Khael permanecía de pie al extremo de la mesa, con las manos apoyadas sobre la superficie de madera oscura. Frente a él, los miembros del consejo evitaban mirarse demasiado tiempo.Aquello nunca era una buena señal.—Los informes —dijo Khael—. Quiero escucharlos directamente de ustedes.Un hombre de cabello gris, sentado a su derecha, deslizó varios documentos sobre la mesa.—Tres acuerdos cancelados en menos de dos semanas.Khael levantó la mirada.—¿Y?—Y dos de nuestros aliados están negociando con otras casas.Otro miembro intervino.—También perdimos el cargamento del puerto del norte.Los dedos de Khael se tensaron sobre la mesa.—Ese cargamento debía llegar hace cuatro días.—Exactamente.Khael clavó los ojos en el hombre.—¿Estás cuestionando la seguridad de mis hombres?—Estoy cuestionando las decisiones que se están tomando.El silencio cayó como una cuchilla.Uno de los consejeros bajó ligeramente la mirada.Otro, e







