로그인Alara ve aquella escena y se queda poco preocupada, en medio del salon ella y su padre daban su primer baile un vals muy bonito uno que siempre le había gustado desde niña,
WALTZ N 2 DE SHOSTAKOVICH esa música para ella era especial pero ahora exactamente la estaba matando por dentro, buscaba con desesperación a khael , su padre notó la perturbación de su hija que tiene cariño te noto algo distraída hoy,_ dijo el alfa , el ya había notado la tensión entre sus dos hijos pero no le había tomado mucha importancia pensado que solo habían tenido una pelea de hermanos, no padre no ha pasado nada , dijo alara tratando de ocultar un poco su angustia .. todos bailaban al compás de orquestas hasta que por fin terminó la piensa y alara se pudo soltar de los brazos de su padre, cruzo el salón buscando el baño donde había entrado su hermano pero en ese momento su madre y otras damas la detuvieron para felicitarla por su cumpleaños. Kael cerró la puerta del baño de un golpe y la aseguró. Se miró en el espejo. Tenía los ojos amarillos. Ya no eran de él. —Contrólate —se dijo con los dientes apretados. Pero su lobo no escuchaba. Su lobo había olido a su Luna bajando la escalera con ese vestido. _¡Afuera! ¡Quiere bailar! ¡Es nuestra!_ Sus uñas empezaron a alargarse. Las venas del cuello se le marcaron. La camisa le quedaba chica de repente porque su pecho se estaba ensanchando. Se agarró del lavamanos y lo rajó. El mármol crujió. —Ella es tu hermana —gruñó Kael a su reflejo. Su lobo le contestó dentro de la cabeza, con voz de animal herido: _No es nuestra hermana. Es nuestra Luna. Si no sales tú, salgo yo._ Sintió como sus colmillos le rompían la encía. Sangre. Le corría un hilo de sangre por la barbilla. Si se convertía ahí, en plena fiesta del padre Alfa, frente a toda la manada, todos sabrían que Alara era suya. Y la marcaría delante de todos. Sin control. Golpeó su cabeza contra el espejo para no hacerlo. Toc, toc, toc. —Kael? ¿Estás bien? Escuché un ruido. Te sangra la mano —era la voz de Alara desde afuera del baño. Ella había ido a buscarlo. Y su lobo sonrió dentro de él. vete _dijo el con voz gruesa, su lobo quería salir yo solo Vine a ver cómo .. ella no terminó la frase cuando khael abrió la puerta el estaba con la camisa llena de sangre y rota sus ojos estaban amarillos su lobo quería salir ,La metió al baño y cerró la puerta con llave. Alara quedó con la espalda contra la puerta. Kael frente a ella, enorme, respirando fuerte, con los ojos amarillos. Nunca lo había visto así. El Waltz se escuchaba bajito desde el salón. Uno, dos, tres. —Kael, duele —susurró ella, mirando su mano que le apretaba el brazo. Él la soltó como si le quemara. Como si su piel le quemara. —Te dije que no me siguieras. —Te estabas sangrando. Rompiste el vaso... —¡No es por el vaso! Gritó y golpeó el espejo roto con el puño. El espejo se rajó más. Su voz ya no era humana. Era la voz de su lobo. —Hueles... —dijo acercándose demasiado, oliendo el cuello. Alara cerró los ojos. Sintió su nariz rozándole la piel donde le latía el corazón—. Hueles a mí. Y no puedes oler a mí. Ella temblaba. No de miedo. De ese tirón del ombligo que ahora le quemaba entre las piernas y el pecho. —¿Qué me pasa? —lloró—. ¿Por qué me haces esto? Kael la tomó de la cara con una mano llena de sangre y la obligó a mirarlo. Sus ojos amarillos estaban llenos de lágrimas que él no dejaba caer. —Porque eres mi hermana. Mentira. —Porque si no te vas ahora, voy a hacer algo de lo que tu padre me va a matar. Verdad. La abrió la puerta de golpe. La empujó suave hacia el pasillo. Hacia la música. —Vete. Vuelve al vals con papá. Y no vuelvas a buscarme nunca más. Y le cerró la puerta en la cara. Alara se quedó sola en el pasillo, con la marca roja de su mano en su brazo, y escuchando del otro lado de la puerta a su hermano golpeando las paredes para no convertirse. Acababa de ser rechazada por su propio destino. alara quedó conmocionada por el rechazo de khael, no sabía que estaba pasado con el ni con ella pero dolía dolía mucho Del otro lado si padre llamaba a todos los invitados a pasar a la mesaLa madrugada había cubierto la mansión con un silencio inquietante. Alara permanecía sentada junto a la cama de Jax. Habían pasado dos días desde que lo encontraron herido, pero él seguía sin reaccionar. Ella observó el rostro pálido de su esposo y apretó los dedos alrededor de su mano. —¿Por qué no me dijiste que estabas en peligro? —susurró—. ¿Por qué tuviste que venir hasta aquí en ese estado? Jax no respondió. Ni siquiera se movió. Alara bajó la cabeza, conteniendo las lágrimas. —No te atrevas a morirte, ¿me oyes? No después de todo lo que hemos pasado. Desde la puerta, Khael observaba la escena. Llevaba varios minutos allí, pero Alara ni siquiera había notado su presencia. Aquello le irritaba más de lo que estaba dispuesto a admitir. —Alara, llevas dos días aquí. Ella levantó la mirada. —Y pienso quedarme otros tantos si hace falta. —No puedes resolverlo todo quedándote sentada junto a su cama. —No estoy intentando resolver nada. Estoy acompañando a mi esposo. La
La furia del príncipe El salón principal de la fortaleza vampírica permanecía en silencio. Las enormes puertas se abrieron de golpe. Tres vampiros entraron, cubiertos de polvo y sangre. Uno caminaba con dificultad; los otros dos apenas se atrevían a levantar la mirada. En el extremo de la sala, el príncipe vampiro observaba la oscuridad desde su trono. —¿Dónde está? —preguntó sin volverse. Los tres intercambiaron miradas. —Mi príncipe... Él giró lentamente la cabeza. —No me hagan repetir la pregunta. El vampiro que parecía más joven cayó de rodillas. —No encontramos a Alara. Durante unos segundos, nadie respiró. El príncipe se levantó. —¿Qué dijiste? —La cabaña estaba vacía cuando llegamos. Jax se encontraba allí, pero Alara ya se había marchado. Peleamos con él para obtener información, pero no quiso decirnos dónde estaba. —¿Y ustedes regresan aquí con las manos vacías? Su voz seguía siendo tranquila. Eso era lo más aterrador. —Mi príncipe, hicimos
Al borde del abismoLos médicos llevaban casi una hora intentando estabilizar a Jax.Alara esperaba frente a la habitación, con las manos manchadas de sangre y el corazón golpeándole el pecho. No sabía cuántas veces había preguntado si sobreviviría. Tampoco le importaba parecer desesperada.Jax había llegado hasta allí por ella.Y casi había muerto en el intento.—Señora, debería descansar un poco —le sugirió uno de los guardias.—No voy a moverme de aquí.—Alara.La voz de Khael sonó detrás de ella.No se volvió.—Ahora no.—Necesito hablar contigo.—Pues tendrás que esperar.El silencio que siguió fue peligroso.Khael estaba acostumbrado a que todos obedecieran sus órdenes. Sin embargo, Alara tenía una habilidad extraordinaria para hacerlo sentir como si su autoridad no valiera absolutamente nada.Y esa noche, verla preocupada por Jax estaba llevando su paciencia al límite.—Ven conmigo —ordenó.—No.—Alara, no voy a repetirlo.Ella se volvió por fin.—¿Qué quieres, Khael? ¿Que te d
La noche de los vampiros La noche había caído sobre las montañas del Norte. La cabaña estaba completamente en silencio. Demasiado silencio. Jax permanecía sentado frente a la chimenea, con una copa entre las manos. No había podido dormir. Desde que Alara se había marchado, la casa parecía diferente. Vacía. Había intentado convencerse de que estaba mejor así. No funcionaba. Miró hacia la ventana. La niebla cubría los árboles. Entonces escuchó algo. Un crujido. Jax dejó la copa sobre la mesa. Se puso de pie. Otro sonido. Esta vez más cerca. Su oído de lobo captó varios pasos alrededor de la cabaña. No eran animales. Eran demasiados. Jax apagó la chimenea. La oscuridad llenó la sala. —¿Quién anda ahí? Nadie respondió. Jax caminó lentamente hacia la puerta. Entonces escuchó una voz desde afuera. —Sabemos que está aquí. Jax frunció el ceño. —¿Quién? Una risa baja respondió desde la oscuridad. —Entréganos a la Luna. Los ojos de Jax cambiaron inmediatamente.
Capítulo 13El regresoLa limusina avanzaba lentamente por la carretera que atravesaba las montañas del Norte. llevaban horas conduciendo hacia el territorio de Jax.Podría haber enviado a cualquiera.Un guardia. Un mensajero. Incluso una escolta completa.Pero había ido él.No sabía si quería recuperar a Alara por orden del Consejo o porque llevaba demasiado tiempo sin verla.Probablemente ambas cosas.Su lobo llevaba semanas insoportable.Tráela.Está lejos.Nuestra Luna está lejos.Khael había intentado silenciarlo.No había funcionado.Cada noche la sentía en sueños. Cada vez que cerraba los ojos aparecía su rostro. Y cuando despertaba, el vacío en el pecho era peor.Pero había una verdad que Khael se negaba a mirar de frente.Alara era su Luna.Y ambos creían que eran hermanos.Aquello era suficiente para mantenerlo alejado.O eso intentaba convencerse.La limusina finalmente llegó al camino que conducía a la cabaña.Khael miró por la ventana.Allí estaba.La casa donde Alara ha
La sala del consejo estaba sumida en un silencio incómodo.Khael permanecía de pie al extremo de la mesa, con las manos apoyadas sobre la superficie de madera oscura. Frente a él, los miembros del consejo evitaban mirarse demasiado tiempo.Aquello nunca era una buena señal.—Los informes —dijo Khael—. Quiero escucharlos directamente de ustedes.Un hombre de cabello gris, sentado a su derecha, deslizó varios documentos sobre la mesa.—Tres acuerdos cancelados en menos de dos semanas.Khael levantó la mirada.—¿Y?—Y dos de nuestros aliados están negociando con otras casas.Otro miembro intervino.—También perdimos el cargamento del puerto del norte.Los dedos de Khael se tensaron sobre la mesa.—Ese cargamento debía llegar hace cuatro días.—Exactamente.Khael clavó los ojos en el hombre.—¿Estás cuestionando la seguridad de mis hombres?—Estoy cuestionando las decisiones que se están tomando.El silencio cayó como una cuchilla.Uno de los consejeros bajó ligeramente la mirada.Otro, e







