تسجيل الدخولUna vez que Kingsley terminó de hacerle un *rimming* a Sean, se sentó en la silla de este y le ordenó que se arrodillara entre sus piernas abiertas, lo que provocó los vítores de sus compañeros de clase.
—¡Dale, Sean!
—¡Tú puedes!
—¡Vamos, rubio, demuéstranos de qué es capaz esa boca!
Entre la ovación, un timido Sean se acercó a Kingsley y se arrodilló despacio, apoyando las palmas sobre sus rodillas, que permanecían juntas.
—Compláceme, Sean, si quieres que te dé una buena follada —dijo Kingsley con un tono bastante más grave de lo habitual.
¿Cómo iba Sean a atreverse a desobedecer?
Aunque le temblaban un poco las manos, no tardó en posarlas sobre la entrepierna de Kingsley. Podía sentir que su bulto estaba inquieto, exigiendo libertad para demostrar su poderío.
Y esa libertad era precisamente lo que Sean le iba a dar.
Poco después, la polla de Kingsley hizo su gran aparición. A los compañeros que la vieron se les abrieron los ojos de par en par, incluido a Sean.
Brett incluso silbó sorprendido:
—¡Uau! Kingsley, no parecías tener semejante paquete entre las piernas. ¡Ay, Sean, te espera un buen festín! —enfatizó esto último con una sonrisa.
—Qué suerte tiene Sean. Vaya polla más gorda le ha tocado. Me dan ganas de apartarlo de un empujón y atragantarme con la polla de Kingsley ahora mismo —dijo Ayla, a quien casi se le caía la saliva, con los ojos brillándole de deseo.
—A mí también. Una polla así es rarísima de ver. Y solo con mirarla ya me estoy excitando muchísimo. Qué delicia sería si mi coño pudiera probarla... Sean, tienes un culo de oro. Muestra tu agradecimiento y atragántate bien con esa polla por todas nosotras —añadió Katricia con entusiasmo.
Ante semejantes comentarios, Sean se puso aún más tímido, pero sabía perfectamente lo que tenía que hacer.
Rodeó con los dedos la base de ese miembro imponente. Estaba rígido y goteaba líquido preseminal. Inclinó la cabeza para lamer esa gota de semen mientras miraba fijamente a Kingsley.
A continuación, empezó a mover las manos a lo largo del tronco de Kingsley mientras subía y bajaba la cabeza tragándose la mitad de la polla. En un momento dado, apoyó las palmas en el muslo de Kingsley e inclinó aún más la cabeza, hundiendo las mejillas para intentar acomodar la mayor longitud posible.
—¡Baja más, Sean! ¡Atragántate con esa polla! —gritó Anita.
Kingsley puso la palma de la mano sobre la cabeza de Sean y presionó hacia abajo, obligándolo a metersela más hondo. Cuando el glande le embistió la garganta, le dieron arcadas, pero Kingsley le advirtió:
—Como sienta los dientes, estás muerto.
Eso significaba quedarse sin la posibilidad de una buena follada. ¿Cómo iba a atreverse a hacer enojar a Kingsley? No tenía el valor para ello.
Así que a Sean no le quedó más remedio que seguir atragantándose con aquel enorme miembro, aun cuando las lágrimas le resbalaban por las mejillas.
—¡Vamos, Sean! ¡Puedes hacerlo mejor! —chilló Katricia mientras la saliva le goteaba al rubio por la barbilla.
Poco después, Kingsley se levantó, le agarró el pelo a Sean y comenzó una serie de embestidas vigorosas que hacían que su polla le golpeara una y otra vez la garganta.
—Has nacido para ser una zorra. Mi zorra —dijo con voz ronca, acelerando ligeramente el ritmo.
Brett le tenía sujetas las manos a Sean a la espalda, por lo que no tenía forma de empujar a Kingsley ni de hacerle señas para que fuera más despacio.
Finalmente, Kingsley se corrió en su boca y se retiró despacio. De su miembro colgaban hilos de saliva.
Brett por fin soltó a Sean, quien tuvo que tragarse el espeso trago de semen antes de darse unos golpecitos en el pecho y toser.
—Límpiala —ordenó Kingsley al tiempo que le acercaba a la cara su polla, todavía erecta. Sin protestar, el rubio obedeció; se inclinó hacia delante y lamió hasta el último resto de semen.
Kingsley volvió a agarrarle el pelo y Sean abrió la boca. Kingsley empezó a deslizar solo una cuarta parte de su grueso miembro en la cavidad bucal de Sean, entrando y saliendo repetidamente.
—Ay, por la diosa... Kingsley, deja que reemplace a ese zorro —suplicó Ayla llena de deseo, pero Anita y Katricia la sostuvieron—. Por favor, Kingsley, me voy a morir si no pruebo tu polla hoy.
—No es el único que tiene polla —dijo Brett desabrochándose los pantalones para liberar la suya, que estaba a medio erigir.
Claro que no era tan grande como la de Kingsley, pero no se quedaba atrás respecto a la de Kaydrian. Así que Ayla se arrodilló gustosa ante Brett, que ahora estaba sentado en una silla cualquiera.
Mientras ella subía y bajaba la cabeza en la polla de Brett, Nathan se colocó detrás de ella con la suya ya fuera y completamente dura.
Usó su polla para darle un azote en la mejilla derecha a Ayla, que ya estaba hundida de chupar tan hondo a Brett. Ayla, encantada, empezó a acariciar la polla de Nathan mientras seguía haciendo lo propio con la de Brett.
Cuando terminó de complacer a Brett, se metió el miembro de Nathan en la boca y empezó a mover la cabeza arriba y abajo mientras le pajeaba la erección a Brett.
En poco tiempo, Brett la levantó, la apoyó de espaldas contra la pared y empezó a follársela.
—Fóllame a mí, por favor —pidió Anita, levantándose la falda y enseñando el atrevido tanga negro que llevaba puesto.
De modo que la acomodaron sobre uno de los escritorios; Nathan se colocó entre sus piernas y, tras apartarle el tanga hacia un lado, empezó a follársela. Ella ya estaba empapada, así que fue fácil.
A esas alturas, la situación se había convertido en una auténtica orgía, ya que varios otros se habían emparejado, no queriendo quedarse fuera.
—¿Ves lo que has provocado? Has hecho que 'conecten' entre ellos de formas maravillosas —dijo Kingsley, que seguía entrando y saliendo de la boca de Sean—. Ahora te voy a premiar —añadió tapándole las orejas a Sean con las manos para ahogar el sonido mientras le hundía el miembro hasta el fondo de la garganta—. Manos arriba —ordenó.
Sean levantó las manos.
—No las bajes hasta que yo te lo ordene —le mandó Kingsley. Sin esperar a que Sean asintiera, empezó a embestir violentamente, soltando obscenidades por la boca.
La garganta de Sean ya no era virgen, pero aun así le daban arcadas y se le escapaba la saliva mientras su garganta era embestida sin piedad.
Minutos después, Kingsley se salió. Todavía no se había corrido.
Hizo que Sean reclinara la parte superior del cuerpo sobre un escritorio, le hizo un *rimming* una vez más y finalmente se introdujo en su estrecho culo.
Al ver cómo el culo del zorro se estiraba alrededor de su polla, apretándola como si le pidiera en silencio que no saliera nunca, Kingsley paseó el dedo por la mitad del borde de su nudo hinchado.
Esto hizo que Sean se tragara un gemido, pero sus caderas empezaron a moverse por sí solas. Un cachete en la nalga izquierda no logró detener el bamboleo sensual de su cintura, que se balanceaba de lado a lado. Y no dejaba de empujar las nalgas hacia atrás mientras lo hacía.
Se pasó la lengua por los labios para humedecerlos mientras aumentaba el ritmo de sus embestidas hacia atrás. La molestia soportable que había sentido cuando Kingsley se le metió dentro por primera vez se había transformado en un placer dulce y ardiente que se le concentraba en el vientre.
—Ah, joder... —gemía Sean, empujando las caderas hacia atrás cada vez más rápido. En realidad, solo se estaba clavando la mitad de la longitud de Kingsley, pero le daba igual. Solo estaba feliz de tener una polla maravillosa a la que poder montarse a su propio ritmo.
De pronto, Kingsley le agarró las caderas, poniendo fin a sus persistentes empujones hacia atrás.
Sean giró la cabeza para mirar a Kingsley mientras arqueaba bien la espalda.
—Fóllame, por favor, papi...
Y así, su plegaria fue atendida.
El ritmo intenso y veloz de Kingsley superó al de todos los demás. El sonido de su piel chocando contra la carne de Sean era el más atronador de la sala.
—Oh, diosa... —ronroneó Sean, soltando baba por la boca, con los ojos entreabiertos, la mejilla derecha pegada a la superficie del escritorio y los codos abiertos y arqueados.
Sin embargo, Kingsley le agarró del pelo y lo obligó a erguir el torso apoyándose en los codos.
—Qué culo tan maravilloso tienes... ¿y te atrevías a guardártelo para ti solo todo este tiempo, eh?
—Ah... ¡Ah! Yo... ¡Aah! Lo siento...
—Con eso no basta, puta. El perdón solo te lo vas a ganar según lo bien que te tragues mi polla —dijo Kingsley antes de soltarle el pelo y sujetarle las caderas con un agarre dolorosamente firme. Y con eso llegaron embestidas aún más fieras—. ¿Te vas a volver a atrever a esconderme este culo tan bueno?
Se le metió hasta el fondo, haciendo que a Sean se le abrieran los ojos de par en par, aunque solo fuera por un instante, antes de volver a dejarlos entreabiertos.
—Ah... Sí... no... ¡joder!
—Sigues sin arrepentirte —dijo Kingsley, dándole un fuerte azote en la nalga derecha que hizo chillar al rubio.
Sus embestidas se volvieron más lentas, pero los azotes eran bastante frecuentes y duros. El culo de Sean, ya enrojecido por todo el bacheo, lucía ahora las marcas cruzadas de las palmas de Kingsley.
Semanas después...Era el último día de la semana escolar. Todos en la clase estaban entusiasmados por el fin de semana.Desde aquella orgía colectiva de la última vez, las cosas habían cambiado un poco.Hoy en día, cuando terminaban las clases, podías ver a una o dos parejas haciendo el amor con la chica sentada sobre el escritorio de él o en el suyo propio.Nadie se lo chivaba a ningún profesor, por supuesto, porque era una gran oportunidad para disfrutar de entretenimiento de primera calidad.Y, desde luego, cuando el chico hacía gemir a su novia como una loca, muchos animaban, silbaban e incluso aplaudían.Nadie grababa. Era algo en lo que todos habían llegado a un acuerdo tácito: si dos personas estaban follando, nada de cámaras.Incluso si los pillabas haciéndolo en privado, mirar estaba bien, pero nada de grabar.A veces, cuando el chico de una chica terminaba de follársela en clase, uno o dos tíos le preguntaban al novio si podían probar un poco de ese coño.A veces el novio d
"—Me duele —sollozó el cambiapieles de zorro, pero una palmada cayó sobre la parte baja de su espalda, seguida de una estocada tan intensa que hizo que tanto él como el escritorio se desplazaran hacia adelante.—¡Ah~! —Tenía miedo de caerse junto con el escritorio, pero Kingsley lo sujetó con fuerza de la cintura y comenzó a hacer que las caderas de Sean embistieran hacia atrás, en perfecta sintonía con sus propios impulsos.—¡Oh, diosa mía~! —exclamó Ayla, a quien otro estudiante llamado Andrew estaba follando en ese mismo instante.La visión de Sean siendo sometido indefensamente por Kingsley la excitó aún más. Cruzó las piernas alrededor de la espalda de Andrew, y este aprovechó la oportunidad para embestir su coño aún más rápido mientras ella le sujetaba los hombros, clavándole las uñas en la carne casi hasta sacarle sangre. Pero a ninguno de los dos le importaba; lo único que les importaba era el dulce placer.Incluso después de que todos los demás hubieran terminado, Kingsley se
Una vez que Kingsley terminó de hacerle un *rimming* a Sean, se sentó en la silla de este y le ordenó que se arrodillara entre sus piernas abiertas, lo que provocó los vítores de sus compañeros de clase.—¡Dale, Sean!—¡Tú puedes!—¡Vamos, rubio, demuéstranos de qué es capaz esa boca!Entre la ovación, un timido Sean se acercó a Kingsley y se arrodilló despacio, apoyando las palmas sobre sus rodillas, que permanecían juntas.—Compláceme, Sean, si quieres que te dé una buena follada —dijo Kingsley con un tono bastante más grave de lo habitual.¿Cómo iba Sean a atreverse a desobedecer?Aunque le temblaban un poco las manos, no tardó en posarlas sobre la entrepierna de Kingsley. Podía sentir que su bulto estaba inquieto, exigiendo libertad para demostrar su poderío.Y esa libertad era precisamente lo que Sean le iba a dar.Poco después, la polla de Kingsley hizo su gran aparición. A los compañeros que la vieron se les abrieron los ojos de par en par, incluido a Sean.Brett incluso silbó
Sean no podía fingir que no los oía.Así que, aunque mortificado, miró a sus compañeros.—P-por favor... Ah~ deténganse... Aa~ burlándose de mí... Aah~ así... Nngh~ Ahh~ —Sus palabras hicieron que sus compañeros soltaran risitas.—Oh, el rubio está avergonzado.—Chico, no te preocupes, solo finge que no estamos aquí.—Solo concéntrate en ser devorado por la gran y gorda verga de Kaydrian.En un momento dado, el ritmo de Kaydrian disminuyó y su codo dejó de rodear el cuello del rubio.En su lugar, rodeó el cuello de Sean con sus dedos, ejerciendo la presión justa y necesaria, y comenzó a embestirlo con más intensidad.Sus profundas y brutales embestidas dieron en un punto maravilloso dentro de este último, haciendo que los ojos de Sean se pusieran en blanco y la baba escapara por la comisura de sus labios.—Mierda~ Aghh~ Aaghh~ M-maldición... —Sean incluso pasó la lengua por sus labios, disfrutando por completo de la intensa tanda que ocurría detrás de él.—Oigan, chicos, dejen de mi
Sean estaba ahora completamente desnudo tal como se lo había pedido Kaydrian. Aunque tímido, el hombre zorro había accedido.Tras quitarse el abrigo largo que Kingsley le había proporcionado, sacó su silla y se inclinó hacia adelante, apoyando la parte superior de su cuerpo con los codos en el escritorio.Kaydrian se paró detrás de él, con su palma cálida y callosa colocada en la parte baja de la espalda de Sean, guiándolo para que arquease mejor la espalda.Sean estaba de frente hacia la parte delantera de la clase. Todos los estudiantes, la mayoría de los cuales le daban la espalda, intentaban o tal vez... fingían concentrarse en el examen.—Kaydrian, por favor, hagámoslo en otra parte —susurró, girando la cabeza para mirar a Kaydrian.Este último simplemente le pidió que mirara hacia adelante y que no mirara atrás hasta que le diera permiso. Sean quiso discutir, pero entonces un fuerte azote en su nalga derecha lo hizo soltar un chillido.—Cada vez que te portes mal, esa será tu re
El joven de 19 años Sean Mattews, conocido recientemente por ser un cambiaformas de zorro, se presenta en clase en su forma de bestia: un zorro anaranjado de dos colas con ojos dorados. Acababa de salir de un círculo mágico.Sus compañeros de clase (compuestos principalmente por humanos y algunos paranormales sin habilidades de cambio de forma que ya habían llegado a la edad adulta) se quedaron atónitos al verlo en esa forma. Al mismo tiempo, muchos de los estudiantes, especialmente las chicas, lo encontraron muy tierno e incluso desearon tocarlo, pero se contuvieron y permanecieron en sus asientos, temiendo que él no quisiera su contacto.El Sr. Gabriel Martinns, el encargado de vigilar su clase, se apoyó contra la pared cerca de la puerta del aula, que afortunadamente estaba cerrada.—Llegas tarde, Sean. ¿Y esta es la apariencia adecuada con la que venir a la escuela? ¿Mh? —regañó, con el rostro adornado de siempre por la expresión severa de costumbre.El cambiaformas de zorro se vo







